11 may. 2016

El día en que naciste (Para el pequeño Didier Alexander)

10 de mayo del 2016. (HVVL)
El día en que naciste terminaba de leer la última página del libro Alejandro y la gorra del tiempo y un México perezoso se echaba una siesta larga después de celebrar por todo lo alto a las madres de la patria. Tú tienes una mamá así, Didier, una madre luchadora, trabajadora e incansable como pocas. Yo, que soy su prima, te lo puedo decir. Crecimos juntas… o algo así, casi siempre en vacaciones y fines de semanas largos (mi hermana Carolina, tu tía Hiriam, tu mamita y yo) entre pueblos de terrecería, niños con pies descalzos y preciosos sembradíos a nuestro alrededor. En los recovecos más estrechos de mi infancia ahí está ella, cómplice infranqueable de todas mis travesuras; guerrera invisible de batallas imaginarias donde igual eramos princesas que heroínas, rescatándonos solas en un mundo ficticio donde no había cabida para los débiles. Qué puedo contarte yo de nuestras aventuras, mi pequeño, y qué tanto te podrá contar ella de esos días en que escalamos el viejo algodón que custodiaba el patio de la casa donde vivían en un diminuto ranchito de Angostura.  

Una noche nos dimos a la tarea de contar las estrellas recostadas en el cofre del auto de mi abuelo y atestiguamos su infinita existencia cuando llegamos a los confines del espacio sólo con la mirada. No muy lejos de ahí, intentamos cruzar muros que dividían casas como si fueran países y buscamos entre los escombros de un añejo pozo de agua el vestigio legendario de un tesoro familiar. Construimos utopías entre las piedras de una escuela con adoquines anaranjados y gises de carbón, e inventamos un sistema educativo que todo lo comprendía sin siquiera entenderlo. Eramos niñas, ingenuas y valientes, dispuestas a apostarlo todo por tres minutos más de diversión después de que el sol se ocultaba en el horizonte. Fuimos rebeldes en nuestra inocencia y atesoramos los consejos de tu bisabuela como si fueran palabras sagradas en un mar de mentiras. Recorrimos las calles, las plazas, los campos y los mares de Sinaloa como soberanas de nuestro reino y en más de una ocasión nos sentamos alrededor de la mesa de la casa materna para escuchar a nuestras madres y tíos contándonos su propia infancia, sus tardes como custodios del barrio. Alejandro, el niño del cuento que leí, viaja a la infancia de sus abuelos, a los tiempos de una España devastada por la guerra. Ojalá que tus viajes en el tiempo sean sólo de risas y no de caminatas apresuradas a bunkers subterráneos para huir de las bombas que vomiten los aviones. Espero que no haya disparos ni odios en los minutos más memorables de tu niñez y que apagues las velas de cada pastel de cumpleaños con un deseo imposible dispuesto a brotar de tus labios. Sé que veré algo de tu mamá entre tus ojitos vivaces y tiernos, tanto como lo veo en los rizos de Danna y en las pestañitas de Dairam.

¡Bienvenido a ésta loca existencia, mi pequeño de armadura dorada! Toma una espada, un escudo y un corcel y atrévete a conquistar el mundo al lado de tus primitos como nosotros lo hicimos siendo apenas unas niñas. Recorre los campos de girasoles siguiendo las pautas del sol y sumérgete en la ola más altas de todas las que revientan en la arena para ver por una fracción de segundo a las criaturas del mar. Pelea, en tu imaginación, con molinos de viento y con dragones que escupan fuego volcánico desde sus gargantas resecas. Persigue un arcoiris al terminar la primera tormenta de verano y regala las monedas de oro a quién crees tú que más las necesita. Nunca olvides preguntarle a tus abuelos todas las travesías que vivieron de niños y entabla amistad con la personita más solitaria de tu clase. No te olvides nunca del respeto hacia los demás y piensa en el alma más frágil cuando veas una luciérnaga posándose en tu ventana. Canta canciones por todo lo alto como si mañana mismo se fuera a acabar el mundo y esconde golosinas bajo el edredón para los días en lo que no podrás ir a la tienda a comprate unas. Mójate bajo la lluvia y llénate la cara del barro lodoso que se acumula bajo los árboles. Brinca sobre los charcos y salpícate el uniforme blanco; mánchate la cara y la ropa con chocolate o helado de vez en cuando. El regaño valdrá la pena, créeme y sólo serás niño una vez. Cuando crezcas apreciarás aquellos días de tierra, canicas, trompos y cromos coleccionables; cuando solías creer que el mundo se terminaba a la vuelta de la esquina; cuando apenas entendías de ciudades, marcas, teléfonos celulares y táblets. Te ha tocado vivir en un boom tecnológico imparable, lo sé, incluso yo me siento privilegiada de ello (por éste medio te podré ver crecer, incluso estando tan lejos), pero los mejores momentos de tu vida vendrán de las cosas sencillas: un atardecer a la orilla del mar, una mañana de desayuno con los abuelos, una sonrisa en el rostro de mamá, una mirada cómplice entre tus hermanitas y tú, o una anécdota entrañable de nuestra infancia a los pies del árbol de navidad.

