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22 oct 2014

—¿Subimos al faro? —Sí, ¿qué tan difícil puede ser?

No, si desde aquí hasta chiquito se ve.
—¿Compramos agua antes de subir?
—No ¿para qué?, ¿tienes sed?
—Yo no.
—Yo tampoco. Subamos así.
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Esta conversación se dio entre dos personas inexpertas que un día, así de golpe, por cosas del destino que ni ellas mismas saben explicarse por qué, decidieron subir a uno de los faros naturales más grandes del mundo para intentar ver la ciudad que lo alberga desde allí, desde la cima misma; intuyendo, claro que una vista paradisíaca los esperara en los confines del mundo, en el fin de la tierra. Digamos que estas dos personas eran familiares. Digamos que eran padre e hija. Incluso cometamos la grosería de revelar sus identidades: ella se llamaba Linda Murúa y el José Ramón. Y entre los dos no se hace ni uno.

Pongámonos a pensar un momento (porque eso es precisamente lo que nosotros no hicimos aquel día): los otoños en Mazatlán son calurosos; llámalos como quiera pero eso es lo que son, pegajosos y calurosos. Ante la disyuntiva de ver cómo matar las 4 horas que faltaban para que a mi padre le entregaran los resultados de sus análisis de rutina tuvimos que elegir entre dos opciones: 1) ir a la Gran Plaza y recorrerla de palmo a palmo, perdiéndonos entre sus pasillos con el aire acondicionado a tope y tragando cuanta chuchería se nos pusiera enfrente mientras veíamos cómo la vida era demasiado generosa con nosotros o 2) subir al faro de Mazatlán sin el equipo mínimo necesario y sintiéndonos eternos sabiendo que no lo éramos. Adivinen cuál de las dos cosas fue la que escogimos. Ajá.

No habían pasado ni 30 minutos de habernos zampado un desayuno de campeones y tragarnos medio litro de jugo de naranja cuando ya estábamos al pie del cerro del Crestón orgullosos de nuestra magistral iniciativa que iba entre el carpe diem y el YOLO. La conversación que encabeza este post nació allí, a las faldas de la montaña que con sus 152 metros de altura no le envidiaba nada, pero nada, al Everest (digo, por lo menos el Everest está nevado). El puesto de comidas y bebidas estaba a menos de 10 metros de donde nosotros estábamos pero como no teníamos sed pues vale, aventémonos del avión sin paracaídas y bravo. GRAVÍSIMO ERROR. De hecho, el primer grave error fue tragarnos bien y bonito la placa que nos daba la bienvenida al lugar donde se señalaba que llegar hasta la cima te tomaba únicamente 25 escasísimos minutos. Darte una ducha te toma más tiempo, ¿verdad? Y nosotros, saltándonos todo los parámetros de lo saludablemente lógico decidimos subir esos 152 metros con zapatos de vestir, camisa negra, pantalón, una mochila que pesaba más que nuestra moralidad Y SIN UNA GOTA DE AGUA PARA TOMAR, a plena 10:30 de la mañana, con el sol a tope y sin una ráfaga de viento que nos protegiera del golpe de calor ¿A QUIÉN EN SU SANO JUICIO SE LE OCURRE HACER ESO? ¿Quién puede creer que algo así pueda salir bien? De hecho, yo me arrepentí de emprender esa misión a los 20 segundos de empezar a caminar, cuando mis muslos se tensaron y ya no respondieron. Ni siquiera sé cómo continué caminando hasta la cima entre tanta miseria. Mi padre incluso tuvo ánimos de tomarse fotos conforme iba subiendo, ¿HOLA? Yo me negué a tomarme fotos, sería como fotografiar a Jesús de Nazaret durante el Vía Crucis y me dio mucha pena propia. Si las imágenes salieron poco decentes no fue por culpa de la cámara sino por mi pulso de maraquero agonizante a punto de sufrir un infarto.

Mega zoom al caminito (fotos tomadas el día que perseguí al sol)

Nos detuvimos como 10 veces de subida mientras veíamos con impotencia cómo otros se nos adelantaban en el camino o peor aún, bajaba de allá con una sonrisa en los labios de orgullosa satisfacción. Y aquí incluyo a señoras que probablemente tenían más años que mi abuela. En un momento dado vimos pasar a una pareja de estadounidenses que amablemente nos saludarnos mientras nosotros olvidábamos todos los idiomas del mundo, incluyendo el español, y sólo nos enfocábamos en respirar al ras del camino, tirados junto a nuestra ancha dignidad. Creo que lo único que brotó de nuestras bocas fue un sonido intangible entre el respiro del que agoniza y un Good morning! que sonó más a francés que a inglés.

