31 ago. 2016

"Ahora que llego a casa, que todos los mares se aquietan..."

Mientras tanto, en el escritorio de Linda.
Durante este mes de agosto Mi Paraíso Desierto cumple ya 9 años de vida. Nueve jodidos, cambiantes y maravillosos años. Podría dejar este post para el año que viene; meditarlo más y publicarlo cuando le caiga una década encima para poder quedarme yo muy quitada de la pena viendo pasar la vida por el rabillo del ojo, pero lo cierto es que no sé dónde estaremos en aquel entonces; ni el blog ni yo. Así que cuando llegue el décimo aniversario, ya veré qué cosa hago.

¿Hemos cambiado? Para mi, la escencia sigue siendo la misma. Sin embargo, el entorno sí que ha cambiado. Y mucho. Este blog nació en la ciudad de Culiacán, Sinaloa en un 2007 que me sabía a miseria y tristeza. Decepcionada de haber elegido una carrera que no me gustaba y descubriendo que tenía un problema social que había ignorado deliberadamente desde que era sólo una niña y que en ese momento me abofeteaba la cara cuando tenía que salir y enfrentarme al mundo de los adultos y los profesionales. Nació en la laptop de mi hermana, una madrugada calurosa de verano, en una casa donde compartía asistencia con otros estudiantes y junto a una ventana de donde solo lograba percibir la tenue luz de la luna. Ahí nació, humilde y sencillo, como una isla de resistencia en medio de un mar embravecido. Todo ha cambiado desde entonces menos la hora: la madrugada me sigue otorgando la tranquilidad que el ruido del día no me puede dar, junto con esa concentración que no tiene cabida en mi mente durante las horas laborables porque mis neuronas se rehúsan a cooperar. Ahora escribo esto desde Escuinapa, al sur de Sinaloa, después de salir del trabajo y cenar un poco de cereal. Escribo esto en mi propia habitación, desde mi propio escritorio, desde mi propia laptop (Dante) mientras los habitantes del principado duermen, y el aire acondicionado hace más agradable la ocasión. Escribo mientras Umi, mi perrita de 14 años, se avienta el sueño de su vida y Deimos y Denver, brincan por toda la cama, jugando en silencio. Y mirando en retrospectiva, al final era precisamente esto lo que quería. Una vida tranquila así sin más. Sin deberle nada a nadie.

Habrá quien me tache de conformista, que diga que una carrera universitaria me habría remunerado más de lo que jamás haré aquí y cosas por el estilo, pero lo cierto es que yo no nací para eso. No me apetece cambiar el mundo a gran escala, ni dar clases frente a un grupo de alumnos en alguna escuela, ni viajar a cuanta ciudad señale en el mapa, ni sentarme a cobrar la última consulta que caiga en el negocio. Ni siquiera casarme, ni tener hijos. Con el paso del tiempo aprendí que mis aspiraciones eran más sencillas: un trabajo estable, un día a la semana libre, una cama para acurrucarme con mis mascotas los días de lluvia, un librero repleto de libros por leer (para leerlos cuando yo quería, en el momento que me nazca hacerlo), algunos viajes a las playas de mi ciudad un par de veces al año o a mi familia reunida en Navidad. Nada de enemigos, nada de enemistades, nada de compromisos sociales, ni grandes préstamos por pagar.

Este blog sigue guardando su esencia, claro está. Sigue siendo mi escudo y mi refugio. Y si ya no actualizo tanto como lo hacía antes es porque ya no es el centro de mi vida; cuando sólo vivía y respiraba por esto, cuando era mi único motivo para levantarme a diario. Ahora tengo un trabajo y tengo que ser constante en eso para mantener el estilo de vida que quiero. Pero este lugar sigue siendo mi isla de resistencia. El único lugar donde puedo verter a borbotones todas mis opiniones y desvaríos. Sigo mirando al sur cuando me siento agotada del futuro e incluso, después de tantos años, Ismael Serrano sigue poniéndole música a mi vida, tanto como el nombre a mi blog y el título a este post. Me sigo divirtiendo como enana al sumergirme a una página en blanco con un millón de ideas galopando en mi cabeza y la frustración a tope cuando al tercer día veo cómo las palabras se apiñan tanto que ya no pueden salir y plasmarse; sigo cerrando la laptop de golpe, enfadada por el bloqueo mental que me invade a veces y sigo jurando que jamás volveré a escribir aquí cuando esos momentos funestos llegan.

Pero aquí sigo, y aquí sigue también él. Con nueve años a cuestas y decenas de post escritos que siguen guardando la ilusión de días mejores; de gustos, de sueños e ilusiones. Pero somos los mismos; quizá más realistas, menos ingenuos e idealistas. Y seguiremos mejorando por este año y por todos los que vendrán después de este.

Gracias también a quien esté leyendo detrás de esa pantalla.

2 comentarios:

  1. Me gusta, me gusta mucho esta entrada, felicidades por tus 9 años con el blog, se lo pesado que puede llegar a ser, y creo que en estos momentos de mi vid estoy como tu estabas al comienzo, espero yo también poder llegar a sentirme plena como tu te sientes, me dio un poco de nostalgia porque me identifico con tus palabras.
    Estoy agradecida de haber dado con tu blog hace tiempo, me gusta leerte aunque a veces me asusto porque escribes de cierta manera que me hace pensar "Wow, se parece a como yo lo hubiera escrito" no sé explicarlo, a veces es como si me estuviera leyendo y eso me asusta jajaj.

    ¡Un saludo Enorme!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¡MIL GRACIAS POR TU COMENTARIO! ^-^

      Muchas veces también he tenido esa sensación, ¿sabes? Leer algún post de algún post y decir, "esto facilmente lo puede haber escrito yo" xD. Pero supongo que muy en el fondo buscamos blogs afines a nuestros gustos y a nuestra prosa; de esa manera podemos vernos reflejados en otros. :)

      Los años por aquí se pasan volando, eh. Creo que jamás celebré el aniversario del blog antes y facilmente habría olvidado mencionarlo este año pero Blogger me lo recordó en un email y pfff, no me lo podía creer xD.


      ¡UN SALUDO! :D

      Eliminar

¡Gracias por dejar tu comentario! :)