8 oct. 2013

Día 01 — Canción favorita (30 días)

«Donde caen los sueños» de León Gieco y Luis Gurevich.


Si acaso existe una canción que me gustaría escuchar en mi agonía es esta, y únicamente esta. Es preciosa. La adoro por la sencillez de sus acordes y su lírica. No es un tema que pretenda ser grande, sino que crece y su significado se intensifica al acercarnos de una forma suave y cálida a algo tan real e inevitable como es la muerte.

«Me voy, me voy, con dolor y cantando», sentencia con mesura la primera frase del tema. Tan certera y directa; tan necesaria. La primera vez que escuché «Donde caen los sueños» (letra) fue la noche en la que falleció mi abuela. Estaba buscando una canción que me inspirara para escribir un post en mi blog sobre ella y me tope por casualidad con este tema en YouTube. No sé cómo pude pasar de la tristeza a la resignación y aun así encontrar unas palabras para dedicarle a esa mujer de estatura pequeña y cabello blanco cuya luz se había apagado aquella noche de otoño, pero sucedió, y gran parte de lo que pasó esos días fue suavizado por este tema específicamente.

No es una canción triste; no es una elegía. Es un tierno homenaje a la vida. Es nostálgica y melancólica. No es un adiós, sino un hasta luego. Porque eso sí, a mí la muerte siempre me ha sabido a otoño, a hojas secas y días fríos; naranjas y brumosos. A la estrella vespertina, a un atardecer en el campo, al ocaso a la orilla de la playa o la vista fugaz a un tren que acaba de partir y se pierde en el horizonte dejando una estela de humo tras de sí; dejando detrás todo lo que fue. Es una visión romántica, lo sé, pero esa es la idea que siempre he tenido en mi cabeza. Me gusta que así sea. Como el poema “Para entonces” de Manuel Gutiérrez Nájera o “En paz” del gran Amado Nervo; lejos de ataúdes, santos rosarios, lágrimas derramadas y solitarios cementerios.

Esta canción logra captar la esencia detrás de la tragedia y del dolor, por eso sobresale, por eso se convierte en algo especial, en una carta de despedida antes de alejarte para siempre de todo lo que conoces. No es una canción muy coherente o narrativa; lleva frases sueltas tras de sí cuya simpleza logra captar la necesidad de creer que la muerte nos convierta en algo mejor de lo que fuimos en esta vida «Con mis alas ya luzco mejor, al sol». Somos seres esperanzadores, anhelantes; muy en el fondo, —incluso el más creyente de los seres vivos—, tenemos miedo que no haya nada después de la muerte, de que la vida en verdad termine donde tiene que terminar y no continúe en aquel misterioso lugar al que muchos llaman Paraíso.

Queremos ser eternos.

«Eternidad que se hace canción para quedar en los caminos, 
como un bálsamo de los días vividos».

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MENCIÓN ESPECIAL

«The Ballad Of Love And Hate» de The Avett Brothers.

Bueno, ya sabemos que los chicos de The Avett Brothers siempre han hecho buena música y escoger únicamente una canción de su discografía e incluirla aquí ha sido lo más cercano que he tenido a un gancho en el hígado. Seguramente es ilegal; tan ilegal como subirla a mi Box y ponérselas aquí para que la escuchen. Ésta soy yo viviendo al límite, como siempre. 
  

El primer tema que escuché de ellos fue en el lejano año del 2009. Sí, muy lejanos están aquellos tiempos. La canción era «I and Love and You» del álbum del mismo nombre. Y miren que yo no soy de las que se pone cursi con cualquier cosa pero este tema pudo muchísimo conmigo. Sin embargo, he escogido «The Ballad Of Love And Hate» (click en el título para leer la letra) por otras razones, entre ellas por su narrativa. Es una joya.

Y es que, la primera frase de la canción es «Love writes a letter and sends it to Hate» (Amor escribe una carta y se la manda a Odio) y a partir de ahí se encarga de narrarte un breve momento en la vida de estas dos personas cuyos nombres están ocultos entre los sentimientos que los definen.

«Hate sits alone on the hood of his car.
Without much regard to the moon or the stars».

«Love takes a taxi, a young man drives.
As soon as he sees her, hope fills his eyes».

Y de repente, la canción se convierte en una historia. Algo que podría caber fácilmente en una novela romántica esta banda de Carolina del Norte es capaz de convertirla en balada, con toda la estructura narrativa que una buena trama requiere. Uno de esos temas que no quieres dejar de escuchar hasta llegar al final, hasta saber cómo termina aquella tensión entre ambos protagonistas, cuál es el límite o el punto sin retorno en su relación. Es la melancolía hecha canción.