Llegó un punto en el que de verdad creí que me iba a morir. Conforme más subíamos veíamos con impotencia cómo el cerro no tenía fin, avanzaba más y más, crecía (¡jodido cerro grosero!), salían rocas de donde antes no las había. Lo super mega pesado del camino ocurre cuando comienzan las escaleras. Conté hasta 58 pero perdí la cuenta cuando me di cuenta que eran exageradamente demasiadas ¡Cómo carajo te aferras a eso! Por un lado hay un acantilado y por otro un ramerío del que podrían salir serpientes, drogadictos y poetas. Cuando solté la mochila que traía colgando fue cuando en verdad pensé que la palmaria allí, a cien metros encima de la ciudad donde nací. Debajo del sol implacable y ninguna sombra que nos protegiera. No podíamos caminar más porque las piernas ni siquiera nos respondían y sentíamos que el corazón se nos iba a salir ¿Cómo pides ayuda allí, en medio de la nada? ¿Hay algo más impotente que estar rodeado de un océano entero, con toneladas y toneladas de más agua y no tener al alcance aunque sea un litro para echártelo en la cara? Cuando necesitas ayuda médica qué haces ¿subes o bajas? ò____ó En ese justo trayecto incluso hay una desviación de tierra que no conduce a ninguna parte salvo a una caída libre de cientos de metros hasta llegar al mar. Ya saben, el camino más fácil siempre es el suicidio. Es como abandonarte en una isla desierta con una pistola cargada y una bala. Una generosa invitación.

Por allí cerca, ya casi en la cima, nos rebaso un pitbull y su dueño, ni siquiera se despeinaron cuando pasaron a nuestro lado. No habían pasado ni siquiera cinco minutos cuando ya venían de regreso como si fuera la cosa más absurda y fácil de mundo. No lo es, lo juro. Los últimos 20 escalones hasta los contamos y al dar la última vuelta todas las ideas de morir sin dignidad se esfumaron cuando vimos el letrero celestial que señalaba la diferencia entre la vida y la muerte: “SE VENDE AGUA, REFRESCOS Y GATORADE” ¡Dios bendito! Juro que incluso vi a San Pedro dándonos la bienvenida y los arcángeles entonando ¡Aleluya! Mientras Beethoven escuchaba y el aíre corría generoso mientras un perrito mestizo se acerca moviendo el rabo. De todo esto creo que sólo el perrito era verdad.

El agua de 500ml en el fin de la tierra cuesta $10 por si estaban con el pendiente. Le dije a mi padre que me despidiera de mi familia cuando bajara por yo me negaba a salir de allí. Me quedaría a vivir en ese lugar hasta que construyeran una tirolesa, un elevador o lo que llegara primero. Le ayudaría al velador a encender el faro y caminaría alrededor del edificio hasta la segunda venida de Jesús o cuando el foco gigante se fundiera; lo que llegara primero. Después él me recordó que allá en la cima no hay internet y fui la primera que puso un escalón en el camino de regreso. Lo cierto es que duramos unos 40 minutos allí y consumimos el 80% del agua potable que tenían de reserva en la nevera. La vista, eso sí, es PRECIOSA y ninguna fotografía logra hacerle la justicia que se merece. Frente a nosotros estaba un señor de unos 75 años que se sentó cinco minutos y pum otra vez de regreso. WHAT?!!!

El regreso fue más sencillo pero no por ello más bonito. A esas alturas las piernas nos temblaban como pototito masticado pero por lo menos el corazón ya no amenazó con detenerse. Más curioso fue ver cómo a lo largo de la tarde nos topamos con varias personas del faro en distintos puntos del centro de Mazatlán… Tal vez no eran personas, tal vez eran ángeles \(.__.)/

¡Juro solemnemente que no lo volveremos a hacer (por lo menos no así, a lo bruto)!   

¡Sobrevivimos pero estamos muertos!

12 ene 2013

La costumbre de cantarle al mar...

El viejo y el mar. (Mazatlán, Sinaloa, México)

—Le estoy cantando al mar —se justificó el anciano apenas me acerqué al malecón. 

