14 sept. 2015

01. KDrama: Healer (Spoiler)


Título: 힐러 / Healer
Año: 2014-2015
Género: Acción, romance, suspenso
Episodios: 20
Cadena: KBS2
País: Corea del Sur

Sinopsis: ¿Cómo se relaciona un evento ocurrido décadas atrás con tres personas que aparentan no tener nada en común? Kim Moon Ho (Yoo Ji Tae) es un popular reportero para un conglomerado mediático muy importante. Chae Young Shin (Park Min Young) trabaja como reportera para un diario online de segunda categoría dedicado a publicar noticias sensacionalistas de celebridades. Seo Jung Hoo (Ji Chang Wook) es un misterioso mensajero conocido por el pseudónimo de "Healer" (Sanador). Cuando estas tres personas se encuentren, se embarcarán en una insólita travesía para descubrir qué sucedió años atrás mientras un grupo de amigos operaban una radio emisora pirata, e intentarán ayudar a la gente afectada por el evento. ¿Podrá su afán por descubrir la verdad ayudarlos a descubrir su destino?

Opinión personal: Healer tendrá el honor de ser la primera serie que despertó en mí el interés hacia la televisión coreana en general por lo que después de verla he decidido seguirla un poco más de cerca. Aunque, a decir verdad, quizá ha dejado el listón demasiado alto. Y es que, para ser una serie de acción, también logra alcanzar de manera extraordinaria un equilibro perfecto entre romance, comedia, drama y misterio.

Después del torrente emocional que dejó en mí la primera temporada de Outlander (Opinión 1 y 2), me parecía justo y necesario enfocarme en alguna otra historia de ficción que… ¿cómo explicarlo? ¡Que no jodiera tanto por dentro, oye XD! No voy a negar que la serie de Starz es una maravilla; sublime, divina y todo lo que tú quieras pero esos últimos episodios se sintieron como yunques sobre el pecho. Lo que yo quería era lo contrario, rebuscar por ahí algo que me devolviera esa fe en la humanidad que Jack Randall se encargó de sepultar sobre toneladas de lodo y sangre. Me fumé de principio a fin Cien años de soledad por cuarta vez en la vida, me embadurné de la prosa casi infantil de Benito Taibo leyendo Persona normal, sumé una novela más de Austen a mi colección, y hasta conté los espacios vacíos que me quedaban en mi librero para futuras adquisiciones. Me fui al cine de otra ciudad a ver sentimientos como protagonistas de una película y rebusqué en las secciones de Netflix la última temporada de la incomprendida serie británica Ripper Street, para terminar las noches de mis cansados días viendo de tirón Friends. Incluso abandoné Twitter, me conseguí una nueva laptop y un perrito (después de la muerte de Maru). Pero nada de eso fue suficiente para superar el golpe al hígado y esa sensación de sofoco traumático que Outlander se encargó de grabar con cincel en mi conciencia. Fueron mi hermana y @afhyer quienes me recordaron que sí, que hay vida después de Wenworth y que lo que yo necesitaba no era una sesión terapéutica con un psicólogo ni tomar media pastilla de antidepresivos al día, sino enjuagarme la cara y refrescar la mente con, yo qué sé, una nueva serie de televisión que tuviera finales felices y personajes entrañables; aunque ésta fuera en idiomas imposibles y viniera del otro lado del mundo. Y ahí fue donde llegó Healer que, como buen título, vino a sanar mi cariño por las historias breves de ficción bien contadas.    

Vientos de cambio...


Para habar de la trama de Healer desde una perspectiva cronológica primero tendríamos que remontarnos a las frías noches de otoño de 1980, cuando un grupo de cinco jóvenes, ingenuos e idealistas, se paseaban por las calles de Seúl a bordo de un camión en cuyas entrañas se albergaba el equipo necesario para sostener una emisión de radio pirata dedicada a lanzar consignas y acusaciones contra las limitadas libertades que imperaba durante aquellos primeros meses de la dictadura. No mucho tiempo antes la sangre de estudiantes, obreros y civiles tiñeron de sangre el sudoeste del país asiático cuando la masacre de Gwangju demostró de lo que era capaz el despótico gobierno que Chun Doo-hwan instauró con puño de hierro después del golpe de estado donde se autoproclamó presidente de la república. Es en este panorama desolador donde surge la idea de expresar sus opiniones por medio de trasmisiones errantes, e incluso llegaron a publicar el primer número de una revista llamada Healer 힐러 para “sanar los problemas de la sociedad” que ellos mismos se encargaban de trasmitir, argumentando que ésta era la esencia misma del periodismo.

Kim Moon Shik fue el joven que más progresó dentro de este grupo de amigos, pero también fue el que más se alejó de los ideales que enarbolaban. Siendo un chico introvertido, más que participante de la radio pirata, era sólo oyente. Sus habilidades en el volante le permitieron ser el chófer oficial del ruidoso camión que les servía como cabina mientras eran perseguidos por la policía metropolitana a lo largo de las estrechas calles de la ciudad. Huérfano en aquellos años, quedó a cargo de su hermano pequeño Kim Moon Ho y heredó de su padre un viejo negocio de autos chatarra que servía como guarida vespertina para él y sus novatos compañeros. Con el paso de los años se convirtió en un importante empresario que subió tan rápido de escaños hasta alcanzar la presidencia de la cadena de noticias Jail, convirtiéndose también el personaje más complejo de toda la serie.    

