25 may. 2014

THE MENTALIST: final de temporada (opinión personal)

Simon Baker, Owain Yeoman, Rubin Tunney, Tim Kang y Amanda Righetti. 
Si alguien me hubiera preguntado hace siete meses cuál era el futuro que le veía a The Mentalist después de la captura de Red John habría dicho que ninguno. Pongámonos un poco rigurosos y vayamos más allá: también habría protestado un poco, negado con la cabeza reiteradamente, suspirado hondo y tragado saliva con renuencia al ver que en realidad la captura del asesino sería a mitad de temporada, rompiendo con ello todos los códigos establecidos anteriormente por otras series de televisión que absurdamente nos acostumbraron a lanzarnos lo mejor para el final. The Mentalist estaba jugando a todo o nada, y las consecuencias podían ser desastrosas. Una ruleta rusa en la que sólo se tenía una oportunidad de participar y un solo disparo por hacer; por suerte, para Bruno Heller y compañía, la bala sencillamente no estaba ahí.   

Hace ya algún tiempo, llegué a pensar que el show habría alcanzado un clímax insuperable allá por la tercera o cuarta temporada, y que a partir de ahí todo se inmolaría por un precipicio donde, más tarde que temprano, terminaría disolviéndose en nada. En honor a la verdad puedo decir que no me equivoqué del todo. Después del épico final ofrecido en el episodio Strawberries and Cream II (03.24) las cosas se torcieron de tal manera que todo se complicó; pero no sólo eso, la serie cambió de matices y el entorno se transformó en algo oscuro (muy oscuro). Para la cuarta y quinta temporada, esa pesadez en el ambiente se coló con saña sobre cada caso que aparecía en pantalla, y la antipatía creciente de su personaje principal opacaba todo lo que se nos ofrecía para contrarrestar eso. No es de extrañar entonces las razones que yo tenía para creer que The Mentalist estaba cavando su propia tumba e inevitablemente enterrándose lentamente hasta asfixiarse a sí misma.

Aquello fue algo triste de ver, porque si la serie brilló por tanto tiempo fue por el carisma desbordante del protagonista y esa doble moral que envolvía su propia esencia. Patrick Jane nos acostumbró a verlo siempre con una sonrisa en el rostro, una taza de té en las manos, y el chaleco de su traje siempre puesto sobre su camisa. Cuando la sonrisa se fue y sólo nos quedó el té, el personaje quedó incompleto. Independientemente que ese haya sido el destino que él siempre buscó, el shock para el público no sería por eso menos evidente. Conforme la quinta temporada avanzaba, la trama se oscurecía, y Red John se salía con la suya una y otra vez frente a los ojos de una autoridad incompetente y corrupta, comencé a preguntarme si valía la pena continuar viendo una serie que posiblemente jamás podría encontrar la brillante esencia de sus primeros años. Los casos del inicio rozaban una luminosidad absurda, no porque fueran bonitos (faltaba más), sino porque sabíamos con quién nos toparíamos al final del escenario: con el carismático —pero castigado— consultor del CBI que hacía hasta lo imposible por sacarte una sonrisa después de resolver un crimen.


La oscuridad de Patrick Jane se fue estableciendo de forma permanente conforme su cercanía con Red John comenzó a marcarse. Fue algo que jamás pasó desapercibido para quienes le rodeaban. Teresa Lisbon, líder del equipo donde él trabaja (y probablemente la única amiga que tuvo después del asesinato de su familia), siempre se mostró bastante preocupada por ese camino sin retorno que el mentalista estaba tomado, pero poco podía hacer al respecto; la decisión de él fue decidida mucho años atrás. Sólo era cuestión de tiempo antes de que todo estallara. También merecen una mención especial la condescendencia de Grace Van Pelt, la empatía de Wayne Rigsby y la rigurosidad de Kimball Cho porque, a pesar del giro vertiginoso que se respiraba en el ambiente, jamás abandonaron a su colega. Incluso al final, terminaron manchándose las manos de sangre enemiga. Pero nunca lo dejaron solo. Aunque en el proceso pusieron en riesgo su vida, su carrera profesional y su cordura mental, siempre procuraron cubrirle las espaldas ante cada tropezón que daba y cada fallo que cometía, que fueron muchos y a todas horas.  

