28 jul. 2016

¡Paren el mundo que me quiero bajar! (Días de ansiedad)

[Dudé mucho si publicar este post ahora que el agobio en mi vida no es tanto, pero creo que hay personas que llegan aquí por mi artículo sobre el TPE y ellos más que nadie saben que existen días así de exasperantes y repletos de agobio, así que lo dejaré por aquí y retrocederé disimuladamente para escribir cosas más positivas]
Post escrito a principios de junio, 2016.
Hace un par de días, por mera “diversión”, realicé un test que encontré por Internet para conocer el nivel de ansiedad que padecía. Y mira que lo he puesto entre comillas porque yo no sé qué gente va por la vida contestando cuestionarios en línea nada más para matar el aburrimiento que se acumula en el cerebro, pero yo soy una de ellas. ¿Y para qué mentir? Me fue FATAL. Han sido 51 preguntas que he contestado con toda la sinceridad que he podido y 49 han dado positivas a los síntomas de Trastorno de ansiedad generalizada; (ya hasta el nombre suena fatal ¿verdad?). Las otras dos las he puntuado de manera negativa porque una era sobre la falta de apetito durante los momentos ansiosos y la otra sobre problemas con tu pareja (¿cuál pareja?). Después de ese test realice otros dos con resultados similares. No es que tales resultados me haya sorprendido de sobremanera pero sí me ha entristecido un poquitín, sobre todo porque caí en cuenta de que mi vida no es tan tranquila como imaginé. De hecho, al poco tiempo leí un post en Tumblr de una chica que también padece ansiedad crónica donde invitaba a quienes tienen este problema que hicieran una lista de aquellas cosas que les producen ese estado mental en el transcurso de un día —desde que se despiertan en las mañanas hasta que van a la cama— para intentar combatirlas una vez identificadas; y allí voy yo de valiente escribiendo mi lista, pensando que serían una decena solamente y no las cincuenta que me han saltado en la cara.

Siempre he estado así, estoy acostumbrada a vivir con ansiedad constante y a trabajar con dolor crónico porque padezco intestino irritable, reflujo, gastritis y cefalea por tensión pero también tengo que reconocer que últimamente ésto ha empeorado porque desde hace un par de meses mis responsabilidades en el trabajo aumentaron. Lo crappy de todo esto es que yo no tengo una vida difícil y repleta de dificultades; no tengo carencia de dinero, no tengo un trabajo agobiante, no tengo cosas sumamente importantes de las cual preocuparme y sin embargo, me preocupo. Viendo la lista que hice resulta asfixiante que mi mente necesite estar siempre en alerta máxima, la ansiedad se ha tornado para mi como una droga. Sin la ansiedad no soy nadie porque siempre he vivido así y siento que cuando no estoy en ese estado de alerta necesito algo que me preocupe, cualquier cosa, desde la ventana abierta detrás mío, hasta alguna llamada telefónica ¿Por qué? ¿por qué deberían importarme cosas tan pequeñas y que el resto les resultan absurdas? No lo sé, pero ahí estoy yo en un torrente de emociones que jamás se detiene y me impide llevar una vida, ya no normal, sino tranquila.

Mi grado de alerta llega a tal punto que soy capaz de percibir el cambio de voz de la gente: puede notar cuando contestan algo de mala manera, o cuando su tono es un poquito más alto para demostrar su malestar o enojo. Para alguien que trabaja delante de personas, en un servicio al cliente, aquello no es sólo el pan amargo de cada día, sino que no puedo liberarme de ellos ni siquiera cuando voy a dormir porque me acompañan hasta en mi sueños. No es que sea algo extraordinario, en realidad es algo que cualquiera puede notar, pero sin embargo son capaces de pasarlo de largo y yo no, y esa incapacidad de separar el trabajo de mis momentos en casa es lo que me termina arruinando la existencia.

Hace poco tiempo tuve una racha muy mala y dejé de actualizar el blog casi un año, fue una bestialidad. No necesité que alguien viniera a decirme que lo que tenía era depresión porque era algo que yo de sobras sabía (este blog, como lo expliqué antes, nació en un momento así). Y la depresión viene acompañada de una crisis existencial muy bestia de la que siempre me resulta muy difícil levantarme porque, seamos sinceros, es cansado ser como yo. No soy así de nerviosa, ansiosa y depresiva por elección, es estúpido pensar así, sino porque no puedo hacer que mi cerebro no exagere las cosas de la manera en que comúnmente lo hace. He buscado, he leído libros, estudios de aquí y de allá, he tratado de poner en práctica consejos, testimonios, opiniones de otros que han estado en mi lugar, lo he intentado por más de una década y sin embargo sigo estancada donde mismo. Y lo peor es que la depresión me impide que me importe. Que me importe mi salud física y mental o mi futuro a largo plazo.