Choi Myung Hee era la única chica de los cinco. Alegre, servicial y bonita, Kim Moon Shik la llegó a amar en secreto, pero la joven ya había establecido una sólida unión con el colega de ambos Oh Gil Ahn, un muchacho jovial y cariñoso, con quien años después, ya dedicados al periodismo de manera profesional, contraerían matrimonio y se convertirían en los padres de una niña a la que llamaron Oh Ji An. Apenas un mes antes que ella había nacido Seo Jung Hoo el hijo de Seo Junk Suk, otro chico del grupo y el amigo más cercano de Oh Gil Ahn, con quien formó un dúo periodístico de renombre. El más castigado del equipo fue Ki Joong Jae, un chico rebelde, hiperactivo y bromista que retaba a confundir a los policías en aquellas memorables persecuciones en los tiempos del totalitarismo. Fue encarcelado por sus principios y condenado a 11 años de prisión bajo argumentos ridículos y refutables.

Las cosas se tornaron horribles en enero de 1992, cuando Oh Gil Ahn como reportero y Seo Jung Suk como fotógrafo, emprendieron una misión para destapar un importante caso de corrupción que involucraba a una constructora y a una misteriosa sociedad llamada Los Agricultores, conformado por hombre poderosos inmersos en los negocios y la política que se creían con el derecho de manipular su entorno a base de sobornos para el beneficio propio sin pensar en las consecuencias que tales actos podían infringir a la sociedad. El castigo por mirar donde no debían fue desastroso, pero la versión oficial de esos hechos fue más perversa todavía y perduró con el paso de los años: supuestamente Seo Junk Suk asesinó a Oh Gil Ahn durante una riña, de la cual fue testigo ocular Kim Moon Shik. Sin saber qué hacer y carcomido por la culpa Junk Suk se suicidó al poco tiempo de la muerte de su compañero. Mientras, la joven madre Choi Myung Hee y su hija sufrieron un misterioso suceso que acabó con la vida de la pequeña y dejó parapléjica a Myung Hee.

Tuvieron que pasar veinte años —y que alguien viniera a limpiar el polvo que había caído sobre el caso— para que los pedazos de aquellos extraños sucesos llegaran a las personas correctas y fueran cuestionados sin reparo.

[SPOILERS DE LOS EPISDIOS A PARTIR DE AQUÍ]

Quienes me conocen sabrán que me gustan los puzzles. Pequeños fragmentos de imágenes que con perseverancia logran formar un todo que logra darle el sentido que merecen. Si Healer me atrapó desde el principio fue porque la historia que nos narra no está contada de manera lineal, sino que cada episodio nos ofrece piezas que vistas desde una manera general consiguen alcanzar la profundidad que de otra manera hubiera sido imposible. La visión del presente sirve como base para conseguir comprender lo que sucedió dos décadas atrás y que marcó para siempre la vida de los protagonistas.


He idealizado a Kim Moon Ho desde la primera vez que apareció en pantalla por salirse del guion y mantenerse fiel a los principios de su labor. Para ser un periodista de una cadena televisiva de renombre se supone que debe de saber que hay cosas que por apego al protocolo y a la visión general que la compañía debe mantener no se permiten hacer; pero no, el niño mimado de la empresa también conoce sus privilegios y el alcance que su imagen significa para la gente. Es extraño encontrar en estos días a un personaje que ejemplifique con honor la hazaña periodística en su estado más puro; ese que no se deje influenciar fácilmente por la pantomima mediática que rige nuestros días. El amor a la verdad debería ser un estandarte y superponerse a cualquier individuo que intente obstaculizarlo, Moon Ho lo sabe y defiende la realidad social aunque ello implique amonestaciones de parte de sus superiores. Esa necesidad intrínseca que tiene de poner todo en duda es una de sus mayores virtudes, pues al final es ésta peculiaridad lo que lo llevó a investigar el paradero de la pequeña Oh Ji An y destapar esa falsa porquería en la que su hermano volcó toda su existencia. Moon Ho es también la pieza central de la historia, la piedra angular de la que todo se desprende. Su participación es tan importante para la trama que por un momento pensé que los productores se cargarían al personaje a la primera oportunidad que tuvieran (aunque por suerte se antepuso el final cursi y perfecto contra el temible cliché televisivo de asesinarlo a balazos, o envenado). Además, algo que amé de manera absurda fue la relación tan desenfadada que mantenía con Kang Min Jae, la directora de noticias. Ésta relación tan extraña como bonita habría resultado fabuloso que la hubieran explorado un poquito más para no dejarnos con el corazón en el cuello en esa última escena que no nos supo a nada, donde los dos compartían un café así muy a lo seco pero con miradas de viejos cómplices y sonrisas que les recordaron a otros tiempos. Porque Min Jae es de las pocas personas que le entiende. Quizá le exaspera un poquito su manía de pretender hacer todo a su manera y se convenza así misma de que el tipo está siendo cegado por la fama que le precede, pero muy en el fondo ella sabe que tal cosa no es verdad. Su disciplina como directora también le hace comprender que hay cosas que se escapan de sus manos, instantes en los que el periodismo sólo es una fachada en un set televisivo. Al final, los peces gordos son los que maniobran las cuerdas y hacen hablar a los títeres dictándoles tras bastidores qué cosas deben de decir y cuándo hacerlo. Moon Ho jamás pretendió caer tan bajo como su hermano, por eso resulta exquisito el gesto de repulsión que se le pintó en la mirada cuando los poderosos, escondidos en las tinieblas de sus propias ambiciones, le invitan a formar parte de la vida política de Seúl.

