9 jun. 2016

Película: Orgullo, prejuicio y zombis (Opinión personal)

Sinopsis: Basada en el clásico literario de Jane Austen, que se desarrolla en un universo alternativo a la Regencia Británica de 1819, donde una plaga de zombies invaden la apacible población inglesa de Meryton. Elizabeth Bennet junto a sus hermanas han sido entrenadas por su padre en las artes marciales y en las armas para pelear contra los ejércitos de no-muertos, y tendrá que luchar contra esta amenaza, y al mismo tiempo evitar que la llegada del altivo y arrogante señor Darcy la distraiga de su empeño.

Opinión personal: Desconozco si la intención de Seth Grahame-Smith era hacer una parodia de Orgullo y prejuicio (espero que sí) o inventar un universo alterno donde los personajes de Jane Austen fluyan con naturalidad en un mundo de peste y zombis, pero a mí me dio un repelús inmediato apenas leí que la portada de la novela señalaba como co-autores a Austen y a Grahame-Smith. Vamos, como si se hubieran metido los dos en una habitación a buscar una manera bonita de reinventar una historia ya de por sí tan conocida. Atino a pensar que el nombre de la escritora no está ahí para atraer los ojos de los lectores —con el título basta, creo yo— ni siquiera para otorgarle el crédito que se merece por el mero hecho de crear el material original; no. Está ahí para que intuyas por inercia que al leerla te encontrarás con diálogos calcados a su novela y que el bueno de Seth sólo se apunta el tema de los no muertos, así como no queriendo la cosa, muy apartado de todo el asunto. Sin embargo, no vengo aquí para hablar de un libro que jamás he leído, sino de su adaptación cinematográfica estrenada en cines a principios de este año, por lo que mi opinión será únicamente como una simple espectadora que también aprecia Orgullo y prejuicio desde hace ya un buen tiempo y hasta disfrutó de la adaptación hecha por Joe Wright en el 2005 (y si traigo a relucir ese film es por un motivo en especial que ya señalaré más adelante y no por mero capricho para ejemplificar cómo se deben hacer las cosas).

El problema principal con la película OPZ (se los voy a abreviar para ahorrarles la pena) es que no tienes idea de qué género ponerle para juzgarla desde un punto de vista más objetivo. Es demasiado seca como para catalogarla como comedia y un tanto mucho ridícula como para llamarla de acción. ¿Fantasía, drama, ficción? Lo peor no es que incluya un montón de géneros, subgéneros y especies extintas sino que no sea capaz de equilibrar la balanza como para dejar de hacer tantos malabares con todo lo que intentan agregar en pantalla en tan poco tiempo, lo suficiente como para no sentir esa asfixia y confusión visual debido a que algunas escenas serias de repente adquiere matices graciosos, y a veces sin proponérselo. Es decir, hay momentos en los que la película se lanza en chistesitos intencionales y aunque son nefastos entendemos que los han puesto ahí con la intención de que nos causen gracia, pero hay otros momentos que se prestan a la risa suelta porque son ridículos no porque intenten sacarte una carcajada limpia. No es la primera vez que me sucede esto: cuando vi la saga Crepúsculo me pasó algo similar, también cuando intenté ver Cincuenta Sombras de Grey, e incluso con algunos episodios de la reciente temporada de The X-Files; no pude con la histeria que me atacó en esas ocasiones. Éste inconveniente generalmente sucede cuando guión es pésimo y los diálogos suenan tan plastificados, tan falsos, que resulta imposible tomarlos con seriedad y digerirlos al menos que ahí estes tú de ofrecido para comerte cualquier cosa que te sirvan en el plato, cosa que yo no estoy dispuesta a hacer porque no voy a subirme en un autobús durante dos horas, viajar a otra ciudad en mi único día de descanso en la semana, pagar por una entrada al cine que me cuesta un ojo de la cara y después venir a sentarme aquí muy quitada de la pena para teclear que “la pelí estuvo bien, oye; es palomera y punto”.

