6 abr. 2016

¡Entre Francia, Inglaterra y Amestris!

Ya ha estas alturas de la vida debería dejarme de pretextos tontos y aceptar mi debilidades sin caer en el abismo de la decepción personal. Dejé de actualizar el blog por un buen puñado de meses para no sentir ese sofoco laboral que me empezaba a carcomer por dentro de un tiempo para acá. Aunque siendo sincera, extrañaba muchísimo escribir; y como soy malísima con la palabra hablada eso de la escritura siempre lo he sentido prioritario para desenmarañar las palabras que se me atascan en el cerebro al no conseguir salir de mi boca de forma verbal, pero también tengo que reconocer que mi trabajo me deja exhausta, agotadisima hasta la médula y harta de cuanta cosa, ser vivo o persona se me ponga enfrente.

No, mi trabajo no es difícil ni laborioso, pero mi trastorno de ansiedad acompañado de un horario desfasado y en constante cambio me tienen bastante loca y con más estrés que de costumbre. No es algo reciente, pero siento que jamas me acostumbrare a vivir así, por eso creo que mi colapso mental podría alargarse por tiempo indefinido y me siento con la obligación de controlarlo o detenerlo, lo que me resulte mejor a largo plazo. Pero mientras me dejo de tanta ñoñería personal y la depresión decide menguar volcaré mi tiempo libre en hacer tags que tengo por ahí almacenados desde hace un lustro y leer libros, ver películas o series y opinar sobre ellos, cosa que posiblemente se me da fatal pero me gusta hacer el tonto y opinar sobre lo que nadie me pregunta xD.

Actualmente me encuentro leyendo Viajera de Diana Gabaldon, el tercer libro de la saga Forastera aprovechando que Outlander estrena su segunda temporada basada en Atrapada en el tiempo, el libro anterior. Está de sobra decir que las fotos promocionales son preciosas y los trailers me tienen con la emoción a tope y la adrenalina bailando cumbia por las calles de París. El cambio es brusco, eso sí, y si bien es palpable desde un principio que ya no estamos en la Escocia de los clanes y los kilt también es digno de reconocer que Claire y Jamie logran adaptarse a la aristocracia francesa en tiempo récord y con el mundo a sus pies (porque ya sabemos que la pinta de reyes la tienen de nacimiento). Lo que sí agradezco es que los episodios que vienen no nos dolerán de la manera que Wentworth lo hizo. Si bien es verdad que el tramo final será crudo la batalla de Culloden detonara la caída de la cultura de los Highlanders y nos sacará más de una bomba emocional que no nos dejará indiferente, también es grato saber que el sadismo de Jack Randall no saturara la pantalla con escenas nauseabundas como lo hizo en la temporada anterior.

No haré review individual de cada libro, tanto por la longitud que tienen como por el tipo de novelas que son, agregando que ni siquiera está concluida la historia, pero aquí está el primer y el segundo post que hice respecto a la temporada anterior. Lo que sí me parece justo recalcar es que he notado un cambio en la narrativa de Gabaldon que no pasa desapercibida, con unos primeros capítulos lentisimos que resumen a su manera esas dos décadas de abismo temporal que separó a la pareja protagonista, (aunque El festín de los cuervos como mera apertura de la historia es tan brutal como preciosa). No diría que toda la obra será así ni siquiera he pasado de la página 400 de las más de 1000 que la conforman, y éstas todavía no levantan el vuelo que deberían—, pero el reencuentro de Claire y Jamie ha tardado un poquitín en suceder y cuando ha pasado me ha parecido muy superficial y normalito, como si se hubieran separado un año y no veinte. Acostumbrada al sentimentalismo que Diana maneja bastante bien en las dos primeras entregas, a este instante sentí que le faltó profundidad. Eso sí, hay momentos tiernos que vienen después y que desbordan de manera maravillosa todo lo que faltó en el instante de la reunión. A favor de Claire y de la autora diré que la impresión no daba para más; que a veces, reencontrarte después de 20 años con la persona que más has amado no da para un discurso narrativo más sofisticada o cuidado. O quizá este es sólo un libro de transición y podremos ver argumentos más elaborados en Tambores de otoño y La cruz ardiente, que saldrán a la venta de manera simultánea a finales de junio de este año aquí en México.

