7 sept. 2016

07. Kdrama: Pinocchio (con y sin spoilers)

Título: Pinocchio
Año: 2014-2015
Género: Melodrama, periodístico
Episodios: 20
Cadena: SBS
País: Corea del Sur
Streaming: Drama Fever || Viki

Sinopsis: Choi In Ha es una joven que sueña con seguir los pasos de su madre y convertirse en una afamada periodista; sin embargo, el primer inconveniente con el que se topa es el de padecer el Síndrome de Pinocho, un problema neurológico que desata ataques de hipo cada vez que miente, por lo que dedicarse al periodismo representa no sólo un reto sino una misión imposible (no existe nadie en el gremio con tal enfermedad). A su lado, Choi Dal Po, un amigo de la infancia, también quiere dedicarse a lo mismo pero por diferentes motivos. Huérfano desde pequeño y sobreviviente de un suicidio-homicidio, perdió a toda su familia por un incidente creado por un circo mediático que cayó sobre ellos. Fue rescatado por el abuelo de In Ha y criado como su hijo desde entonces. Su intención es tomar un micrófono entre sus manos, y desde las entrañas mismas de su profesión, hacer caer con la verdad en la mano a las figuras poderosas que hicieron añicos su vida trece años atrás.  

Opinión personal: Ignoré este drama infinidad de veces en la lista de recomendaciones que me ofrecía Drama Fever cada semana vía email a pesar de que no existía blog sobre este mundo coreano donde no lo mencionaran aunque sea de pasada; y la crítica generalmente era buena. Pero cuando La duermevela del visionario me dijo que tenía que verlo sí o sí, no escuché la orden dos veces antes de lanzarme a ver episodio tras episodio para zamparme toda la serie en un par de días como la enferma mental que soy y no me arrepiento de ello porque Pinocchio vale la pena cada minuto. De hecho, por el post de LDDV temí un poco que la trama diera un frenazo al llegar a la mitad, tal y como sucedió con City Hunter, pero para mi sorpresa no fue así. En mi opinión, creo que la historia fue creciendo para bien, manteniendo el hilo muy en alto hasta el final. Aquello del universo periodístico ya lo había probado levemente en Healer y reconozco que me gustó, y mucho; por lo que Pinocchio sólo vino a despertar un interés que ya sabía que estaba escondido dentro de mi. El comienzo podría parecer un poquito lento, y eso no está mal ¿eh? sobre todo porque los niños actores tienen un carisma tan desbordante que se roban la pantalla cada vez que aparecen, aunque tales flashback sean breves. El concurso de inteligencia con el que abre el show está ahí para presentarnos a algunos personajes secundarios que en un principio uno podría pensar que sólo sirven para hacerse los graciosos pero cuya trascendencia se verá más adelante y no dejará indiferente a nadie. No voy a mentir, es cierto que en los dos primeros episodios nos dan ganas de desgreñar al protagonista y refundirlo en la cárcel por crímenes de lesa humanidad, daños visuales y de moda por ese peinado tan espantoso que trae encima, pero también es verdad que apenas se cambia de look se le nota que la pinta de reportero la trae desde la cuna.

