11 ago. 2016

Película: A Werewolf Boy (2012)

Sinopsis: Kim Suni, una mujer mayor que a sus 60 años vive en los Estados Unidos, recibe una llamada telefónica acerca de la venta de su vieja casa familiar en Corea del Sur. De regreso a su tierra natal, se encuentra con su nieta Eun Joo, quien la conduce a la casa de campo y deciden pasar la noche ahí. Suni recuerda cómo hace 47 años cuando era una adolescente en 1965, se trasladó desde Seúl junto con su madre viuda y su hermana menor Sun Ja a un valle remoto para someterse a un período de convalecencia tras sufrir problemas con sus pulmones. Las Kim vivían en la pobreza y estaban a merced de su patrón arrogante y vanidoso, Ji Tae, hijo del socio de negocios del difunto padre de Suni. Debido a su delicado estado de salud, Suni quien era una joven hermosa pero introvertida vive una vida aislada en su país de origen, sin amigos de su edad. Una noche, Suni mira destellos en la oscuridad de la parte trasera de su casa. Al día siguiente, ella descubre a un joven salvaje de unos 19 años en su patio. Ella lo educa y le enseña todo lo que debe saber para comportarse.

Opinión personal: Me topé con esta película cuando buscaba algo de transición después de terminar Descendientes del sol. Por un momento pensé en lanzarme a ver otro drama, y de hecho, Innocent Men (KBS, 2012) y That Winter, The Wind Blows (SBS, 2013) estaban en mi lista de prioridades al ser directamente los trabajos anteriores de los actores principales de la serie que acababa de terminar. Sin embargo, fue precisamente ese factor lo que me hizo cambiar mi decisión: por experiencia propia he entendido que generalmente termino más embobada por la personalidad de un personaje que por el talento de un actor, así que verlo brillar en otro trabajo semejante se me dificulta durante un tiempo. Al final me decidí por ver Pinocchio (2015), que nada tiene que ver con lo anterior; pero antes de embarcarme en esa trama, decidí darle un visionado a A Werewolf Boy porque tenía una sinopsis interesante y el gusanillo de la curiosidad me carcomía por dentro; además, me apetecía ver a Song Joong Ki un poquito más allá de su uniforme militar.  

Lo cierto es que no esperaba nada de esta película precisamente porque no había escuchado nada de ella, así que, sin expectativas, no podía decepcionarme, y es precisamente eso lo que me hizo disfrutarla y llorarla de aquí hasta la esquina. Eso sí, el filme se mueve fácilmente entre la ficción y el cliché rebuscado de la experimentación humana, esa que se nos sale de las manos y que siempre crea a una majestuosa criatura que juega el papel de víctima y victimario de las circunstancias que como humanos barajamos a su alrededor. Pero la ficción del hombre bestia pasa a un segundo plano cuando la densa melancolía que se respira a lo largo de todo el film se compenetra muy bien en la historia y termina siendo el plato fuerte de todo el embrollo. Porque si Young Suni tenía que aprender algo no sería a través de los resplandecientes campos de un remoto poblado, ni en la montaña de libros que se apilaban en su habitación, sino en su interacción con éste misterioso joven oculto en el granero. Sin embargo, haré relucir mi vena egoísta y admitiré que me hubiera gustado que A Werewolf Boy se valiera más de las historias reales de niños salvajes que del mito de la licantropía, siendo ésta bastante más rebuscada que la de humanos criados por animales, por ejemplo (aunque no tanto como los vampiros o los zombies que acaparan el cine y la televisión hoy en día, pero tampoco muy lejos). De esa manera creo que el trasfondo habría alcanzado una profundidad mayor de la conseguida, ya que, quitándole el factor mítico, tendríamos un argumento más humano. Porque si nos ponemos a meditarlo un poco tampoco es que las *dos* transformaciones de Chul Soo haya tenido un impacto significativo en la historia más allá del puro espectáculo. La metamorfosis del chico parecía más enfocada a sus emociones que a las fases de la luna. Se puede ser peligroso sin ser una bestia y es posible matar a alguien con una mordida en la yugular sumergido en un ataque de furia; y ese comportamiento bien podría encajar con la historia de un niño criado por caninos salvajes y no necesariamente en un mutante. Ese escenario también habría conseguido explorar de una manera más profunda todas las dificultades que implica la reinserción a la sociedad de esos pequeños; las trabas de raciocinio-humano-elemental y lo errático de su comportamiento. Con el plus de entender que, enfocándonos de una manera estricta, las evidencias científicas generalmente no son favorables para ellos y su correcta adaptación a una comunidad termina por tornarse complicada, además de que los problemas mentales y físicos los sentencian a una vida muy corta y sufrida. No es el panorama más favorable para la película, pero sí más realista. Y si el objetivo de ésta era mostrarnos el vínculo tan fuerte que se formó entre Young Suni y Chul Soo para después cortar de un tajo esa relación debido a ciertas circunstancias, entonces el mito del hombre lobo se queda en mero hecho anecdótico. Sin trascendencia alguna.

