25 sept. 2011

Persiguiendo al sol...

Rumbo a Mazatlán :).
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Mi abuela paterna cumplió años el pasado mes de agosto y se armó una pachanga que duró lo mismo que dura una boda judía; pero no quiero hablar de ello, sino de la oportunidad que se me presentó gracias a eso, sobre todo porque es un sueño guajiro que siempre había tenido; lo juro, desde pequeñita. 

La mayoría de mis tíos viven fuera de Sinaloa y usualmente sólo se reúnen en Navidad. Esta vez fue una excepción pues todos vinieron para estar presentes en el cumpleaños de mi abuela. Un día antes de la fiesta ‘sorpresa’ mi tío Danny pidió que alguien le fuera a recoger al aeropuerto de Mazatlán así que mi papá se apuntó a la misión… y yo me fui de colada :). 

Bien, mi plan era turistear y aprovechando que íbamos en carro particular no le tuve qué rogar mucho a mi papá para que me llevara a conocer ese lado de Mazatlán que nunca había visto (sí, queridos lectores, con 23 años de vida yo consideraba mi ciudad natal como relativamente aburridona). Me armé con mi flamante Kodak Easyshare M753 y salí cual paparazzi en plan maquiavélico para fotografíar a cualquier famosillo de las zonas ricas de Miami. (Esta cámara actualmente tiene un precio de $34 dls. en Amazon.com; así que básicamente te salen más caros los gastos de envío que la propia cámara). 

Aguas termales.
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Cuando íbamos de camino a Mazatlán mi papá tuvo la amabilidad inmensa de llevarme a ver unas aguas termales que corren por un pequeño poblado. Allí también ocurrió una anécdota muy graciosa que se las contaré a mis sobrinos cuando crezcan pero a ustedes no porque no quiero enlodar la reputación de mi respetable padre… (¿entendieron? ¿lo de “enlodar”? :D). 

Punto y aparte. 

Bien, lo que le pasó a mi papá derivó en una conversación sobre cuál sería la mejor justificación que le podríamos dar a los soldados del retén militar que hay en Villa Unión si por alguna razón les apetecía pasarnos a revisión. Todas de ellas muy falsas, y probablemente terminaríamos cantando el himno nacional porque creerían que éramos indocumentados o algo así. Afortunadamente el soldado de guardia estaba más aburrido que todos lo que alguna vez nos hemos detenido a ver crecer el pasto, por lo que, moviendo la bandera con total desgana, nos invitó a seguir adelante. *aplausos para el tipo y una estrellita en la frente* Hijo, algún día una escuela llevará tu nombre. 

Rosarios y mandíbulas.
Virgen de Guadalupe.
Ángel.
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Total, faltaban varias horas para que llegara mi tío así que mi papá me llevó al muelle desde donde zarpan los cruceros que llegan a Mazatlán. Desafortunadamente debido a la ola de violencia que hay en Sinaloa los cruceros internacionales dejaron de llegar, y lo único que encontramos fue esto: 

Crucero mexicano (Región 4).
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Digo, no es el Titanic, pero tampoco es una balsa improvisada de Cuba así que… pues algo es algo. 

Nos tocó verlo zarpar. Aquí tiene un .gif donde pueden ver 1) cómo zarpa y 2) que tengo pésimo pulso para sostener la cámara en el mismo lugar. 

¿Qué le impresiona más: la calidad o la mano que sostiene la cámara? :)
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Después de eso fuimos a un mirador preciosísimo que yo no conocía pero el resto del mundo sí —es a lo que me refería más arriba— y desde allí todo tenía una vista mucho más que espectacular. Como teníamos poco tiempo batimos toda esa área en menos de media hora, así que básicamente era bajarse flashear a lo bestia y rogar al dios pagano de las buenas fotografías para que todas las imágenes salieran decente.

De un mirador a otro mirador :D.
Este es uno de los faros naturales más grandes del mundo :D.
Acantilado.
Otro acantilado :D.
Monumento al Motociclista Desconocido a Pedro Infante.
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Verán, esta es una estatua dedicada a Pedro Infante pero los mazatlecos dicen que no se parece y, si buscamos una que otra foto por Internet pues, la verdad, la verdad no se parece; así que la indignación está justificada. (¡ALGUIEN QUE ME DEVUELVA MI DINERO!). 

Eso sí, todo el que llega al monumento se sube en la parte de atrás de la moto para posar con el doble de "El ídolo de Guamúchil" :D. 

