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Jaime Lannister, the Kingslayer. |
Llevo
literalmente semanas escribiendo mi opinión sobre Tormenta de Espadas, el
tercer libro de la saga Canción de Hielo y Fuego de George R. R. Martin y estoy
en el umbral de lo que podría considerarse un crimen: el artículo en cuestión
va por la página doce y a estar alturas ya no le veo fin. ¿Lo ven? de vez en
cuando me dan esos ataques inspiracionales mezclados con pensamientos de fan
incondicional y esto es lo que sucede. El post se convirtió en algo kilométrico
porque he cometido el atrevimiento de verter mi opinión general de cada uno de
los personajes cuyos puntos de vista son mostrados en este volumen (en total
son diez) y ayer mismo estaba por redactar mis más sinceros respetos —y una
pizca nada despreciable de admiración— hacia un personaje que suele ser
despreciado desde antes de abrir la boca. Irónicamente sería encabezado por un
subtítulo a la altura de las circunstancias: La redención de un regicida. ¡Pues
nada papanatas! He decidido posponer mi escritura para un mejor momento, quizá
cuando las aguas turbias se tranquilicen un poco y el sabor de la saliva no me
sepa tan amargo por culpa de la bilis que se me sube por el esófago cada vez
que pienso en él.
En este momento Jaime
Lannister me produce un profundo asco.
Ahora permítanme
explicarme un poquito mejor, que este es mi blog, está desierto y sólo se
escucha al viento soplar:
Yo suelo ser
bastan comprensible con las adaptaciones libro-televisión y/o película, en
serio. Soy la tolerancia andante. Entiendo que ciertos aspectos se deban
modificar para trasladas algo del papel a la pantalla y que se vuelva funcional
a largo plazo —además de rentable, claro—, sobre todo porque están dirigidos a
públicos totalmente diferentes. De hecho, me parece estúpidamente molesto
escuchar esos comentarios infantiles con su respectivo buzón de quejas sobre la
omisión, cambio o invención de alguna que otra escena específica (yo también he tenido mis deslices). Para gustos los colores, ¿verdad?
Punto y aparte. (SPOILER POR TODO LO ALTO, EH).
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Tyrion diciéndole a su hermano que la vida a veces es perra. |
Está de sobras
decir que Game Of Thrones es una maravillosa adaptación televisiva de una de
las sagas modernas más extraordinarias y complicadas que ha parido la
literatura universal en las últimas décadas, y sólo por eso merece un
reconocimiento expreso. Ya sabemos que la HBO se divierte de lo lindo llevando
las cosas a otro nivel, acostumbrándonos en el proceso a la alta calidad y a
los ínfimos errores, pero hay veces que se les zafa un tornillo y somos
testigos de alguna de esas escenas que descuadran el panorama porque están
totalmente fuera de lugar. Mal-adaptadas
es la palabra, pero ni siquiera sé si esto sirve como una definición. En el
tercer episodio de la cuarta temporada de la serie, que se trasmitió este
domingo, ha sucedido algo como lo que he mencionado, y descoloca tanto que he decidido
darle un respiro a la serie de televisión después del capítulo que sigue porque
siento que me ahogo feo (sigo albergando la esperanza que la amargura se me
pase después de ver Oathkeeper 04x04 tomando en cuenta que el título lo involucra también a él, pero habrá que esperar para comprobarlo).
Los creadores de
la serie han hecho una maravillosa adaptación del arco de Jaime Lannister y su
viaje de regreso a Desembarco del Rey después de durar meses secuestrado por
los Stark; pero no me apetece hablar de ello aquí porque eso se leerá en el
post que —algún día— publicaré. Así que no está de más decir que esa específica
estructura narrativa fue tan bien llevada a la pantalla que incluso la valoré
más ahí que en Tormenta de Espadas, y eso es decir muchísimo. Pero, así como
han tardado una temporada entera para reconstruir con delicadeza la moral de un
personaje generalmente visto como un egoísta engreído, han tardado menos de dos
minutos en enterrar sobre toneladas de estiércol todo lo que ellos mismos
adaptaron con empeño. En una fracción ínfima de tiempo lograron transformar a Jaime
en un monstruoso ogro sin escrúpulos por puro capricho y morbo pudiendo hacer cierta escena de otra manera, porque, hasta donde yo sé, hay una inmensa
diferencia entre sexo consentido y abuso sexual. Basándonos en eso, no hay
justificación aceptable para la que vimos el domingo pasado (de hecho sí hay
una justificación, pero hablaré de eso más adelante).