Espero que tú, como el pequeño Alejandro, el nene del cuento, encuentres tu propia máquina del tiempo, ya sea una vieja gorra miliciana o un columpio que gira sobre su propio eje. Espero que subas a bordo del barco de los deseos imposibles, hagas un motín de sonrisas y travesuras y tomes el mando como capitán del navío que te llevará a surcar los siete mares de la imaginación con la bandera de la infancia ondeando por todo lo alto en el mástil de madera. Y algún día, cuando pase una década o dos, te invitaré a las pacíficas playas de mi pueblo —tierra neutra donde todo parece posible— y a la luz de la luna, me hablarás de tus aventuras; de todo lo que te atreviste a hacer siendo niño y entonces entenderás que valió la pena. Que cada caída, cada regaño, cada moretón en la frente y cada raspón en tus antebrazos valieron la pena... porque ellos te hicieron más fuerte. Y mirarás con nostalgia los pasillos de tu infancia y desearás regresar ahí, aunque sea un minuto, aunque sea dos, para volver a sentir la adrenalina de patear un balón en el patio de la escuela, o jugar a policías y ladrones entre las casas del vecindario; quizás incluso desees no haber crecido. Pero no te preocupes, el recuerdo perdurará y lo evocarás con frecuencia cuando busques algo firme en lo que aferrarte cuando tus fuerzas decaigan. Tu infancia siempre estará ahí, será tu paraíso desierto, para reafirmar que la felicidad siempre viene en dosis pequeñas y en la sencillez de aquellos días. Mientras ese momento llega, tira una moneda al aire y juega a los tazos con Dilan cuando seas un poquito más grande; pero nunca te olvides de donde vienes o quienes estuvieron antes que tú para limpiar el camino donde tus pies caminarían, y de quienes estarán ahí para apoyarte toda la vida, incluso desde la distancia.

Siempre tendré una palabra escrita para ti, mi capitán. Mi pequeño viajero del tiempo.
Yo, Hilse, Carolina e Hiriam (otoño de 1994).

30 abr. 2016

TAG: Día del Niño (10 cosas sobre tu infancia).

Guadalajara, Jalisco (1989).
1. A los 8 ó 9 años me convertí en una persona brutalmente racional. A los 11 dejé de creer en fantasmas —y en muchísimas otras cosas— y por consiguiente no le volvía a tener miedo a la oscuridad. Fue una de las cosas más maravillosas que me han pasado.

2. El primer recuerdo vívido que tengo es del día 11 de julio de 1991 durante el último eclipse total de sol que pudo ser visto desde México. No recuerdo el fenómeno en sí sino el tremendo regaño que me metieron mis familiares cuando quise apagar la luz y la TV e irme a dormir porque ya era de noche cuando en realidad sólo era medio día XD. Dudo que sea un recuerdo genuino; en aquel entonces sólo tenía 3 años de edad y probablemente el instante haya sido creado en mi mente debido a la cantidad de veces que mis padres contaron esa anécdota estando yo presente; pero vívido sí que lo es, ¿eh?    

3. Supe que la vida era injusta a la edad de seis años cuando me enteré del asesinato de Selena Quintanilla. (Nop, no recuerdo dónde estaba cuando mataron a Luis Donaldo Colosio).

4. Una vez me persiguió un pitbull en el patio de la escuela en la ciudad de Guasave y jamás se lo dije a mis padres por miedo a que me prohibieran tener un perrito como mascota. El momento fue ATERRADOR. Aun así amo a los perros. Y a los pitbull.

5. En una ocasión, cuando tenía cinco años, intenté mirar el sol y mi mamá me regañó, diciéndome que me quedaría ciega. Como no me dijo cuándo me quedaría ciega me pasé las siguientes 18 horas intentando no parpadear ni dormir para que la vista no se me fuera.

6. El Principito. Algún día les contaré por qué me resulta tan especial ese libro.

7. De pequeña solía tener ataques de ansiedad nocturnos porque creía que podía morirme dormida y eso me aterraba. Ahora pienso que es una de las formas más bonitas de morir.

8. Como no tenía amigos solía invocar a mis héroes de los cuentos infantiles para que jugaran conmigo (culpa de Gaby Rivero xD). Jugaba con Peter Pan, Caperucita, Ansel y Gretel, Pulgarcito o Oliver Twist pero mis favoritos siempre fueron Mowgli y Bagheera.  

9. Mi anime favorito en aquellos años era Sailor Moon; mi hermana y yo teníamos una obsesión muy fuerte con esta serie que incluso mi papá nos sacaba fotocopias de los libros de dibujo que compramos cada semana para que el original no se estropeara. Y El Mundo de Beakman aún me despierta una nostalgia que me achucha el corazón muy fuerte.   

10. Comencé a ver The X-Files cuando sólo tenía 7 años de edad. Evidentemente no era una serie infantil y yo no tenía por qué estar viendo esas cosas,pero me quedé enganchada desde el primer episodio (2.01 Los Calausari) y mi hermana y yo fuimos fiel al show hasta su última temporada. Compramos sus libros, grabamos sus episodios, participamos en foros de discusión y concursos, hicimos recortes de revistas, y nuestra primera experiencia en solitario al cine fue cuando fuimos a ver su primera película.

29 abr. 2016

Hace un año ya...