“Había tenido (a Jamie) clavado en la memoria durante mucho tiempo, brillante pero estático, como un insecto fosilizado en ámbar. Y entonces llegaron los hallazgos históricos(...), como si fueran miradas furtivas robadas por una cerradura, imágenes separadas como puntuaciones, alteraciones, ajustes de memoria, cada uno mostrando las alas de la libélula levantadas o bajadas en distintos ángulos, como los distintos fotogramas de una película. Y ahora el tiempo había vuelto a ponerse de nuestra parte y la libélula estaba justo delante de mí volando de un lugar a otro de forma que no podía ver mucho más que el brillo de sus alas”. (Pag. 366 Viajera, Diana Gabaldon, Editorial Salamandra).

Sólo por párrafos como este vale la pena comprarse el tocho de libro que es con su edición cuidada, corregida y actualizada de Salamandra. Ésta es una de esas leves omisiones que sufrió la saga en sus primeros tirajes en español hace ya muchos años, y el monólogo interno de Claire al observar a Jaime la mañana después de su encuentro pierde peso si le quitamos frases tan cuidadas como las de arriba. La alegoría al título del segundo libro (en inglés, Dragonfly In Amber) es tierna y certera pero también evoca una nostalgia apabullante, y humilde en su sencillez. Porque al final de eso se trata, de que Claire pueda sentar cabeza y poner sus pensamientos en orden. Evoca a Jamie no como una pintura, no como un recuerdo sino como un fotograma, una ínfima porción de algo que sólo existe en su futuro y equilibra su imagen con algo que ambos conocen: como una libélula en ámbar. Es una metáfora soberbia y cargada de más significado del que podemos captar en un principio. Por el momento el libro va tranquilo, pero sé que conforme las páginas avanzan las cosas se tornarán más oscuras y la fuga fuera del país no tardará mucho en suceder: a estos dos los expulsan de cuanta nación se les ocurra pisar con sus benditos pies xD.


Actualmente no estoy viendo nada en Netflix pero sé que la tercera temporada de Ripper Street ya está disponible, y una cuarta fue transmitida en Reino Unido mientras yo veía pasar los patos por el río. Ripper Street es una serie buenísima de la que ya escribí mi opinión hace meses temiendo que fuera cancelada por segunda vez. Por suerte Amazon apostó por ella y tuvo consideración de la audiencia que captó el potencial que traía dentro. Las andanzas de los detectives de Whitechapel siempre ha resultada entretenida y veraz, y los casos que se presentan sirven para adentrarnos maravillosamente a la tecnología criminalística de aquel Londres victoriano. Otra serie que dejé inconclusa en su tercera temporada fue White Collar y aun trato de recordar por qué. Era un procedimental a toda regla, con la mayoría de sus episodios autoconclusivos y personajes con un carisma desbordante; sin embargo, como siempre me pasa con este tipo de shows, termino por perder un poco el interes al ver que la trama principal, la que conforma todo el show, se estanca o se distorsiona tanto que termina por volverse repetitiva. No creo haber pasado por esa sensación con esta serie pero sí con Castle, por ejemplo, al que no le he visto en un par de años a pesar de que Richard Castle y Kate Beckett me parecen una de las mejores parejas formales que habitan en la TV. Pero al dúo policiaco que conformaban Peter Burke y Neal Caffrey lo extraño a mares; su dinamismo en pantalla, su camaradería absurda, la confianza que se profesaban y esa entrañable y rara amistad entre un policía y un criminal que era un derroche de entretenimiento. No descarto zamparme un maratón monumental en un futuro cercano. Y también le he hechado el ojo a alguno que otro show para ver si también hago un visionado de sus primeros episodios sólo para ver qué me parecen.

