30 nov. 2013

Aclaremos algo chiquito...

Mientras tanto, en Escuinapa.
Mi papá ha leído por error un post en borrador que tengo en mi blog desde hace poco más de siete años. Es más bien una carta de despedida y está dedicada a toda mi familia. Él la ha confundido con una carta de suicidio, y lo entiendo, ¿eh? Jojojojo. Porque si me pongo a revisarla (hace muchísimos meses que no la leo), ahora entiendo tanto dramatismo que podría montarse si alguien ajeno al trasfondo de ese escrito lo leyera.

Siempre he creído que moriría joven, es una constante que he tenido desde niña. Así que mi vida se mueve al compás de semanas o meses; por lo que no voy por la vida haciendo planes a largo plazo que impliquen años o décadas. Nunca lo he hecho, porque siempre he sentido que no estaré ahí para cumplirlos. Tampoco le tengo miedo a la muerte, aunque para el consuelo de mi padre, debo decirle que el suicidio me aterra y jamás recurriría a él como vía de escape porque soy una cobarde sinvergüenza y etcétera, así que don’t worry. xD

Cuando tenía seis o siete años de edad aprendí a leer y con ello llegaron mis primeros libros, que consistieron en dos diccionarios médicos familiares. Para aquel entonces yo era un monumento viviente a la hipocóndrica, así que leyéndolos me enteré que me estaba muriendo de dos enfermedades particulares: SIDA y cáncer. Sí, tenía las dos enfermedades, podía jurarlo por todos mis ancestros vivos y muertos, y la prueba irrefutable de ello era que se me estaba cayendo el cabello y obviamente ese era un síntoma de ambos males a juzgar por las fotografías de las personas enfermas que había ahí, así que esos tres pelos que se me caían al día no podían significar otra cosa. Me estaba muriendo. Jamás se lo dije a mis padres, y hasta me decepcioné un poco cuando pasaron los meses y no me morí. Tiempo después supe que la perdida de cabello es debido a los medicamentos, la quimioterapia y la radiación y blah, blah, blah y descubrí que existían enfermedades más horrorosas que esas y tal, sin embargo el daño ya estaba hecho y siempre me estoy muriendo de algo (mentalmente).

Con el paso del tiempo, el temor a la muerte se fue y por suerte aprendí que la vida no son nuestros planes a largo plazo sino las cosas que hacemos todos los días, la rutina diaria, el atardecer, tu mascota meneando la cola cuando llegas a casa, etcétera. Aprecio la vida rutinaria como muy pocas personas lo hacen, de verdad. Estoy muy agradecida con ella en general. Sin embargo, tantos años de temer morir inminentemente me ha dado la oportunidad de no dar nada por sentado, de saber que en el México que vivimos podemos morir ahí afuera en un fuego cruzado, o por un carro en alta velocidad que nos arrolle por la calle o por un infarto, etcétera. No necesariamente por una enfermedad, o por un suicidio.

He tenido baja autoestima toda la vida, he sufrido bullying, tengo un problema psicológico que me impide lidiar con la gente y soy asocial a niveles que muy pocos comprenden, pero eso ha estado ahí TODO EL TIEMPO, he aprendido a lidiar con ello. Hace muchísimo soles que eso dejó de deprimirme. Hace tantos atardeceres que estoy consciente que hoy estoy aquí y mañana tal vez no ¿y saben qué? No me molesta. Tarde o temprano todos moriremos. Algunos tendremos tiempo de despedirnos y otros no.

Es aquí donde quiero llegar, a este punto. Como tuve miedo a morir durante la mayor parte de mi vida (hasta hace como cinco años que dejó de importarme el tema xD), también tuve miedo de no poder hacer algo para despedirme de aquellos a los que amaba así que escribí una carta de despedida en mi diario físico —esa cosita tierna que guardaba bajo el colchón— para que mi familia lo encontrara cuando muriera y entonces pudieran saber unas últimas palabras de mi. Con el paso del tiempo, creé un blog y creí más adecuado y con más estilo traspasar aquella carta a una versión digital. Mientras yo estuviera viva ese post jamás sería publicado, pues reprogramaría su publicación para dos meses después de mi última actualización. Así ha sido desde entonces.

Desde hace ya siete años aquella carta existe, ustedes no pueden leerla porque sigo viva, pero actualmente está programada para que se publique el segundo mes del 2014. Siempre he dejado una distancia de dos meses. Si para aquel entonces sigo viva la volveré a programar para abril del mismo año y así sucesivamente hasta que un día no esté ahí para postergar su publicación y entonces sí podrán leerla. Qué dramático, ¿verdad? Sí, voy por la vida haciéndome la dramática. De eso vivo. :D

Pero lo que sí tengo que confesar es que NO ES UNA CARTA DE SUICIDIO, es una carta de despedida, que obviamente no es lo mismo. En ella me despido de todo y de todos y expreso mis miedos respecto al momento de partir y todas esas cosas que uno no puede hacer cuando se muere. Lo que sí tengo que confesar es que estoy a favor de la eutanasia en casos muy específicos de dolor crónico e insoportable por enfermedades terminales o degenerativas. Porque eso sí, el dolor no va conmigo ni encomendándoselo a Jesús de Nazareth; de verdad. Pero dudo que sea legal en México en las próximas décadas.

El tema del suicidio es un tema complicadísimo y fuerte, y jamás les provocaría a mi familia un daño tan grande como el que provoca este acto. Hemos vivido un suicidio en la familia; pienso en él todos los días, rememoro con dolor todo el proceso que implica el saberse conocedor de una noticia en la que sabes que un familiar tuyo a decidido quitarse la vida sin decirte por qué. Me tiemblan las piernas y las manos sólo de recordar el instante en el que me enteré de esa noticia y no. Jamás pensaría en eso como una válvula de escape contra la depresión o algo parecido.

Por lo pronto, la carta seguirá ahí, guardada en la sección de borradores, esperando paciente a que yo me muera para asomarse por un rincón de este paraíso desierto. Ahí se quedarán con las ganas de leerlo, o pregúntenle a mi papá de qué va todo eso para que les escupa algún spoiler. :D [Sería un fallo mega épico que Blogger dejara de existir de repente y esa carta se perdiera en el divino olvido, eh xD]. 

Por cierto, olvidé mencionarlo en esa carta, pero en mi funeral quiero que den chorizo con frijoles puercos de comida y de postre un Gansito congelado con chocolate abuelita caliente. Al que no le guste que se vaya a otro velorio. xD

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