Algo de culpa tuvieron ellas.
(Este post fue escrito entre febrero y marzo del 2015; hace un año ya. Realmente desconozco el motivo por el que jamás fue publicado pero ya estaba terminado, así que aquí lo dejo.)
¿Ya leyeron el último capítulo de mi tragicomedia? No, no lo han leído, ¿saben por qué? Porque no lo escribí. De esa manera evito que vean la humillación que se me escurre por la cara desde aquel entonces. Daré tres pistas para que se formulen una idea de lo que sucedió: el asunto en cuestión implica grandes cantidades de mariscos, intoxicación y vómito sobre las paredes de mi habitación. Sí, ya pueden reírse todo lo que quieran…

Todavía tengo la osadía de llamar a mi vida una tragicomedia, como si esto fuera a tener un final feliz xD.

Pasando a cosas más placenteras pero igual de frustrantes creo que vale la pena mencionar que he intentado toda la semana escribir mi reseña de El retrato de Dorian Gray de Oscar Wilde y he fracasado una y otra vez como sólo los mejores bloggers lo pueden hacer en sus peores días. Las palabras sencillamente no salen y a estas alturas estoy a punto de darme de golpes contra el escritorio para coronar mi mediocridad. Lo que más encuentro detestable de todo esto es que tengo muchísimas cosas por decir de esta novela y no puedo formular mis pensamientos para darles la estructura de un post; no sé si me entienden. Ahora mismo estoy leyendo El espejo enterrado de Carlos Fuentes, un ensayo que dicho sea de paso, me está gustando más que el de Da Jandra (el cual ya opiné fallidamente aquí).

Previamente mencioné que estuve tomando un antidepresivo para combatir el estrés laboral; pues bueno, resulta que después de la intoxicación marismeña y suspenderlo por un par de días ya no surtió efecto. Pfff, con lo bien que me hacía media pastilla al día. Jamás había tomado algo para calmar los nervios a pesar de que siempre me pregunté cómo se sentiría no vivir preocupada toda la vida. Fue genial mientras duró esa sensación de tranquilidad. Ahora lucho para levantarme un día y salir a caminar porque sencillamente lo encuentro sumamente molesto y frustrante. Prefiero quedarme en casa y ejercitarme en la bicicleta fija. Ya sé que no es lo mismo pero vamos, estoy tratando de sobrellevar una de las épocas más agobiantes del año de la mejor forma posible. Al final no sé si tendré que rendirle la cuenta a la báscula o qué, pero bueno, las vacaciones de primavera comienzan hoy y sé que estoy a punto de enfrentarme a dos semanas de trabajo agobiante.

Cuando The Mentalist llegó a su fin busqué en Netflix alguna serie de televisión que llenara ese vacío que Patrick Jane dejó en mi vida. Meses antes intenté tomarle el ritmo a Forever pero no pude evitar ver en el personaje principal una combinación bastante obvia entre Sherlock Holmes (Elementary), Richard Castle (Castle) y el mismo Jane, dejando totalmente de lado una trama peculiar pero que carecía de interés para mí. Fue una lástima, porque de verdad quería que el show acaparara mi atención, pero soy malísima siguiendo series que no me enganchan desde el primer momento. Es una estrategia pésima que me hace ignorar programas o películas que de verdad valen la pena. No hace mucho intenté ver Modern Family o Orange is the New Black y creo que no supere los primeros cinco episodios. De Misfits, House of Cards y Downton Abbey no he terminado ni siquiera el primero, ¡¿POR QUÉÉÉ?! Porque no me puedo concentrar en sus tramas, mi cabeza en este momento es una maraña de pensamientos que me sacan de quicios más de lo que me gustaría. Quizá sea la temporada del año, el horario errático de mi trabajo o el cambio de clima pero ¡joder! No tengo humor para nada xD. Tampoco para ir a la playa.

Al final me topé con un procedimental sencillo: White Collar. Es un show sumamente refrescante, con un protagonista brutalmente carismático y unos secundarios entrañables. No suele haber gente muerta en cada episodio porque los casos se basan en estafas o falsificaciones, no en asesinatos a sangre fría tipo CSI y compañía. Vamos, todo un soplo de aire fresco; justo lo que necesito en este momento de mi vida. He decidido no visualizar ninguna otra serie hasta que terminé esta (voy en la tercera temporada de seis) y así evito atiborrarme de más drama del necesario. La otra serie que estaré viendo semanalmente a partir del 4 de abril será OUTLANDER ¡Ains, qué ganas tengo que regrese! Con la ilusión que me hace. Hace unos días encargué el primer libro de la saga en El Péndulo y tendría que llegar la primera semana de abril. Tengo un poco de miedo porque jamás he comprado nada por la web de esta cafebrería, pero la mensajería me salió gratis y es por medio de FedEx —empresa que tiene buena reputación pero nunca han traído un paquete a mi casa—, y me da algo de yuyu no saber qué horas vendrán y quién estará aquí para recibir el paquete.