Malecón de Mazatlán donde no hay turistas  donde está la estatua
de Pedro Infante.
Por aquí se lanzan los clavadistas ^___^
Aquí rompen las olas de una manera fantástica :D
Después llegamos al área del malecón donde está el asta monumental de una bandera inmensa (¿tiene nombre ese lugar?). Por desgracia no estaba la bandera. Después nos regresamos al aeropuerto pero antes de eso llegamos a un OXXO por las municiones (ni de chiste me compro algo en el aeropuerto que me cuesta lo mismo que un riñón en el mercado negro). Coca-Cola, Sabritas, galletas, chocolate, ya saben, comida nutritiva. Estacionar el auto fue otro gran WTF! inmenso. Resulta que te cobran por respirar por hora una cantidad algo descomunal, mi papá casi se pone a dar vueltas con el carro cual carrusel por todo el aeropuerto hasta que el avión aterrizara; cosa que le dije que NO hiciera porque nos veríamos bien terroristas y pobretones. 

Este señor es Benito Juárez pero ustedes nunca lo sabrán porque yo tomé 
la foto de espaldas...no sé por qué. Además tenía una paloma en la cabeza 
(él, no yo XD).
Pues eso, un mapa del Centro Histórico :D
Mi tío llegó en este avión: 

El único avión a 200 kilómetros a la redonda.
Ver llegar un avión en el Aeropuerto Internacional de Mazatlán es tan exótico como encontrar un trébol de cuatro hojas, un unicornio en la plaza o una estrella fugaz surcando el cielo, así que mi fotografía cutre se justifica. Gracias. Además sé que si el General Rafael Buelna Tenorio levantara la cabeza también haría lo mismo que yo.

Por cierto, todo lo que les quería contar no tiene nada qué ver con todo lo que les acabo de relatar XD. De hecho ocurrió otro día. 

Esto es lo más cercano a Inception que estaré en mi vida.
Regresamos a Escuinapa y nos fuimos directo al salón donde sería la fiesta sorpresa de mi abuela para arreglar el local y donde ya nos esperaban mi mamá, mi tía, dos tíos más y mi abuela. Sí, mi abuela, ¿acaso no es la mejor fiesta sorpresa de toda la historia de la humanidad? :D. Inflamos bombas rositas hasta que los pulmones se nos hicieron chiquitos y el salón quedó precioso, pero desde que yo entré mis ojos ya se habían enamorado de aquella cámara Nikon COOLPIX P500 que me miraba seximente desde una de las mesas del local. Después de preguntar quién era el dueño (resultaron ser mis primos que no vinieron, hijos de mi tía) le exigí pedí amablemente que si me la podía prestar de nueva cuenta para cuando fuéramos a dejar a mi tío Danny de regreso ¡y me dijo que sí! ^___^ 

Así que un día después de la fiesta de mi abuela llevamos a mi tío de regreso al aeropuerto, ahora nos acompañaba mi hermano, y NO llegamos a las aguas termales por ciertos motivos que ya todos conocemos XD. 

Nos fuimos directito a turistear y pasamos por los mismos lugares que pasamos antes, así que no les mostraré fotos sobre lo mismo porque no quiero redundar. 

Sí, no es el Titanic, pero nadie negará que se ve mejor que el de arriba :S
Qué zoom tan precioso, ¿a poco no? ^____^
¿Qué es un barco sin su ancla? :D
Fuimos al muelle y había un barco carguero; la zona usualmente está restringida para los civiles pero un miembro de la Marina nos dejó entrar para paparazzear al barco (*otra estrellita para él y una escuela a su nombre, por favor*). El zoom de esa cámara es hermoso (el barco estaba algo lejitos). Sí, sí, habrá cámaras mejores, me dirán los profesionales, pero yo soy amateur y con cualquier cosita decente me conformo. Además, a diferencia de la Kodak aquí las imágenes parecían que ya estaban photoshopeadas

¡¡¡COSITA HERMOSA!!! *_______*
Ese caminito en forma de zig-zag es el camino que te lleva al faro :D.
Foto random :D
También vimos La Cueva del Diablo. Yo no sé qué es, nunca lo he sabido, pero escuché hablar de ella desde pequeña y cada vez que veía esa reja un escalofrío recorría mi cuerpo. En fin, que me asomé por allí y olía a orines ._. o sea, hasta el azufre te lo paso pero ¿orines? 

La entrada de La Cueva del Diablo.
¿Ven al cangrejito? ^____^
Esto tampoco sé que sea. Esta arriba de La Cueva.
A mi tío lo dejamos en el aeropuerto antes de llegar a Mazatlán porque mi intención era quedarme hasta ver cómo se ocultaba el sol. 

Verán, a mí me fascinan los atardeceres, siempre he soñado con hacer una lunada a la orilla de la playa, encender fogatas, contar historias de terror mientras comemos S’more hasta reventar y al día siguiente ver el amanecer sin que el mundo nos importe. Es un sueño que hasta el día de hoy no he podido cumplir porque no tenemos el material para realizarlo. Pero un sueño más grande que el que acabo de comentar es el de tomarle una fotografía al sol mientras se oculta frente al mar. Ver fotografías así en Flickr o DeviantART me ponen chinita la piel y me daban muchas ganas de intentarlo yo, cosa que muchas veces fracasó porque el zoom de la cámara Kodak da más pena que gloria. 