Esto nos lleva de lleno a la sexta temporada, dividida en dos partes y con matices diferentes. Antes y después de Red John. Antes rojo y hoy azul. La premisa que The Mentalist siempre nos ofreció fue sencilla: un ilusionista que durante muchos años ejerció como psíquico decide ir tras un asesino serial después de que éste asesinara a su esposa y a su hija para develar la farsa en la que se sustentaba su jugoso negocio. Esta última temporada conjuga todos esos detalles desperdigados a lo largo de toda la serie y por fin hoy pueden dar sus frutos. No es de extrañar entonces que los ocho primeros episodios de esta última entrega nos hayan llevado por un camino trépidamente y críptico (más por la incógnita y el factor sorpresa, que por otra cosa) que nos dejaron sin aliento en The Great Red Dragon (06.07) y llegaron a su máximo esplendor con Red John (06.08), dejándonos pegados a la pantalla hasta el último minuto. Ambos episodios, que podrían verse como un todo, consiguen estremecer más que algunas de las temporadas pasadas completas, renovando con ello una serie que parecía sumirse en un agujero negro del que jamás podría brotar de nuevo la luz. Pero nos equivocamos. O me equivoqué. The Mentalist renació, y lo hizo de una manera esplendorosa, muy acorde con el personaje que busca eximirse de su propio pasado.

Al final, Patrick Jane consiguió lo que quería. Al final, estuvimos de acuerdo con eso. Porque si hay algo que siempre estuvo presente desde el principio fue la perversidad de un asesino a sangre fría. Metódico y narcisista. Frívolo hasta erizarnos la piel. Con esa grotesca vocecilla entre la que se colaba de vez en cuando algún verso de Blake, y cuyo rostro sonriente hecho con sangre de sus víctimas evocaba de forma horrorosa la imagen del rostro feliz con las que Hunter Jesperson concluía sus misivas criminales unas décadas atrás. La venganza de Jane nos supo dulzona gracias en parte a los hechos tan perversos que tuvieron lugar en episodios anteriores y que terminaron por crear un atiborramiento intolerable cuando Red John se metió con Teresa Lisbon. Los espectadores no fuimos suficientemente insensibles como para no percibir aquel dolor que brotaba del rostro del consultor al ver la marca del asesino sobre el rostro inconsciente de su compañera. Hay cosas que sencillamente jamás se deben hacer, querido John.  

La cacería emprendida por Patrick Jane concluyó la temporada anterior con una disminución considerable en el número de sospechosos —todos aquellos a los que alguna vez les estrechó la mano— y el número icónico se asomó como conejo en el sombrero de un mago: siete. Número peculiar y decisivo, dejando de lado algo demasiado obvio, como le hecho que el episodio donde los candidatos son acorralados en el antiguo hogar de él sea precisamente el número siete y se titule The Great Red Dragon, esto en realidad es una remembranza específica a un pasaje bíblico del Apocalipsis que señala la presencia de un gran dragón rojizo que tenía siete cabezas (Ap. 12:3-4) y que, a su vez, inspiró el lado creativo de William Blake en el ámbito de la pintura, dejando un legado de cuatro imponentes y estremecedoras obras nombradas exactamente igual que el episodio en cuestión.

Serie de pinturas del Gran Dragón Rojo de William Blake.
La develación de la identidad del criminal no podía suceder en un mejor lugar. A su manera, el mutismo atronador que se respiró dentro de esa iglesia sirvió para crear un escenario asfixiante, donde la revelación del detestable asesino golpeó más fuerte al espectador de lo que en un principio se previó, exigiendo con ello una atención total al entorno por el giro argumental que se retuerce sin piedad cuando Gale Bertram cobardemente niega ser Red Jonn (tampoco es que su mediocridad haya estado a la altura, ¿verdad? Lo mencioné antes por aquí). Es aquí donde Thomas McAllister se lleva una ronda de aplausos tremenda, por llevar su papelazo de sheriff despistado hasta el último minuto, sólo para regurgitar sin piedad su doble personalidad junto a esa vocecilla hostigadora y arrogante. Red John es todo lo que Patrick Jane señaló; eso y más. Por eso estremece tanto, quitándonos el aire por unos segundos que se sienten eternos, sobre todo cuando uno recuerda cada instante en el que el jodido McAllister asomó su cabeza y ofreció sus servicios entre episodios que hoy resultan asquerosos, específicamente por todo lo que ese hombre representa.   

