11 ago. 2016

Película: A Werewolf Boy (2012)

Sinopsis: Kim Suni, una mujer mayor que a sus 60 años vive en los Estados Unidos, recibe una llamada telefónica acerca de la venta de su vieja casa familiar en Corea del Sur. De regreso a su tierra natal, se encuentra con su nieta Eun Joo, quien la conduce a la casa de campo y deciden pasar la noche ahí. Suni recuerda cómo hace 47 años cuando era una adolescente en 1965, se trasladó desde Seúl junto con su madre viuda y su hermana menor Sun Ja a un valle remoto para someterse a un período de convalecencia tras sufrir problemas con sus pulmones. Las Kim vivían en la pobreza y estaban a merced de su patrón arrogante y vanidoso, Ji Tae, hijo del socio de negocios del difunto padre de Suni. Debido a su delicado estado de salud, Suni quien era una joven hermosa pero introvertida vive una vida aislada en su país de origen, sin amigos de su edad. Una noche, Suni mira destellos en la oscuridad de la parte trasera de su casa. Al día siguiente, ella descubre a un joven salvaje de unos 19 años en su patio. Ella lo educa y le enseña todo lo que debe saber para comportarse.

Opinión personal: Me topé con esta película cuando buscaba algo de transición después de terminar Descendientes del sol. Por un momento pensé en lanzarme a ver otro drama, y de hecho, Innocent Men (KBS, 2012) y That Winter, The Wind Blows (SBS, 2013) estaban en mi lista de prioridades al ser directamente los trabajos anteriores de los actores principales de la serie que acababa de terminar. Sin embargo, fue precisamente ese factor lo que me hizo cambiar mi decisión: por experiencia propia he entendido que generalmente termino más embobada por la personalidad de un personaje que por el talento de un actor, así que verlo brillar en otro trabajo semejante se me dificulta durante un tiempo. Al final me decidí por ver Pinocchio (2015), que nada tiene que ver con lo anterior; pero antes de embarcarme en esa trama, decidí darle un visionado a A Werewolf Boy porque tenía una sinopsis interesante y el gusanillo de la curiosidad me carcomía por dentro; además, me apetecía ver a Song Joong Ki un poquito más allá de su uniforme militar.  

Lo cierto es que no esperaba nada de esta película precisamente porque no había escuchado nada de ella, así que, sin expectativas, no podía decepcionarme, y es precisamente eso lo que me hizo disfrutarla y llorarla de aquí hasta la esquina. Eso sí, el filme se mueve fácilmente entre la ficción y el cliché rebuscado de la experimentación humana, esa que se nos sale de las manos y que siempre crea a una majestuosa criatura que juega el papel de víctima y victimario de las circunstancias que como humanos barajamos a su alrededor. Pero la ficción del hombre bestia pasa a un segundo plano cuando la densa melancolía que se respira a lo largo de todo el film se compenetra muy bien en la historia y termina siendo el plato fuerte de todo el embrollo. Porque si Young Suni tenía que aprender algo no sería a través de los resplandecientes campos de un remoto poblado, ni en la montaña de libros que se apilaban en su habitación, sino en su interacción con éste misterioso joven oculto en el granero. Sin embargo, haré relucir mi vena egoísta y admitiré que me hubiera gustado que A Werewolf Boy se valiera más de las historias reales de niños salvajes que del mito de la licantropía, siendo ésta bastante más rebuscada que la de humanos criados por animales, por ejemplo (aunque no tanto como los vampiros o los zombies que acaparan el cine y la televisión hoy en día, pero tampoco muy lejos). De esa manera creo que el trasfondo habría alcanzado una profundidad mayor de la conseguida, ya que, quitándole el factor mítico, tendríamos un argumento más humano. Porque si nos ponemos a meditarlo un poco tampoco es que las *dos* transformaciones de Chul Soo haya tenido un impacto significativo en la historia más allá del puro espectáculo. La metamorfosis del chico parecía más enfocada a sus emociones que a las fases de la luna. Se puede ser peligroso sin ser una bestia y es posible matar a alguien con una mordida en la yugular sumergido en un ataque de furia; y ese comportamiento bien podría encajar con la historia de un niño criado por caninos salvajes y no necesariamente en un mutante. Ese escenario también habría conseguido explorar de una manera más profunda todas las dificultades que implica la reinserción a la sociedad de esos pequeños; las trabas de raciocinio-humano-elemental y lo errático de su comportamiento. Con el plus de entender que, enfocándonos de una manera estricta, las evidencias científicas generalmente no son favorables para ellos y su correcta adaptación a una comunidad termina por tornarse complicada, además de que los problemas mentales y físicos los sentencian a una vida muy corta y sufrida. No es el panorama más favorable para la película, pero sí más realista. Y si el objetivo de ésta era mostrarnos el vínculo tan fuerte que se formó entre Young Suni y Chul Soo para después cortar de un tajo esa relación debido a ciertas circunstancias, entonces el mito del hombre lobo se queda en mero hecho anecdótico. Sin trascendencia alguna.