Imagino que cantar solo, con una guitarra, encierra un grado de locura que no cualquier humano puede entender. "Locura senil" diagnosticarían las personas que pasaran a su lado. Quizá al verme con una cámara en la mano el hombre sintió la necesidad humana de la justificación: "No estoy loco, ¿lo ves? le estoy candando al mar". Cuando le cantas a algo (o alguien) aquello se transforma en algo idílico, sublime. Virtuoso. Cantarle al mar adquiere un tinte místico y romántico. Aquel anciano canoso de piel curtida y voz melancólica abrazaba su guitarra como sólo los mejores juglares lo harían. La afinaba con cariño, tocaba un poco, la volvía afinar, cantaba un estribillo misterioso, una estrofa indecisa entre una dicción apagada; y el mar, en respuesta, escupía las olas más inocuas del mundo. 

—Yo estoy viendo las gaviotas —le mentí; en realidad lo estaba viendo a él.

El viejo quitó su mirada del mar, me miró un momento —una eternidad—, dió un suspiro tierno y sonrió.

—No eres de aquí ¿verdad? 

Lancé un disparo con la cámara a la nada. Una gaviota fantasma quedó inmortaliza en pixeles irreales, tan falsos como ella; entre el océano Pacífico y una isla mazatleca. 

—¿Cómo lo sabe?

—Estás mirando las gaviotas —pronunció riendo con una melancolía tan densa que llegaba hasta la playa—. En Mazatlán ya no miramos las gaviotas. Es más, hay veces que nos despertamos y nos olvidamos mirar al mar. Es decir, lo vemos, pero no nos damos cuenta que está aquí; que está vivo. Lo vemos como una cosa. 

—Es la costumbre —le dije sonriendo.

—Exacto, la costumbre —repitió el anciano—. La costumbre mata muchas cosas maravillosas. Acaba con lo extraordinario de las cosas ordinarias. Ése es su trabajo; el trabajo más triste del mundo. 

—Soy de Escuinapa —señalé—. En Escuinapa hay mar, pero no tan cerquita como para acostumbrarnos tanto.

—Ja, qué privilegio. Yo le canto al mar pa' que sepa que alguien se acuerda de él. Luego se amula y avienta olas gigantescas. Ya ves lo de Indonesia, lo de Chile, ¿y quién sigue? Yo me levanto todos los días y le canto una canción esperando que el próximo que venga no sea pa' Mazatlán. Nos jodería la vida, en general y entonces sí lo veríamos. Al mar. Yo no sería como un semáforo o como una pulmonía, no sería un objeto, sino un ser. Apenas así apreciaríamos la tranquilidad que tiene estos días ¿no?

—Me imagino que sí. 

—La verdad no quiero cantarle mucho ¿sabes?; capaz que se acostumbra y un día de estos igual nos lanza la ola gigantesca que tanto temo —soltó una risotada contagiosa—. Ya me imagino mi guitarra y yo flotando entre los taxis y las palmeras.

—No pasará —me atreví a sentenciar sabiendo que era una mentira. Tarde o temprano pasará. En un año o en mil quinientos, ¿acaso importa?

El rostro del anciano volvió adquirir una languidez de mil leguas que ni cien canciones podrían narrar.

—La costumbre muchas veces no es buena; las personas deben de entenderlo. ¿Cuántos antes que yo se murieron soñando con ver el mar? Muchos. Muchísimos.

Hablamos un rato más sobre temas que otros tildarían de absurdos y locos; humanos cuerdos que nunca entenderían la locura de las cosas bellas y la sencillez de la gente buena. Nos despedimos ahí mismo; yo con mi cámara y él con su guitarra. Mil batallas pudimos haber ganado con esas armas. "Qué te vaya bien, niña, nunca te acostumbres a los tamales barbones de Escuinapa... o todas las guerras estarán perdidas".

Ni yo, ni él; ni la costumbre (ni los periódicos, ni los profetas, ni los videntes, ni los señores del tiempo), imaginábamos remotamente que, menos de 20 días después, aquella 'siguiente ola' era para las costas de Japón y no para nosotros. Miramos el mar por unos días, medimos sus olas y durante un tiempo nos preocupó que tardaran más de lo normal en regresar a la costa. Hubo noches en las que me pregunté qué nana había cantado aquel anciano para aplacar las pesadillas del mar, ¿cuántas elegías brotaron de su boca a los pies del malecón por la gente muerta? No lo sé. Quizá jamás lo sepa con certeza. Tampoco es que lo quiera saber. 

Hoy hemos vuelto a mirar el mar con la misma pesadez de siempre. 

La costumbre, diría él.

