31 dic. 2013

#SherlockLives: The game is back on!


Supe por primera vez algo de Sherlock cuando apenas era un rumor, una breve noticia que se colaba por los blogs y las páginas web donde afirmaban en voz baja y sin fuentes confiables que la BBC preparada una adaptación del personaje de Conan Doyle en tiempos modernos. Recuerdo haber sonreído ante la idea mientras pasaba los renglones y las palabras, porque ya en aquel entonces sabía de sobras que Sherlock Holmes era un personaje moderno; siempre lo había sido, incluso para su época. Ese misterioso tipo que se valía de tecnología para resolver crímenes en el Reino Unido de la época victoriana. Después llegaron los detalles, los actores que aparecerían, las mentes productoras detrás de la idea, el formato de mini-serie, los casos que probablemente adaptarían, el entorno en el que giraría la adaptación, etcétera. Tuve mis dudas y mis reservas hasta el último instante; traté de balancear la información que me llegaba para contrastarla con lo poco que conocía de un personaje por demás entrañable y tan arraigado en la cultura británica como para tratarlo con sumo cuidado, a pesar de desconocer mucho de él. Sherlock Holmes es de esos seres ficticios a los que estimas aun sin haber leído algo sobre ellos. Protagonistas icónicos de novelas que van más allá de lo límites establecidos como para encasquetarlos en el ámbito de la normalidad.

Para aquel entonces mis conocimientos eran bastante limitados; obviamente tenía referencias de Holmes, no más de lo que la mayoría de las personas tienen de él. A los 12 años había leído un libro infantil con ilustraciones rándom en una versión condensada de El signo de los cuatro y tiempo después me di a la tarea de leer El sabueso de los Baskerville sin saber siquiera que era una novela de Conan Doyle hasta que me topé con el nombre del detective (una grosería, vamos), a mi favor puedo decir que el libro era viejísimo y no tenía tapa, además que algunas de sus hojas estaban dañadas e incompletas. Pero hasta ahí. Más allá de eso no sabía nada. Sólo sabía que era un detective cuyo único amigo al parecer era un tal doctor John Watson que documentaba sus historias y que Holmes tenía una habilidad extraordinaria para deducir el entorno en el que se encontraba, cosa que más de una vez intenté en mi salón de clases sin resultado alguno. Conocía la base del personaje, solamente, la estructura, pero desconocía el resto de sus matices. De aquí podríamos saltar fácilmente hasta el estreno de la serie, pero quiero dejar en claro que la primera adaptación en movimiento que vi de Sherlock Holmes (dejando de lado Detective Conan porque no cuenta) fue la primera película de Guy Ritchie, cuyo título es el mismo nombre del personaje.


El largometraje en cuestión es un excelente derroche de entretenimiento bestial y palomero hasta decir basta y me divertí bastante viéndolo en el cine. Y de paso vale la pena señalar que Robert Downey Jr. y Jude Law imprimen su sello en cada escena, y la camaderia que se respira a lo largo de todo el film es lo que lo vuelve tan entretenido. Quizá fue mi perspectiva —o tal vez mi poca familiaridad con los personaje no permitió percatarme de ciertos detalles— pero no encontré demasiados vestigios de Sherlock Holmes o de John Watson en la película porque el frenesí de la aventura y la acción lo eclipsaba todo, aunque realmente no le di demasiada importancia tomando en cuenta que me divertí como una enana. Además, gracias a ese film me di a la tarea de inmiscuirme de nueva cuenta en el mundo creado por Doyle y entre los espacios de horas libres que tenía en la escuela de Biología me colaba en la biblioteca de la universidad para leer por primera vez Estudio en escarlata y por segunda vez El sabueso de los Baskerville, además de un par de casos incluidos en Las Aventuras de Sherlock Holmes. Aquello fue en el año 2009. De hecho, antes que la serie de la BBC fuera estrenada un año después, tuve la oportunidad de ver un par de episodios de aquel mítico programa de Estudios Granada protagonizado por Jeremy Brett y David Burke, que si mal no recuerdo, incluían los episodios Escándalo en Bohemia y El carbunclo azul, además de la película El secreto de la Pirámide.

Después llegó Twitter (septiembre del 2009) y después llegó Sherlock (julio del 2012).

Tengo ese orden muy metido en la cabeza porque era domingo, temporada vacacional, estaba lloviendo y tenía el aburrimiento enmarcado en la cara, además de una flojera bestial para usar Twitter, sin embargo empezaban a desfilar por mi timeline las primeras impresiones que la gente estaba teniendo del episodio estreno en ese momento. Desconozco totalmente por dónde seguían la trasmisión en vivo, o si para aquel entonces ya contaban con medios para descarga el episodio y disfrutarlo con tranquilidad, pero entre el inglés y el español y tweet incongruentes de usuarios que parecía bastante emocionados por la nueva serie, me hicieron volver a sonreír frente a la pantalla y recordar aquella experiencia del año pasado, cuando los rumores eran sólo eso, rumores, y la idea de traer al siglo XXI a un personaje tan clásico no me parecía nada bueno. 

