19 feb. 2009

Adios a un verdadero Paraíso Desierto

Mi papá y yo
(Verano de 1991)
Hace unos días mi mamá llamó para saludarnos, aproximadamente mes y medio que no voy a Escuinapa, mi pequeña ciudad al sur de estado, allí donde me refugio cada vez que la vida me decepciona o me parece demasiado complicada.
Mi mamá me dijo que el Presidente de la República iba a visitar la ciudad en unos días, iba a Escuinapa a inaugurar el proyecto que convertirá a esté olvidado lugar en uno de los centros turísticos más importantes de todo el país, suena interesante, divertido y hasta un tanto utópico. Nuestra ciudad nunca ha estado en la mira de guías turísticos y para ser sincera, muy sincera, no es para nada atractiva, no tiene edificios coloniales, ni hermosas calles, sus banquetas diminutas son tan inútiles que la gente tiene que pasar por la calle justo a un lado de los automóviles, pero eso sí, tiene playas tan hermosas que hace que jubilados de Estados Unidos y Canadá pasen las frías temporadas de invierno de sus países junto a nuestras calidad playas.

Las playas de Escuinapa están lejos de la ciudad principal, no hay edificios grandes, sólo algunas villas y terrenos privados, uno que otro sembradío y a unos tantos metros de la playa se encuentran kilómetros y kilómetros de palmeras que se yerguen a su vez como una enorme muralla natural que separa la arena de la tierra y la playa de los sembradíos.

Entre el mar y las palmeras hay un paraíso desierto enorme y hermoso, un rincón donde refugiarse para huir de un mundo demasiado castigado. Es común que las familias vayan allí los fines de semana y se queden una tarde entera disfrutando de la playa y su tranquilidad, es allí mismo donde uno se siente más humano y sencillo. No hay restaurantes elegantes, ni hoteles de lujo, no hay "spring breakers" haciendo de las suyas, ni discotecas, ni fiestas nocturnas. Algunas veces se pueden apreciar una que otra lunada de jóvenes que pasan allí la noche acampando cerca de una fogata, sin que nadie que los moleste.

Así es la vida en las playas que yo he conocido toda mi vida, lejos de carreteras, de cruceros lujosos, de hoteles con marcas extranjeras, lejos del consumismo.

Siempre he dicho que esas playas era el lugar más hermoso para mi. Ni siquiera las ciudades modernas tenían ese honor. He conocido varias playas y ante mis ojos las de mi pueblo eran las más hermosas. Me cuesta creer que mi verdadero paraíso desierto esté apunto de desaparecer, que aquellas hectáreas de palmeras solitarias ya no existirán dentro de algunos años. Atrás quedaran los recuerdos, los días de fiesta, las tardes de verano, los fines de semanas perfectos, solitarios, familiares. Atrás quedaran aquellas memorias que me empeñare en no olvidar jamás.

Seguiré recordando hasta el final que hubo un tiempo en que esas playas fueron nuestras, que las defendimos del mundo y su materialismo. La cuenta atrás para estos mares a comenzado, dentro de algunos años poco o nada quedara de ellas tal como las conocemos hoy. Los hoteles, tiendas departamentales y restaurantes de lujo levantaran sus cimientos donde hoy sólo hay palmeras y arena, donde sólo existe naturaleza pura.

Sí, un pedazo de hermosa naturaleza e inigualable belleza que será destruida en nombre del dinero y el progreso.

Un triste final para un precioso lugar.

1 comentario:

  1. No te preocupes, tal vez no sea tan malo... hay veces que la mano del hombre no destruye, sino que mejora lo ya existente ^^.

    ResponderEliminar

¡Gracias por dejar tu comentario! :)