Al final, nuestra empatía gira en torno al bueno de Jane, que a estas alturas sólo quería un poco de justicia por su propia cuenta, ¿y saben qué? Se lo merecía. Sí. Porque ya muchísimo había soportado de parte de los plastas incompetentes del CBI y su corrupción, junto con los miembros de la Asociación Blake, como para que además tuviera que dejar en las manos de la deficiente ley californiana la vida del asesino de su familia. Red John muere asfixiado por Patrick Jane en una muerte que supo a gloria. Y a partir de ahí todo se iluminó. The Mentalist renació cuando Red John salió del radar. Era algo que simplemente no me esperaba. Pensé que al obtener el resultado deseado, Jane seguiría con su vida fuera de cualquier grupo policial que se le pusiera encima pero oye, después de dos años vagando como perro por Sudamérica y descubrir muy en el fondo que eso de resolver crímenes se le da de maravilla, decide escalar quince centímetros más y pasar directamente al FBI  como si fuera la cosa más fácil del mundo. Bueno, para él lo fue... Hay gente que siempre tendrá ciertos privilegios.

Es a partir de My Blue Heaven (06.09) donde el cambio se percibe, pero no es tan notorio sino hasta que Green Thumb (06.10) se cuela con una confiada soltura, como si el giro de 180° que acabara de dar la serie fuera poca cosa o hubiera sido algo que siempre estuvo planeado. De esa manera, algo que pensé que no funcionaría resulta enriquecedor y entretenido, agregando con ello una nueva dosis de personajes regulares cuya personalidad logró cubrir cualquier hueco que la entrañable presencia de Van Pelt y Rigsby inspiraba antes de su salida definitiva. Kimball Cho se queda para mantener el equilibro entre el nuevo equipo y el viejo sin que nos parezca demasiado extraña la trasformación del entorno de trabajo. Dennis Abbott, el primero odiado y después amado agente especial del FBI, sirve como supervisor y guía en la nueva travesía del protagonista, y es quien, al final, logra reclutarlo con mil condiciones especificadas en una servilleta sucia que tarde que temprano tuvo que cumplir a regañadientes. Kim Fischer, por otro lado fue el anzuelo que logró sacar del anonimato a Patrick Jane después de que ni siquiera Lisbon accediera a dar la ubicación exacta de su auto exilio. Y luego tenemos al simpático de Jason Wylie, el nerd de la familia, capaz de derretirse al primer Tamagochi que le pongan enfrente.


La formula funciona no porque hayan sustituido a aquellos que salieron, sino porque la trama avanza. No se quedó atascada en un limbo infinito ante la ausencia del antagonista principal. Seguramente sabremos de la Asociación Blake más adelante, pero por el momento el rumbo que ha tomado el programa en general resulta atractivo para aquello que pensábamos que el callejón sin salida en el que se había metido ­—al matar al enemigo a mitad de temporada—, estaba a punto de eliminarlo de la parrilla televisiva. Por suerte los productores apostaron por lo diferente, y eso le ha otorgado a The Mentalist la renovación por una temporada más (aun no sé si estamos hablando de una monstruosidad de 23 episodios o simplemente media temporada). Renovarse o morir. Por suerte eligieron lo primero y su destino a corto plazo ya ha sido marcado, porque la audiencia ha respondido aun a pesar de la montaña rusa que ha sido toda la sexta temporada en general.

Y ahora hablemos de Patrick Jane y Teresa Lisbon. Decir que esto no lo veía venir desde lejos sería decirles una mentira. No estoy yo aquí para decirlo ni ustedes para escucharlo, pero la decisión que tomaron los productores de la serie ha sido ENORME, y debe de quedar muy en claro la situación en la que han posicionado a ambos personajes porque es un viaje sin retorno, y a su vez tan delicado, que cualquier decisión mal tomada mandaría por la borda una relación que promete muchísimo por las circunstancias que la llevaron a materializarse definitivamente después de tantos años.  

