3 nov. 2010

El ángel caído del cementerio Juárez...

"Desde los tiempos más remotos vuelan los ángeles guardianes,
siempre celosos de sus votos contra atropellos y desmanes.
Junto a las cunas infantiles, junto los tristes moribundos,
cuentan que velan los gentiles seres con alas de otro mundo."*
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Me gustan los ángeles, las figuras de ángeles. Veo algo maravilloso en ellos que me es difícil explicar. Quizá sea el aura que desprenden sus manchados cuerpos. La blanca pintura que se les cae a pedazos. Los pétalos de rosas que se desploman de sus engarrotadas manos.

Un ángel cayó a la tierra unos metros más adelante de donde yo me encontré hace días con el hada guardián que custodiaba el descanso eterno de un niño muerto. El ángel estaba solo, olvidado y quebrado, arrojado sin piedad a la parte trasera donde unas horas antes estaba de pie. Sus alas no amortiguaron la caída y junto con él cayeron también todas las bondades de los hombres.

No sé por qué cuando lo vi recordé la canción de Silvio Rodríguez, aquella muy suya que habla de los ángeles urgentes. Los que llegaron tarde a sus citas y lloraron de tristeza cuando se dieron cuenta que aquellos que estaban bajo su protección murieron asesinados por las manos de otros hombres. Los ángeles fallaron en Memphis, Tennessee y también en Cuba e Hiroshima. Llegaron tarde a miles de lugares y la incompetencia manchó sus sagrados nombres.

Hoy ellos habitan los cementerios y vigilan estáticos los cuerpos que no pudieron salvar. Condenados eternamente a ver la vida desde su estoicismo. A mirar con ojos vacíos la agonía de los vivos. A ver ataúdes cargados en hombros por hombres que tarde o temprano también descansarán allí para siempre.

El querubín que está tirado mira al infinito, la nada maldita que se extiende en el cielo. Cuando me acerco a él veo la tristeza que embarga el lecho donde descansa, huele a muerte, no solo a flores, sino a carne muerta, a fierro oxidado, a cuerpos quemados. Allí, junto al ángel caído, van a parar aquellos ataúdes que ya cumplieron su cuota en el cementerio. Cinco años de sueños bajo tierra, para después ser arrojado a la parte trasera de las tumbas. Ataúdes reducidos a cenizas y vegetación verde que la naturaleza se encarga de hacer crecer para tapar un poquito la porquería que deja el fuego que consumió la última morada de un muerto. Para disimular el olor putrefacto que emana de allí, para construirle un pequeño colchón al ser alado que hoy tumbaron y cuyo canasto vacío lo acompaña en su último descanso.

Que en paz descansen él y todos los ángeles caídos.

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* Canción: "Cita con ángeles" de Silvio Rodríguez - Letra AQUÍ y Música AQUÍ.

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