Cuánto extrañarán los habitantes de Linfen el azul del cielo o el color del sol; sentir el aire puro entrando a sus pulmones, pasarse el paño por la cara sin sentir la suciedad adherida a la piel... Pero ¿cómo podrían extrañarlo si nunca  lo han sentido? Pienso esto mientras miro el cielo de mi ciudad con tonos grises y perezosos por culpa de las nubes cargadas de agua; el pronóstico del clima me advierte que lloverá. Falla más veces que la difunta Giovannita, pero sonrío al ver las gotillas falsas dibujadas en el recuadro asignado para el día de hoy. "Lloverá en mi mente si no llueve en el mundo real... pero lloverá" repito en silencio. Nos cansamos de ver unas cosas para imaginar que algún día seremos capaces de ver otras y sorprendernos. 

La costumbre también juega muy malas pasadas. Me había acostumbrado a ver la fotografía de este anciano y su guitarra y su mar en mi carpeta de Imágenes y juré en nombre de todos los dioses griegos y sus hijos que ya les había platicado esta anécdota, pero he buscado y buscado por el blog y no está ahí. La soñé. La inventé. Pero jamás existió; hasta hoy. Aquí está, ahí la tienen, junto a la costumbre de ver tantas fotos de otras experiencias que probablemente ya imaginé que se las conté y aun no han brotado de mi mente. Tal vez, si la costumbre me lo permite, algún día se las contaré todas. 
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La crónica de este viaje ya está escrita anteriormente aquí.
De éste mismo viaje nació el post «Mi isla de resistencia mientras las revoluciones estallan». Y de la tragedia en Japón hice este pequeñísimo proyecto «Mil grullas de papel para Japón».

25 sept 2011

Persiguiendo al sol...

Rumbo a Mazatlán :).
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Mi abuela paterna cumplió años el pasado mes de agosto y se armó una pachanga que duró lo mismo que dura una boda judía; pero no quiero hablar de ello, sino de la oportunidad que se me presentó gracias a eso, sobre todo porque es un sueño guajiro que siempre había tenido; lo juro, desde pequeñita. 

La mayoría de mis tíos viven fuera de Sinaloa y usualmente sólo se reúnen en Navidad. Esta vez fue una excepción pues todos vinieron para estar presentes en el cumpleaños de mi abuela. Un día antes de la fiesta ‘sorpresa’ mi tío Danny pidió que alguien le fuera a recoger al aeropuerto de Mazatlán así que mi papá se apuntó a la misión… y yo me fui de colada :). 

Bien, mi plan era turistear y aprovechando que íbamos en carro particular no le tuve qué rogar mucho a mi papá para que me llevara a conocer ese lado de Mazatlán que nunca había visto (sí, queridos lectores, con 23 años de vida yo consideraba mi ciudad natal como relativamente aburridona). Me armé con mi flamante Kodak Easyshare M753 y salí cual paparazzi en plan maquiavélico para fotografíar a cualquier famosillo de las zonas ricas de Miami. (Esta cámara actualmente tiene un precio de $34 dls. en Amazon.com; así que básicamente te salen más caros los gastos de envío que la propia cámara). 

Aguas termales.
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Cuando íbamos de camino a Mazatlán mi papá tuvo la amabilidad inmensa de llevarme a ver unas aguas termales que corren por un pequeño poblado. Allí también ocurrió una anécdota muy graciosa que se las contaré a mis sobrinos cuando crezcan pero a ustedes no porque no quiero enlodar la reputación de mi respetable padre… (¿entendieron? ¿lo de “enlodar”? :D). 

Punto y aparte. 

Bien, lo que le pasó a mi papá derivó en una conversación sobre cuál sería la mejor justificación que le podríamos dar a los soldados del retén militar que hay en Villa Unión si por alguna razón les apetecía pasarnos a revisión. Todas de ellas muy falsas, y probablemente terminaríamos cantando el himno nacional porque creerían que éramos indocumentados o algo así. Afortunadamente el soldado de guardia estaba más aburrido que todos lo que alguna vez nos hemos detenido a ver crecer el pasto, por lo que, moviendo la bandera con total desgana, nos invitó a seguir adelante. *aplausos para el tipo y una estrellita en la frente* Hijo, algún día una escuela llevará tu nombre. 

Rosarios y mandíbulas.
Virgen de Guadalupe.
Ángel.
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Total, faltaban varias horas para que llegara mi tío así que mi papá me llevó al muelle desde donde zarpan los cruceros que llegan a Mazatlán. Desafortunadamente debido a la ola de violencia que hay en Sinaloa los cruceros internacionales dejaron de llegar, y lo único que encontramos fue esto: 

Crucero mexicano (Región 4).
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Digo, no es el Titanic, pero tampoco es una balsa improvisada de Cuba así que… pues algo es algo. 

