8 dic. 2014

Supongamos que hablo de series de TV...


Anteriormente mencioné que me he pasado gran parte de mi tiempo libre en Netflix devorando cuanta serie, película y documental se me ponga encima. Lo cierto es que nop, sólo he visto dos programas completos en streaming y uno de ellos terminó vía torrent en mi laptop. (Lo siento, pero Kevin Bacon merece ser descargado y almacenado en un disco duro; está en la Constitución). Cuando Netflix llegó a México los cibernautas tuvimos la oportunidad de probarlo gratuitamente y sin compromiso de subscripción durante un mes entero. Yo “lo hice”, y lo pongo entre comillas porque literalmente salí huyendo cuando me di cuenta que para disfrutar de algo gratuito tenía que soportar interrupciones cada cierto tiempo para ver desfilar anuncios por la pantalla como si estuviéramos en la época de la televisión ¡IM-PER-DO-NA-BLE! Por supuesto, en la opción de pago esto se anula (de algún lado tiene que salir el dinero, ¿no? xD), así que cuando mi hermana y Sarai me invitaron a compartir su cuenta conmigo se desató un mini big-bang en mi teléfono celular que amenaza con no detenerse jamás. Hacía muchísimo tiempo que algo no me entretenía tanto; y no hablo de una manera específica, sino general. Dejé de ver la TV hace ya cinco años o más. No fue un propósito ni nada parecido, simplemente sucedió. Ya no me resultaba atractiva e interesante. Si quería ver algo específico ahí estaba Internet para poner el universo entero a mis pies, y como suelo enfocarme en una o dos cosas a la vez siempre hubo una constancia en mis películas, series o documentales. Poco a poquito fui enamorándome de todo aquello que abandoné cuando me olvidé de la televisión.   

Netflix es otro universo. Es verdad, es nuevo, le falta añadir toneladas de material que merece estar alojado en su sitio, pero tiene un repertorio envidiable y una variedad de géneros nada despreciable. Además, claro, tiene series originales. De ellas, sólo he visto un par de episodios de Orange is the new Black y ni siquiera estoy segura que sea mi estilo. La trama es buena, pero no me llama la atención, ni siquiera siento empatía por sus protagonistas, lo cual me parece un punto clave a la hora de ver una serie de varias temporadas. Eso sí, tengo el hype a tope con Marco Polo que está próxima a estrenarse en el mes de diciembre y yo firmo totalmente porque en el tráiler la producción se ve BRUTAL.

En mi casa jamás hemos acostumbrado a ver la TV cuando estamos comiendo todos en la mesa. Eso aplica únicamente para el desayuno y la comida, y muy raramente para la cena. Actualmente mis hermanos estudian fuera y mi papá trabaja en otra ciudad, así que mi mamá y yo comemos y cenamos en horas distintas. Ya no coincidimos para charlar como lo hacíamos antes. Cuando trabajo por las mañanas soy yo quien da las comidas acompañada de mi soledad y el aburrimiento mortal, así que la grandiosa idea de adentrarme a Netflix se dio por sí sola, en un arrebato de amargura. Para pasar el rato y no atragantarme con la comida sin meterle demasiadas neuronas al asunto suelo ver algún episodio de Muévete o Muérete, un programa que pretende ser interactivo aunque sin conseguirlo. Más o menos sirve para que te des una idea de qué hacer cuando te encuentras en situaciones peligrosas como un tornado, el ataque de un tiburón, una avalancha, un auto en el fondo del agua, un tsunami, etcétera. Te dan tres opciones para que tú elijas cuál podría ser la correcta y después revelan si acertaste o no y te explican por qué. En el furor del momento probablemente vas a olvidar la mitad de las cosas que te aconsejan pero bueno, tampoco es su obligación salvarte la vida, ¿verdad? XD Por otro lado, Doomsday Preppers se mueve entre la paranoia americana y el survivalismo del fin de los días. Se me dibuja una sonrisa en el rostro cuando lo veo y trato de que esa sonrisa no sea burlesca porque, pensándolo bien, cuando a los gobiernos mundiales les aburra el orden establecido sólo será necesario un botón para desatar un cataclismo sin precedentes (¡Tú sabes quién eres, Putin!) y este grupo de gente será la única que más o menos sabrá qué hacer. Lo que me parece curioso de este show —que raya en lo bizarro, lo mediocre y su veracidad— es que estos preppers se preparan para un específico desastre, de tal manera que aquellos que armaron su plan contra unos tornados categoría 5 que asolarían la mitad de la población de una ciudad estadounidense promedio, serían los primeros en palmarla si el caos mundial se debiera a no sé, una guerra nuclear, por poner un ejemplo cutre. El otro punto que me resulta absurdo es que la mayoría de estos luchadores de los escenarios posibles del apocalipsis son generalmente personas de edad avanzada, jubilados, diabéticos o obesos mórbidos. Digo, si yo invirtiera parte de mis ingresos laborales o de pensión para prepararme para el Armagedón y la inminente caída del sistema financiero global por lo menos intentaría llegar vivo a ese momento. Pondría mi empeño y todo lo que esté a mi alcance para estar lo más sano posible. Me imagino que esa es la clave ¿no? Lo básico.    
  
