1 nov. 2009

¡Bienvenidos a la tierra de los vivos!

Imagen tomada el 2 de Noviembre del 2008 en el cementerio Benito Juarez.
Escuinapa de Hidalgo, Sinaloa.

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Hace varios años el día 1 de Noviembre mi abuela solía decorar un hermoso altar del día de muertos, se lo dedicaba a todos sus familiares fallecidos. Se veía hermoso. Después de eso se dedicaba a rezar un rosario en su honor. Era así todos los años, ese mismo día y al día siguiente. El tiempo pasó, ella murió y ya nadie más lo volvió ha hacer. Este día siempre la recuerdo a ella y a su altar y a aquellos que decidieron partir antes que nosotros. Dejándonos así, tan solos en este mundo caótico.

La abuela también tenía otra tradición que recuerdo con más cariño aun, ya que en una ocasión tuve la osadía de imitarla, y consistía en ir al patio de la casa (en la noche) y encender una veladora por cada alma que es recordada y otra más por aquella que es olvidada, formando al final una cruz que iluminaba a la distancia un jardín oscuro y frío. Todo eso lo encabezaba una veladora que venía en un vaso de vidrio, era la más grande y gruesa de todas, y su razón era la de ser encendida en honor al alma más vieja del pueblo.

Otra pequeñez que la abuela hacía muy en la madrugada, antes de ir a dormir, era dejar encendido un foco de la terraza de atrás, un foco que sólo se prendía en fiestas o cumpleaños que se prolongaban después de que el sol se ocultaba. En una ocasión le pregunté para que lo hacía y ella me dijo: "Para que las almas que vengan a visitar esta casa sepan que alguien las está esperando. Que entiendan que su peregrinaje desde el más allá, no ha sido en vano".

Pura sabiduría y verdad había en aquella anciana.

Hace un par de años que ella nos dejó, se supone que ahora es su oportunidad de visitar este mundo, lo triste de esto es que no hay nadie aquí que se invente un altar para recibirla esté día, ni un ser humano que encienda la luz trasera de aquel vacio patio para que sepa que alguien la está esperando, ni nadíe que coloque una cruz mientras recite nombres de muertos vivos en un noviembre que escupe aire frio. Ni calaberitas de azucar, ni pan de muerto al anochecer, ni platillos favoritos, sólo visitas efimeras al cementerio una mañana cualquiera.

Algun día, si la muerte no viene por mi antes de tiempo, pienso hacerle el altar que se merece, a ella y a todos sus muertos, será hermoso y eterno, como aquel pinito de Navidad que tanto soñamos con decorar juntas un día.

¡Te lo mereces abuela! ¡Que tengas un buen viaje de ida y de vuela!

3 comentarios:

  1. El día de muertos siempre ha tenido el significado que se merece gracias a mi abuela, que es de las pocas personas que siempre se esmeró por mantener la tradición a flor de piel, y ella más que nadie se merece su altar, porque ella creyó en ello y tal vez lo esta esperando. Me comprometo a hacerle su altar el próximo año!!

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  2. XDDD, espero que estemos juntas, en el mismo lugar.

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  3. De todo corazón deseo que le pongas el altar a la abuela. Sería muy triste que ella haya venido este día y se haya regresado con las manos vacías.

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