Kim Moon Shik tiene dos debilidades remarcadísimas desde el principio: su testarudo hermano menor y la mujer a la que más amó en la vida, Choi Myung Hee. Quizá, si el Anciano no le hubiera lavado la cabeza siendo muy jovencito, la inteligencia y la paciencia de este señorón habría conseguido mantener viva la llama de aquellos chicos de los 80’s que desde las trincheras radiofónicas le daban voz a los periodistas silenciados, esos que se revelaban de manera directa ante el agravio de la censura, a pesar de que él nunca fue una voz activa dentro de la misma. Moon Shik es un personaje por sí mismo complicadísimo, mi hermana y yo llegamos a debatir si era una víctima de las circunstancias o un ciego mental incapaz de percibir el dolor que con el paso del tiempo llegó a infligir en otros. Sin embargo, hubo ciertas ocasiones en las que su estoicismo se desmoronó a pedazos (al ver las visiones de sus antiguos camaradas, al ser abandonado por su esposa, al recordar a la niña que dejó perdida, etc), momentos como ese me llevan a pensar que muy en el fondo todo lo que hizo después de los eventos trágicos del 92 fueron guiados tanto por el miedo como por el amor que le profesaba a esas dos personas. Lo que vendría después sólo sería una plataforma para tener todo lo que soñó y todo lo que jamás podría haber imaginado: poder, renombre, reputación, dinero.

Está demás decir que Myung Hee le quería, pero de ahí a imaginar que lo amaba incondicionalmente pues probablemente no. El amor de su vida siempre fue Oh Gil Ahn, se le notaba en el recuerdo, se le veía en la mirada; y lo que sentía hacia Moon Shik era una profunda gratitud por lo mucho que hizo después del asesinato de su esposo y el evento que la postró en cama durante bastante tiempo. Resulta devastador ver cómo este sincero agradecimiento se transforma en cólera conforme la trama avanza y se revela la verdad respecto a aquel suceso que le cambió la vida, desembocando en el abandono al palacio de oro donde vivía recluida y dejando detrás a un hombre que se convirtió en tinieblas en cuanto ella salió por la puerta. También es de reconocer el temple que esta mujer tenía, ya ni hablar de la valentía que poseía en su juventud, el desbordante carisma que desprendía y esa atención tan tierna que le ofrecía a quienes la visitaban. Estuvo soberbia en aquel instante que le revela tan sutilmente a su esposo que ya sabía que su hija estaba viva, y se lo dice con un gesto tan dolido como impotente que consigue conmover hasta al más duro. Nada de gritos, nada exigir largas explicaciones, sabe que hay muy pocas cosas por decir y demasiado por perdonar como para llenarse de valor y escuchar esas excusas estúpidas por parte de Moon Shik que no se las iba a creer ni el jardinero del vecindario.

Me hubiera gustado que nos explicaran mejor qué fue de él después de esa escena donde le vemos ebrio conviviendo con los fantasmas del pasado. De hecho, si la serie tiene un fallo es precisamente ese: no haber cerrado el círculo de los involucrados. No sabemos qué pasa con el Anciano y los Agricultores, ni con la alcaldía de Seúl y la postura de Moon Ho respecto a la presidencia que su hermano le ofreció, o si se quedó en Someday News un tiempo más. Pero bueno nada que la imaginación (o una segunda temporada) no pueda arreglar xD.

"We can start at the end of time and do it all again..."


Pero los que me robaron el alma desde que aparecieron en pantalla fueron la pareja protagonista. ¡Qué química desprendían, por dios, qué grosería! Aun pienso en ellos y se me eriza la piel de lo surrealista que fue. Yo no suelo emparejar a cualquiera que se me ponga en frente, ni siquiera a aquellas personas que es demasiado obvio que terminarán liadas porque les brota purpurina del aura y tienen pétalos rosados cubriéndoles la cara. No, para que yo consiga enamorarme de un par de enamorados se deben de alinear los planetas, correr fresquito en Mercurio y de paso nevar en el Sahara. No es cuestión únicamente de los actores (que cuenta mucho, claro) sino un conjunto de factores que consigan hacerme creer que esos dos se traen algo. Una frase cliché, un dialogo dicho en mal momento, una ambientación pésima, un soundtrack mediocre o una sobreactuación en una sola escena y me habrán perdido para siempre. Por suerte, la producción de Healer consiguió mantener en equilibro varios factores y TODO lo hizo bien. ¡Aplausos! Que para ser sincera yo ya estoy un poco hartita de la chica buenorra y frágil que busca al superhéroe que la saque del lodazal en el que está metida para nada más cruzarse de pierna a la primera oportunidad y retocarse el maquillaje antes de regresar a sus brazos perfectos y torneados. También los amores a primera vista suelen repelerme bastante, me gusta esa especie de indiferencia inicial entre ambos individuos hasta que hay un detonante que despierta la curiosidad por conocerse más (soy muy de Orgullo y Prejuicio, ¿qué quieren que haga? :D).