Viendo White Collar recordé un viejo libro de editorial Proceso que mi tío-abuelo Mario tenía junto a otro puñado más en un baúl inmenso que descansaba en la recamara de mi abuelo Nicolás. Llevaba por título Memorias de un falsificador, escritas por el icónico Enrico Sampietro. Fue gracias a esa obra que escuché hablar por primera vez del criminólogo Alfonso Quiroz Cuarón cuando apenas era una niña, y me cautivó la historia del criminal que se redime a sí mismo —sin que ese fuera su objetivo— por medio de un libro nacido de la idea que le dio el investigador que se encargó de refundirlo en la cárcel. Tiene algo de épico el asunto. He buscado por Internet el libro pero sin éxito, por suerte El Péndulo tiene una reedición del mismo pero llamado sencillamente El Falsificador. No lo he dudado ni tantito y también lo he pedido junto con Outlander y Todos los cuentos de Gabriel García Márquez, que después de El amor en los tiempos del cólera, he descubierto que no puedo vivir mucho tiempo sin leer a Gabo, así que ¡bienvenidos sean! :)

Y la noticia del millón: ¡REGRESA THE X-FILES! Me siento rarísima con la noticia. Series van, series vienen, y para mí Expedientes X sigue grabada con piedra en mi memoria. Pero aun con lo mucho que la amo jamás podría olvidar que las últimas temporadas fueron decepcionantes hasta las lágrimas. Así que este regreso de seis episodios no sé si nos darán un cierre definitivo para la mitología en la que el show se movía o jugarán con el espectador trayéndonos casos independientes y conspiraciones gubernamentales. En cualquier caso esto mata la idea de una tercera película y espero de corazón que la serie reciba el final que se merece. Todo lo demás está de sobra.

¡I WANT TO BELIEVE!

Notas adicionales (abril 2016):

  • Tuve que regresar El espejo encantado antes de terminar de leerlo, así que aún no podría opinar al respecto pero me estaba gustando mucho y no descarto la posibilidad de adquirirlo en un futuro.  
  • Como expliqué en un post pasado: White Collar lo tengo en pausa en la tercera temporada pero la serie me divertía bastante así que seguramente me ponga en ella en algún punto de este año.
  • Forever permanece cancelada por desgracia, a pesar del enorme esfuerzo que sus fans hicieron para evitar ese destino.
  • El servicio de El Péndulo es maravilloso (hablé muy brevemente sobre ello aquí).
  • Quizá algún día, cuando se me pase un poco la decepción que me cayó encima, de una opinión lo más objetiva posible sobre la minitemporada de The X Files. Por el momento me pareció 50/50.

20 abr. 2016

04. Kdrama: Descendants of the Sun (Spoiler)

Los cuatro protagonistas. 
Título: Descendants of the Sun
Año: 2016
Género: Drama, médico, militar
Episodios: 16 y 3 especiales
Cadena: KBS
País: Corea del Sur
Trailer || Episodios en Viki y DramaFever

Sinopsis: Es amor a primera vista para el Capitán de Fuerzas Especiales Yoo Shi Jin cuando conoce a la bella doctora que cura sus heridas. Antes de que el amor pueda florecer, los dos se separan por sus distintos valores personales (uno siendo soldado que quita vidas y la otra siendo doctora que las salva). Casi un año después de su primer encuentro, un evento fatal ocurre en Uruk, llevando a que los dos trabajen juntos. ¿Podrán Shi Jin y Mo Yeon sobrepasar sus diferencias o será que no son tal para cual?

Opinión personal: No tenía pensado ver nada en especial después del sabor amargo que me dejó City Hunter y Remember, pero no pude evitarlo. Apenas leí un artículo de la BBC donde hablaba de la serie que estaba arrasando por toda Asia me sentí con la curiosidad de investigar un poquito más sobre ella y no hay arrepentimiento alguno al respecto: Descendientes del sol me ha parecido un drama precioso, y en este post intentaré explicar por qué. Para empezar, la plataforma de streaming Viki obtuvo los derechos del programa por lo que Drama Fever estaba subiendo los episodios a paso tortuga y yo no tenía paciencia para esperar a que cantara el gallo cuatro semanas después, así que me saqué una cuenta en Viki ¡y ha disfrutar como colegiala sin clases! Digerí de manera bestial doce episodios en tres días y me puse al corriente con la trasmisión en Corea para ver los cuatro últimos en las dos semanas que le quedaban. Ha sido una montaña rusa emocional y un poco absurda por mi parte, pero la he saboreado como enana.

“Ella es mi compañera. Luchamos juntos en Uruk, y ganamos”

Es de agradecer que la serie no nos muestre el idílico romance entre un soldado y una civil con una seca perfección del deber y esa lealtad a su país de por medio, sino que se atreva a ir más allá y presentarnos a dos polos opuestos cuyas profesiones hacen disparar la flecha del mutuo entendimiento en distintas direcciones. Yoo Shi Jin no es únicamente un capitán de las fuerzas armadas, también es un soldado de élite miembro del Equipo Alfa, una unidad especial del ejército que lleva a cabo misiones de gran envergadura para la seguridad nacional e incluso realiza operaciones de alto riesgo tanto en Corea del Sur como en el extranjero (ya en el primer episodio lo vemos aterrizar en Afganistán, por ejemplo). Mientras que Kang Mo Yeon es cirujana de un prestigioso hospital privado que, durante una larga ausencia de Shi Jin, termina atendiendo a pacientes VIP y amasando cierta cantidad de dinero debido a sus constantes apariciones en talk-shows y anuncios publicitarios. Esa ambigua travesía entre la vida y la muerte, entre salvar a un ser humano o acabar con él, es lo que define a estos dos frente a sus propias posturas. Y no es algo que se resuelva en tres episodios, sino que se desliga poco a poco a lo largo de todo el drama reiterandonos ese sentimiento persistente; porque lo suyo fue amor interés a primera vista: más o menos lo que tardó en desplegarse la cortina donde estaba el ladrón que los embutió en aquella visita disparatada al área de emergencias. De hecho, podría jurar que a Mo Yeon se le cayó la baba por el soldado desconocido cuando llegó el criminal malherido con dos peluches como collarín y el expediente médico en bruto escrito en el antebrazo.