Así veíamos el sol nosotros; sin zoom :)
Así que mi papá dijo que perseguiríamos al sol hasta que viéramos que se ocultaba en el horizonte. Lo seguirnos, literalmente, más allá de la Zona Dorada hasta que lo perdimos de vista debido a las edificaciones y salimos volando de regreso a la Zona Dorada para ver dónde nos podíamos colar para verlo. Por suerte encontramos un rinconcito que daba a la playa cerca del hotel Holiday Inn (¿o Fiesta Inn?) y mientras mi papá estacionaba el carro yo y mi ayudante hermano fuimos a perseguir al señor sol. 

Estas fueron las imágenes que capturé de ese momento (no están editadas más allá de cambiarles el tamaño para que se vean bien en el blog) :’)

Me quedé como babosa cuando le di zoom a la cámara y me salió esta
preciosidad en la pantalla *____*


MI FAVORITA :) Aquí la tiene en un tamaño mucho más grande.




¡¡¡Y FIN!!!

Sé que quizá a muchos les parecerá tonto que me emocione con algo tan ridículo como ver el sol ocultándose frente al mar y no lo dudo que lo sea. Hay muchas personas que tienen la oportunidad de tener cámaras con zoom potente y las usen para cosas más interesantes que fotografiar una estrella pero para mí es algo extraordinario, sobre todo porque no tengo acceso a esa tecnología. Otro sueño que he tenido desde siempre es tomarle una fotografía a la Luna cuando está en el horizonte, para capturar la tan extraordinaria Ilusión Lunar, desafortunadamente cuando tomé las fotos del sol nunca pude ver a la Luna en el cielo, así que me quedé con las ganas :(.

Pero en fin, esas son las vanalidades de mi vida XDDD. Miró estupefacta los aviones cuando zurcan el cielo porque nunca he viajado en uno y desde pequeña suelo preguntarme "¿Qué se sentirá estar allá arriba? ¿Cuántas personas murieron anhelando poder volar?", cosas como esas. Por eso me emociona escuchar a lo lejos el tren o ver zarpar un barco, aunque sea uno como el de arriba, porque para mí es algo mágico, casi irreal e inalcanzable. 

En fin, me despido porque en mi rancho ya son las dos de la madrugada y si no me duermo alguien me va matar :D.

10 sept. 2011

"Ella se marchó y dejó olvidado un cuerpo dormido..."

Brandon y tía "Queta" (1995).
"Cuando todo oscurezca (...) —habla ella—, 
cuando la tarde naranja desenrede la madeja, 
cuando mi cuerpo tirite y tenga lista la maleta 
has de disponer que abran las ventanas 
y me dejen marchar, que la noche no duela. 
 Me despedirás y arderé en una estrella. 
 Y celebrarás este pequeño milagro."  
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Me gustaría creer que mi tía no sabía que hoy, cuando nos entregaron sus cenizas, era también el Día Internacional para la Prevención del Suicidio. Quiero pensar que no fue tan metódica en ese aspecto. 

Mi tía abuela siempre fue una mujer de carácter fuerte y quizá demasiado estricta. Nosotros (mis primos, hermanos y yo) la respetábamos, incluso me atrevería a decir que le temíamos. No podíamos justificar ese miedo bajo ningún argumento o experiencia más allá del que provenía de nuestros padres o tíos, pues en el fondo fueron ellos los que convivieron más con ella. Nosotros sólo la veíamos en ocasiones especiales como fiestas, navidades o funerales. 

Eso sí, hubo un antes y un después de aquella Navidad que llegó con bolsas de dulces y chocolates y los repartió entre todos sus sobrinos-nietos. Ese día nos compró el amor y más; supimos que si era capaz de regalarnos tantas golosinas no podía ser tan mala como nosotros la habíamos imaginado cuando éramos más pequeños. Y efectivamente no lo era. Siempre platicó con nosotros de una manera amable y alegre, siempre afectiva y bromista. Las poquísimas veces que la vimos siempre fue servicial y atenta. 