Ese inicio tan peculiar me hizo reír tanto que pensé que me estaba enfrentando a una comedia romántica con todas las de la ley, pero no es así, Pinocchio se mueve más por esas turbias aguas del melodrama que poco me convencen pero lo hace con un estilo tan maravilloso que he caído rendida a sus pies al grado de hacer una rabieta cuando daban las tres de la madrugada y tenía que irme a la cama porque tocaba trabajo matutino (y ahí iba yo a la mañana siguiente como perezoso caído de un árbol). El argumento atrapa desde el principio y conforme todo avanza aquello se entrelaza de una manera tan brusca que termina por desplomarte la moral, sobre todo porque el peso de la bruja del cuento se lo lleva la mamá de In Ha, y todo parece indicar que de ahí no saldremos, pero cuando menos te lo esperas ocurre ésto y aquello que cae como una limpia bofetada en tu mejilla; y te duele, por supuesto, porque no te lo esperabas. Está de más decir que el papelazo de esta obra recae de manera estupenda en la actriz Jin Kyung, a la que ya había visto en It’s ok, that’s love, pero aquí, en la caracterización de la frívola periodista Song Cha Ok, se lleva las palmas y los azotes por igual. Es una reina de hielo hecha y derecha; la odias al primer minuto que aparece y la vomitas en la siguiente escena con un desprecio inimaginable. Me ha hecho enfurecer, derramar bilis, golpear el escritorio, escupir a la pantalla y hasta llorar de impotencia por todas las porquerías que se trae entre manos. Pero así como la detestaba también me picaba la curiosidad por saber el motivo de su actitud: siempre hay un creador detrás de un monstruo ¿no? Y aunque sus motivos tardaron en salir a flote cuando lo hicieron no dejaron de resultar irónicos y tristes.

La ironía viene de parte de su hija In Ha, que nació con el Síndrome de Pinocho, por lo que cualquier mentira es sucedida por un ataque de hipo que no se detiene hasta que dice la verdad. Ya como aspirante a periodista aquello tiene una pinta imposible, sin embargo, la chica no se deja doblegar por nada, ni siquiera cuando la moral se le cae hasta el suelo al darse cuenta que su madre, la presentadora, la mujer profesional detrás del televisor, es en realidad una mujer soberbia y egoísta, ciega ante las injusticias que comete con su trabajo, utilizado como arma disparada de manera letal. In Ha, criada con su padre y abuelo en un pueblo remoto después del divorcio, creció teniendo otra imagen de su madre: la de una mujer entregada a su profesión, con un espíritu crítico que le había otorgado el estatus que portaba con orgullo, una imagen pública a la que ella inocentemente quería aspirar. El mundo se le cae a pedazos al darse cuenta de la otra realidad, sin imaginar que hay más horrores enterrados en la conciencia de la señora que cuando salen a flote terminarán por hacer añicos su existencia. Ella es inocente y atrevida, ingenua de pura cepa y con una terquedad que le acarrea más de algún problema, pero también es fiel a su familia, y su persistencia se debate siempre entre su futuro y el cariño que le tiene a su padre, quien no la quiere ver convertida en una fría imagen frente a las cámaras como a su ex-esposa.
En contraparte tenemos a Choi Dal Po (su nombre real es Ki Ha Myung), el niño huérfano que llegó del mar y al que el abuelo de In Ha rescató y adoptó pensando que era el hijo muerto que había perdido treinta años atrás en esas mismas aguas. Siendo más pequeño la familia de Ha Myung se vio involucrada en un juicio mediático por una tragedia ocurrida en la ciudad donde vivían, al paso del tiempo y ante la constante presión de los medios de comunicación su hermano mayor desapareció una noche y su madre se quitó la vida lanzándose al mar junto con el pequeño Ha Myung. Creció ocultando su identidad incluso ante el anciano que le salvó por miedo a que los horrores que había dejado atrás volviera como fieras a carcomerle por dentro. Al paso de los años decide aspirar a un puesto de periodismo para una televisora nacional y profundizar más en el caso que acabó con la vida de sus padres y en la desaparición de su hermano. No se le puede juzgar de egoísta, aunque la carga que lleva en sus espaldas a veces le ciegue tanto que le resulta imposible ver la vida de los demás con mayor claridad. El asunto se complica cuando In Ha descubre que su madre, la periodista Song Cha Ok, fue la responsable de las calumnias que padecieron él y sus familiares.