¡Chae Young Shin es una chica estupenda! Dejemos de lado su mediocridad en el ámbito periodístico y esa devoción casi religiosa que siente hacía Oriana Fallaci mientras trabaja para la prensa del corazón de un periódico en línea de quinta. La niña la ha pasado fatal en la vida pero aun así se las arregla para sacudirse aquellos recuerdos que le empañan su infancia, salir ahí afuera para sonreír todos los días y de paso cantar como si mañana no volviera a salir el sol. Es un gustazo también conocer sus debilidades, sus temores y sus dudas sencillamente porque eso la hace más humana a los ojos de los espectadores. Es una persona que siente el deber moral de proteger al débil cuando la situación lo amerita, aunque ella misma se esté hundiendo de miedo, y hay que reconocer que eso también tiene su épica. Además, la relación que mantiene con su padre adoptivo y sus tíos-ex convictos-criminales es muy chula.

Seo Jung Hoo es todo lo contrario a Young Shin. Si ella creció con la idea de que sus padres biológicos la botaron cuando sólo tenía seis años, Jung Hoo tuvo que lidiar con la noticia de saber que su papá se había suicidado más o menos cuando tenía la misma edad. Un día fue abandonado por su dolida madre y al poco tiempo su abuela murió. La pasó fatal en la escuela y terminó encerrado en un reclusorio juvenil donde después de salir fue acogido casi por la fuerza por un antiguo camarada de su padre Ki Joong Jae (¡personaje inolvidable!), quien lo entrenó en defensa personal y en otras áreas que posiblemente rayaban la ilegalidad en el país sólo para ¿adivinen qué? Abandonarlo un día, tal y como lo hicieron los demás. A los veinte años se convirtió en Healer, el mensajero nocturno más reputado dentro del negocio.

Mientras que Young Shin brilla con la luz del día, Jung Hoo lo hace al ras de la oscuridad, y es interesante percibir cómo se complementan dependiendo de la situación que se les presente. Una escena preciosa (de hecho, todas las escenas que comparten estos desgraciados son preciosas) es la que ocurre en el cuarto episodio, cuando ella y Jung Hoo, (oculto bajo el nombre y personalidad de Park Bong Soo como seudónimo ante ella y la sociedad), se topan con Yoyo y sus secuaces. Hay algo de cobardía en la actitud de Young Shin cuando se entera que a quien buscaban los matones es a ella, sin embargo, al ver cómo agredían a su subalterno no la piensa dos veces y se entrega pacíficamente, suplicándoles que lo dejen en paz. A los pocos minutos es Healer quien llega y arrasa con todos los Double SS Guard y le salva. Pero Jung Hoo jamás le menciona a Young Shin que no recibió golpe alguno por parte de aquellos hombres. No necesitaba decírselo porque entendía el peso del acto heroico que ella acababa de hacer: un trueque de su vida por la suya, y para él con eso bastaba. Con ello también le daba una fortaleza indirecta para señalarle lo valiente que era como persona y le inyectaba dosis de heroísmo que de otra manera jamás hubiera percibido dentro del terror que la estaba ahogando. Algo muy parecido a esto sucede cuando van a casa del tipo que contrató a la mujer involucrada en el caso del candidato Kim Uhi. De manera discreta él le salva del sofocante escenario pero le pide ayuda a ella para salir del caos, cediéndole una vez más la oportunidad de quedarse con el crédito de la hazaña.

La verdadera personalidad de Jung Hoo es una combinación perfecta entre su álter ego Healer y su periodista inventado Park Bong Soo. Guarda la gallardía del primero y la inocencia del segundo y es precisamente eso lo que lo hace tan irresistible. Sin embargo, son poquísimas personas las que han tenido la oportunidad de conocerlo verdaderamente porque vive una vida solitaria, recluido en un edificio abandonado al que ha convertido su hogar hasta que pueda comprarse una isla desierta. Habita la vida de un mercenario contemporáneo nocturno que brinca por los techos de los altos edificios, juega videojuegos, ve documentales de animales salvajes, no sabe ni pelar una cebolla y tampoco tiene la menor idea de quién es Superman, pero Young Shin entra a su vida para decirle que aún hay un poco de humanidad en su interior, y también para derribar el miedo que le invade cuando piensa que todas las personas que le rodean saldrán dañadas de alguna y otra manera y que todo eso será por su culpa. Este miedo se exterioriza de manera dramática después de la muerte de su maestro, pero es ella quien se queda a su lado para levantarlo si cae y para recordarle que no todos los que lo rodean lo abandonarán cuando más lo necesite. (Estos post en Tumblr saben de qué hablo 1, 2, 3). 

La razón por la que se ha convertido en una de mis OTP’s favoritas ha sido por esa confianza mutua que se tienen. Es algo básico en una relación, es verdad, pero lo suyo sobrepasa cualquier límite de entendimiento, comprensión y apoyo, y esto es algo que se percibe desde el principio. Hay tanta historia oculta detrás de la máscara de Healer que se necesitarían una centena de preguntas para responderlas, y sin embargo, Young Shin le otorga el beneficio del silencio. Jamás le cuestiona más de la cuenta y cuando lo hace sólo espera un sí o un no como respuesta para quedarse tranquila y creerle, como aquella vez que le preguntó si alguna vez había matado a alguien. No es una interrogación directa por el crimen cometido apenas unas horas antes, sino una duda general, así como mera curiosidad (“¿Alguna vez has matado a alguien?”, cualquier persona, en cualquier momento) que evita que él se sienta intimidado por el hecho de que ella pueda verlo como un criminal sin escrúpulos. Tampoco le pregunta sobre su identidad secreta, ella misma lo intuye y lo calla con recelo.  