Dejando esto de lado vayamos a lo que nos atañe: The Following y Ripper Street. He decidido ver series de dos en dos porque ese plan ya me funcionó anteriormente con The Mentalist y Castle así que why not? (Sin spoiler, en general).
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The Following: 
The masque of the red death.


Jamás había escuchado hablar de The Following. La serie se estrenó en enero del año pasado y yo no sé dónde estaba metida para que me pasara totalmente de largo. El asunto me ofende más porque Kevin Bacon es el protagonista y ni siquiera me enteré. Además, a la trama se le podía sacar muchísimo jugo. Resulta que el bueno de Bacon interpreta a Ryan Hardy, un ex agente del FBI que es requerido como consultor de la policía para que ayude a encontrar al asesino serial que él mismo se encargó de llevar al corredor de la muerte 10 años atrás y que terminó fugándose de una prisión de alta seguridad semanas antes de su ejecución. El criminal Joe Carroll está obsesionado con Edgar Allan Poe, por lo que sus asesinatos se encuentran fuertemente vinculados a los trabajos del escritor basados en la fijación que Poe tenía de la muerte y el amor.

Personalmente pienso que la serie tuvo un piloto extraordinario y una primera temporada que pretendía ser épica pero que al final no lo consiguió. Gran parte del fallo lo encuentro en lo poco que exploraron la psicología de Hardy. Su psique es la de un personaje fuertemente trastornado por el evento que una década atrás casi lo lleva a la tumba y por consecuencia lo sumergió en una obsesiva depresión que amenazó con hundirlo en el alcohol (asunto que después desaparece, así sin más). Si bien, el primer episodio comienza fuerte, el resto se encarga de desinflar poco a poco un argumento que termina por rozar lo inverosímil. Y es que FBI en general resulta absurdamente incompetente, incluso ahí en ese episodio donde brilló: Tenían que asegurar una casa, velar por la integridad de los que lo habitaban pero van y les secuestran a un niño en sus narices y se comenten asesinatos a dos pasos de donde se encuentran parados… ¡¿HOLA?! Entonces uno se pregunta a qué estamos jugando. Vale, esto es desde mi punto totalmente realista. Ahora, si aplicamos la suspensión de la credulidad enfocándonos en disfrutar la historia —con sus agujeros o no—, pues sí, me ha parecido entretenida. Al final ese es el punto ¿no? Lost tampoco brilla por su veracidad. Mirándolo todo con perspectiva crítica puede costarnos un buen tocho de nuestra cordura entender cómo es posible que un criminal de la categoría de Carroll haya sido capaz de formar su fan club desde la biblioteca de una cárcel. No es que el asunto sea imposible (hay muchos pirados en el mundo) pero oye, ser un multi-homicida y usar Internet con total libertad sin que tengas a dos hombres de la ley haciéndote guardia con una lupa para ver qué buscas, qué haces o con quién hablas es afirmar cosas fuertes, ¿eh? XD.

El punto a su favor, creo yo, es esa vuelta de tuerca que le dan a la imagen de un asesino serial tradicional para que, aun siendo el némesis del protagonista, sean otros los que cometan crímenes en su nombre. Existe también este vínculo casi obligatorio entre el detective y el asesino pero la forma en la que se retrata en el show jamás termina por cuajar: lo muestran como algo profundo, tan profundo que no podemos verlo —o nos pasa de largo, qué sé yo— pero jamás lo vemos visualizarse, tomar forma, exponerse en la pantalla, lo cual no me convence demasiado, la verdad. Aun no sé si me voy devorar la segunda temporada o pasaré totalmente de ella; sobre todo porque no puedo hacer un maratón de esta serie, es algo que mi hermana ya me había advertido. Un capítulo al día sí que me resultó digerible, pero hasta ahí. Hay algunos episodios que están tan abarrotados de sangre, gore y suspense que termina por formarse una barrera para mantener a raya la cordura que amenaza con hacerse añicos cada tantos minutos.

La recomendaría, pero no esperen a un Hannibal Lecter y mucho menos CON ESE FINAL.