La opinión popular señala que los amores platónicos y las tensiones sexuales son positivas mientras existan. Una vez que esta frágil pero resistente barrera se desmorona, haciendo que desemboque en un romanticismo oficial, el interés que representa el show se esfuma, como una pompa de jabón que revienta en el aire al primer contacto con una superficie. Hay un origen específico de este fenómeno y decenas de ejemplos para corroborarlo: se le conoce como el efecto Moonlighting y sus consecuencias son perfectamente conocidas entre los amantes de las series de televisión. El título hace referencia al show de los 80’s creado por Glenn Gordon Caron cuyo éxito se disolvió apenas decidió unir a sus personajes principales sin limitaciones de por medio. La calidad de los episodios decayeron estrepitosamente junto con su audiencia y, un par de temporadas después, el show fue cancelado sin remordimiento alguno (tampoco es que haya podido dar más de lo que ya había ofrecido). La formula se repitió de manera desastrosa con otro show de tintes detectivesco que también se asomó por la parilla televisiva hace treinta años, gozando de cierta popularidad entre el público estadounidense: Remington Steele. De hecho, la serie protagonizada por Pierce Brosnan y Stephanie Zimbalist se estrenó tres años antes que Moonlighting, sin embargo, no sería sino hasta la cuarta temporada cuando los protagonistas consumarían su relación, dándole tiempo a Bruce Willis y Cybill Shepherd de bautizar la maldición.

Teresa Lisbon y Patrick Jane.
Esto me recuerda a un video que ronda desde hace algunos años en YouTube. En un panel del 2009 dedicado a The Mentalist, se le pregunta a Simon Baker (Patrick Jane) y Robin Tunney (Teresa Lisbon) si sus personajes algún día terminarían juntos. A su manera ellos se niegan a creerlo, en parte porque es ese su trabajo. Afirmar que probablemente sí se materializaría su relación de manera oficial o el simple hecho de especular positivamente sobre el tema, dejaría al descubierto cierto interés en ello y la audiencia obtendría una respuesta que saciaría sus ideas. Nunca es bueno saciar ideas, pero llevar la incógnita hasta el final sí; y ellos lo hicieron de maravilla. Sin embargo, no es el video en sí lo que me llamó la atención, sino ciertos comentarios que tratan de refutar la argumentación de Simon Baker sobre el efecto Moonlighting, anteponiendo ejemplos específicos de series que se salvaron del fracaso televisivo después que sus protagonistas se juntaron. Mencionan mayoritariamente dos casos en especial: Bones y Castle, señalando que estos show han continuado con un éxito establecido a pesar del rumbo de sus personajes. Pero cuidado, estamos hablando de casos totalmente diferentes y resultaría a todas luces absurdo pretender que, si eso funcionó con Bones y Castle, la jugada también funcionará con The Mentalist.    

The Mentalist es un drama policiaco, así a secas. Podrás reírte en uno que otro episodio pero en general es una serie oscura que se sostienen bajo el argumento de un personaje cuya familia fue brutalmente asesina por un criminal sin escrúpulos. Por otro lado, Bones y Castle se mueven por caminos muy parecidos y entran dentro de lo que se conoce como comedia dramática, el primero de tintes criminalísticos y el segundo de tintes policíacos. Sin embargo, la pesada carga emocional del show de la CBS no aparece ni en el programa de la FOX ni en el de la ABC y por lo tanto no complica tanto la actitud de los protagonistas.

No hablaré de Bones ya que dejé de verla cuando iba en su tercera temporada, así que desconozco cómo Booth y Brennan terminaron juntos, pero llegué a conocerlos lo suficiente como para saber que no son en lo absoluto como Jane y Lisbon por lo que cualquier punto de comparación se pierde. Por otro lado, visualice Castle (ya hablaré de su season finale cuando vea los 13 episodios que me faltan) casi a la par que The Mentalist, así que nadie me va a venir a decir a mí que, si la formula perfecta de Rick y Kate funcionó en el show, también lo haría la de Jane y Lisbon. Castle es una historia de amor, así nos la han vendido desde el principio, así es como hemos sido premeditados a creerlo. La tensión sexual no resuelta estuvo ahí desde el piloto y todos sabíamos que era cuestión de tiempo antes que terminaran unidos en besos y abrazos. Richard Castle y Kate Beckett han sido una pareja permanente desde siempre, los productores lograron crear un balance entre sus vidas profesionales y privadas para que supiéramos justo lo necesario sin que su relación nos pareciera cansina. Además, cabe mencionar la labor titánica entre cada temporada para lograr que ambos personajes encajaran a la perfección; desde el vestuario de ambos que rayaba la uniformidad, hasta la sincronía absurda de sus movimientos entre escena y escena, sin contar la desbordante personalidad de los dos (tan distintos entre ellos) y lo preciosos que se ven juntos cuando aparecen en el mismo frame. Fue eso, precisamente, lo que nos llevó de la mano a uno de los finales de temporada más perfecto y romántico que he visto últimamente con el maravilloso episodio Always (04.23) y que continúa aun en la actualidad, después de ver que la química entre el escritor y la detective evoluciona de manera maravillosa a pesar de su compromiso.