Aquí es donde
aparece aquello que tanto detesto en la vida: Esto no aparece el libro. O más
específico: Así no aparece en el
libro. Y yo, que voy por la vida tratando de no reparar en esta clase de cosas,
no he podido evitar justificar la frase, sobre todo por la forma en la que tuerce
al personaje de la serie televisiva y cambia drásticamente el significado de ese mismo momento en la
saga.
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De regreso a casa. |
El asunto en Tormenta
de Espadas estuvo así: Jaime Lannister regresa a Desembarco del Rey después de
un agónico viaje en el cual lo trataron peor que la mierda. Patearon su dignidad,
lo denigraron como ser humano y para rematar le cortaron su mano derecha, la
mano de su espada, aquella que usó para matar a Aerys II y arrojar al príncipe Bran
por la ventana. En aquellos momentos de humillación tiene una especie de
absolución por parte del lector, no por lástima ni por las vejaciones sufridas,
sino por un específico suceso ocurrido en los baños de Harrenhal donde
se sincera con la última persona que creíamos posible (de eso hablaré en el
otro post). Sin embargo, quiero que quede constancia de ello, el Matarreyes justifica su acción y,
nosotros como lectores, entendemos la terrible decisión que tomó al usar su espada en
contra de sus propios principios como sacrificio por un bien mayor, aun ha
sabiendas que eso podría costarle la vida y de paso su reputación.
Cuando Jaime
regresa a casa las cosas han cambiado para mal: ni él es el mismo, ni se siente
seguro con el entorno que encuentra. El mundo continuó su curso aun en su
ausencia. Además de eso, la ciudad está de luto: el rey ha muerto (algo que él
ya sabía) y está siendo velado en el septón real, así que lo primero que hace es dirigirse al lugar donde sabía que podría encontrar a su
hermana. Cersei está ahí, rezando por su hijo asesinado. Después de una breve
conversación entre ambos sobre la muerte del niño rey, la venganza, la petición
de asesinato que ella le hace a él y sobre quién le cortó la mano, deciden
tener sexo. Al principio Cersei intenta detener a Jaime por miedo a los dioses,
a su padre o a cualquiera que pudiera entrar y verlos, junto con todo lo que se
les vendría encima si supieran del incesto entre ellos; pero al final accede y
al parecer la urgida también era ella, aunque después no encuentra la forma de
quitárselo de encima. Hasta ahí todo bien. Sexo pecaminoso pero consentido.
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Cersei & Jaime Lannister. |
En la cuarta
temporada de Game Of Thrones esta específica escena se trasforma en algo
grotesco porque fue montada de tal manera que parece una violación. Jaime llega
a Desembarco del Rey antes de la muerte de Joffrey —de hecho, antes de la boda
donde muere envenenado—. Tiene el tiempo suficiente para adaptarse al entorno,
reincorporarse a la Guardia Real, conseguir una mano de oro cortesía de Cersei y
entrenar con la espada a las orillas del mar. En la serie, Joffrey es velado en
el Gran Septo de Baelor y Jaime manda a la fregada a todo el mundo para
quedarse a solas con su hermana. La conversación que tienen ahí es más o menos
parecida a la del libro sólo que, bueno, Jaime sí supo cómo murió su hijo y de
qué manera los reflectores apuntaban a Tyrion de forma demasiado explicita. Sin
embargo, el beso que se dan y que a su vez desencadena en el acto sexual (que
en libro corre a cargo de ella) aquí es interrumpido cuando Jaime pone su mano
de oro en el hombro de Cersei. Ella se aparta con una mueca de asco al ver el
objeto dorado que ella misma le mandó
hacer. Ésta fue la segunda vez que lo rechaza desde su regreso; la primera
ocurrió en las habitaciones de la reina, precisamente cuando él recibe la mano.
En este punto, Jaime se sorprende por unos segundos ante la actitud de su
hermana y ese estupor desencadena en un acto violento: “Eres una mujer odiosa. ¿Por qué los dioses me hicieron amar a una
mujer odiosa?” y a partir de ahí ya no la suelta; le arranca la parte del
vestido, la empuja ante el cuerpo de su hijo muerto, la hace caer de rodillas,
y la tumba sobre el suelo mientras ella le decía que eso no estaba bien y le
golpeaba en el pecho tratando de quitárselo de encima, pero él jamás la
escuchó.