Dejando eso de lado Song Joong Ki se lleva la película con amplísima diferencia. La acapara, la mejora, la hace interesante, la hace tierna e inocente y todo sin decir ni una sola palabra. De hecho, el chico no tendrá más de dos o tres diálogos en los 120 minutos de duración, y estos no dejan de ser cortitos y calcados. Ya en Descendientes del sol tocó percatarme de que éste actor expresa muchísimo con la mirada, y agregando un gesto aquí y un gesto allá consigue abarcar más sentimiento que cualquier diálogo que quieran encasquetar en el guión. En A Werewolf Boy no defrauda precisamente por esa habilidad de hablarnos sin decir nada. El simple hecho de escuchar el acorde de una melodía o tratar de entender una palabra, imitar un sonido o captar la esencia de un juego se torna entrañable y cautivador. Young Suni es quien nos sirve de guía para crear un puente de condescendencia ante las incapacidades de él. Es ella quien le enseña a comer, a marcar las pautas de movimiento y a discernir lo que está bien de lo que está mal. Es una tarea que, aunque complicada, Young Suni decide mirarlo como un reto, al principio personal, pero conforme la relación con Chul Soo crece, ella continua por mero cariño hacía él. Su terquedad y esa eterna desilusión que al parecer la acompaña hasta la vejez tampoco pasa desapercibida. Una parte de esa ranciedad perpetua que le carcome por dentro es culpa de Ji Tae, el presumido hijo del compañero de su padre fallecido, con el que al parecer tenía que casarse por mero acuerdo financiero, tal y como lo hacían en aquellos tiempos. Por un momento llegué a pensar que ella quizá decidiría empezar de cero después de abandonar aquella casona de campo y jamás plantarle cara a ningún hombre rico en la vida, pero después recordé que el comienzo del filme nos demuestra lo contrario y ella vive con un hombre rico, indiferente y seco en una lujosa casa de Estados Unidos; y un solo plano es capaz de mostrarnos ese imperioso conformismo que todo lo abarca. Es precisamente ese desolador conformismo del presente lo que le da mayor profundidad a la melancolía que evocamos en el pasado. Young Suni despierta en su memoria dormida el recuerdo a aquel misterioso chico con el que compartió una fracción de su vida; alguien que le enseñó sin proponérselo el valor de la lealtad y la firmeza, con la valentía y la ingenuidad como una carta de presentación sincera. Y ella, que no tenía amigos, se topó de lleno con la muda honestidad de un jóven que poseía más incógnitas que certezas, pero que también tenía la capacidad empírica de la empatía, el respeto y la fidelidad. No sólo le sirvió para reformar su amor propio, que era casi nulo, sino también para confiar más en sí misma en lo que jamás lo había hecho antes; de creer en ella a pesar de la enfermedad y de plantarse de pie ante adultos que parecían no percibir el gesto tierno de su devoción.

Evidentemente el objetivo de la película era arrasar con todas las fibras sensibles que le pasan a uno por el cuerpo; y conmigo lo consiguió. Y vaya que lo hizo, aunque quizá esta ola emocional fue provocada por el bajón mental que tenía en aquellos días, o el cansancio ocumulado de las semanas sin descanso, pero cumplió con su tarea de manera digna y como película de transición me gustó mucho. El OST tampoco es que brille demasiado, y de hecho el tema principal de la canción —cantando por Park Bo Young, la actriz protagonista— bien podría ser el único de toda la película, pero como es tan adorable les perdonamos hasta eso. La dirección es otra cosa, viendo el nuevo trailer de la película de Jo Sung Hee veo que tiene su sello impreso por todos lados al igual que A Werewolf Boy: un escenario exagerado del ambiente y sobrecargado de efectos en el paisaje, con una fogosidad constante y un aire de fantasía que lo captas hasta en la Luna. En verdad me gustó.