@snappytoes
Pero The Mentalist es muy diferente; con unas tonalidades de grises imposibles de visualizar en un solo episodio de Bones o Castle, ya ni hablar del protagonista mismo, que roza todos los límites de la moralidad establecida. Patrick Jane es un personaje psicológicamente dañado hasta límites inimaginables que trata de esconder su dolor bajo un optimismo hipnótico y una personalidad embriagadora, pero eso no cambia lo que es en realidad: un hombre obsesionado por vengar a su familia, cegado por el dolor que, de una u otra manera, lo llevará a tocar fondo para quedarse hundido en él o para transformarse totalmente hasta renacer en una nueva persona. Todo esto inunda y desborda las primeras cinco temporadas sólo para culminar en la primera parte de la sexta, cuando él mismo asesina a Red John con sus propias manos, en una actitud vengativa que resulta aterradora incluso para quienes creíamos que era una buena idea. Quizá la oscura personalidad de Jane sólo fue equiparable a la de su propio némesis, otorgándole a ambos la terrible simetría que mencionaba Blake en sus poemas.

Notando una constante a lo largo de todo el show nos daremos cuenta que la vida personal del mentalista estaba sumida en un limbo eterno en el que no se avanzó absolutamente nada durante una década entera. Si, hubo mujeres por aquí y por allá, quizá sólo tres dignas de mención, pero jamás hubo una relación oficial que le orillara a reflexionar sobre su vida y, de paso, diera un giro al obsesivo entorno que lo estaba consumiendo para mal. Para él era importante clausurar de forma definitiva el caso de Red John, de esa manera podría continuar adelante sin sentir la presión del fracaso acosándolo desde su conciencia. Una vez retornado del exilio autoimpuesto, buscó descubrir quién era y qué podía hacer con los trozos que quedaron de lo que fue. En este nuevo panorama, Teresa Lisbon es la única que pudo presumir de mantenerlo a raya, tal y como lo había hecho durante diez años y Jane lo sabe (de hecho, si ella no podía trabajar para el FBI, él tampoco lo haría). Es también ella quien conoce lo mejor y lo peor de él, quien lo ha defendido de tantos conflictos y procesos legales que resultarían absurdos recordarlos todos. Fue Lisbon quien estuvo a su lado durante sus días más oscuros y no se movió ni un centímetro cuando otros no dudaron en abandonarlo. Al final, fue sólo ella quien lo aceptó tal y como era, con su actitud infantil, su arrogancia, sus pretensiones, sus boberías, sus absurdos trucos que rozaban cualquier límite legal y su capacidad de usar a la gente para evadir la realidad. Fue eso también lo que provocó el conflicto final entre los dos. Ella se sintió usada y humillada, preguntándose a sí misma si algún día él podría ser un hombre decente.

