16 mar. 2015

La mexicanidad: fiesta y rito de Leonardo Da Jandra.

¡Gracia a Red de Libros
Escuinapa por prestarme este
ejemplar! (HACE UN AÑO)
Soy malísima leyendo ensayos, y si son ensayos filosóficos mucho peor. Quizá por eso no he leído tantos a lo largo de mi vida, y probablemente la mitad han sido de mi autoría sin más pretensiones que saciar mi curiosidad e indagar con mis propios pensamientos un tema que me interesaba. Por otro lado, esos que hice en mis tiempos de estudiante, no cuentan. Fueron redactados con el cansancio reflejado en la flojera acumulada de aquellos días. Así que, cuando llegó a mis manos La mexicanidad: fiesta y rito de Leonardo Da Jandra vi una oportunidad para leer un poco de eso que se me da tan mal: los ensayos y la Filosofía.

El resultado creo que no fue muy bueno.

Para empezar, me cuesta muchísimo opinar de una manera objetiva el trabajo de un tercero. Sobre todo cuando esa obra contiene la esencia misma de su autor; sus ideologías y su postura respecto a ciertas cosas. Es difícil separar entonces mi opinión general respecto a mis propios pensamientos. El nivel personal es casi una obligación, y cuando nuestras ideas colisionan entre los párrafos deriva en lo que yo llamo una indigestión literaria. Un atiborramiento de información que generan un tsunami mental ahí donde convergen nuestras contrariedades. Y eso fue más o menos lo que sucedió en esta ocasión.

Ese no fue el único problema con el que me encontré: la Filosofía y yo nunca nos hemos llevado bien. Ni la clásica ni la contemporánea. Hay algo en ella que —junto con las matemáticas— consigue producirme un corto circuito neuronal que termina por provocar un colapso mental que fácilmente podría derivar en un aneurisma. Somos como el agua y aceite. Mi mediocridad con este conocimiento deriva en algo tan absurdo como ser incapaz de leer a mis 26 años El mundo de Sofía del noruego Jostein Gaarder, libro cuya lectura es obligatoria en la escuela secundaria y a mí lo único que se me ocurrió en aquel entonces fue regalar el ejemplar que tenía. Ya ni hablemos de Nietzsche o Jean-Paul Sartre que para mí ya son otro nivel (eso no evita que sus libros se vean muy bonitos en mi biblioteca personal xD).

Y si dejamos todo eso a un ladito, me topo con un tercer problema: no sé si la filosofía contemporánea tiene cabida en nuestro mundo; y me refiero como objeto de estudio. Entiendo perfectamente que la de hace siglos cimentó las bases de lo que tiempo después derivaría en el método científico. A su manera, provocó el nacimiento de la ciencia misma. Ya no era necesario especular sobre ciertas cosas que rayaba lo metafísico porque existía un método para descartar todo aquello que no pudiera ser corroborado por medio de análisis a prueba y error; estudios replicados en los que los resultados eran contrastados para dar con el motivo real de algo. Pero mi pregunta es ¿para qué sirve la Filosofía moderna? ¿Cuál es su función? ¿Aun se siguen preguntando cuál es el sentido de la vida? ¿No habrá acaso cinco filósofos en una misma habitación que piensen distinto? ¿Bajo qué método (si no es el suyo propio) contrastan sus propias afirmaciones?

Así que un ensayo filosófico sobre la mexicanidad, como el del señor Leonardo, sólo sirve para dar su opinión sobre el tema, y seguramente por ahí habrá otro filósofo que piense distinto a él y también dará sus motivos. Muy parecido a El laberinto de la soledad de Octavio Paz. ¿Y por qué? Porque no hay un método irrefutable para dar con la respuesta definitiva. Para ellos nunca lo ha habido. Como objeto de estudio, la mexicanidad puede cambiar de perspectiva.

Da Jandra expone en su ensayo los vértices sobre lo que se levanta nuestra esencia: la fiesta y el rito en un sentido amplio y profundo de ambas palabras. Esto implica remontarse a los orígenes mismos del ser mexicano, y no me refiero al Virreinato sino más allá; al indígena y al español como la piedra angular donde se yergue nuestra pirámide existencial. Pero Da Jandra —al igual que José Vasconcelos con su raza cósmica—, le otorga al mexicano un reconocimiento supremo sobre todo lo demás; en éste caso la Hispanidad. Explora y entreteje la esencia misma que nos define como seres peculiares, con características propias que ensalzan nuestras propias costumbres de rituales y barullos varios. Señala nuestros errores, por supuesto, pero estos quedan enterrados entre toneladas de terminología propia de filósofos y ensayistas.

Me parece justo reconocer que probablemente no lo entendí. Quizá hubo una nula comprensión entre la lectura y el autor que bloqueó cualquier línea de razonamiento. A su favor puedo decir que me enseño más de 36 nuevas palabras que me hicieron desempolvar el diccionario de la RAE sólo para corroborar que existían. Procuraré usarlas a menudo, porque la verdad impresiona y te hacen ver como intelectual (aun siendo una niña ñoña como yo xD). Y pues bueno, aquí me tienen tres días después de terminar su lectura tratando de descubrir qué diablos es eso de la religión universal del Estado Planetario, que raya más en una novela distópica que un ensayo, y por qué tiene la idea tradicional de la familia que consiste en un papá y una mamá. Hombre, mujer. Equilibro y todo eso. En fin, me declaro incompetente honorífica para opinar de este trabajo y me retiro con el fracaso enmarcado en el rostro. No soy buena para esto. 

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