Uno de los puntos más flojos es el out of character que abarca a todos los personajes pero que sobresale sin vergüenza en los principales. Sí, que Lizzy está muy bien en su papel del prejuicio personalizado y el coronel Darcy es la viva imagen del orgullo, pero hay algo que brilla de manera esplendorosa en la obra original y aquí no; eso es lo que te tiene pegado a la lectura durante todo el tiempo; una chispa, una tensión, un choque de caracteres tan aplastante y soberbio desde su primer encuentro que consiguen hipnotizar a tal grado que deseas llegar al siguiente encuentro para ver de qué manera se lanzan a la cara sus recíprocas frustraciones en forma de diálogos sarcásticos —sin necesidad de golpe alguno, oye—, esos mismos que dejan una sonrisa idiota cruzando toda tu cara hasta el próximo encuentro. Porque Austen no sólo iba por a la vida criticando la época de la regencia, con todos sus códigos de etiqueta y el status quo de cada familia del reino, también creó personajes complejos que resulta difícil encontrarlos en ésta película porque siempre son opacados por los zombis. En serio, resulta bizarrísimo que te estén hablando sobre un tema normal y de repente te suelten la leperada de los no muertos en un diálogo sí y en el otro también. La co-autoría del libro de la que hablé al principio hace que te resulte fácil adivinar cuáles palabras salieron de la mano de Jane y cuáles de la mente de Seth; unas están muy sofisticadas mientras las otras rayan lo paupérrimo y lo barato. Lástima, porque si nos detenemos a meditarlo un poquito el argumento pudo adaptarse mejor y brillar por sí solo si sus personajes fueran un poquito más originales: tomas el orgullo de uno, el prejuicio de otro, te inventas nombres y personalidades desde cero, incluyes el brote de zombis con sus cuatro jinetes del apocalípsis, respeta la época si quieres, y voilà, ahí tienes una historia que no le pide nada a Guerra Mundial Z.

Los secundarios dan tanta pena como los otros dos pero para ser sincera Matt Smith como el señor Collins ha sido lo mejorcito de toda la película. Y no lo digo por ser el bueno de Smith sino porque el reverendo Collins, tanto en la novela original como en cualquier adaptación que nos ha caído encima desde entonces, es un petardo insufrible así tal cual; y Matt se esfuerza en hacerlo pesado pero con gracia y uno, como espectador, termina tolerando su existencia más de lo que debería precisamente por esa jocosa caracterización. Otro que ha estado bien ha sido Douglas Booth en su papel del señor Bingley, que se nos ha presentado como el cobarde más grande de todo el condado pero se agradece que no nos traiga al bobo que la película de Joe Wright sí nos mostró. Las hermanas Bennet apenas tienen tiempo de brillar, así que la chispa que deberían tener queda opacada por los escasos momentos en los que pueden asomar la cara. La que salió mejor librada de esto fue Jane, tanto por el compromiso con Bingley como por ser la más cercana de todas a la propia Lizzy. Lady Catherine de Bourgh tampoco es que salga parada en un pedestal de talento, a pesar de que intentaron darle una altivez que no se la cree ni Lena Headey, que junto a Charles Dance como el señor Bennet, no logran destacar ni la mitad de lo que lo hicieron los Lannister de Roca Casterly en Poniente. Y al pobre del señor Wickham lo he pasado de largo totalmente, apenas recuerdo qué hizo o dónde anduvo.

Pero lo que de plano termina siendo la cereza coronando la ranciedad de este pastel ha sido lo calcadas que son algunas escenas al trabajo que Joe Wright dirigió 11 años atrás. Como dije, la película de Burr Steers peca de cierta seriedad que resulta absurdo catalogarla como parodia; si así fuera entonces no sería tan descabellado entender que su trabajo utiliza planos cinematográficos, actuaciones y chistes idénticos a los de Wright sólo para remarcar la burla. Pero si me estás trayendo un trabajo original (dentro de lo limitada que pueda resultar esa originalidad en éste caso, claro está) entonces creo que no hay necesidad de andar recogiendo las migajas que década atrás dejó tiradas otro director. Y tampoco es que la dirección brille con maestría por sí sola, ni siquiera al ver la horda de zombis a punto de hacer caer la ciudad por la culposa pasividad de sus habitantes cuerdos. Y a eso sumemos el hecho que el final ha sido tan paupérrimo como apresurado; como si tuvieran cinco minutos para echarte de la casa y cerrarte la puerta en la cara de un porrazo: para ahorrar tiempo deciden casar a las dos parejas de un tajo. Yvivieronfelicesparasiemprequelesvayabienenlavida,adios. El último que salga que apague la luz. Así tal cual. 

Ya no diré más porque si me pongo a pensarlo más detenidamente me dan ganas de pedir la devolución de mi dinero, y de paso la de mi tiempo también. Para ser sincera me picó la curiosidad de verla sólo cuando salió el trailer, precisamente porque se veía interesante y algo elaborada la trama, pero el fracaso es aplastante al comprobar que sí, que lo mejor de todo ese mundillo de época y zombis ha sido precisamente el trailer, todo lo demás —el resto de hora y media que te sientas en la butaca a ver cómo te sangran los ojos— sale sobrando y por mucho. Es increíble que una web-serie como The Lizzie Bennet Diaries tenga más de Austen entre sus videos de cinco minutos que esto. Mejor me voy a hibernar hasta que el apocalípsis zombi se desate.

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