Personajes como Yoo Shi Jin son mi total debilidad: esos que portan un aire de juventud y gallardía que los hace ver frágiles y valientes al mismo tiempo. Shin Jin podrá tener el código militar muy arraigado en las venas, vistiendo el uniforme con un patriotismo tosco y contundente, pero también tiene un sentido del deber que se aleja de sus superiores para rendirle cuentas a la sociedad que ha jurado defender. Fue ese mismo humanismo el que le llevó a apuntar la pistola a los guardias del líder árabe que amenazaba con desangrarse en el cubículo médico en Uruk o desobedecer el rescate de rehenes más adelante. Él no tiene tiempo para lidiar con la cuerda de los títeres políticos ni con sus ambiciones o sus relaciones diplomáticas. Cuando se trata de anteponer la vida de una persona a cualquier doctrina que provenga de terceros él quiere estar ahí para salvarla. En un principio, a Mo Yeon le cuesta un poco ver esto porque gran parte de su carácter está sumergido en este estoicismo marcial que tanto se esfuerza en vestir, y no se le puede culpar en lo absoluto: como militar ha aprendido a callar su trabajo para conservarlo en un hermetismo sepulcral; y eso es lo primero que choca con ella. Mo Yeon puede hablar de las cirugías que realiza omitiendo el nombre de los involucrados, mientras él no puede revelar nada, ni los lugares a los que va ni las misiones realizadas. De hecho, hasta se inventan un código secreto para que sepa cuándo se pondrá en la línea de fuego, y te golpea el alma al verle bajar la mirada ante ella y decirle que va ir a la tienda departamental, como quien te avisa muy discretamente que va directo al matadero.

También era bastante palpable desde un principio que la doctora no entendería la encrucijada de saberse defensor de la paz desde la comodidad que se respiraba en Corea del Sur y ahí es donde entra la ficticia nación de Uruk, un país ubicado en algún punto de la península balcánica —de tintes de medio oriente con arquitectura griega— donde ambos se reencuentran después de estar casi un año separados. El jeque árabe sería el primero de varios casos que se presentarían en ese lugar durante un puñado de  semanas y que le darían a Mo Yeon la oportunidad de presenciar en primera persona lo que Shi Jin no le puede decir con palabras. Y de paso le serviría para entender por fin que la vida no puede ser definida en blanco y negro; que no vivimos en un mundo de dimorfismo donde sólo existe la maldad y la bondad; donde tendría que tomar decisiones poco agradables que afectarían a algunos para asegurar la supervivencia de otros, y el corazón se le quedaría en un puño cuando existieran situaciones donde un diagnóstico en medio de una catástrofe significaría la sentencia de muerte para una persona. Y es que Kang Mo Yeon es transparente como el celofán, terca como una mula y con un carácter muy definido por su posición. Conocemos sus ambiciones, su lealtad desmedida al juramento hipocrático, sus planes a futuro y su reticencia de caer enamorada de Shi Jin sabiendo que cualquier misión secreta le puede costar la vida. Le vemos estallar en furia frente a su superior cuando le demuestra que el status quo de una familia es más importante que la experiencia aprendida dentro del quirófano y observar con suspicacia a la chica que le robó al novio jamás correspondido en su etapa universitaria. Para cuando llega a Uruk ya no hay cosa que nos sorprenda de ella pues le hemos leído la cartilla en su tierra natal y nos gusta.

"Todos los días paso más de 12 horas en la sala de operaciones tratando de salvar a las personas de morir. Eso es todo lo que hago: lucho para salvar vidas. Pero la tuya es otra, tu lucha consiste en salvar vidas a través de la muerte de otros".

Qué angustioso resulta ese primer choque de argumentos en el café donde ambos revelan sus convicciones. Hay incluso una barrera visual que divide el encuadre y nos golpea en la pantalla a través de su simbolismo. No se puede negar que el juicio de ambos es razonable, para Mo Yeon toda vida merece dignidad y para Shi Jin proteger esa dignidad es primordial, pero también necesita que ella entienda que su trabajo no es fácil: que apegarse al manual a veces trae consecuencias desesperadas que implican matar por un bien mayor. Es un trabajo dificilísimo pero que alguien tiene que hacer, y ese alguien amerita un valor ético infranqueable, cualidad que él cree poseer (y ella sabe que sí). Las paces las hicieron después, cuando el presidente Mubarak agonizaba en la camilla y el protocolo estipulaba que ninguna mano que no fuera árabe podía ponerle los dedos encima. Shi Jin no sólo desobedece los pasos de sus superiores, sino que a punta de pistola amaga a los guardias para permitirle al equipo médico jugarse la vida en la sala de operaciones con la posibilidad de desatar un conflicto si el resultado era fallido. Es algo que ella después le agradece a base de lágrimas y silencios a las afueras de aquel almacén desgastado donde abundaban los espirales antimosquitos y las palabras de consuelo. Tal vez fue la primera vez que lo comprendió como soldado al verle sufrir las consecuencias de sus acciones disciplinarias por desobedecer aquello que no debía y liarla parda a los pies de un organismo como la ONU cuya misión principal es precisamente hacer prevalecer la paz en los países donde no conocen mucho ese concepto.