La última parte del tema es una lluvia de sentimientos indefinibles. No sabes qué sentir por ellos; por ella y por él, por el odio y el amor. ¿Lástima, ternura, esperanza, comprensión, entendimiento? Al final se huele una fina resignación de su vida en pareja; como algo que podría cambiar si se lo propusieran, pero que al parecer ninguno de los dos está dispuesto a hacerlo o discutirlo (…Whatever, como sea..).

Me fascina escuchar esta canción, sobre todo porque una vez que empiezo a reproducirla no puedo detenerla, tiene que llegar al final. Es una necesidad, casi una obligación. Presionar el botón de STOP antes de tiempo es un atentado con la integridad de la historia. Algo raro que no suele sucederme con otros temas. Lo cierto es que ya he perdido la cuenta de cuántas siestas me he tomado con esta canción de fondo y no me arrepiento de nada. :)
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«A Dustland Fairytale» de The Killers.

El tema que hizo enamorarme de The Killers. Adoro esta canción tanto como se adora la vida. Tampoco me pidan que escoja una sola canción del grupo porque no lo haré. No puedo. Sufriría de calcinación espontanea si me atreviera; así que dejémosle ahí.


«A Dustland Fairytale» fue escrita por Brandon Flowers —líder y vocalista de la banda— y está dedicada a sus padres, ¿puede haber algo más hermoso que eso? ¿Retratar la vida de personas tan imperfectas y llenas de defectos en una canción? Lo dudo.

Un polvoso cuento de hadas que comenzó con un beso más de la basura del condado en el lejano año de 1961 y, de ahí, el tema se encarga de adentrarnos al Estados Unidos del sur; polvoriento, orgulloso, problemático y jodidamente pobre, como siempre lo ha sido (o como siempre lo hemos visto). Y de repente, ella se convierte en Cenicienta y él en un príncipe de cromo americano, con pantalones vaqueros, que le lleva como serenata aquella vieja canción de Johnny Mercer, tan de moda en aquellos tiempos. Y el tiempo pasa, las cosas cambian, la vida se hace más difícil, él tiene problemas con el alcohol, ella mantiene la esperanza de que las cosas tarde o temprano mejoren. Él se redime, ella se enferma, empieza a morir… Y para cuando la canción termina tú ya estás llorando en un valle de lágrimas y no sabes cómo salir de ahí sin ahogarte en el proceso. 
   
Lo  que me fascina de la canción (además del trasfondo, por supuesto), es cómo comienza con una abrazante suavidad para poco ir agregando más ritmo al tema, de tal manera que, para cuando llegas a la última estrofa y la orquesta da todo de sí, tú estás luchando con tus demonios internos para no saltar en tu cama y cantar a todo pulmón sin importar que tus vecinos se quejen. No me ha pasado eso, lo juro.  Y es que la última estrofa cala muchísimo en el alma. Ya no te está contando una historia, sino una súplica, una petición, unas palabras para que Cenicienta no muera, para que luche.

Now Cinderella don't you go to sleep,
it's such a bitter form of refuge.
Why don't you know the kingdoms under siege
and everybody needs you.
Is there still magic in the midnight sun, or did you leave it back in '61?
In the cadence of a young man's eyes.
Out where the dreams all hide.

Ahora Cenicienta, no te vayas a dormir.
Es una forma muy amarga de refugio,
¿Acaso no sabes que los reinos están sitiados
y que todos te necesitan?
¿Aun hay magia en el sol de medianoche, o la dejaste atrás, en 1961?
En la cadencia de los ojos de un hombre joven.
Allá, donde los sueños se esconden.

Lo cierto es que Cenicienta luchó, hizo todo lo que pudo, pero aun así murió en el año 2010, casi cinco décadas después de aquel beso que dio comienzo a este polvoriento cuento de hadas.

Escucharla en vivo es UNA JOYA. De todas las canciones que cantaron en el concierto de abril ésta fue por mucho mi favorita. Es mucho más poderoso cuando un estadio repleto de gente canta uno de tus temas favoritos, créanme. Escuchar, no sólo al vocalista, sino a miles de personas coreando el mismo tema ha sido una de las experiencias más fascinantes de mi vida y nunca, pero nunca, lo olvidaré. :')

Si bien este tema está cantado desde el punto de vista de ella, existe otro cantando desde el punto de vista de él y que podríamos tomar como una segunda parte de esta canción, aun con todas sus variantes e incompatibilidades. «The Clock Was Tickin'» termina con la historia que aquí no concluyó porque aún no sucedía.

And the weeks fly by and the years roll on.
The house is quiet now and everything inside it seems to know she’s gone
There’s a picture of you both sixteen years old just kissing
And that clock up on the wall was tickin’.