Pero así como brilla la villana y sus protagonistas principales también lo hacen los secundarios sin pedirle nada a nadie. El escenario se debate entre dos bandos enemigos de audiencia: por un lado el área de noticias de la ambiciosa cadena MSC y cruzando la calle la modestia informática de YGN; y en el paquete vienen incluidos sus presidentes, capitanes y reporteros que poseen las más variopintas personalidades enriqueciendo la historia de manera maravillosa. Tenemos al niño mimado nacido en cuna de oro; al reservado capitán cuya conciencia en el pasado no lo deja en paz; a la chica que aspira más allá de sus propias ambiciones, que admira y se asusta ante sus superiores por igual; al simpático gordito que fuma la pipa de la paz con todo el mundo; al veterano reportero que acumula tantas frustraciones; al flexible presidente que absorbe todo lo bueno de los novatos, etc. Todos están estupendos.

"¿Y qué? ¿Acaso la gente puede creer una mentira tan absurda, capitán? ¿Usted también?"
"Lo siento; quizá suena a excusa barata pero en aquel momento lo creía. Ya sabes, cuando un perro ladra, los demás perros del vecindario empiezan a ladrar sin conocer la razón. Después de tantos años ahora lo entiendo: yo era el otro perro del vecindario."

Y ahora vayamos a la trama (y aquí sí habrá spoilers bestiales): como dije más arriba temí que la serie se alargara tanto que la historia se quedara atascada en algún punto sin retorno; y es que, en parte, tuve la estúpida idea de pensar que derrocar la imagen de una periodista no te podía llevar ni 20 episodios. Ingenua de mí, lo podrido en realidad era el trasfondo de todo, no la imagen visible de la mentira. La periodista Song Cha Ok en algún tiempo fue una persona tan idealista e ingenua como su hija, pero lo suficientemente débil como para doblegarse ante los poderosos; pudo elegir entre el desprestigio profesional o aspirar a un puesto donde se le elogiara hasta su pasividad e indiferencia; y eligió lo segundo. No se convirtió en un títere de la noche a la mañana, sino que tuvo que aprender a obedecer y respetar la mano que le dio de comer. Es extraordinario ver su evolución a lo largo de todo el drama y atestiguar la caída de esa muralla de hielo que había sostenido durante tanto tiempo. Cuando las máscaras de hierro se resquebrajan es entonces cuando toda esa coraza construida a base de mentiras se desmorona a sus pies y se redescubre a sí misma; descubre lo que quería ser cuando era más joven, cuando su idea de periodismo estaba repleta de sueños. Tal transformación jamás hubiera sido posible sin la ayuda de su propia hija pero sobre todo de Dal Po, el niño al que ella destrozó con sus afirmaciones sin fundamentos y la batalla que él libra con ella es una muy inteligente y astuta, lejana también al método que siguió su hermano Gi Jae Myeong, cegado por la venganza del momento. Y gran parte de la ayuda que Dal Po recibió vino de parte de su capitán, Hwang Gyo Dong, un periodista que años atrás contribuyó desde la cadena rival (YGN) a desprestigiar sin saberlo la reputación del padre de Dal Po. Ese remordimiento de conciencia adquiere una profundidad mayor al ver el impacto que aquel evento marcó en su carrera; se alejó de las cámaras y se puso detrás de escena para ocultar su vergüenza y arrepentimiento. En éste novato aspirante a periodista encontró una manera de redimirse a sí mismo con una sencillez que alguien como Song Cha Ok jamás aceptaría. Lo suyo no fue cobardía aunque eso podría parecer en un principio, sino simple humildad al reconocer que quizá, con su poca ética profesional, la estafeta de reportero le quedaba demasiado grande. En la actualidad no sólo se convierte en el primer aliado de Dal Po, sino también es su fiel consejero y amigo; alguien que guardaría silencio cuando la situación lo requería y marcaría las pautas cuando el ruido de eventos pasados colisionarían tan fuerte con los del presente.
Porque el plato fuerte en realidad llega pasada la mitad de la serie. La primera parte sólo nos muestra una introducción a lo que después nos guiaría a la catástrofe que destaparía la cañería espantosa donde los empresarios y políticos poderosos metían sus manos manchadas de sangre para mover las cúpulas de la información a su antojo convirtiendo el mundo en una obra de teatro donde la mentira reinaba y la verdad quedaba sepultada entre toneladas de materia reducida a cenizas. Es también donde se percibe ese cambio de motor en las entrañas de YGN y ahí donde MSC se queda cortísimo, embadurnado entre la corrupción de sus líderes. Después de una cátedra de la generación más novata, el director Lee Young Tak apunta la brújula de la noticia hacía la dirección más apropiada: la de la verdad. No es un trabajo fácil, porque en el mundo de la TV el rating significa (casi) todo, y dejarlo en segundo plano sólo porque es correcto, es algo que le cuesta mucho asimilar, sin embargo el tiempo le da la razón y desde su privilegiada posición vé con los peces gordos de la competencia caen a patadas hasta el infierno por su falta de ética.