No tengo queja alguna con el final porque sinceramente ya me lo esperaba, sobre todo con ese inicio que nos recuerda que lo que vamos a ver en los minutos siguientes sólo será la memoria vívida de unos días pasados, y a juzgar por el rostro de Kim Suni ésta no tendrá un desenlace feliz. Podría ser más perversa y señalar que, para mí, el reencuentro de Kim Suni con Chul Soo en la vieja bodega fue sólo la imaginación sugestiva de ella, para obligar a su mente a despedirse propiamente de él sin sentir ese remordimiento de conciencia al saber que lo abandonó, lo golpeó y le gritó la última vez que se vieron. Sigue siendo una trágica posibilidad, pero ésta queda anulada si tomamos en cuenta que el último plano de la película es el de él mirando el coche pasar por la carretera. Aun así quedan algunas incógnitas (o incongruencias): ¿por qué el chico no envejece? ¿quién le enseñó a leer, a escribir y a dibujar tan bien? ¿de dónde consigue su ropa? Eso sólo consigue reafirmar mi idea de que Kim Suni creó un instante imaginario para pedirle perdón a Chul Soo por aquella amarga despedida, pero en realidad la última palabra la tiene el espectador: el final es tan abierto como uno quiera interpretarlo y la negativa de Kim Suni de vender la casa de campo queda como una incógnita suspendida en el aire, ¿no la vendió porque él vive ahí o por el sentimentalismo que despertaba en ella recordar aquellos momentos de su juventud al lado de aquel entrañable chico?  

NOTA ADICIONAL:
  • Lo de King 2 Heart se ha convertido ya en algo personal. Esta es la segunda vez que abandonó su visionado porque me está costando muchísimo seguirle el ritmo. No sé exactamente cuál es el problema: si es que acaso ha envejecido muy mal o es que mi estilo de drama se mueve por otras aguas. No voy a mentir al decir que ha habido momentos memorables en cada episodio, sobre todo el arco del entrenamiento en Corea del Norte, el simulacro de guerra y el maratón kilométrico que se tienen que zampar en pocas horas me han gustado mucho; pero no entiendo por qué, aun pasando varias cosas importantes, siento que no avanza nada. Quizá se deba en sí a que los protagonistas están en un dilema sentimental que parece caer en un bucle donde apenas se camina algo, y justo después de atestiguar ese avance retroceden otros pasos para entrar de nuevo en el punto anterior. O sea, no xD. Estoy empezando a resignarme que me tomará un buen tiempo terminar la serie (por puro orgullo, claro está) y ni siquiera sé si tendré alma para reseñarla. EDIT: KING 2 HEART ME HA FASCINADO Y AQUÍ ESTÁ LA RESEÑA BESTIAL QUE SE MERECE. ¡BRAVO!

1 ago. 2016

Serie: Stranger Things (Opinión breve sin spoilers)

Título: Stranger Things
Año: 2016
Género: Sobrenatural, Suspense, Drama
Episodios: 8
Cadena: Netflix
País: Estados Unidos de América
Trailer || Online: Netflix
Advertencias del Post: Es una opinión general y breve así que no habrá spoilers añadidos salvo el que está marcado.

Sinopsis: Se supone que en el poblado de Hawkins (Indiana) nunca sucede nada malo. Pero la noche del 16 de noviembre de 1983, el pequeño Will Bayers de 12 años desaparece misteriosamente después de pasar un rato jugando con sus amigos. A la par, un comerciante es encontrado muerto en su local horas después en que unos testigos afirman haber visto a una misteriosa niña merodeando por el comercio. Al poco tiempo una chica también se va sin dejar rastro y la situación se torna un tanto sospechosa cuando una organización del gobierno parece involucrada en todo eso y no está dispuesta a soltar información alguna. El sheriff del condado, la madre del niño, un par de jóvenes y los tres mejores amigos de Will comenzarán una trepidante misión para intentar dar con las respuestas que les son negadas por la autoridad.

