28 dic. 2012

¿Por qué Maru cruzó la carretera?

Podría dar una cátedra sobre por qué Maru decidió un día cruzar la carretera, dejarme con el santoral en la boca, caminar como si el mundo no le importara, tomar posición suicida y divertirse en el proceso. Podría hacerlo, pero es un gato y probablemente cualquier cosa que diga estará equivocada, porque si hay dos seres que jamás en la vida se entenderán serán el hombre y el gato. Linda y Maru

Mi gato no sabe cruzar carreteras, ni calles ni nada. Y si lo sabe poco le importa llevarlo a la práctica. Como todo buen felino domesticado, soberbio y con aires de divo cuya arrogancia se le resbala por la mirada, Maru creé que el mundo gira a su alrededor. No puede ser de otra manera, ¿cómo podría ser de otra manera? El mundo con sus autos, el mundo con sus motos, el mundo con sus humanos, con sus perros y sus otros gatos deben rendir alabanzas hacia él. No aceptan que el chiste sea contado de otra manera, ¿de qué serviría eso? 

La última vez que Maru decidió cruzar la calle fue el pasado 25 de diciembre en la mañana. No hay mejor momento para hacerlo que un día inhábil, festivo, con más gente con resaca y comercios cerrados por kilometro cuadrado que cualquier otra festividad del año. Y claro, en la mañanita para hacerla de emoción. Mi gato viviendo al límite, como siempre. 

A Maru lo atropellaron. No sólo le atropellaron el cuerpo, también la dignidad y el orgullo… y la patitas de atrás. Aun así llegó caminando a casa. La adrenalina del revolcón y lo altanero de su especie le dieron fuerzas para entrar y mirarnos con unos ojitos que expresaban con temor el haber visto la muerte muy de cerquitas. Tan cerquita que llegó ausente, sin llorar; como la mirada de un niño cuando ha sido testigo de algo grotesco por primera vez. No hay nada peor que vivir una mala experiencia por primera vez en la vida. Es algo que se te queda en el subconsciente y que regresa de vez en cuando para atormentarte las noches más tristes sólo para joderte los sueños. Presiento que yo también tuve aquella misma mirada cuando a los 8 años vi cómo mataban un cerdito a machetazos en el patio de mi abuela mientras éste lloraba de dolor. Un destello de terror e incomprensión. 

Ésta Navidad del 2012 eso fue lo que me amaneció, mi gato atropellado y todas las veterinarias cerradas, empezando por el veterinario de Maru, quien no se encontraba. Si hay una cosa que no soporto es ver a un animalito sufriendo y sabía que a mi gatito le dolía todo su magullado cuerpecito. Mi hermano y yo recorrimos las veterinarias que conocíamos y finalmente decidimos ir a una que muchos conocidos de buena fe nos recomendaron una y otra vez meses atrás porque “cobran barato y atienden bien”, y además de eso tenían un número de emergencia que, me imagino ¡es para emergencias! ¿no? “Queda por la calle Occidental”, nos decían. 

Emergencia. (Del lat. emergens, -entis, emergente). 3. f. Situación de peligro o desastre que requiere una acción inmediata. 

La susodicha veterinaria estaba cerrada pero su número de emergencia estaba escrito inmensamente en la parte superior de la casa/consultorio. Regresamos a casa, marcamos y nada. Volvimos a marcar y nada. Lo intentamos de nuevo y nada. Porque claro, no existen las emergencias el 25 de diciembre. Moléstame cualquier día del año menos este, pensarán. Tampoco el 1° de enero, porque es sagrado, dirán también. Todo eso es perdonable, lo sé. ¿Quién no podría estar ocupado ese mismo día haciendo otra cosa además de ejercer su profesión? Al fin y al cabo somos humanos y deseamos salir de la rutina. 