Ahora hablemos de una noticia que me ha caído como un balde de agua helada a pesar de que era cuestión de tiempo para que ocurriera: el live-action de Fullmetal Alchemist. ¡Virgen María de la Santísima Concepción del Sagrado Corazón de Jesús! Mi mente aún se encuentra en la etapa de duelo, incredulidad, negacionismo y horror que una semana después no puede asimilar mi cabeza. No es para menos: apenas en enero me llevé una decepción tremenda con el revival de The X-Files (serie que amaré toda mi vida), donde tres o cuatro de los seis episodios que conformaban la mini temporada se sintieron como una puñalada por la espalda; con desvíos absurdos de la mitología de la serie, incongruencias con el pasado, diálogos plastificados, secundarios mediocres y chistes sin gracia. No es que pretenda comparar una cosa con la otra, pero es que ya no puedo cargar con tantas decepciones como estas en los primeros tres meses del 2016 xD. Para dramas los míos, claro está.


Para ser franca, tengo que admitir que a mi eso de que un manga se convierta en una adaptación a la vida real me parece un proceso complicado, ve tú a saber por qué. Y si estamos en esas de sincerarnos, también confesaré que ningún live-action me ha gustado, salvo la trilogía cinematográfica de Rorouni Kenshin de la que nunca he leído el manga a pesar de que lo tengo pendiente desde hace casi una década. Sin embargo, la trama de RK transcurre en el Japón de la era Meiji, así que, independientemente de las características físicas de sus personajes (como el cabello rojo del protagonista) tienen un archivo histórico al que recurrir para que la adaptación y ambientación de aquella época del imperio fuera lo más fiel posible. ¡Y les ha salido de maravilla! Si a eso le agregamos una buena producción, un guión cuidado y un elenco respetable, el resultado es favorable. Pero ya sabemos que RK es la excepción en la regla, que adaptaciones como estas no funcionan con cualquier historia y que para que algo así sea aceptado por el público deben de alinearse los planetas al centro de la galaxia y tomar la trama con pinzas, además de elevar la suspensión de la incredulidad a un nivel maestro.

Attack on Titan nos demostró que hay estudios japoneses buenísimos en cuestión de CGI, así que no temo por los homúnculos o por la alquimia, ni siquiera por Alphonse Elric en su armadura; mis preocupaciones son otras: el casting que ha sido revelado hace apenas unas horas nos muestra incluso al actor que interpretará a Shou Tucker, lo que confirma que sí será una adaptación del manga. Fue una duda que surgió desde los primeros rumores porque FMA consta originalmente de 27 tomos que evidentemente no podrían atascarse en una sola película, que por ende nos lleva a imaginar que, dependiendo del éxito que coseche la primera entrega, podrían filmarse más. El asunto en cuestión es que Hiromu Arakawa se inventó un mundo nuevo para su obra; Amestris es un país ficticio que evoca a una europa que comienza a industrializarse, con una arquitectura londinense, autos de vapor y una población pluricultural que incluso alcanza a los personajes principales. Edward y Al tienen el cabello y los ojos del color del oro, no como una referencia romántica al sueño de los alquimistas de antaño sino como una reminiscencia misma de su padre y su lugar de orígen, donde los habitantes tenían esas características físicas. Lo mismo sucede con los habitantes de Ishval, que son reconocidos por su cabello blanco y ojos color sangre. O los habitantes de Xing con sus ojos rasgados y cabellos oscuros. No quiero adelantarme más y hablar de si Olivier Armstrong y las montañas de Briggs se asomarán más adelante porque miedo me da todo. PERO TODO. 

Tampoco quiero juzgar de más antes de tiempo. No quiero verter mi opinión sobre algo que apenas empieza a tomar forma y está todavía a un año de distancia, pero sí puedo decir que la noticia no me ha ha parecido muy buena idea a pesar de que puedo ir por ahí sin darle demasiada importancia… ¡Miento! ¡Sí me importa! ;____; Fullmetal Alchemist significó muchísimo para mí cuando estaba en la universidad porque fue una etapa dificilísima en mi vida. Vivía y respiraba por ese manga y después lo hice por FMA: Brotherhood, una digna adaptación llevada al anime que siguió la trama original hasta el final. Para mí, con eso se cerró el ciclo de esta historia extraordinaria. ¡Pero ya! Basta de hacerme la simple y toca esperar. Mientras tanto voy metiendo las palomitas al horno y me sumerjo en Viajera antes de que el primer episodio de Outlander se asome por mi laptop esta semana.

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