11 sept. 2015

Serie: Outlander, II Parte (Opinión Personal)

La primera parte de mi opinión está aquí.

Al final, Casandra sólo quería que le creyeran. Encontrar entre el tumulto de gente una mente abierta que se atreviera a creer en sus profecías. Pero la ira de Apolo es implacable: vio arder Troya antes que nadie, incluso vaticinó la muerte del mítico Agamenón y presenció su propia decadencia mucho tiempo antes de que ocurriera. Como un castigo similar al de la mitología griega, Claire Beauchamp se convierte en nuestra propia Casandra condenada a callar su destino mientras la madera cruje con el fuego de la hoguera que la espera a ella y a Geillis Duncan. Sin embargo, Geillis también viene a recordarnos que en medio del naufragio siempre hay un objeto que nos mantiene a flote, un trozo de cordura entre la sinrazón de los gentiles. The Devil's Mark (1.11) la hizo brillar como nunca, mostrándonos ese lado afable entre los calabozos roídos por la humedad y el moho. Las conversaciones con Claire se debaten entre la comprensión y la duda; la curiosidad y la sensación de identidad que comienza a florecer mientras las palabras fluyen y la sentencia final se acerca. El último sacrificio de Geillis fue un acto de amor para la persona que más la comprendió, aunque a Claire le cueste entender los motivos y la reverbera popular esté ansiosa por oler la carne quemada de una bruja despatriada.

Claire ya venía acarreando un infierno desde el primer arco: viajó 200 años en el pasado, se encontró con un casaca inglés que le recordada a las mejores historias de Sade, fue prisionera política, se casó por obligación con un guerrero escocés y la tomaron como rehén apenas tuvo tiempo de llegar al monolito que la metió en aquella maraña onírica absurda. Lo que vino después era suficiente como para hundirla en un abismo profundo y no permitirle salir jamás. Quizá con un poco de optimismo se habría dedicado a cavar su propia tumba. El rescate de Fort William en The Reckoning (1.09) da testimonio de lo que James Fraser es capaz de hacer por la mujer a la que juró proteger con su vida. Adentrase de esa manera al fuerte británico fue una estupidez incomparable, y sin embargo, comprensible, al recordar lo mal que la pasó él mismo en ese lugar, donde años atrás fue azotado hasta la inconciencia por el hombre que ahora amenazaba con matar a su esposa. Jamie entendía que, al rescatarla a ella, se estaba rescatando (otra vez) él mismo.

LA conversación tarde o temprano tendría que llegar. Las explicaciones nunca son suficiente cuando tienes tu pasado pisándote los talones y no puedes contárselo a nadie; no resulta creíble ni para ti. El punto de ebullición estalla entre los dos precisamente cuando tanta tensión se vuelve exasperante. Esa terrible pelea acarrea consigo el resentimiento acumulado del tiempo compartido juntos, no porque se odien ni porque estén cansados de sus respectivas presencias, sino porque comenzaron a amarse sin saber exactamente en qué momento la vida los flechó. “Eso, eso es estar enamorado” se resigna Jamie al saberse perdido entre tantos sentimientos encontrados.

El regreso al castillo también nos permite adentrarnos a la inevitable situación política que se avecina en las montañas de Escocia. El duro recordatorio de que todo lo que comienza tiene un fin se revela como una premisa que la diluimos en este accidentado encuentro entre la familia MacKenzie. Colum funge como el diplomático que se siente traicionado por las ideas irreverentes de su hermano; las mismas que ponen en jaque la estabilidad no sólo de sus propias tierras sino del panorama de las localidades vecinas. La batalla de Culloden, el escenario final de un estilo de vida milenario, se asoma con crueldad en los duelos verbales de aquellos parientes que apenas se reconocen. Hay un punto de quiebre en la relación de ambos que agoniza mucho tiempo antes de lo esperado. Y la impaciencia de Dougal termina por exponerse en The Search (1.14) que, junto con The Watch (1.13) nos sirvieron para atestiguar que la producción de Outlander también puede darse el lujo de incluir subtramas sin trascendencia (¿o la tendrá?). A Lallybroch (1.12) lo salva la soberbia aparición de Jenny y la simpatía de su esposo Ian. La presencia de la hermana de Jamie llena todo el entorno con un importante respeto y autoridad que ni siquiera él puede asimilar muy bien. Es un personaje cuya fortaleza penetra las paredes del hogar hasta convertirlas en órdenes y a cada situación que se presente le da una solución a la altura, un ajuste de tuercas que permiten otorgarle esa reconocida reputación que le precede. Claire consigue consolidar una relación con su cuñada que no nació de la noche a la mañana. Tales lazos engendran sus raíces en la mutua preocupación por el propio Jamie, quien sigue siendo un prófugo de la justicia, y que les llevará a la búsqueda épica que vemos en la primera parte de The Search (1.14). 

Laoghaire reaparece como la personificación total de la poca vergüenza; un animal rastrero que busca su propio beneficio a base de pretender provocar una lástima pobre y mediocre. La niña no sólo necesitaba la bofetada de Claire sino un despabilamiento remarcado, vorazmente certero, que le limpie de toda la putrefacción que tiene metida en el cerebro sólo porque los celos le otorgaban la oportunidad de hacerse la sufrida. Su última tontería fue llevar a juicio a las únicas dos víctimas de los viajes en el tiempo y con ello se perfiló ya como uno de los personajes más detestable de toda la saga. Qué la parta un rayo, así sin más.