Dejando eso de lado Song Joong Ki se lleva la película con amplísima diferencia. La acapara, la mejora, la hace interesante, la hace tierna e inocente y todo sin decir ni una sola palabra. De hecho, el chico no tendrá más de dos o tres diálogos en los 120 minutos de duración, y estos no dejan de ser cortitos y calcados. Ya en Descendientes del sol tocó percatarme de que éste actor expresa muchísimo con la mirada, y agregando un gesto aquí y un gesto allá consigue abarcar más sentimiento que cualquier diálogo que quieran encasquetar en el guión. En A Werewolf Boy no defrauda precisamente por esa habilidad de hablarnos sin decir nada. El simple hecho de escuchar el acorde de una melodía o tratar de entender una palabra, imitar un sonido o captar la esencia de un juego se torna entrañable y cautivador. Young Suni es quien nos sirve de guía para crear un puente de condescendencia ante las incapacidades de él. Es ella quien le enseña a comer, a marcar las pautas de movimiento y a discernir lo que está bien de lo que está mal. Es una tarea que, aunque complicada, Young Suni decide mirarlo como un reto, al principio personal, pero conforme la relación con Chul Soo crece, ella continua por mero cariño hacía él. Su terquedad y esa eterna desilusión que al parecer la acompaña hasta la vejez tampoco pasa desapercibida. Una parte de esa ranciedad perpetua que le carcome por dentro es culpa de Ji Tae, el presumido hijo del compañero de su padre fallecido, con el que al parecer tenía que casarse por mero acuerdo financiero, tal y como lo hacían en aquellos tiempos. Por un momento llegué a pensar que ella quizá decidiría empezar de cero después de abandonar aquella casona de campo y jamás plantarle cara a ningún hombre rico en la vida, pero después recordé que el comienzo del filme nos demuestra lo contrario y ella vive con un hombre rico, indiferente y seco en una lujosa casa de Estados Unidos; y un solo plano es capaz de mostrarnos ese imperioso conformismo que todo lo abarca. Es precisamente ese desolador conformismo del presente lo que le da mayor profundidad a la melancolía que evocamos en el pasado. Young Suni despierta en su memoria dormida el recuerdo a aquel misterioso chico con el que compartió una fracción de su vida; alguien que le enseñó sin proponérselo el valor de la lealtad y la firmeza, con la valentía y la ingenuidad como una carta de presentación sincera. Y ella, que no tenía amigos, se topó de lleno con la muda honestidad de un jóven que poseía más incógnitas que certezas, pero que también tenía la capacidad empírica de la empatía, el respeto y la fidelidad. No sólo le sirvió para reformar su amor propio, que era casi nulo, sino también para confiar más en sí misma en lo que jamás lo había hecho antes; de creer en ella a pesar de la enfermedad y de plantarse de pie ante adultos que parecían no percibir el gesto tierno de su devoción.