¿Lo amaba desde hace tiempo? Por supuesto que lo amaba (y él la amaba a ella), eso era demasiado obvio, incluso para mí, que temí por un futuro en el que no estuvieran juntos, pero Lisbon tenía sus motivos para no expresar en palabras lo mucho que lo quería, porque ¿qué clase de persona es en realidad Patrick Jane si siempre está escondiendo su personalidad de todo aquel que se acerque a él? Aquí estamos hablando de dos personajes peculiares que se apoyaron mutuamente durante demasiado tiempo, pero ninguno de los dos se atrevió a dar el paso definitivo sino hasta éste final de temporada, que se la jugó a todo o nada en las últimas escenas, y terminó con un cierre perfecto entre una pareja que ya merecía un poco de justicia propia. Hay que tomar en cuenta el nuevo panorama ahora que el camino ha sido trazado. El final que nos otorgaron hace una semana iba a servir como clausura definitiva de la serie, pues la producción no sabía si serían renovados para una temporada más, decidiendo con ello darle a los fans lo que sentía que merecían por mera fidelidad durante tantos años. Sin embargo, este mayo se anunció que la CBS renovó para una séptima entrega y es aquí donde la cosa se pone interesante. Es aquí también donde otros show han perdido el encanto (Moonlighting, Remington Steele) y otros se reivindican para mantener una audiencia sólida mientras la calidad argumental de sus episodios no disminuya, porque al final el asunto es así: no existe ninguna maldición, ninguna fórmula para el caos. El rompimiento del amor platónico para transformarlo en romanticismo no es necesariamente sinónimo de mediocridad cuando es mostrado de una forma equilibrada con una producción inteligente. Y los responsables de The Mentalist han demostrado que son capaces de virar de rumbo sin perder la esencia misma de su personaje principal, que al final es quien mantiene a flote este barco que por momentos parecía hundirse sin remedio. La clausura de esta sexta temporada nos otorga el privilegio de ver el camino que se inicia justo donde Blue Bird (06.22) termina. Será bastante interesante ver la evolución de la relación entre Jane y Lisbon a partir de los nuevos casos, y cómo afectara esto su propio trabajo porque créanme, no será lo mismo. Mientras eso sucede nos quedamos con un descanso de, mínimo, siete meses, así que saquen sus camas de dormir e hibernemos hasta final de año soñando con ese beso que supo al azul más intenso, ¿no? ;)  

1 comentario:

  1. Coincido bastante con lo que vos has escrito. Veo este show desde hace ya algunos añitos y me estaba pareciendo que se estaba volviendo repetitivo y cansino. Una lastima. Por suerte supieron retomar el rumbo en esta 6ta temporada. Lo que sí me impacto mucho fue la eovlucion en la relacion de Lisbon y Jane. Que cosica más hemosa ¿a que sí? *---* y he leido por ahi lo que vos mencionas arribita, que las cosas se ponen feas cuando dos personajes se enamoran y me da algo miedillo porque no quiero que todo lo que El Mentalista ha conseguido como show se vaya a la basura por un desliz de los escritores... eso seria de lastima. Pero tengo fe en que no sera así.

    He adorado lo que has dicho de Castle, adoroooo ese show y Beckett y Castle son mi OTP, curiosamente junto con Brennan y Both y Jane y Lisbon <333. No suelo shippear a parejas principales, siempre me voy por los secundarios, pero con ellos no me he resitido. Algo que no me pasó con Fringe, por ejemplo. Lo que si me ha dado curiosidad es que vos mencionas en post anteriores que tu show favorito siempre ha sido X FILES y he leido en foros de El Mentalista que ciertos usuarios esperan que el show no caiga en su última temporada en la monotonia que tambien envolvio a X FILES, pero yo nunca he visto este ultimo show. Siempre me ha picado la curiosidad pero no he conseguido todas sus temporadas. SON MUCHAS. Y sé poquisimo de Mulder y Scully mas alla de sus nombres, pero son un referente de la cultura popular asi que es imposible pasar de ellos. Muchos dicen que su relacion es parecida a la de Lisbon y Jane ¿es así? Me gustaria saberlo. Y tambien noté que, tanto en Bones como Castle, han hecho homenajes a la serie, o referencias (en Fringe tambien), de hecho, el actor que interpreta a Mulder ha grabado un episodio de Bones, supongo que lo vos habréis visto. ;D Y pues eso, que me gustaria saber que tan parecidos son la pareja de ambas series y cual fue el fracaso de X FILES, ¿tuvo que ver algo de La Maldición de Moonlighting?? ¿tiene que ver algo el bebé que tuvieron? (que me entere por ahi que tuvieron uno y luego lo dieron en adopcion, en Bones tambien ambos tuvieron una bebé hermosa pero nada que ver el destino de estos nenes en ambas series, ¿no?)

    UN abrazo y un saludo!!!!!

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