14 ene. 2009

Matsu y el malvado ratoncito negro...

Victor Hugo decía que "Dios hizo a el gato para ofrecer al hombre el placer de acariciar un tigre". Me gusta la frase y me gustaría pensar también que es verdad, que dentro de su estoica figura tuvo la idea de crear a seres tan geniales como los gatos y los perros.

Miro a Matsu jugar en el piso: ella trata de ocultarse de la malvada rata de plástico que le compré hoy en algún supermercado, mientras finge estar bien escondida detrás de mis pies. Me gustaría pensar, así ilógicamente, que Matsu es un pequeño tigre domesticado, que aun guarda ese instinto de sus ancestros de cazar y no ser cazado en el intento, como los perros cuando dan un par de vueltas antes de tirarse en su "madriguera". Pero si hablamos en serio Matsu parece más un mapache que un tigre aun así ella lo ignora y sigue jugando con el ratoncito negro que intenta huir de sus garras.

Ahora que Kuro no esta, Matsu se ve más "sociable", por así decirlo. Se le arrima más a uno y maúlla aunque no tenga una razón explicita. Maúlla solo para llamar la atención.

Supongo que es entonces cuando se aprende a apreciar el valor de las mascotas, cuando uno de ellos ya se fue. A Matsu le gusta mirar por la puerta y eso, supongo, la entretiene un poco, disfruta ver pasar los carros y le inquieta cualquier sonido que venga del exterior.

Quizá al rato se vaya a la cocina a dormir y entonces yo pueda cerrar la puerta donde esta sentada en este momento, por que la verdad, me estoy muriendo de frío.

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