1 jul. 2014

Yo, mis libros y mis dramitas dentales (no en ese orden).

Ay, el olor de libros nuevos. 
La dentista me ha dicho que deje de montar mis dramas monumentales porque así, a bote pronto, no se me ven caries y concluye que lo más probable sea que 1) las mulas del juicio me estén modificando la dentadura (lo que no es bueno, por supuesto que no) y que de ahí provenga el dolor que siento en las encías inferiores y/o 2) que tenga caries pero estén por debajo del esmalte del diente (la capa que está ahí para protegerlos) o 3) mi esmalte dental está deteriorado. Así que volveré a ir el lunes para continuar con la segunda fase de la limpieza dental y después ya veremos. Sinceramente no me molestaría en lo absoluto que me quitaran las muelas. Quince días con este dolorcito tonto en las encías que a veces se extiende a los ojos y la cabeza pues ya está empezando a joderme los ánimos de tratar bien a la gente y creo que mi vida no puede funcionar de esa manera. Ando en plan grummpy person y miren no, no me gusta, así que me he pedido unos días de descanso en el trabajo porque además vale señalar que ha sido la PEOR SEMANA EVER en lo que va del año; que sí, lo sé, podría ser mucho peor, que para quejas monumentales estoy yo xD. Pero, exceptuando el nacimiento de mi primita Miranda, todo lo demás se va directo a la basura del divino olvido, ¿ok? Soy una sufrida exagerada, lo sé. Entre el hecho de que mi madre estuviera internada por una fuerte gastroenteritis un par de días, el calor que se sintió grotesco la segunda quincena de junio y no dejar de sudar ni un minuto durante más de medio día, más la actitud prepotente de ciertos clientes pues mira, apaga y vámonos ¿eh? Estaba a punto de tener un colapso mental muy fuerte.

Pasando a cosas más bonitas y viendo la imagen que acompaña este post: ¡Han llegado los libros que pedí! OMS!!! *____* Y ya terminé uno de ellos. El único lugar de esta ciudad de 60,000 habitantes que vende libros, es el centro comercial más grande que tenemos, y la variedad no es muy respetable que digamos. No puedo quejarme tampoco, he visitado otras sucursales de esta misma tienda en varias ciudades distintas y su sección de libros es deprimente por no decir que en algunas ocasiones inexistentes. Pero, a pesar de sus dos grandes hileras repletas de libros, es muy raro encontrar best sellers o incluso clásicos. Abundan libros del Dr. Abel Cruz y otras tantas novelas bonitas vendidas a precios absurdos, como estas. Muchas de ellas adornan mi librero personal, pero hay otras que me gustaría tener y es lógico pensar que nunca llegaran aquí. Esa clase de libros que tanto quiero y aquí no llegan son los que suelo comprar por Internet. 

Aunque hay diversos lugares donde venden libros al mismo precio que cualquier centro comercial o librería promedio, existen dos webs a las que recurro siempre: Sanborns y Gandhi, pero más a la primera que a la segunda por su facilidad de pagos. Sanborns cuenta con extraordinario surtido de libros. Visitar su tienda física es una joyita, pero andar por su web implica perder el tiempo durante varios minutos, lo que francamente no me molesta en lo absoluto. La peculiaridad de Sanborns reside en ofrecer envío gratuito los miércoles y jueves por medio de la compañía DHL y cuyo paquete llega a las puertas de tu casa a los días de haber realizado el pago. Nunca me han fallado, ni siquiera en las semanas más fuertes de navidad lo cual se agradece profundamente porque mi ciudad queda en una zona que no es visitada a diario por los servicio de mensajería, sino una o dos veces por semana. Pero Sanborns no es una librería, así que, aunque cuenta con una inmensa variedad de libros no siempre tienen todos los que quiero, ahí es donde entra Gandhi, al lugar al que recurro cuando mi primera opción falla. El problema que tengo con esta librería es que, pagar por el pedido, implica ciertas opciones restrictivas, por ejemplo, no se permite el depósito bancario y para comprar con tarjeta sólo se aceptan de crédito, no de débito. Hay una opción de pago muy fácil llamada Paynet, la cual consiste en imprimir el código de barras del pedido y acudir a sucursales de ciertas tiendas para realizar el pago, por desgracia ninguna de esas tiendas está en Camarolandia City, cuna del progreso en el sur de Sinaloa (NO). Y además, tengo que pagar por el envío cuando éste es menor de $500, lo cual implica desembolsar otros $150 más por la ubicación perdida y recóndita de Escuinapa, y porque Estafeta así maneja su tabla de precios. Las pocas ocasiones en las que he comprado en su web aprovecho para adquirir varias obras o esperar a que el envío sea gratuito, lo que ocurre cada cierto tiempo y casi siempre cerca de una festividad (día de las madres, día del padre, del niño, primavera, verano, Navidad, etc).