Quizá Jung Hoo jamás lo reconoció de manera explícita pero es obvio que se le partió el corazón cuando oyó la confesión de Young Shin sobre el abuso que sufrió por parte de uno de sus primeros padres adoptivos siendo apenas una niña, al grado de llegar a pensar en el suicidio. Fue el punto de quiebre donde él mismo se juró protegerla a toda costa, aun cuando ambos se desconocían completamente. No fue fácil, el niño apenas podía asimilar que fuera capaz de sentir algo por alguien (ese tropezón después del primer beso estuvo soberbio). La pasó tan mal en su juventud, que él mismo creó una barrera impenetrable de granito frente a todos para que nada le inmutara, y de repente llega esta chica jovial, extrovertida y entusiasta que le enseña a apreciar la rutina diaria y abandonar la idea de largarse a vivir a una isla desierta donde no le moleste ni la arena de la playa. Si al final el amor no es esto (encontrar a alguien que te complemente, que ayude a entenderte a ti mismo y aceptarte como individuo) no sé entonces qué será. Jung Hoo lo aprendió de la manera más noble posible y verle evolucionar a lo largo de los episodios resulta enternecedor.

Muchas escenas emblemáticas de la pareja suceden en las azoteas y todas tienen un toque de perfección que las hace irresistible. En la primera, un simple gesto como posar la mano en el pecho de él para sentir su presencia al tener sus ojos vendados, me ha parecido una preciosura; y otra por ahí tiene uno de los besos más hermosos que he visto últimamente en cualquier lado.



Un punto a favor es el hecho de no haber convertido la relación de Kim Moon Ho, Chae Young Shin y Seo Jung Hoo, en un paupérrimo triángulo amoroso. Eso sí me hubiera hecho rechinar los diente y patalear de rabia. Por suerte mantuvieron a la pareja muy apartada del periodista, que dicho sea de paso fungía muy bien como hermano mayor desde que eran pequeñitos, lo que le daba un gesto de simpatía cada vez que aparecía con ellos, procurando su bienestar e imponiendo un límite infranqueable al primero que intentara ponerles un dedo encima. Sobra decir la fabulosa mancuerna que formaron los tres con la misma jefa de Healer, Jo Min Ja, cuando sus verdaderas identidades ya habían sido reveladas. Min Ja se lleva el protagónico cuando aparece en pantalla. Sí, quizá iba por la vida haciendo los clichés más trillados de los hackers de la ficción, pero el hecho de que siempre tuviera un sushi en una mano y en la otra un estambre para bordar le añade los quince mil puntos de originalidad que ya quisiera gozar actualmente cualquier pirata cibernético retratado en la televisión.

Vale mencionar que la banda sonora de la serie es preciosa. Si no shippeas a la pareja por su actuación ten por seguro que lo harás por la música tan hermosa que les ponen. Todos los temas me gustan pero a mí se me rotuló en el cerebro Eternal Love de Michael Learns to Rock, mientras que When you hold me tight me pareció cuquísima. Y si nos ponemos quisquillosos You, What my eyes say o I will protect you, (ésta última cantada por Ji Chang Wook, el actor que interpreta a Healer) me hicieron perder la razón así sin más y desde entonces las escucho en un loop que se prolongará al infinito.


En definitiva un drama recomendadísimo, que consigue un equilibro perfecto entre el romance, la comedia, el suspenso, la temática política y eventos del pasado que aún están grabados en la memoria de quienes los vivieron. El ajedrez argumental que sostiene la serie recae casi en su totalidad en las movidas que los hermanos Kim lanzaban desde sus posiciones, cada movimiento más punzante que el anterior. Los actores están soberbios en sus papeles y cada uno tiene su espacio justo en la historia para convertirlos en personajes tridimensionales que en ningún momento nos resultan indiferentes. Al final, todos terminan importándote; los del pasado y los del presente. Como mencioné antes, me hubiera gustado una clausura más cerrada, donde se supiera a ciencia cierta qué pasó con el Anciano y Los Agricultores; quizá una pista de cuál es el futuro de personajes tan entrañables como la misma Min Ja o Dae Yong, la ayudante de Healer que tenía un potencial tremendo a pesar de su juventud y lo infravalorada que sentía la pobre sabiendo que era capaz de muchísimo más. Quiero creer que Myung Hee será muy feliz ahora que conoce el paradero de su hija y sus ataques epilépticos no volverán más. Le deseo un final bonito a Dong Won, el policía cibernetico que soñaba con cazar a Healer que, por muy insufrible que se tornaba a veces, merece un futuro donde se le dé reconocimiento que se merece y no cargue con culpas tan fuertes como las que aun persiguen a Min Ja. Todo el equipo de Someday News también debería de llegar lejos, quizá se convierta en una sección noticiera fresca y veraz cuya perseverancia les consiga un buen status entre los noticieros del país y sus colegas periodistas. Se merecen una reputación así después de toda la explotación laboral que vivieron por parte de Moon Ho xD.