Opinión Personal: Netflix ha creado una serie maravillosa. Después de haber botado Orange Is The New Black al quinto episodio —porque soy lerda y no me picó— y de la tremenda decepción que me dejó la primera temporada de Marco Polo (donde un personaje principal nunca me supo tan secundario) esta es la tercera ocasión en la que le doy una oportunidad a una serie exclusiva de la compañía. ¡Y no podría ser más fans, ¿eh?! Resume todos los sueños de mi infancia. Partamos del hecho de ser una serie cortísima que, para ser sincera, es uno de sus principales atributos. Además de mantener una trama única y lineal, sin tanto barullo de por medio y caminos absurdos entrelazados. Porque hablando con una honestidad brutal yo aun no supero la bofetada en la cara que recibí en enero cuando Chris Carter me dio seis episodios de The X-Files donde la mitad sólo apelaban a la nostalgia de sus mejores tiempos y la otra mitad destilaba una mediocridad grosera, al grado de que medio año después aún no me apetezca hablar de ellos. Stranger Things toma lo mejor de programas como este para traernos un producto único en su brevedad e icónico como una catedral. No sólo recurre a las herramientas que series más veteranas como The Twilight Zone, Twin Peaks o la misma The X-Files dejaron a su paso. Nos remonta también a los maravillosos años 80’s, con sus referencias, música y tendencias. Nos sumerge de lleno a la mente apabullante de autores como Stephen King o el mismo Lovecraft. A monstruos y mundos que parecen nacidos de la mente de Guillermo del Toro o una pandilla de niños nerds que facilmente podrían ser los de Spielberg en aquel mítico E.T El extraterrestre o Los Goonies, o más recientemente los de Super 8 de J.J. Abrams, otro prodigio del género. En el mundo de la conspiración, aquellos que saben ya habrán atinado a pensar en el Proyecto MK Ultra o el Proyecto Stargate ambos de la CIA (este último se enfocaba en la visión remota) o la leyenda del experimento Filadelfia que tanto eco sigue escuchándose en el presente. A esta creación de los hermanos Duffer no le di ni siquiera la oportunidad de un trailer o leer alguna sinopsis. Muy raro en mi. Pero también pensé que un producto tan breve no requeriría develar tanto su trama. Además, vivo en un mundo paralelo donde nunca había escuchado hablar sobre su producción, así que verla recomendada en el blog de Dikana o por medio de mi hermana me cayó por sorpresa. Y como a ellas les gustó, supuse ingenuamente que a mi también me gustaría. Mi idea no estaba equivocada.