Tuvieron que pasar dos años más para que me atreviera a ver Sherlock a insistencias, no sólo de mi hermana @cmurua y @afhyer, sino también de otros usuarios en Twitter que estaban bastante convencidos de que era una de las mejores series que había parido la BBC en todos sus años de existencia y esas, para mí, eran palabras mayores. La serie la tenía ahí, guardada en el disco duro de mi laptop durante meses esperando el momento justo para ponerme a verla, y aquello ocurrió en febrero del 2012. Parte de mi decisión para visionarla lo antes posible fue porque un mes antes había terminado la segunda serie y sólo veía yo que por todos lados llovían dos cosas sobre el último episodio: elogios y llantos.

Y aquello fue mi perdición.  


Recuerdo que antes de poner play al reproductor y acercarme el tazón de palomitas y el vaso de refresco me pregunté cuántos minutos tendrían que pasar para enamorarme del programa, si es que eso sucedía. Y, ehm, digamos que Sherlock rompió todos los récords.

Al ser una miniserie, las temporadas de Sherlock son bastante cortas; cuentan con sólo tres episodios semanales de 90 minutos de duración. En lugar de episodios parecen películas, pero a la larga resultan mucho más consecuentes y productivos. Eso sí, entre temporada y temporada pasa bastante tiempo. De la primera a la segunda hubo un lapso de quince meses y de la segunda a la tercera la espera se alargó dos años. Tomando en cuenta la enorme cantidad de proyectos que le han caído tanto a Benedict Cumberbatch (Sherlock Holmes) como a Martin Freman (John Watson) es totalmente comprensible la espera. El problema es cuando la serie se caracteriza precisamente por los finales cardiacos de los últimos episodios, sin embargo también es verdad que son esos instantes antes de que el telón baje lo que mantiene al fandom lo suficientemente activo y vivo hasta que la nueva temporada hace aparición.

La primera temporada (Serie 1) de Sherlock consistió en los episodios A Study in Pink, The Blind Banker y The Great Game, basados a su vez en las historias de Conan Doyle: Estudio en Escarlata, El valle del Terror y Los planos del Bruce-Partington respectivamente, pero adaptados libremente. La segunda temporada por otro lado contó con los episodios A Scandal In Belgravia, The Hounds of Baskerville y The Reichenbach Fall basadas a su vez en Escándalo en Bohemia, El Sabueso de los Baskerville y El Problema Final. Finalmente la tercera temporada contará con The Empty Hearse, The Sign of Three y His Last Vow basados en La Casa Vacía, El Signo de los Cuatro y Su Última Reverencia.


Curiosamente semanas atrás me he topado con la transcripción de un discurso que Mark Gatiss (co-creador de Sherlock junto con Steven Moffat) dio a la Sociedad de Sherlock Holmes de Londres en el año 2006 donde hablaba de una conversación que tuvo con Moffat sobre lo fantástico que sería hacer una adaptación del famoso detective victoriano para las nuevas generaciones. La idea se antojaba atrayente, pues los tiempos y las circunstancias se prestaban para ello, empezando por el leve hecho de que Reino Unido tenía ya un par de años mandando soldados a Afganistán en una guerra mucho más cruenta que aquella donde el doctor John Watson de Doyle prestó servicio. Es sólo un pensamiento, un principio, señala Gatiss en el discurso, pero la idea ya estaba ahí. Yo supe de esta conversación varios meses atrás. En todas aquellas entrevistas donde el dúo aparece generalmente sale a relucir ese viaje de tren que ambos compartieron en el que hablaron largo y tendido sobre la idea de crear a un Holmes moderno; sin embargo, nunca pensé que Gatiss lo había expresado en público. El resultado que vemos, después de tantos años, es por lo tanto maravilloso; sobre todo por el respeto con el que el personaje fue tratado.

Antes de ver la serie por primera vez ya me había culturizado de Holmes de nueva cuenta. Historias cortas como Las cincos semillas de naranja, La banda de lunares, La finca de Copper Beeches o La liga de los Pelirrojos, habían pasado por mis ojos en más de una ocasión. Recuerdo incluso haber leído Estudio en Escarlata por segunda vez un día antes de ver A Study in Pink. Extraordinaria decisión.

Sherlock está a millas de distancia de cualquier escrito de Conan Doyle. No es que sea mejor o peor, es sencillamente que los parámetros para que ambos materiales sean medidos ni siquiera coinciden; pero eso sí, por cada diferencia que el show ha hecho a la obra del autor existe otra similitud que lo mantiene a raya para ser capaz de distinguir a cada personaje con una certeza agradable, y los detalles y guiños se cuelan entre escena y escena como un hermoso homenaje.

En las semanas siguientes —y aprovechando el inminente estreno de la tercera temporada— he decidido hacer un análisis de cada uno de esos nueve episodios, tres de ellos aun sin trasmitir; probablemente el trabajo me llevará meses y estoy seriamente pensando en crear una sección arriba exclusivamente de la serie, porque si no saco todo el hype que tengo metido en la cabeza probablemente explosionaré y no podré recuperarme en mucho tiempo. ;)

Así que aquí empecemos, 24 horas antes de la trasmisión de The Empty Hearse en Reino Unido.

THE GAME IS BACK ON!

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