Recorrimos las veterinarias por la tarde y la cosa no cambió mucho, pero esa que estaba por la Occidental tenía la ventana abierta y un tipo que estaba afuera nos dijo muy quitado de la pena “Pasen, está abierto y hay gente adentro” y eso hicimos. Bien pudimos saquear toda la mercancía para mascotas y los dueños jamás se hubieran dado cuenta porque abrimos la puerta, entramos y nadie salió a recibirnos. A lo lejos se escuchaban niños, un perro y varios adultos platicar. Allá a la larga salió un joven pregúntanos qué se nos ofrecía. Le preguntamos que si estaban consultando y nos dijo que no. Le dijimos que teníamos un gatito atropellado y que tenía mucho dolor y no sabíamos qué darle para que no le doliera tanto. Y ya. No nos preguntó cómo estaba, qué tan grave era la herida, dónde lo había golpeado el auto, qué parte le dolía. NADA. Sólo nos preguntó cuánto pesaba. Le dijimos que probablemente más de cinco kilos. Se fue a un lugar oculto del consultorio para darle “algo para el dolor” y diez minutos después llegó con la posición mágica cual curandero de pueblo… dos jeringas con desparasitante. ¡DOS JERGINAS CON DESPARASITANTE! ¡LE PEDÍ ALGO PARA EL DOLOR DE MI GATITO ATROPELLADO Y ME DIO DOS JERGINAS CON DESPARASITANTE! Y TODAVÍA TUVO EL DESCARO DE DECIRME “Me lo traen mañana, a partir de las ocho de la mañana ya está abierto” ¿EN SERIO TU VIDA, HIJO? Uno como quiera pero ¿y el gato? Pudo decírmelo de otra manera ¿saben? De una forma más directa y más burda “No me apetece atenderlo, es mi día de descanso. Hasta apagué el celular porque hoy no quiero atender emergencias. Probablemente va a morir, así que para que dejen de enfadar les voy a dar esta madre que no sirve para calmar el dolor pero me vale porque ustedes nunca se van a enterar; por lo menos morirá desparasitado. Si el animal sobrevive me lo traen mañana tempranito porque ocupo el dinero, obviamente. Ahí que el gato se aguante el dolor por quince horas más. Qué más da, yo no soy el que lo verá sufrir todo ese tiempo”. ALKSJSKLADJKLSAJK. Miren que un veterinario que le da a un gato desparasitante para “calmarle el dolor” nada más para que los dueños dejen de molestar, no merece ser llamado veterinario ni merece ser llamado nada. Y sólo por eso no puedo recomendárselo a nadie, jamás. Ni a mi peor enemigo, ¿vale? Perdón por tanto drama pero es que cosas así me enervan la sangre. >___<

Obviamente al día siguiente llevamos a Maru con su veterinario, el de toda la vida. Al que hemos consultado los últimos 12 años con todas nuestras mascotas. El que ha contestado cinco llamadas de emergencia; tres de ellas en la madrugada; una de ellas un día inhábil. Que ha venido hasta nuestra casa para consultar a Umi y que siempre nos ha hablado con la verdad por muy dura que esta sea “Tyke se envenenó, no se podría haber hecho nada más para salvarlo”, “Misty está muy grave pero se pondrá bien. Tardará un par de semana pero por supuesto que se recuperará”. “Kenny va a morir, quince minutos cuando mucho. El líquido que ingirió es mortal” “Umi tiene una intoxicación leve pero con esto será suficiente”, “No hay medicina para Misty pero la mandaremos traer de otra ciudad” “Maru se lastimó los deditos (hace meses), aquí hay dos inyecciones para el dolor porque le duele mucho, y aquí hay pastillas para los siguientes cinco días. Con eso bastará”. Por ese servicio, esa hospitalidad (¡y esa higiene!) pagaría gustosa hasta el triple de lo que pago en otro lugar por el simple hecho de saber que lo que me ofrecen es bueno Y ES VERDAD y no me daran desparasitante para calmarle el dolor a mi gatito porque sé que no va a tratarme como un estorbo sólo para dejar al animal en un segundo plano aunque este último esté sufriendo, eh. ¡SÍ, ESTOY ENCHILADA! >__< 

Ya, mejor me calmo. Maru se está recuperando bien. Muy bien. Su veterinario le aplicó dos inyecciones para el dolor y para desinflamar, además de pastillas para los próximos días. Por suerte no tiene fractura y apenas ayer ha empezado a caminar. Está algo deshidratado pero le estamos dando suero (único consejo respetable que nos dio el otro tipo) y su humor ha mejorado bastante. Ya puede usar su cajita de arena aunque aun necesita ayuda para entrar en ella porque amabas patitas traseras están lastimadas. Come bien aunque no le apetece tomar agua todavía así que le damos suero cada hora. Esperemos que vaya mejorando día a día pero el condenado ya sueña con brincar bardas, cazar animales, visitar a sus amigos y cruzar carreteras peligrosas otra vez. 

Los gatos siempre serán gatos ¿verdad?. :)

2 comentarios:

  1. Me consta y certifico toda esa odisea que pasaste, con razón esa veterinaria siempre esta abierta, es sencillo atender y recetar solo desparasitante.

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    1. Es que no se valen cosas así. Está jugando con el sufrimiento de un animal (y con sus propietarios) y eso es imperdonable. ¿Qué le costaba mencionar algún analgésico que pudiéramos aplicarle para que pudiéramos comprarlo en otra parte? ¿en verdad no tenía nada para el dolor? ¿NADA? Es que FUUUUUUUUUUU. No pienso volver ahí. >__<

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