Lo que también me ha maravillado a sido ver a Winona Ryder metida aquí —tengo lustros sin verla ni en TV ni en el cine— personificando a la desesperada madre de Will, con un gramo de cordura y dos kilos de inestabilidad emocional. Y ha sido toda una delicia. Tenía que existir un grado marcado de equilibrio para tener cierta condescendencia hacia ella y no tildarla de loca a la primera oportunidad que se nos presentara, tal y como lo hacían los habitantes de Hawkins, y eso ha sabido calcarlo a la perfección. A su vez, Jonathan, su hijo mayor también se esfuerza en que ella no pierda la cabeza por la situación tan desesperada que los envuelve, a pesar de ver cómo el panorama se torna un tanto pesimista conforme los episodios pasan y los contactos con el niño empiezan a mermar. Quizá la relación con el comisario, tan informal como confiable, le dio también la fortaleza de no sentirse sola en ese mar de incertidumbres, aun a expensas de estar a punto de destrozarse los nervios y de paso su propia casa. El jefe Jim Hooper también es un personaje de peso aquí (aunque los niños por mucho se lleven el protagónico de todo el show). Esa actitud tan desenfadada, con una cara perpetua de aburrimiento que refleja la monotonía del condado; ese típico pueblecito americano, aislado y civilizado, donde todos se conocen, todos se respetan y la gente se muere de enfermedad y no de accidentes misteriosos. La ausencia de su hija también le golpea los nervios y la moral, y quizá eso fue lo que le dio esa personalidad tan huraña que se le refleja hasta en el caminar. (A saber qué se trae entre manos porque para el último episodio no me quedó muy en claro el acuerdo al que llegó y sólo por eso se le podría sacar muchísimo jugo al argumento.)
[Este parrafo es el único spoiler de la trama] También tuvieron sus momentos de fama Nancy y Jonathan. Aunque me ha dejado un pelín decepcionada que no terminaran juntos y ella continuara con el petardo de Steeve, que vale, sí; su actitud mejoró, y al final lo vemos muy persignado al lado de ella, pero también es verdad que cambió muy pronto. No estoy dudando de su veracidad, y de la noble voluntad de sus acciones, pero me debieron una explicación mejor a ese golpe de madurez que de repente le cae encima como si un ángel le viera asaeteado con las flechas de la generosidad. Y Jonathan aprendió más de valentía en esos últimos tres episodios que en toda su vida, de eso no hay duda. Está de más decir que ellos apuntaban a ser el triángulo amoroso del show pero, si acaso hay una segunda temporada, esto de un Steeve bueno, complica el asunto un poco más ¿no?. [Fin del spoiler]
Y como dije antes, los niños son los verdaderos protagonistas de esta obra. Se roban el show con una maestría envidiable y te mantienen pegados a la pantalla porque son precisamente ellos los encargados de teletransportarte a los icónicos 80’s y el sentimentalismo que te ahoga a través de la pantalla. Las referencias son exquisitas, y el hecho de que sean unos geeks de pura sepa, sólo le añade mil puntos más a sus personalidades. Niños raros, hostigados en sus escuela, amantes de la tecnología y la ciencia y con una imaginación y una nobleza envidiables. Mike podrá ser el anfitrión en sus veladas de Dungeons & Dragons, pero Lucas es la voz del escepticismo y Dustin el de la lógica. Quizá Will se inclinaba más por la bondad. Un puesto difícil de llenar una vez que él desaparece. Eleven entra para romper con el paradigma y la armonía grupal, y de paso para poner de cabeza la cordura de los tres chicos que quedan. Huyendo de las instalaciones donde experimentaban con ella desde que era muy pequeña es lógico entender que apenas tuvo tiempo de crear un vínculo fuertes con los chicos, que tuvo sus momentos bajos, pero que le sirvieron para entender la condición y la actitud humana de una manera que en los fríos cuartos de experimentación jamás le enseñaron.

Stranger Things juega muchísimo con la incógnita y el suspense, deja preguntas al aire difíciles de resolver sin más material para analizar, sin embargo es una serie circular. Con un principio marcado y un final congruente (aunque los cabos sueltos sigan ahí) y esa brevedad la hace irresistible. Aún no sé si me apetece ver una segunda temporada de una serie que ya es perfecta así, como nació, porque por experiencia propia sé que esa perfección tiende a desinflarse con el paso de las temporadas y la creación de nuevas tramas que se complican a la vez que dejan más preguntas que terminan sin explicación (otra pedrada para Carter, por supuesto). Le pasa hasta a los mejores creadores. Pero en la industria del entretenimiento dejar pasar tantos aplausos de la crítica y los televidentes y terminar el proyecto en una única temporada sería una pérdida monetaria importante y ellos no están para desperdiciar tantos dolares ¿verdad? Así que la serie se renovará, sin lugar a dudas. Mientras esto sucede, y el sabor dulce aún me queda en la boca, cruzaré los dedos para que Stranger Things se mantenga tan brillante y soberbia en esa pequeña burbuja que le rodea. En ese mundo ideal donde es capaz de restaurar un poquito la fe en la televisión de calidad, mientras le rinde un noble homenaje a los trabajos clásicos que le antecedieron.

28 jul. 2016

¡Paren el mundo que me quiero bajar! (Días de ansiedad)