Hace apenas unos días me topé con este post en Tumblr donde alguien aboga por una segunda temporada (rarísimo en una serie coreana) ¿y qué más les podría yo decir?: ¡ME APUNTO TOTALMENTE! 

¡ADIÓS! Una isla desierta me espera en el Caribe. 

11 sept. 2015

Serie: Outlander, II Parte (Opinión Personal)

La primera parte de mi opinión está aquí.

Al final, Casandra sólo quería que le creyeran. Encontrar entre el tumulto de gente una mente abierta que se atreviera a creer en sus profecías. Pero la ira de Apolo es implacable: vio arder Troya antes que nadie, incluso vaticinó la muerte del mítico Agamenón y presenció su propia decadencia mucho tiempo antes de que ocurriera. Como un castigo similar al de la mitología griega, Claire Beauchamp se convierte en nuestra propia Casandra condenada a callar su destino mientras la madera cruje con el fuego de la hoguera que la espera a ella y a Geillis Duncan. Sin embargo, Geillis también viene a recordarnos que en medio del naufragio siempre hay un objeto que nos mantiene a flote, un trozo de cordura entre la sinrazón de los gentiles. The Devil's Mark (1.11) la hizo brillar como nunca, mostrándonos ese lado afable entre los calabozos roídos por la humedad y el moho. Las conversaciones con Claire se debaten entre la comprensión y la duda; la curiosidad y la sensación de identidad que comienza a florecer mientras las palabras fluyen y la sentencia final se acerca. El último sacrificio de Geillis fue un acto de amor para la persona que más la comprendió, aunque a Claire le cueste entender los motivos y la reverbera popular esté ansiosa por oler la carne quemada de una bruja despatriada.

Claire ya venía acarreando un infierno desde el primer arco: viajó 200 años en el pasado, se encontró con un casaca inglés que le recordada a las mejores historias de Sade, fue prisionera política, se casó por obligación con un guerrero escocés y la tomaron como rehén apenas tuvo tiempo de llegar al monolito que la metió en aquella maraña onírica absurda. Lo que vino después era suficiente como para hundirla en un abismo profundo y no permitirle salir jamás. Quizá con un poco de optimismo se habría dedicado a cavar su propia tumba. El rescate de Fort William en The Reckoning (1.09) da testimonio de lo que James Fraser es capaz de hacer por la mujer a la que juró proteger con su vida. Adentrase de esa manera al fuerte británico fue una estupidez incomparable, y sin embargo, comprensible, al recordar lo mal que la pasó él mismo en ese lugar, donde años atrás fue azotado hasta la inconciencia por el hombre que ahora amenazaba con matar a su esposa. Jamie entendía que, al rescatarla a ella, se estaba rescatando (otra vez) él mismo.

LA conversación tarde o temprano tendría que llegar. Las explicaciones nunca son suficiente cuando tienes tu pasado pisándote los talones y no puedes contárselo a nadie; no resulta creíble ni para ti. El punto de ebullición estalla entre los dos precisamente cuando tanta tensión se vuelve exasperante. Esa terrible pelea acarrea consigo el resentimiento acumulado del tiempo compartido juntos, no porque se odien ni porque estén cansados de sus respectivas presencias, sino porque comenzaron a amarse sin saber exactamente en qué momento la vida los flechó. “Eso, eso es estar enamorado” se resigna Jamie al saberse perdido entre tantos sentimientos encontrados.

El regreso al castillo también nos permite adentrarnos a la inevitable situación política que se avecina en las montañas de Escocia. El duro recordatorio de que todo lo que comienza tiene un fin se revela como una premisa que la diluimos en este accidentado encuentro entre la familia MacKenzie. Colum funge como el diplomático que se siente traicionado por las ideas irreverentes de su hermano; las mismas que ponen en jaque la estabilidad no sólo de sus propias tierras sino del panorama de las localidades vecinas. La batalla de Culloden, el escenario final de un estilo de vida milenario, se asoma con crueldad en los duelos verbales de aquellos parientes que apenas se reconocen. Hay un punto de quiebre en la relación de ambos que agoniza mucho tiempo antes de lo esperado. Y la impaciencia de Dougal termina por exponerse en The Search (1.14) que, junto con The Watch (1.13) nos sirvieron para atestiguar que la producción de Outlander también puede darse el lujo de incluir subtramas sin trascendencia (¿o la tendrá?). A Lallybroch (1.12) lo salva la soberbia aparición de Jenny y la simpatía de su esposo Ian. La presencia de la hermana de Jamie llena todo el entorno con un importante respeto y autoridad que ni siquiera él puede asimilar muy bien. Es un personaje cuya fortaleza penetra las paredes del hogar hasta convertirlas en órdenes y a cada situación que se presente le da una solución a la altura, un ajuste de tuercas que permiten otorgarle esa reconocida reputación que le precede. Claire consigue consolidar una relación con su cuñada que no nació de la noche a la mañana. Tales lazos engendran sus raíces en la mutua preocupación por el propio Jamie, quien sigue siendo un prófugo de la justicia, y que les llevará a la búsqueda épica que vemos en la primera parte de The Search (1.14). 