Existen pocas cosas que puedan tanto conmigo como jugar con los paralelismos y diferencias durante una historia y Descendientes del Sol tiene esos momentos en abundancia; uno de los más palpables es cuando Shi Jin regresa con su equipo a un Uruk golpeado por el sismo (Ep. 06) que se contrapone de manera extraordinaria a la escena que vemos al finalizar el segundo episodio, cuando el equipo médico espera el helicóptero que los transportará a la estancia temporal. Hay una presunción innegable de su parte en el hangar al saber que Mo Yeon es una de las doctoras del equipo; esa imperiosa gallardía de jefe y señor que se destila en su caminar y la deja sin palabras. Esa actitud fue totalmente diferente a la preocupación que le roe por dentro al descender de la nave que lo coloca en medio de un mundo de devastación y muerte. Al capitán se le va la mirada más allá de sus soldados para divisar a Mo Yeon y aplacar un poco la angustia que le provocó la incertidumbre de no saberla viva y de haberse marchado una mañana sin siquiera un gesto de despedida. La escena en sí está filmada de una manera tan preciosa como el momentazo que capturó Lim Hye Seon (la fotógrafa de la producción) y que después sería utilizado como el póster definitivo que ya todos conocemos. Hay aire hipnótico en la iluminación y en la destrucción que les rodea que consigue envolver a los protagonistas en una burbuja idílica atestada de alegorías: el pañuelo es ahora una agujeta, el aeropuerto una zona de desastre, el día se convirtió en noche y la desolación de una pista de aterrizaje se diluye totalmente con los fierros retorcidos de la planta de energía que colapsó. También están esas emociones que van entre la culpa y el alivio de saberse a salvo en medio del caos que les abraza.

Sin embargo, hay un punto en el que Yoo Shi Jin cuestiona por primera vez todo aquello por lo que ha luchado, y esto sucede cuando se topa con David Agus, un antiguo camarada estadounidense que desertó del ejército para convertirse en el líder de un grupo delictivo que merodea por la zona. Quizá el golpe no sería tan fuerte si en el pasado Shi Jin no hubiera arriesgado su seguridad para rescatar al soldado Ryan en aquella misión suicida donde su superior terminó acribillado por el fuego cruzado del enemigo. Esa ingenuidad innata en un alma tan pura es lo que le impide comprender que la vida a veces depara golpes difíciles; que hay personas que no nacieron para ser soldado; que el patriotismos no se puede comprar ni aparentar y que un acto de bondad en un mundo de bayonetas y misiles jamás se pagará con una firme fidelidad a tu bandera, seas de la nación que seas. Y él lo tuvo que aprender de la manera más cruel posible. La desilusión de saberse traicionado tarda lo suyo en salir a flote, pero cuando lo hace se exhibe como una ira contenida que lo domina por dentro, detonado también por el secuestro de Mo Yeon a manos del bastardo de Agus. Shi Jin sabe que no hay persona más peligrosa que un soldado sin patria y, si bien, disparar el gatillo le corroe la conciencia, también le sirve de catarsis para expulsar sus propios demonios; para volver a ser una persona de honor en esas dos horas de incertidumbre que le fueron concedidas. Y es aquí donde volvemos a las escenas espejos; a momentos que nos recuerdan a otros momentos. Me ha decepcionado un poco que algunos no captaran la esencia de la segunda escena y se hayan enfocado más en recalcar que la producción cometió un error en el vestuario de Mo Yeon porque no coincide con la escena original en lugar de intentar encontrarle una lógica a eso.



Este momento jamás sucedió; es una metáfora. Después del rescate ella se topa con el capitán en las orillas del campamento y le ve quemar la fotografía del ex colega asesinado, pero él nunca sabe que ella estaba ahí y ella nunca se acerca para cubrir sus lágrimas. A la mañana siguiente Mo Yeon encara a Shi Jin para decirle que sus nervios tiene un límite y que él los ha traspasado todos. Se sincera expresando que no puede ir por la vida sabiendo que él le miente para protegerla y que en sus tareas encomendadas puede perder la vida, ya sea deteniendo una bala o salvando a una persona, así que decide terminar la frágil relación antes de que ambos acaben más dañados de lo que ya están. Pero más adelante a Mo Yeon le golpea la crisis del recuerdo y sabe que para Shi Jin también fue un momento difícil: abrió fuego contra David Agus sólo cuando le pide a Mo Yeon que olvide lo que está apunto de vivir y hasta cubre sus ojos con la mano para que no vea la sombra de su lado más cruel. Estaba dejando atrás su máscara carismática y bromista para revelar ese instinto bélico que lo transformaba en una máquina de matar sin miramiento alguno; ese mismo que Mo Yeon tanto se empeñaba en conocer. Pero aun así, en ese momento tan duro, ella consigue ver las lágrimas que corren por sus mejillas y, aunque en un principio no pudo entender el motivo, sí lo hace cuando le ve quemar la fotografía (aunque no interviene. Quizá por miedo, quizá por respeto). Es entonces cuando percibe que el chico trae un caos emocional tremendo que iba entre la rabia, la impotencia, la culpa, la deslealtad y la perversión. David Agus no sólo fue un amigo en otros tiempos, también fue un soldado que portó el uniforme del Equipo Delta con heroísmo y valentía; un hombre honorable por el que valía la pena morir. Verlo degradarse de esa manera hasta convertirse en un delincuente sin código de honor le destroza el alma y consigue cuestionar el peso de todas sus acciones. Ese es el momento justo en el que ella se da cuenta que quiere estar a su lado siempre; no cuando lo encontró llorando en las ruinas del cuartel, sino más adelante, cuando recuerda que cubrió sus ojos para que no viera los horrores de su pasado. Mo Yeon quiere lo mismo para él: hacerle olvidar esos instantes que le hacen flaquear sus ideas, barrer un poco el dolor que se esfuerza en ocultar ante los demás y hacerle entender que también tiene derecho a derrumbarse por dentro de vez en cuando, al fin y al cabo ese es su trabajo como soldado. Es una espléndida alegoría que no todos lograron captar.