Comprar estos dos libros en cuestión fue un dolor de cabeza bonito que disfruté y sufrí como pocas cosas, sobre todo porque cinco minutos antes no tenía pensado comprar nada y luego tenía menos de un día para decidir qué adquirir y poder mandar el dinero hasta Culiacán para que Sarai me hiciera el favor de ir a una tienda permitida por Paynet para que el pago fuera depositado. Sí, todo un proceso insufrible y empalagoso como mencioné antes, pero Sanborns no tenía el libro que yo deseada y Gandhi acababa de reponerlo en sus estanterías después de haberlo agotado cuatro veces desde que yo lo quise por primera vez.

Los viajes de Tuf de George R. R. Martin era un libro que quería desde hace ya bastante tiempo e incluso lo mencioné en este post para no andar con rodeos, así que era fijo que compraría ese pero tambaleé y dudé mucho con el segundo. Fue un drama. Mi primera opción fue comprar alguno de Isaac Asimov pero uno de ellos estaba agotado y el otro se escapaba de mi presupuesto. Luego rebusqué alguna novela de Brandon Sanderson, autor de ciencia ficción que me han recomendado muchísimo, pero el primer libro de la trilogía Nacidos de la Bruma sólo estaba en ebook y no, paso todavía de eso. Anduve de aquí para ya, entre libros y libros, y dejé pasar algunos por su exorbitante precio y otros tantos porque sus primeras páginas no me convencieron. Después me topé con la lista de los libros más vendidos entre los que me llamaron la atención dos: Bajo la misma estrella de John Green y La ladrona de libros de Markus Zusak. Lo interesante de estas obras, junto con Las ventajas de ser invisible de Stephen Chbosky, es que fueron recomendadas al mismo tiempo por varios bloggers literarios en inglés y en español desde hace ya un buen rato. Estoy hablando de dos o tres años atrás; sí, antes de que las tres se convirtieran en películas. Ésta misma triada de libros fue la que busqué en Jalisco cuando fui al concierto de The Killers, pero al final en Gonvill sólo tenían disponible el libro de Chbosky que mi tío me regaló junto con Tormenta de Espadas, del cual ya he hablado por acá.

La decepción absurda que tuve con Las ventajas de ser invisible (un problema mío, no un problema de la novela) fue lo que me impidió comprar las otras dos recomendaciones porque temí que tampoco serían de mi estilo. Bueno, ni siquiera sé cuál es mi estilo xD. Ya lo mencioné anteriormente: las novelas juveniles o románticas no van conmigo. Aun no me pasan. Es esto mismo lo que me impide comprarme las obras completas de Jane Austen o leer alguna novela rosa y empalagosa de Danielle Steele; porque más o menos siento que vomitaré purpurina allá por la página quince. Es ridículo, lo sé; y tarde o temprano tendré que dejarme de tanta estupidez y ponerme con ello. Por lo tanto puedo concluir que, más adelante, Bajo la misma estrella caerá en mis manos y entonces hablaré y podré otorgarle la opinión justa que se merece de mi parte, aunque sea por mero respeto, porque si he opinado del libro más aburrido que he leído ever definitivamente debo tener palabras para esta novela, y de paso para su película. Tal y como antes lo hice con Las ventajas… y muy pronto lo haré con La ladrona de libros (libro leído, pero película por visualizar) y así me libraré plenamente de estos tres eternos trabajos recomendados que tanto me persiguen, ¿vale? Además no me apetece postérgalos hasta la eternidad.  

Mientras tanto me dejo de dramitas y disfruto los tres días libres que me quedan mientras leo Los viajes de Tuf, termino los tres últimos episodios de Cosmos para verter mi opinión aquí, programo algunos post desde cero y le doy su justa reseña a La ladrona de libros que, para ser sincera, es una de las obras más tiernas que he leído en la vida. :)
ADIÓS.

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