Por otro lado, existen cosas que se escapan a nuestra imaginación, que nos resultan difícil de aceptar que puedan ocurrir en la familia. Sabemos que son, hasta cierto punto, comunes a una escala global, pero ingenuamente pensamos que nunca nos tocará vivirlas. Cuando supimos que mi tío tenía SIDA fue un golpe demasiado duro como para saber qué nos dolió más: el diagnostico, su muerte o su silencio. Mirando en retrospectiva, a casi una década de aquella tragedia, como miembro de la misma familia, uno jamás dejará de preguntarse ¿pudimos hacer algo más y no lo hicimos? ¿Acaso no vimos cómo su personalidad cambió radicalmente meses antes de morir; cómo su salud se deterioró tanto? Ahora todo resulta demasiado claro, pero en aquel entonces los síntomas físicos y mentales (como la pérdida de peso o la depresión) no los notamos, o no los quisimos notar. Una semana después de su diagnostico mi tío murió, no hubo demasiado tiempo para asimilar su muerte, sobre todo cuando los médicos insistían en que mejoraría, y nosotros les queríamos creer. 

Quizá la única similitud entre mi tía abuela y mi tío era —además del carácter— una férrea necesidad de distanciamiento entre quienes les rodeaban. Crearon una barrera entre ellos y su familia y amigos que raramente era penetrada, ambos murieron siendo solteros, sin hijos, pero no fue la soledad lo que los llevó a la tumba. No hubo alguien lo suficientemente cercano que fuera capaz de ganarse la confianza como para que ellos confesaran aquello que les perturbaba. Ninguno de los dos vivía solo y aun así, esos indicios clásicos de depresión pocos fueron capaces de notarlos. El resultado en ambos casos, aunque por situaciones diferentes, fue el mismo: la muerte. La gran diferencia radica en que él murió muy joven a consecuencia de las complicaciones que trae consigo el SIDA y ella por voluntad propia. 

Mi tía abuela fue una de las mujeres más fuertes que he conocido en mi vida, esa fue la imagen que siempre reflejó hacía mí. Me atrevería a decir que no le temía a la muerte. Era una de las pocas personas que siempre estuvo de pie frente a la cama del moribundo —estuvo allí cuando mi tío murió—. Apuesto a que hubiera sido capaz de mirar a la muerte a la cara y ponerse al tú por tú con ella sin inmutarse ni un momento. De todas las personas que conozco, familiares o amigos, para mí ella era la última persona que podría recurrir al suicido como una válvula de escape a una vida que la estaba ahogando, o bien, aburriendo. Me resulta difícil de asimilarlo, no porque la hubiera conocido a profundidad, sino precisamente porque no lo hice, por que jamás creí saber demasiado de ella; y porque la fachada que proyecto hacía mí distaba mucho de la de una persona posiblemente suicida. 

La pregunta más recurrente en estos casos siempre es la misma ¿Por qué se suicido? Uno suele pensar que fue porque tenía un problema de salud o problemas financieros, sobre todo porque al tener ella 70 años de vida resulta difícil pensar en otra cosa. Pero los estudios médicos reflejaban una realidad más dura: no había una enfermedad mortal en su organismo, nada que no pudiera ser tratado con medicamentos. No tenía problemas financieros. ¿Mentales? Tal vez, es bastante posible que sí, pero quienes convivieron con ella por más de 30 años siempre creyeron que eran parte de esa personalidad que siempre tuvo. Si hubo síntomas básicos de una enfermad mental ellos, en su momento, no lo notaron. Pero, al igual que sucedió con mi tío, mirando con detenimiento ahora que ya no está, es más fácil sacar conclusiones, y hasta cierto punto, entender el motivo de su decisión. Síntomas típicos de una enfermedad mental pueden ser perfectamente confundidos con las características del suicida cuando éste tiene una fuerte personalidad. Ese quizá fue el caso de mi tía. 

Kleo y Mickey.
Aun así nos resulta extraño comprender desde nuestra normalidad cómo ella tuvo tanta sangre fría para planear con tiempo su muerte, escribir cartas, dejar notas, tapar ventanas. Y además, quizá lo más doloroso de asimilar, cómo tuvo el valor para llevarse consigo a los niños (los perritos). En ese momento mil preguntas pasan por la mente de uno. No solamente el hecho de que ella se diera muerte de una manera tan fuerte, sino que antes de ese acto tan atroz fuera capaz de quitarles la vida a otros dos seres vivos a los que —al parecer— quería demasiado. Es inevitable pensar en otro panorama, ¿lo habría hecho igual si esos perritos hubieran sido humanos? 

Desde aquí no queda más que resignarnos al panorama, pensando las razones que la orillaron a actuar como lo hizo. La certeza final nunca la sabremos, los motivos tampoco. Todo queda en meras especulaciones que quizá sirvan a la larga a curar las heridas que aun no sanan. Mientras esa resignación se hace permanente nos queda el recuerdo de lo que ella fue. Vale la pena recordarla pues a lo largo de su vida nos dejó grandes enseñanzas. Vale la pena saber cómo fue en vida, con sus defectos y virtudes, porque de esa manera seremos capaces de comprenderla. 

Mientras tanto, esperemos que la muerte le haya dado la paz que la vida no le dio. 

Que en paz descansen Tía “Queta”, Mickey y Kleo.