Ese es otro problema: soy incapaz de imaginar dónde estaré dentro de dos o tres años. Es ilógico pensar que viviré hasta el 2018 o 2020. No es algo reciente tampoco: cuando tenía 8 pensé que moriría a los 10; cuando tenía 10 pensé que a los 12; cuando cumplí 12 no me imaginé llegar a los 15. Y así, sin darme cuenta, desperdicié un par de carreras universitarias y no sé cuántas cosas más. Así que, a unos días de haber cumplido los 28 no me imagino llegar a los 30, ni mucho menos a vieja. Qué absurdo suena. De hecho, estoy tan atontada por el mundo que había olvidado totalmente cuántos años cumplía; tuve que sacar el resultado con una calculadora xD. Para rematar: mientras unos van por al vida quitándose años yo me decepcione al saber que apenas iba a cumplir 28. Que nadie venga a preguntarme entonces que dónde me veo dentro de 20 años porque entonces me gustaría parar el planeta y bajarme en esta esquina olvida del universo. Yo no tengo cabeza para eso; si este tiempo vivido me ha parecido una tortura mental ¿cómo esperan que imagine mi futuro a dos décadas de distancia? Lo único que pienso es en cuántos días de estrés me esperan, cuantas quejas de gente insatisfecha, cuantas reuniones sociales tendré que soportar, cuántos dolores de cabeza, o malestares estomacales a diario y una lista tan larga donde lo único que me apetece es hacerme un ovillo e hibernar hasta que se derrita la Antártida. No es precisamente un futuro muy agradable ¿verdad? Me resulta muy difícil pensar que la gente me pueda entender (ni siquiera yo me entiendo), de cierta manera pienso que las personas normales han de creer que estoy exagerando y sólo espero de ellos su compasión, pero no es así, no espero que la sociedad se detenga por mi, ni siquiera que me entiendan, sólo me gustaría tener mi propio espacio y mi propio ritmo, un horario fijo en el que les pueda servir y otro horario fijo donde yo pueda descansar, ¿es mucho pedir? ¿es egoísta? Tal vez sí, vivimos en un mundo sumamente egoísta, pero traigo un barullo en la cabeza que apenas puede conmigo y siento que de alguna manera necesitaba expresarlo.

Últimamente he retomado el blog precisamente porque es de las pocas cosas que consiguen relajarse un poco. Escribir me estresa, pero es un estrés agradable; no me agobia ni me enfada, aunque de vez en cuando las palabras se me queden atoradas en la mente y un post dure en la sección de borradores durante meses, pero lo estoy intentando y está funcionando. Y en este momento con eso basta. Vivo al día, pero no sé por cuánto tiempo funcionará este plan de no mirar las cosas más allá de donde estoy en este momento. Se me cae el alma al suelo al ver que mi antidepresivo cuesta casi la mitad de mi quincena (y últimamente no funciona). O sea, estoy trabajando en un trabajo agobiante para poder mantenerme cuerda. Sin embargo, una cosa sí que quiero dejar en claro: gran parte de esto es mi culpa. Mi falta de constancia, mi pereza monumental, mi incapacidad de salir de mi zona de confort —aunque esta es en realidad una zona de guerra mental—, etc. Debería de tener un horario establecido, una agenda diseñada minuciosamente sobre qué hacer o a dónde ir para salir de mi madriguera como la buen ermitaña que soy, ¡pero qué pereza me da todo, por dios! 24 horas al día me parecen poquísimas para desperdiciar mi vida. Y jamás salgo de donde estoy: casa, trabajo, casa, trabajo; y no debería ser así. Como veterana del TPE sé que esta es la manera de más fácil de cavar mi tumba: no salir de la rutina ni para ir a la tienda. No salir de casa, no cambiar de camino, no enfrentarme al agobio de afuera porque ya tuve suficiente con las 8 horas laborales que traigo encima. Y esto tiene que cambiar ya, pero ¿cuándo? ¿cuándo tendré el valor de levantarme más temprano de lo normal, ignorar el calor y salir de la casa para caminar una hora o ir un rato a la plazuela sólo para ver pasar a la gente o qué sé yo. Me falta constancia y de paso un poco de amor a la vida también. En fin, que al final el post ha quedado más depresivo de lo que me hubiera gustado pero qué se le va a hacer, así es mi vida, así ha sido más de la mitad de mi existencia. Para mí es normal pero con el paso de los años se está volviendo muy cansado; mucho más de lo que lo fue hace una década, cuando éste blog nació.
Esta es una de las cosas más frustrantes de tener un desorden de ansiedad:
tú sabes que estás exagerando, que no hay razones para exagerar y
sin embargo no tienes la capacidad para calmar tus emociones.
 

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