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Ripper Street || CSI: Whitechapel


La primera vez que supe de Ripper Street fue cuando la BBC la canceló. Sí, ya sé que esa no es la mejor manera de comenzar algo, pero gracias a Firefly supe que hay series preciosas que son canceladas porque la gente es tonta y no porque sean malas. Afortunadamente algún directivo de Amazon también pensaba lo mismo que yo y decidió salvarla. Ahora su tercera temporada es trasmitida por Internet y el universo ha regresado a su orden establecido. Netflix me la recomendó después de ver Orgullo y Prejuicio debido a que el actor Matthew Macfadyen —quien interpretó a Darcy— aparece en un papel principal en Ripper Street, y como el título prometía pues ahí me tienen religiosamente una semana entera con dos episodios por día.

Dejemos de lado el nombre del show y la sinopsis que te venden como primicia, porque lo cierto es que, el que menos pinta vela en este entierro es precisamente Jack el destripador. El mítico asesino serial que se paseó por las calles de Londres en el siglo XIX sólo es mencionado en dos o tres casos sin tener más relevancia de la necesaria; es decir, él no es el responsable de los crímenes que se le atribuyen en esas ocasiones. Tómenlo como spoiler si quieren, pero no lo considero como tal. Por lógica, podemos deducir que la serie no es lineal sino procedimental y cada semana nos trae un nuevo caso de asesinatos variados cometidos precisamente en el distrito de Whitechapel. De ahí el nombre de la serie: la calle del destripador.

El protagonismo recae en el inspector Edmund Reid, encargado de la División H de la policía metropolitana que junto con su mano derecha, el sargento Bennet Drake (Jerome Flynn), investigan homicidios cometidos en el este de Londres. La parte forense del asunto corre a cargo de Homer Jackson (Adam Rothenberg) un pirado estadounidense que a su vez está casado con Long Susan (MyAnna Buring), la bella y testaruda madame de un burdel que ambos administran. 

Realmente no sé exactamente qué fue lo que más me llamó la atención de Ripper Street, pero sus temporadas cortas fue un enganche de inmediato; ocho episodios así hasta se hacen cortos. O quizá algo tuvo que ver Londres y la época victoriana que Conan Doyle ya me había encasquetado años atrás con su detective consultor. Además, hay que recordar que fue en esos tiempos cuando se vivió la efervescencia de los nuevos métodos aplicados a la resolución de crímenes, la criminalística comenzaba a tomar la forma que ahora conocemos y ya, sólo por eso, Ripper Street vale la pena. Los casos tampoco tienen desperdicio. Vale, el primer episodio fue interesante pero normalón y casi paso del segundo en su totalidad, pero el tercero fue un enganche de inmediato, donde el equipo de investigación comenzó una carrera contra el tiempo debido a un misterioso producto que comenzó a envenenar a la población a un ritmo frenético. Los episodios posteriores mejoraron notablemente y, aunque la segunda temporada dio un bajón notable en cuento a los casos (no así a la vida de los protagonistas, que fue un plus total), termina por estallar de manera esplendida en los dos capítulos finales, que rematan de maravilla lo que venían mostrándonos anteriormente.

Ahora no tengo ni idea de cómo irá la tercera temporada —pienso ver los episodios ya emitidos estos días aunque no hay subtítulos disponibles en inglés o español—, pero mientras mantengan la dinámica del trío principal intacta, la fortaleza de Susan, la testarudez de Rose y un homicidio en turno cada semana pues vale, ojalá que brille por muchísimos años más, por muy optimista que esto suene. :)   

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THE MENTALIST: 
Nothing but blue skies.


OH.MY.LORD! A The Mentalist solo le queda una mini temporada y esto se acabó. No me lo creo. ¡Ains! Por una parte quiero que se acabe y por otra el fangirlismo me gana y ya le agarré cariño. He terminado de ver el primer episodio de la séptima temporada y bueno, aun no sé cuándo fue la última vez que me emocionó tanto que una pareja se volviera canon. Lo bueno de esta etapa final es que la serie tiene la oportunidad de irse por la puerta grande. Ya no tienen ninguna deuda que saldar, únicamente ofrecernos ese final que se merece una trama que fue exprimida hasta el cansancio. El lado positivo de todo esto es que a Bruno Heller sólo le queda la opción de hacer un fanservice total con el presupuesto de producción que tiene disponible ¡YEY! Seamos sinceros, las situaciones en las que pondrá a Jane y Lisbon serán únicamente para saciar nuestra noble morbosidad de la manera más educada que pueda y si eso implica poner en riesgo la vida de alguno de los dos pues lo va a hacer, o si quiere inspirarse de algún fanfiction pues ¿qué le cuesta? Por ejemplo, el 01.07 se llamó Nothing but blue skies, ¿se puede ser más jodidamente cursi, Bruno? Really?! XD La cosa no termina allí, resulta que ahora cuando aparecen los dos tortolitos el mundo se vuelve de color pastel, llueve purpurina y los unicornios vomitan arcoíris frente a mis ojos. Una cursilería muy mona y empalagosa. I like it! :D