[Dudé mucho si publicar este post ahora que el agobio en mi vida no es tanto, pero creo que hay personas que llegan aquí por mi artículo sobre el TPE y ellos más que nadie saben que existen días así de exasperantes y repletos de agobio, así que lo dejaré por aquí y retrocederé disimuladamente para escribir cosas más positivas]
Post escrito a principios de junio, 2016.
Hace un par de días, por mera “diversión”, realicé un test que encontré por Internet para conocer el nivel de ansiedad que padecía. Y mira que lo he puesto entre comillas porque yo no sé qué gente va por la vida contestando cuestionarios en línea nada más para matar el aburrimiento que se acumula en el cerebro, pero yo soy una de ellas. ¿Y para qué mentir? Me fue FATAL. Han sido 51 preguntas que he contestado con toda la sinceridad que he podido y 49 han dado positivas a los síntomas de Trastorno de ansiedad generalizada; (ya hasta el nombre suena fatal ¿verdad?). Las otras dos las he puntuado de manera negativa porque una era sobre la falta de apetito durante los momentos ansiosos y la otra sobre problemas con tu pareja (¿cuál pareja?). Después de ese test realice otros dos con resultados similares. No es que tales resultados me haya sorprendido de sobremanera pero sí me ha entristecido un poquitín, sobre todo porque caí en cuenta de que mi vida no es tan tranquila como imaginé. De hecho, al poco tiempo leí un post en Tumblr de una chica que también padece ansiedad crónica donde invitaba a quienes tienen este problema que hicieran una lista de aquellas cosas que les producen ese estado mental en el transcurso de un día —desde que se despiertan en las mañanas hasta que van a la cama— para intentar combatirlas una vez identificadas; y allí voy yo de valiente escribiendo mi lista, pensando que serían una decena solamente y no las cincuenta que me han saltado en la cara.

Siempre he estado así, estoy acostumbrada a vivir con ansiedad constante y a trabajar con dolor crónico porque padezco intestino irritable, reflujo, gastritis y cefalea por tensión pero también tengo que reconocer que últimamente ésto ha empeorado porque desde hace un par de meses mis responsabilidades en el trabajo aumentaron. Lo crappy de todo esto es que yo no tengo una vida difícil y repleta de dificultades; no tengo carencia de dinero, no tengo un trabajo agobiante, no tengo cosas sumamente importantes de las cual preocuparme y sin embargo, me preocupo. Viendo la lista que hice resulta asfixiante que mi mente necesite estar siempre en alerta máxima, la ansiedad se ha tornado para mi como una droga. Sin la ansiedad no soy nadie porque siempre he vivido así y siento que cuando no estoy en ese estado de alerta necesito algo que me preocupe, cualquier cosa, desde la ventana abierta detrás mío, hasta alguna llamada telefónica ¿Por qué? ¿por qué deberían importarme cosas tan pequeñas y que el resto les resultan absurdas? No lo sé, pero ahí estoy yo en un torrente de emociones que jamás se detiene y me impide llevar una vida, ya no normal, sino tranquila.

Mi grado de alerta llega a tal punto que soy capaz de percibir el cambio de voz de la gente: puede notar cuando contestan algo de mala manera, o cuando su tono es un poquito más alto para demostrar su malestar o enojo. Para alguien que trabaja delante de personas, en un servicio al cliente, aquello no es sólo el pan amargo de cada día, sino que no puedo liberarme de ellos ni siquiera cuando voy a dormir porque me acompañan hasta en mi sueños. No es que sea algo extraordinario, en realidad es algo que cualquiera puede notar, pero sin embargo son capaces de pasarlo de largo y yo no, y esa incapacidad de separar el trabajo de mis momentos en casa es lo que me termina arruinando la existencia.

Hace poco tiempo tuve una racha muy mala y dejé de actualizar el blog casi un año, fue una bestialidad. No necesité que alguien viniera a decirme que lo que tenía era depresión porque era algo que yo de sobras sabía (este blog, como lo expliqué antes, nació en un momento así). Y la depresión viene acompañada de una crisis existencial muy bestia de la que siempre me resulta muy difícil levantarme porque, seamos sinceros, es cansado ser como yo. No soy así de nerviosa, ansiosa y depresiva por elección, es estúpido pensar así, sino porque no puedo hacer que mi cerebro no exagere las cosas de la manera en que comúnmente lo hace. He buscado, he leído libros, estudios de aquí y de allá, he tratado de poner en práctica consejos, testimonios, opiniones de otros que han estado en mi lugar, lo he intentado por más de una década y sin embargo sigo estancada donde mismo. Y lo peor es que la depresión me impide que me importe. Que me importe mi salud física y mental o mi futuro a largo plazo.