Evidentemente el objetivo de la película era arrasar con todas las fibras sensibles que le pasan a uno por el cuerpo; y conmigo lo consiguió. Y vaya que lo hizo, aunque quizá esta ola emocional fue provocada por el bajón mental que tenía en aquellos días, o el cansancio ocumulado de las semanas sin descanso, pero cumplió con su tarea de manera digna y como película de transición me gustó mucho. El OST tampoco es que brille demasiado, y de hecho el tema principal de la canción —cantando por Park Bo Young, la actriz protagonista— bien podría ser el único de toda la película, pero como es tan adorable les perdonamos hasta eso. La dirección es otra cosa, viendo el nuevo trailer de la película de Jo Sung Hee veo que tiene su sello impreso por todos lados al igual que A Werewolf Boy: un escenario exagerado del ambiente y sobrecargado de efectos en el paisaje, con una fogosidad constante y un aire de fantasía que lo captas hasta en la Luna. En verdad me gustó.

No tengo queja alguna con el final porque sinceramente ya me lo esperaba, sobre todo con ese inicio que nos recuerda que lo que vamos a ver en los minutos siguientes sólo será la memoria vívida de unos días pasados, y a juzgar por el rostro de Kim Suni ésta no tendrá un desenlace feliz. Podría ser más perversa y señalar que, para mí, el reencuentro de Kim Suni con Chul Soo en la vieja bodega fue sólo la imaginación sugestiva de ella, para obligar a su mente a despedirse propiamente de él sin sentir ese remordimiento de conciencia al saber que lo abandonó, lo golpeó y le gritó la última vez que se vieron. Sigue siendo una trágica posibilidad, pero ésta queda anulada si tomamos en cuenta que el último plano de la película es el de él mirando el coche pasar por la carretera. Aun así quedan algunas incógnitas (o incongruencias): ¿por qué el chico no envejece? ¿quién le enseñó a leer, a escribir y a dibujar tan bien? ¿de dónde consigue su ropa? Eso sólo consigue reafirmar mi idea de que Kim Suni creó un instante imaginario para pedirle perdón a Chul Soo por aquella amarga despedida, pero en realidad la última palabra la tiene el espectador: el final es tan abierto como uno quiera interpretarlo y la negativa de Kim Suni de vender la casa de campo queda como una incógnita suspendida en el aire, ¿no la vendió porque él vive ahí o por el sentimentalismo que despertaba en ella recordar aquellos momentos de su juventud al lado de aquel entrañable chico?  

NOTA ADICIONAL:
  • Lo de King 2 Heart se ha convertido ya en algo personal. Esta es la segunda vez que abandonó su visionado porque me está costando muchísimo seguirle el ritmo. No sé exactamente cuál es el problema: si es que acaso ha envejecido muy mal o es que mi estilo de drama se mueve por otras aguas. No voy a mentir al decir que ha habido momentos memorables en cada episodio, sobre todo el arco del entrenamiento en Corea del Norte, el simulacro de guerra y el maratón kilométrico que se tienen que zampar en pocas horas me han gustado mucho; pero no entiendo por qué, aun pasando varias cosas importantes, siento que no avanza nada. Quizá se deba en sí a que los protagonistas están en un dilema sentimental que parece caer en un bucle donde apenas se camina algo, y justo después de atestiguar ese avance retroceden otros pasos para entrar de nuevo en el punto anterior. O sea, no xD. Estoy empezando a resignarme que me tomará un buen tiempo terminar la serie (por puro orgullo, claro está) y ni siquiera sé si tendré alma para reseñarla. EDIT: KING 2 HEART ME HA FASCINADO Y AQUÍ ESTÁ LA RESEÑA BESTIAL QUE SE MERECE. ¡BRAVO!

No hay comentarios:

Publicar un comentario

¡Gracias por dejar tu comentario! :)