Y las semanas vuelan y los años ruedan.
Ahora la casa está en silencio y todo lo hay dentro parece saber que ella se ha ido.
Hay una foto de ustedes dos con dieciséis años, besándose.
Y aquel reloj de la pared haciendo tic-tac.

Discúlpenme, voy a llorar en aquella esquina de mi habitación. Regreso en un minuto.
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«The Music of the Night» de The Phantom of the Opera.

Podría escoger fácilmente esta canción como la más pura de todo el musical. Me fascina. Es una oda a la música y me rindo a sus pies. Y reconozcámoslo, es quizá el tema más conocido de toda la obra. Es como el I Dreamed a Dream de Les Misérables; reconocida a mil kilómetros a la redonda. Bueno, esa y el tema principal del musical, con aquella tonada tan conocida que al parecer el Andrew Lloyd Webber le plagió a Pink Floyd en el tema "Echoes" xD.


Existen muchísimas versiones de esta canción, para todos los gustos y colores, yo escogeré la de Ramin Karimloo, pero no la de su Fantasma, sino la versión incluida en su álbum como solista. La razón de esto es porque Erik (¿alguna vez lo llaman así en el musical?) es un ser demasiado dañado; obsesivo, posesivo, celoso, e incluso, manipulador. Arriba de un escenario teatral este tema es cantado metódicamente con un propósito, para provocar una especie de trance en Christine —su ángel de la música—, para que ella sienta una conversión tremenda hacia él que demuestre su lealtad; como una forma de adueñarse de ella. Si uno escucha este tema de la mano de cualquier actor que haya interpretado a el Fantasma se dará cuenta de un patrón común al interpretarla; cierta cadencia en la voz, el mismo tono, casi un susurro; en tono pausado y calmo, tal y como cantarías para dormir a alguien.

Él personaje del Fantasma es bastante complejo, muchísimo más que el de Christine, y por esa razón no quiero ahondar demasiado en su historia; pero la canción en sí es una descripción y un tributo a la música, a cualquier música; no sólo se limita a la ópera, y eso es lo que la hace más preciosa.

Softly, deftly, music shall caress you.
Hear it, feel it, secretly possess you.
Open up your mind, let your fantasies unwind,
In this darkness which you know you cannot fight.
The darkness of the music of the night.

Suave, hábil, la música te acaricia.
Escúchala, siéntela, cómo te posee secretamente.
Abre tu mente, deja que tus fantasías se desenvuelvan,
En esta oscuridad en la que sabes que no puedes luchar.
La oscuridad de la música de la noche.

Si uno escucha el tema del concierto del 25th aniversario del musical y después el tema incluido en el álbum del mismo actor entonces se notaran diversos matices en ambas interpretaciones. La que está incluida en el álbum es suave, tierna, disfrutable; no tiene la rigurosidad que exige una obra, se siente más libre. No es una canción actuada, y al no existir necesidad de actuarla o interpretarla dentro de un personaje la hace más creíble. El Fantasma y Christine pasan a un segundo plano y entonces la canción por sí sola se convierte en esa oda a la música que mencioné con anterioridad. Y la obsesión del protagonista desaparece para dar paso a la necesidad y la gratitud hacia su musa, hacia su ángel de la música; aquella única mujer que es capaz de hacer que su canción logre levantar vuelo y brillar.

You alone can make my song take flight.
Help me make the music of the night.  

El musical The Phantom of the Opera cuenta con una continuación llamada Love Never Dies situada varios años después de que el Fantasma y Christine toman caminos separados. Ella se ha ido con otro hombre, él ha huido a otra ciudad y el tema «Till I hear you sing» reúne aquel ¿amor? ¿Obsesión? Que Erik aun lleva en su mente por ella.

Let hopes pass, let dreams pass
Let them die!
Without you, what are they for?
I’ll always feel
No more than halfway real
‘Till I hear you sing... once more.

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It’s over now the music of the nigh! T___T

Para terminar, no puedo creer que me haya atrevido a escoger sólo 4 de mis 500 canciones favoritas. Merezco un premio o algo parecido. He escogido los temas que, desde que los conocí, no he parado de escuchar. Son esas canciones que tienen un lugar permanente en mi laptop, mi celular, mi tablet y mi corazón. Están ahí por donde las mires y sé que se quedarán así por mucho tiempo porque aunque los años pasen yo las sigo adorando.

Existen más (¡por supuesto que existen más!) pero con sólo cuatro temas he llenado seis páginas de Word y creo que es un suplicio hacer esto más grande, sobre todo porque el punto #1 del Meme 30 Días dice específicamente Canción favorita; singular, no plural, pero yo voy por la vida pluralizando cosas sin pedir permiso y me quedo tan ancha. xD

Así que como pueden ver, todas mis canciones son bonitas, ninguna es triste. Y no estoy llorando, ¿Quién dijo eso? 


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