Por extraordinario que haya sido el rescate de Jamie durante el juicio por brujería, su heroísmo no se aprecia sino después, en The Devil's Mark (1.11), cuando en un gesto de compasión (o culpa) guía a Claire a los pies de Craigh Na Dun para darle la oportunidad de regresarla a su hogar y evitarle la pena de presenciar el terrorífico escenario que se les venía encima. Aquí sólo hay peligro, le dice con dolor mientras nos regala la despedida más amarga que habíamos presenciado hasta la fecha. Sin embargo, es Claire quien debate en silencio durante horas frente a la mítica estructura sólo para regresar a hasta Jamie y decirle que no, que su hogar ya no está en el siglo XX sino ahí, a su lado, dispuesta a luchar contra el futuro que ya está escrito.

Pero el momento cumbre de esta temporada hace acto de presencia en los dos últimos episodios que la cierran: Wentworth Prison (1.15) y To Ransom a Man's Soul (1.16) son el testimonio aplastante del ahogo televiso entre el horror, la impotencia y el dolor. Jack Randall ya era para ese entonces todo un estudio sobre el sadismo extremo, como lo mencioné en mi primer post, pero esta vez sobrepasó el límite de la tolerancia humana. Hace ver las flagelaciones de The Garrison Commander (1.06) como sendas caricias por la espalda. No hay minutos de descanso a lo largo de esas aplastantes dos horas donde la tortura física-psicológica es el primer plato sobre la mesa (y el único que terminarás recordaron cuando los créditos finales aparezcan). Poco, muy poco importa que al final Jamie haya conseguido salir de ese pandemónium en el que terminó hundido, que en el horizonte se vislumbren nuevas posibilidades, que la pareja principal zarpe en barco rumbo a la Francia de la aristocracia europea, etc, porque todo los caminos conducen a Wenworth. Sabemos de antemano que Jamie no está curado y que lo sucedido en las celdas de la prisión le opaca cada segundo de su existencia, y lo seguirá haciendo en la próxima temporada. No es algo que él haya pretendido; si Randall es la maldad personificada Jamie es todo lo contrario. Quizá por eso el soldado inglés había decidido tragarse su alma desde hace años. En el fondo existe una especie de respeto hacia el escocés, una admiración mal disimulada y retorcida que logra erizar la piel y provocar arcadas sólo de comprobarla. 

No he vuelto a ver aquellos dos episodios desde un día después de que fueron trasmitidos. No pienso verlos próximamente, no creo que los vea antes de que el parón termine, ni en un futuro cercano. De hecho, calculándole a ojo me ha tomado casi tres meses y medio sacar fuerza de las alcantarillas de mi barrio y ponerme a teclear frente a la pantalla sin que me de asco la vida y sus tragedias desde que la season finale me hundió. Ni siquiera pensaba escribir esta reseña, pero sentí que la serie lo merecía, porque sí lo vale: cada segundo, cada episodio, cada música de fondo y esa hipnótica secuencia de apertura que jamás me cansaré de ver, merecen mucho la pena. Si el trauma final no me hubiera calado tan hondo aquí me tendrían con un análisis más extenso y detallado, quizá un poco más elaborado, con guiños a los libros, frases o anotación, sin embargo mi moral sigue exprimida, tirada a un lado del camino sin ánimos de levantarse y escribir opiniones más meditadas (Dikana lo hizo de manera maravillosa en su blog).

NOTAS APARTE:
1. Me parece fatal que la serie no haya ganado algún Emmy en cuestión actoral. La actuación de Balfe y Menzies es maravillosa pero la de Heughan se lleva todas las palmas en Wenworth con amplísima diferencia.


2. Laoghaire me la pela.

3. La polémica escena de los azotes fue adaptada maravillosamente, lo suficiente para no ofender a la mayoría de quienes la vimos. Habrá alguien que diga que no, que a una mujer no se le debe de pegar ni con el pétalo de una rosa ni aquí, ni en la ficción, ni en la China rural, pero reconozco que la secuencia está lejos de resultar placentera o abusiva para quien lo mire. Diría incluso que es bastante cómica, y tamaño detalle merece la pena mencionar. Al final uno no sabe quién de los dos recibió más golpes xD.

4. El último episodio lo sentí raro, rarísimo. De hecho, creo que es el que más dudas me genera al respecto. Asumo que la cuestión de tiempo era un factor, que en el libro esto transcurre en meses y no días, que seguían en Escocia y no en Francia, y mil motivos más que no vengo a discutir, pero la recuperación de Jamie se sintió simplona. No es queja, sobre todo porque los pedazos de actores que personifican a Claire y Jamie saben abarcan todo un rango de emociones que consiguen ganarse cualquier escena. 

Me repatea comparar libros vs. TV pero, aunque en la novela la redención de Jamie es más cruda y salvaje no deja de ser preciosa. El no haber sido adaptada a la pantalla precisamente por la línea de tiempo tan ajustada me produce un dejo, así muy chiquito, de tristeza. Supongo que muchas de estas cosas la insertarán en la segunda temporada, la explotarán a rabiar y quizá sea una constante en la subtrama pero eso me da una sensación de vacío que la primera no pudo llenar, ni siquiera con el anuncio del embarazo, que me supo tan amargo como esperanzador.

5. ¿Qué hago yo hasta que Outlander regrese? Claro, leerme todos los libros de la Gabaldon, fijo xD.

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