Los involucrados en la serie dicen que eso fue sexo consentido no una violación, ¡pues qué
maravilla, eh! Pero no lo parece. Y si no lo parece, de nada sirve que los
creadores salgan a dar explicaciones sobre la escena porque basta con verla
otra vez para que me vuelva a resultar repugnante, junto con el propio Jaime
Lannister (es que ni siquiera puedo verlo un minuto sin que me hierva la
sangre). El problema aquí son los diálogos, las palabras de ambos. Es verdad
que ella le devuelve los besos, es verdad que no pone demasiado empeño en
quitárselo de encima teniendo él sólo una mano, es verdad que ella pone sus
piernas alrededor de él pero, ¿por qué no hay ni un solo dialogo que justifique
el sexo consentido? Una palabra de ella y tres milímetros menos de rencor en la
voz de él habría sido suficiente para que no resultara un montaje tan sufrido
que nos orille a apartar la vista de la pantalla. Cersei sollozaba, sufría, lo
golpeaba, le apartaba la cara, mientras le decía “no lo hagas, no está bien” y él respondía “¡NO ME IMPORTA!”. En el libro esto no
resulta tan repugnante porque ella lo acepta. Después de estar tanto
tiempo separados lo primero que quieren hacer es tener sexo y después enterrar
al hijo nacido del pecado, es lógico, ¿no?
Quiero creer que
la escena está mal montada en ese sentido, que fue un desliz en medio de un
mundo cruel y que tal cosa no pasará a mayores, pero en este preciso momento
todo el respeto que Jaime se había ganado a pulso y con justa razón a lo largo
de la tercera temporada se ha ido totalmente por la borda. ¡Se supone que había
cambiado! Por eso la escena del septón en el libro no causa tanta molestia, el
tipo está hambriento y punto, pero su moralidad sigue ahí, intacta.
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Jaime Lannister by TeilKu. |
George R. R.
Martin (que es la opinión que más me interesa) ha expresado unas palabras muy diplomáticas al respecto, al fin y al cabo ese es su trabajo. Mi punto aquí
es que no había necesidad de mostrar así una escena tan crucial para un personaje
que apenas ayer acabada de granjearse la simpatía de gente que tanto lo
aborrecía y ahora vomitan sobre sus pies por tanta grosería. La única
justificación que podría encontrar aquí es que esta específica escena tenga
relevancia en un futuro lejano y que, de alguna u otra manera, influya en la
vida de Cersei y Jaime, o en la decisión que en algún punto tomarán, porque es
precisamente aquí donde comienza el principio del fin de su relación.
Aun tengo fe en
la serie, sería absurdo que esto me hiciera abandonarla. No soy tan drama queen como para hacer eso. Pero sí
me decepcionó algo, sobre todo por tratarse de un personaje que no merecía sufrir
ese revés en su personalidad después de todo lo que había avanzado. He aceptado
esos serios cambios en la adaptación televisiva: desde esos matices en la
personalidad de Cersei que no terminar de encajar bien, hasta lo petarda e insufrible que
me resulta Shae cada vez que aparece en pantalla, incluso he aceptado las
detestables escenas de tortura hacia Theon la temporada que hemos dejado atrás.
También sé que Game Of Thrones no es una brújula moral; hace algunos días lo mencioné en Twitter. Pero cuando tú tomas a un personaje tan especial (porque
las circunstancias así lo han hecho) haces algo extraordinario con él llevándolo
a una evolución que hasta cierto punto lo indulte por las atrocidades hechas en el pasado, nos
convences que ha cambiado y luego pierde el control por cinco segundos y comete
estos arrebatos de locura que no van con su personalidad ni con su cambio, no
me pidas que lo acepte así sin más porque no podría. La empatía no funciona de
esa manera.
Ahora, me
gustaría saber qué opina Brienne de Tarth al respecto. Sí, sí, esa mujer a la
que precisamente Jaime Lannister salvó de una violación y con el paso de los días forjó una
relación de profunda admiración y respeto compartido.
Adiós, les juro que no estoy molesta, eh.