Al final, la villana más despreciable del reino, termina por salir a flote y quedar revolcada en el estiércol de la mentira que ella misma creó. Es hipnotizante presenciar su caída pero también resulta devastador ver lo mal que la pasa su hijo al ver que su madre no era el hada madrina bondadosa que todo lo cumple sin pecado alguno. La empresaria Park So Ra no sólo utilizó y manipuló a la periodista Cha Ok sino que también se valió de la vida de personas inocentes para tapar las porquerías que se acumulaban a su alrededor, para que su empresa y aquellos altos mandos que velaban por ella no les rozara ni la brisa de la sociedad; viviendo dentro de una cúpula de lujos y comodidades, cúpula que fue derribada por su único hijo, derrotado por la visión de una mujer corrupta y egocentrista. La sentencia final se queda corta ante la magnitud de sus actos pero por lo menos le sirve de escarmiento para que en el futuro se la piense dos veces antes de cegarse por el deseo de dinero y prestigio.

El final es bueno, un final feliz como todos los cuento de hadas y estoy agradecida por eso. En estos tiempos no estoy muy de humor para tolerar finales chirriantes o tristes (el clima no ayuda, oye xD) así que cualquier pedacito de felicidad es muy bien recibida por mi cerebro a punto de colapsar por culpa de la humanidad. Es un drama muy recomendado y entretenido, personalmente me ha gustado esa fricción-amistad que se entabla en el mundo de periodismo donde, son lo mismo rivales que colegas, de diferentes empresas pero compartiendo por lo bajo información y técnicas de investigación. El compañerismo y la camaradería así como las terquedades de cada bando se ven reflejadas desde las cenas donde tienen que compartir espacio en los mismos restaurantes así como en las salas de prensa de estaciones policiales e informativas.  

Notas adicionales:
  • El OST me ha pasado totalmente de largo y creo que es la primera vez en un drama que eso me sucede. Salvo el opening de la serie o la música instrumental que acompañó esos momentos de tensión como de angustia el resto de las canciones no las recuerdo en lo absoluto. (Vale, el tema que abrió la primera escena del episodio 16 sí que la recuerdo y me pareció muy cuquis pero de ahí en fuera nada).
  • Mención especial al abuelo y al padre de In Ah. Los amé.   
  • Es la primera vez que me aprendo los nombres de los protagonistas antes de ver la serie. Bastó con ver la sinopsis y listo, porque en serio, ¿quién no podría recordar In Ah y Dal Po, así tal cual? ¿Por qué no todos los dramas coreanos no ponen nombres fáciles más a menudo?
  • Al igual que LDDV a mí también me quedaron debiendo más escenas entre el capitán Hwang y Yoon Yoo Rae (inolvidable personaje, eh). Bueno, escenas no tantas sino más bien una resolución de su relación, porque todo quedó muy por encimita y un año después no se ve que aquello haya avanzado algo; quizá esa sea la única pega que tengo con Pinocchio. Más allá de ellos no existió ninguna pareja secundaria así que no hay manera de decir que no había tiempo.
  • Estoy a punto de embarcarme en la titánica tarea de ver dos dramas de manera simultánea, Signal y Blood. Que dios se apiade de mi alma y que no me colapse el cerebro en el proceso.  

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