Laoghaire reaparece como la personificación total de la poca vergüenza; un animal rastrero que busca su propio beneficio a base de pretender provocar una lástima pobre y mediocre. La niña no sólo necesitaba la bofetada de Claire sino un despabilamiento remarcado, vorazmente certero, que le limpie de toda la putrefacción que tiene metida en el cerebro sólo porque los celos le otorgaban la oportunidad de hacerse la sufrida. Su última tontería fue llevar a juicio a las únicas dos víctimas de los viajes en el tiempo y con ello se perfiló ya como uno de los personajes más detestable de toda la saga. Qué la parta un rayo, así sin más.

Por extraordinario que haya sido el rescate de Jamie durante el juicio por brujería, su heroísmo no se aprecia sino después, en The Devil's Mark (1.11), cuando en un gesto de compasión (o culpa) guía a Claire a los pies de Craigh Na Dun para darle la oportunidad de regresarla a su hogar y evitarle la pena de presenciar el terrorífico escenario que se les venía encima. Aquí sólo hay peligro, le dice con dolor mientras nos regala la despedida más amarga que habíamos presenciado hasta la fecha. Sin embargo, es Claire quien debate en silencio durante horas frente a la mítica estructura sólo para regresar a hasta Jamie y decirle que no, que su hogar ya no está en el siglo XX sino ahí, a su lado, dispuesta a luchar contra el futuro que ya está escrito.

Pero el momento cumbre de esta temporada hace acto de presencia en los dos últimos episodios que la cierran: Wentworth Prison (1.15) y To Ransom a Man's Soul (1.16) son el testimonio aplastante del ahogo televiso entre el horror, la impotencia y el dolor. Jack Randall ya era para ese entonces todo un estudio sobre el sadismo extremo, como lo mencioné en mi primer post, pero esta vez sobrepasó el límite de la tolerancia humana. Hace ver las flagelaciones de The Garrison Commander (1.06) como sendas caricias por la espalda. No hay minutos de descanso a lo largo de esas aplastantes dos horas donde la tortura física-psicológica es el primer plato sobre la mesa (y el único que terminarás recordaron cuando los créditos finales aparezcan). Poco, muy poco importa que al final Jamie haya conseguido salir de ese pandemónium en el que terminó hundido, que en el horizonte se vislumbren nuevas posibilidades, que la pareja principal zarpe en barco rumbo a la Francia de la aristocracia europea, etc, porque todo los caminos conducen a Wenworth. Sabemos de antemano que Jamie no está curado y que lo sucedido en las celdas de la prisión le opaca cada segundo de su existencia, y lo seguirá haciendo en la próxima temporada. No es algo que él haya pretendido; si Randall es la maldad personificada Jamie es todo lo contrario. Quizá por eso el soldado inglés había decidido tragarse su alma desde hace años. En el fondo existe una especie de respeto hacia el escocés, una admiración mal disimulada y retorcida que logra erizar la piel y provocar arcadas sólo de comprobarla. 

No he vuelto a ver aquellos dos episodios desde un día después de que fueron trasmitidos. No pienso verlos próximamente, no creo que los vea antes de que el parón termine, ni en un futuro cercano. De hecho, calculándole a ojo me ha tomado casi tres meses y medio sacar fuerza de las alcantarillas de mi barrio y ponerme a teclear frente a la pantalla sin que me de asco la vida y sus tragedias desde que la season finale me hundió. Ni siquiera pensaba escribir esta reseña, pero sentí que la serie lo merecía, porque sí lo vale: cada segundo, cada episodio, cada música de fondo y esa hipnótica secuencia de apertura que jamás me cansaré de ver, merecen mucho la pena. Si el trauma final no me hubiera calado tan hondo aquí me tendrían con un análisis más extenso y detallado, quizá un poco más elaborado, con guiños a los libros, frases o anotación, sin embargo mi moral sigue exprimida, tirada a un lado del camino sin ánimos de levantarse y escribir opiniones más meditadas (Dikana lo hizo de manera maravillosa en su blog).

NOTAS APARTE:
1. Me parece fatal que la serie no haya ganado algún Emmy en cuestión actoral. La actuación de Balfe y Menzies es maravillosa pero la de Heughan se lleva todas las palmas en Wenworth con amplísima diferencia.


2. Laoghaire me la pela.

3. La polémica escena de los azotes fue adaptada maravillosamente, lo suficiente para no ofender a la mayoría de quienes la vimos. Habrá alguien que diga que no, que a una mujer no se le debe de pegar ni con el pétalo de una rosa ni aquí, ni en la ficción, ni en la China rural, pero reconozco que la secuencia está lejos de resultar placentera o abusiva para quien lo mire. Diría incluso que es bastante cómica, y tamaño detalle merece la pena mencionar. Al final uno no sabe quién de los dos recibió más golpes xD.

4. El último episodio lo sentí raro, rarísimo. De hecho, creo que es el que más dudas me genera al respecto. Asumo que la cuestión de tiempo era un factor, que en el libro esto transcurre en meses y no días, que seguían en Escocia y no en Francia, y mil motivos más que no vengo a discutir, pero la recuperación de Jamie se sintió simplona. No es queja, sobre todo porque los pedazos de actores que personifican a Claire y Jamie saben abarcan todo un rango de emociones que consiguen ganarse cualquier escena. 