Después de aquel momento su relación cambia, se transforma en una balanza que constantemente intentan mantener equilibrada incluso después de su regreso a Corea, donde son otros los inconvenientes que tienen que enfrentar. Aún así, apuesto a decir que el caso del norcoreano fue por mera transición para el último arco. Porque si bien el antagonista juega un papel importante ahí, como al inicio y al final, también es verdad que aquí sólo es puesto para que nos sirva de guía a la misión que dejaría a Shi Jin desaparecido en acción por un año entero.

Pero antes de hablar de la resolución de los protagonistas, creo que lo justo (y después de cuatro páginas) es introducir a la pareja secundaria: Seo Dae Young y Yoon Myung Joo. No sé en qué momento pasé del no me interesan al I ship them so hard! pero, fuera de broma, creo que no fue más allá del tercer episodio, eh xD.

"¿Te estás marchando sin saludar a tu superior? Quédate donde estás. Quedate de esa forma toda la noche. Quédate ahí hasta que mueras. Nunca voy a recibir tu lealtad.”

La peculiaridad de este par de tórtolos es que son una especie de Romeo y Julieta que los hace más irresistible conforme su historia se nos va revelando. Ambos son militares, pero ella es de un rango mayor que él, además de ser cirujana e hija de un importante general que no ve con buenos ojos que su retoño termine liada con un soldado que no hace tiempo andaba por las calles de la ciudad metido en una pandilla. De hecho, el papá no duda en conseguirle un pretendiente que esté a la altura de sus expectativas milicianas (que son muchas y son grandes) y así, muy a la vieja usanza, le pone de frente con el capitán Shi Jin para que terminen “juntos” en una relación que no se la creen ni ellos. Aquello termina siendo un triángulo amoroso bizarro que raya la ridiculez y la ternura porque Shi Jin es el mejor amigo del sargento mayor y tiene una relación muy fraternal con la teniente primera desde tiempo atrás. Además, él también los quiere juntos, por lo que su función como intermediario es, más o menos, neutralizar el campo de batalla para que estos dos confiesen su amor a rajatabla en lugar de darse golpes de pecho cada vez que se tienen en frente.

Seo Dae Young y Yoon Myung Joo (link)
Ya su reencuentro en el hospital nos deja sudando en frío por la tensión tan sofocante que se respira, pero también por la dureza de ella y la rigidez de él. Tanto la doctora como el sargento poseen una coraza de hormigón propia de cualquier soldado, pero es tan diáfana que es posible asomarse entre esas capas de entereza que intentan mantener a pesar de la disconformidad que los consume por dentro. Seo Dae Young es el de la actitud sumisa, perceptiva y obediente hasta el tuétano y por eso Myung Joo no duda en usar su rango para llamar su atención, para hacerle espabilar un poco y para que abandone esa apariencia robótica y castrense que le empequeñece más de lo que debería. Pero ella es todo lo opuesto a él; tan vivaz como testaruda e inteligente. Sabe lo que quiere y conoce los medios para conseguirlo, a pesar de que siempre tiene a su padre —con sus tres estrellas sobre el hombro— pisándole los talones. Tampoco podemos despotricar contra el señor y la idea de bienestar que tiene para su hija; ya sabemos que en el ejército los rangos cuentan (y mucho) para establecer firmemente tu expediente y de paso tu reputación. Que una doctora cirujana se enrolle sentimentalmente con un simple sargento le parece una chapuza grotesca tanto para él como para su familia. A Myung Joo ese juicio sobreprotector le da unos altibajos tremendos a lo largo de todo el drama que alcanzan un punto crítico cuando ella agoniza en Uruk y rematan en el momento que cree muerto a Dae Young.  

La suya fue una historia de amor que se sobrepuso a las decenas de obstáculos que se encontraron en el camino. Su evolución es palpable desde el comienzo y aunque tuvieron sus retrocesos éstos jamás se aglutinaron más de lo necesario. Fue una pareja que tuvo que aprender a respetarse por su condición de humanos más que por ser soldados, y lucharon (cada quien a su manera) para entenderse mutuamente en medio de esa fragosidad que les obstruía los sentimientos. Aun siendo polos opuestos se las arreglaron para inventarse cada quien su lugar en esa relación tan peculiar como radiante. Disfruté mucho viendo su constante evolución, y la química entre los actores servía para que esos diálogos francos que se escupian en la cara cada vez que se veían fueran tan irresistibles para ellos como para los que los escuchábamos.  