Tendremos a Marcus Pike rondando por ahí de vez en cuando, lo veo venir desde aquí, por lo que la tensión está más que asegurada. Eso ya quedó demostrado en este capítulo y es fijo que será explorado más adelante con mayor detalle nada más para agregarle carbón al fuego. Tampoco olvidemos que Erica Flynn regresa a la vida de Patrick para joderle un poquito a Lisbon la fragilidad de su cordura de jovencita enamorada. DRAMA TELENOVELERO, EH. Pero como Bruno Heller ya prometió un final feliz con todas las de la ley pienso que no hay nada de qué preocuparse. Tengamos fe en el hombre, jamás nos ha fallado. Esta última temporada es para disfrutarla, aun con todas esas situaciones incómodas en las que veamos a Lisbon y a Jane lidiando con una relación peculiar tanto para ellos como para nosotros. Además, el bueno de Abbott siempre estará ahí como capitán de nuestro barco para que no se estanque ni se hunda. All hail the King!



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SHERLOCK: Where it is always 1985.

Y después así sin más, el equipo de Sherlock (BBC) decide lanzarnos esta imagen.


¡HOLA! ¡Madre del amor hermoso! ¿Pero qué es esto? ¿Cómo me lo explicas?

A estas alturas ya sabemos que los productores de Sherlock son unos trolls del demonio; siempre lo han sido. Según ellos esta foto es una pequeña muestra de lo que se verá en el capítulo especial de la serie que se trasmitirá a finales del 2015 y la liberaron el día que hicieron el read-through del guión, así que todavía no sé cómo ponerlo en contexto. La cuestión aquí es que no tengo la menor idea si el argumento del mismo seguirá la línea de tiempo de la serie o será una chorrada épica de proporciones monumentales. Ni siquiera sé si me explico XD. Para ser sincera me atrae muchísimo la idea de un episodio totalmente alterno que nos trajera al clásico Sherlock Holmes de Doyle recorriendo las calles del Londres de 1895 con los actorazos de la BBC haciendo de la suyas cual idea bizarra sacada de los oscuros pasillos de FF.NET or something like that. Es una tarea titánica, vale, PERO SERÍA UNA JOYA. OK, probablemente estoy soñando demasiado y sólo será una misión encubierta a una fiesta de disfraces :D. Igual, me emocionaré como toda la vida lo he hecho desde que conocí esta serie.

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Outlander: 
Sing me a song of a lass that is gone… 


El fandom de Outlander es sumamente afortunado. Probablemente es la base de fans más querida, mimada, apreciada, valorada y respetada por un equipo de producción que he conocido en general. Es un derroche de amor y ternura lo que hacen por nosotros. Es cierto, fue una bofetada inmensa cuando supimos que tendríamos que esperar siete meses para la segunda parte de la primera temporada de la serie, pero oye, también ellos se merecen un digno descanso. Después de filmar semana tras semanas en la gélida Escocia, es lo mínimo que se merecían ¿no? Sin embargo, para que la espera no se haga eterna y dejemos de comernos las uñas producto de la ansiedad producida por el abstencionismo, nos han ido regalando material inédito poco a poquito. Hace apenas un par de días decidieron ser demasiado generosos con nosotros y así de golpe sin previo aviso nos lanzaron un teaser/tráiler de los episodios que trasmitirán a partir de abril y AKSDLSKDKSJDK, MORÍ Y VOLÍ A RESUCITAR DE LA EMOCIÓN. QUÉ JOYITA. Eso sin olvidar el calendario de adviento que comenzó el 1 de diciembre y nos trae un regalito diario hasta ¿Navidad? Y una escena inédita cada cuarto día de cada mes, escenas que por cuestión de tiempo no pudieron incluirse en los primeros 8 episodios. Y claro, siempre nos quedarán las cuentas de Twitter o Instagram, de los actores, creadores, directores, tipos de vestuarios, etcétera ¡y hasta del perrito de la serie! AINS! ¡Nos están mimando mucho! :)

Ahora que Salamandra España sacó una reedición del primer libro de la saga sólo me queda esperar pacientemente que llegue a México muy pronto. Así que...


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