Me repatea comparar libros vs. TV pero, aunque en la novela la redención de Jamie es más cruda y salvaje no deja de ser preciosa. El no haber sido adaptada a la pantalla precisamente por la línea de tiempo tan ajustada me produce un dejo, así muy chiquito, de tristeza. Supongo que muchas de estas cosas la insertarán en la segunda temporada, la explotarán a rabiar y quizá sea una constante en la subtrama pero eso me da una sensación de vacío que la primera no pudo llenar, ni siquiera con el anuncio del embarazo, que me supo tan amargo como esperanzador.

5. ¿Qué hago yo hasta que Outlander regrese? Claro, leerme todos los libros de la Gabaldon, fijo xD.

9 sept. 2015

¡Adiós, pajarito azul! Siempre te recordaré.


Me ha costado lo mío decirle adiós a Twitter. Tampoco fue una decisión tomada a la ligera; lo sopesé por meses y lo medité más de una vez con la web abierta mirando mi timeline sin leerlo. Inevitablemente llega un punto en el que sabes que algo terminó, como si un ciclo hubiera acabado y tu trabajo ahí ya estuviera hecho. Recuerdo el último día que pasé en Fotolog o el día exacto que le dije adiós a Messenger, y de verdad creí que jamás llegaría el momento en el que sentiría aquel vacío al pensar en Twitter. Era mi lugar favorito justo después de este blog. Fui más sincera ahí de lo que fui jamás en ningún otro lugar (ni siquiera aquí), sobre todo porque ahí sólo me leía la gente que de verdad me quería leer, la que no lo hacía por simple compromiso o por familiaridad. Siempre seguí a quien yo quería, leí las fuentes que yo escogía, estructuré mi línea de tiempo para que ahí sólo estuvieran personas que lo valieran, a golpe de palabra y de opinión.

288 personas atestiguaron mi caminar. 288 personas a las que siempre les agradeceré el haber tenido interés en mi opinión, siempre debatible, siempre cambiante.

No me voy de Twitter porque su dinámica haya cambiado, de hecho creo que sigue siendo una red que nos permite gritar a los cuatro vientos lo que se nos venga en gana, ya sea para bien o para mal, y sigo creyendo en su pluralidad y efervescencia cuando un tema impactante lo amerita. La mal llamada web 2.0 se hace presente en sitios como Twitter, donde la opinión del pueblo llano encuentra su cabida. Nos enseña el alcance de las capacidades que posee; nos muestra el poder de uno: dame un punto de apoyo y moveré el mundo, dame 140 caracteres en Twitter y tiraré el mercado bursátil, dame una página en Facebook y desataré revoluciones en Egipto. Quizá sea una falsa realidad, pero queremos creer que tenemos más poder del que en realidad poseemos.

Supe que con Twitter todo había terminado cuando me vi pasando más tiempo en Facebook que ahí. O una de dos: o la era del pajarito azul ya había pasado para mí, o me estoy haciendo vieja xD. Bueno, en realidad son las dos cosas. Pero aquella llamita que sentía de querer teclear lo que yo opinaba, hacerlo rápido, compartir ideas, enlaces, noticias, desapareció un día y desde aquel entonces ya no ha regresado. Y ha pasado tanto tiempo que estoy segura de que ya no regresará.

Es triste, no voy a negarlo, porque amaba ese microblog como pocas cosas he amado en la vida. Compartí 7 maravillosos años ahí y atestigüé como el mundo crecía y se derrumba en vivo frente a mis ojos. Huracanes, guerras, tsunamis, golpes de estados, atentados terroristas, rescates de mineros, copas mundiales, olimpiadas, elecciones, eclipses, viajes al espacio, muertes, accidentes, celebraciones, todo estuvo ahí. Todo lo presencie, lo leí, lo reí, lo lloré. Tantas cosas, tantas historias, tantos momentos.

Mi historial ya ha sido descargado y guardado en mi laptop. Algún día, dentro de algunos años, me pasearé por sus meses y recorreré con la mirada todos esos tweets que fueron todo para mí. Quizá sienta un milímetro de nostalgia y cariño por ese sitio en particular, uno de los tesoros más grandes que jamás han existido en Internet.

¡Larga vida a Twitter y gracias por el espacio!

EDITADO (03-NOV-2015): Olvidenlo, ya regresé. 

EN OTRA VIDA:

1. ¡Ya he vuelto al blog! Este sí que está lejísimos de morir. Lo siento tan vivo como la primera vez que publiqué algo en él. Quizá no lo actualizo con la regularidad de antes (cuando era una niña que no trabajaba ni madrugaba) pero siempre lo tengo en mi corazón y mil ideas rondan por mi cabeza cuando pienso en crear un nuevo post. Sé que aquí siempre podré expresarme con la libertad de caracteres que yo quiera, escribir sobre lo que me apetezca, compartir lo que se me venga en gana. Ahora que tengo laptop, espero que la constancia sea más real.

También me pueden encontrar en Facebook, Tumblr e Instagram :)

2. Por lo pronto ya tengo dos post que se publicarán estos próximos días: mi opinión personal de Outlander del canal estadounidense STARZ y Healer, un drama coreano que finalizó a principios de este año. Joyitas maravillosas las dos.

3. Tengo muchísimas ganas de comenzar a leer algún libro pero no, no encuentro el tiempo que desearía para poder disfrutarlo.

4. SIGO ODIANDO EL VERANO. Fin del comunicado.

5. King 2 Hearts *___*.