Me ha gustado mucho el desarrollo de la trama y el perfecto equilibrio que mantuvo entre el drama y la comedia durante toda la historia sin que ninguna de las dos se sintieran forzada (bueno, en realidad hubo una escena que nunca me cuadró del todo y la mencionaré abajo). El resto de los personajes tampoco tienen desperdicio. Era bastante evidente que algunos sólo estaban ahí para llenar huecos en el guión pero también que hubo otros cuyo papel era más importante. El cirujano Song Sang Hyun y la jefa de enfermeras Ha Ja Ae fungieron como una tercera pareja protagónica que también tuvo sus momentos de lucidez, sobre todo por la obstinación de ella para no sucumbir a la carismática personalidad del doctor, que igual le hubiera besado los pies con una palabra suya. La crisis existencial de Lee Chin Hoon durante su voluntariado también tuvo su epopeya. Empecé a creer que su desequilibrio mental lo iba a dejar en una eterna depresión que le haría abandonar la medicina, pero por suerte logró superarlo y regresar a Corea para estar al lado de su prometida durante el nacimiento de su bebé, y portar la bata blanca con orgullo por mucho tiempo más.  

La dirección ha sido una preciosidad y ciertos episodios tienen unos planos tan hermosos que me he quedado embobada en más de una ocasión mientras retrocedía el streaming para ver la escena mucho mejor. Grabar en el extranjero fue un plus total porque permitió mostrar escenarios con unos paisajes naturales de ensueños (esos muy característicos de las islas griegas) además de enseñarnos ciertos aires distintos a los que este tipo de series nos tiene acostumbrados. Una mención especial a la playa Navagio con ese imponente esqueleto barquero que sirve como telón de fondo para la historia de los protagonistas por su gran valor sentimental.

El final fue un happy ending con todas las de la ley, e incluso rompen la cuarta pared para decirnos que sí, que la vida a veces depara un final optimista y perfecto después de haberte puesto a prueba durante algún tiempo Y JUSTO DESPUÉS HACE ERUPCIÓN UN VOLCÁN EN CANADÁ. Yo sentía que algo malo le iba a pasar a Shi Jin y que eso lo haría abandonar el ejército de manera permanente, por suerte no fue así, porque me habría cabreado hasta la médula (casi tanto como cuando Dae Young accede a la petición de su suegro de abandonar la milicia para trabajar en la empresa de su familia política). Shi Jin y Dae Young son soldados hechos y derechos, su lugar está ahí, entre las barracas, los helicópteros y los cuarteles; entre las calles de su país y las zonas de guerra. Abandonar la lealtad a su patria sólo para quedar bien con sus novias me habría resultado ridículo porque también ellas están comprometidas a sus vocaciones. Por suerte, ese año de ausencia les enseñó a ambas parejas a sobrevivir por iniciativa propia, aun en las peores circunstancias, y para entender que su sacrificio personal siempre será gratificado por el bienestar de la gente, “en cualquier lugar de la Tierra. Y siempre bajo el mismo sol”

La playa del naufragio, en Grecia. 
Notas adicionales:

  • Ya ha estas alturas estoy empezando a hacerme a la idea de que hay ciertos clichés que se repetirán en la mayoría de los dramas coreanos que vea, así que no me sorprende mucho, y uno de esos clichés es una ausencia prolongada de uno de los protagonistas principales poco antes del final, pero: ¿por qué Shi Jin y Dae Young tuvieron que darse por muertos durante UN AÑO ENTERO si fueron rescatados como seis meses después? ¿Por qué no se comunicaron antes con Mo Yeon y Myung Joo? ¿Por qué tanta injusticia y dolor?
  • Aun se me da muy mal eso de aprender nombres coreanos y me toma como diez episodios (no es broma) aprenderlos y ubicarlos. O sea, más o menos la mitad de una serie xD.
  • La escena del temblor me ha parecido espectacular, sobre todos los planos generales segundos antes de que ocurra, como el detallazo de las mariposas o la bandada de pájaros inquietos.
  • Mi única pega fue con la escena que abre el episodio 14. No sé mucho de medicina pero estoy casi segura que una persona que ha sido baleada en, mínimo, dos ocasiones y además ha sufrido un paro cardíaco, no se pone de pie como si nada le doliera en cuestión de segundos para ir a resolver una duda como quien va a la cocina por un vaso de agua. O sea, por favor, sean serios xD.
  • La amistad entre Shi Jin y Dae Young fue una de las cosas más perfectas del show. Los amé mucho.
  • ¡Maravilloso drama! Totalmente recomendable por mi parte y muy bien merecido ese rating que siempre fue ascendente durante su transmisión.
  • EL OST no tiene desperdicio, eh.
  • Estoy escribiendo esto cuando todavía no he visto el epílogo, pero dudo que me haga cambiar de parecer respecto al final que nos mostraron, así que lo mantendré tal cual.
  • Este drama fue visto muchos meses después de It's ok, that's love, pero mi opinión sobre esa serie se publicará más adelante.