Ese es otro problema: soy incapaz de imaginar dónde estaré dentro de dos o tres años. Es ilógico pensar que viviré hasta el 2018 o 2020. No es algo reciente tampoco: cuando tenía 8 pensé que moriría a los 10; cuando tenía 10 pensé que a los 12; cuando cumplí 12 no me imaginé llegar a los 15. Y así, sin darme cuenta, desperdicié un par de carreras universitarias y no sé cuántas cosas más. Así que, a unos días de haber cumplido los 28 no me imagino llegar a los 30, ni mucho menos a vieja. Qué absurdo suena. De hecho, estoy tan atontada por el mundo que había olvidado totalmente cuántos años cumplía; tuve que sacar el resultado con una calculadora xD. Para rematar: mientras unos van por al vida quitándose años yo me decepcione al saber que apenas iba a cumplir 28. Que nadie venga a preguntarme entonces que dónde me veo dentro de 20 años porque entonces me gustaría parar el planeta y bajarme en esta esquina olvida del universo. Yo no tengo cabeza para eso; si este tiempo vivido me ha parecido una tortura mental ¿cómo esperan que imagine mi futuro a dos décadas de distancia? Lo único que pienso es en cuántos días de estrés me esperan, cuantas quejas de gente insatisfecha, cuantas reuniones sociales tendré que soportar, cuántos dolores de cabeza, o malestares estomacales a diario y una lista tan larga donde lo único que me apetece es hacerme un ovillo e hibernar hasta que se derrita la Antártida. No es precisamente un futuro muy agradable ¿verdad? Me resulta muy difícil pensar que la gente me pueda entender (ni siquiera yo me entiendo), de cierta manera pienso que las personas normales han de creer que estoy exagerando y sólo espero de ellos su compasión, pero no es así, no espero que la sociedad se detenga por mi, ni siquiera que me entiendan, sólo me gustaría tener mi propio espacio y mi propio ritmo, un horario fijo en el que les pueda servir y otro horario fijo donde yo pueda descansar, ¿es mucho pedir? ¿es egoísta? Tal vez sí, vivimos en un mundo sumamente egoísta, pero traigo un barullo en la cabeza que apenas puede conmigo y siento que de alguna manera necesitaba expresarlo.

Últimamente he retomado el blog precisamente porque es de las pocas cosas que consiguen relajarse un poco. Escribir me estresa, pero es un estrés agradable; no me agobia ni me enfada, aunque de vez en cuando las palabras se me queden atoradas en la mente y un post dure en la sección de borradores durante meses, pero lo estoy intentando y está funcionando. Y en este momento con eso basta. Vivo al día, pero no sé por cuánto tiempo funcionará este plan de no mirar las cosas más allá de donde estoy en este momento. Se me cae el alma al suelo al ver que mi antidepresivo cuesta casi la mitad de mi quincena (y últimamente no funciona). O sea, estoy trabajando en un trabajo agobiante para poder mantenerme cuerda. Sin embargo, una cosa sí que quiero dejar en claro: gran parte de esto es mi culpa. Mi falta de constancia, mi pereza monumental, mi incapacidad de salir de mi zona de confort —aunque esta es en realidad una zona de guerra mental—, etc. Debería de tener un horario establecido, una agenda diseñada minuciosamente sobre qué hacer o a dónde ir para salir de mi madriguera como la buen ermitaña que soy, ¡pero qué pereza me da todo, por dios! 24 horas al día me parecen poquísimas para desperdiciar mi vida. Y jamás salgo de donde estoy: casa, trabajo, casa, trabajo; y no debería ser así. Como veterana del TPE sé que esta es la manera de más fácil de cavar mi tumba: no salir de la rutina ni para ir a la tienda. No salir de casa, no cambiar de camino, no enfrentarme al agobio de afuera porque ya tuve suficiente con las 8 horas laborales que traigo encima. Y esto tiene que cambiar ya, pero ¿cuándo? ¿cuándo tendré el valor de levantarme más temprano de lo normal, ignorar el calor y salir de la casa para caminar una hora o ir un rato a la plazuela sólo para ver pasar a la gente o qué sé yo. Me falta constancia y de paso un poco de amor a la vida también. En fin, que al final el post ha quedado más depresivo de lo que me hubiera gustado pero qué se le va a hacer, así es mi vida, así ha sido más de la mitad de mi existencia. Para mí es normal pero con el paso de los años se está volviendo muy cansado; mucho más de lo que lo fue hace una década, cuando éste blog nació.
Esta es una de las cosas más frustrantes de tener un desorden de ansiedad:
tú sabes que estás exagerando, que no hay razones para exagerar y
sin embargo no tienes la capacidad para calmar tus emociones.