Nos tocó verlo zarpar. Aquí tiene un .gif donde pueden ver 1) cómo zarpa y 2) que tengo pésimo pulso para sostener la cámara en el mismo lugar. 

¿Qué le impresiona más: la calidad o la mano que sostiene la cámara? :)
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Después de eso fuimos a un mirador preciosísimo que yo no conocía pero el resto del mundo sí —es a lo que me refería más arriba— y desde allí todo tenía una vista mucho más que espectacular. Como teníamos poco tiempo batimos toda esa área en menos de media hora, así que básicamente era bajarse flashear a lo bestia y rogar al dios pagano de las buenas fotografías para que todas las imágenes salieran decente.

De un mirador a otro mirador :D.
Este es uno de los faros naturales más grandes del mundo :D.
Acantilado.
Otro acantilado :D.
Monumento al Motociclista Desconocido a Pedro Infante.
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Verán, esta es una estatua dedicada a Pedro Infante pero los mazatlecos dicen que no se parece y, si buscamos una que otra foto por Internet pues, la verdad, la verdad no se parece; así que la indignación está justificada. (¡ALGUIEN QUE ME DEVUELVA MI DINERO!). 

Eso sí, todo el que llega al monumento se sube en la parte de atrás de la moto para posar con el doble de "El ídolo de Guamúchil" :D. 

Malecón de Mazatlán donde no hay turistas  donde está la estatua
de Pedro Infante.
Por aquí se lanzan los clavadistas ^___^
Aquí rompen las olas de una manera fantástica :D
Después llegamos al área del malecón donde está el asta monumental de una bandera inmensa (¿tiene nombre ese lugar?). Por desgracia no estaba la bandera. Después nos regresamos al aeropuerto pero antes de eso llegamos a un OXXO por las municiones (ni de chiste me compro algo en el aeropuerto que me cuesta lo mismo que un riñón en el mercado negro). Coca-Cola, Sabritas, galletas, chocolate, ya saben, comida nutritiva. Estacionar el auto fue otro gran WTF! inmenso. Resulta que te cobran por respirar por hora una cantidad algo descomunal, mi papá casi se pone a dar vueltas con el carro cual carrusel por todo el aeropuerto hasta que el avión aterrizara; cosa que le dije que NO hiciera porque nos veríamos bien terroristas y pobretones. 

Este señor es Benito Juárez pero ustedes nunca lo sabrán porque yo tomé 
la foto de espaldas...no sé por qué. Además tenía una paloma en la cabeza 
(él, no yo XD).
Pues eso, un mapa del Centro Histórico :D
Mi tío llegó en este avión: 

El único avión a 200 kilómetros a la redonda.
Ver llegar un avión en el Aeropuerto Internacional de Mazatlán es tan exótico como encontrar un trébol de cuatro hojas, un unicornio en la plaza o una estrella fugaz surcando el cielo, así que mi fotografía cutre se justifica. Gracias. Además sé que si el General Rafael Buelna Tenorio levantara la cabeza también haría lo mismo que yo.

Por cierto, todo lo que les quería contar no tiene nada qué ver con todo lo que les acabo de relatar XD. De hecho ocurrió otro día. 

Esto es lo más cercano a Inception que estaré en mi vida.
Regresamos a Escuinapa y nos fuimos directo al salón donde sería la fiesta sorpresa de mi abuela para arreglar el local y donde ya nos esperaban mi mamá, mi tía, dos tíos más y mi abuela. Sí, mi abuela, ¿acaso no es la mejor fiesta sorpresa de toda la historia de la humanidad? :D. Inflamos bombas rositas hasta que los pulmones se nos hicieron chiquitos y el salón quedó precioso, pero desde que yo entré mis ojos ya se habían enamorado de aquella cámara Nikon COOLPIX P500 que me miraba seximente desde una de las mesas del local. Después de preguntar quién era el dueño (resultaron ser mis primos que no vinieron, hijos de mi tía) le exigí pedí amablemente que si me la podía prestar de nueva cuenta para cuando fuéramos a dejar a mi tío Danny de regreso ¡y me dijo que sí! ^___^ 

Así que un día después de la fiesta de mi abuela llevamos a mi tío de regreso al aeropuerto, ahora nos acompañaba mi hermano, y NO llegamos a las aguas termales por ciertos motivos que ya todos conocemos XD. 

Nos fuimos directito a turistear y pasamos por los mismos lugares que pasamos antes, así que no les mostraré fotos sobre lo mismo porque no quiero redundar. 

Sí, no es el Titanic, pero nadie negará que se ve mejor que el de arriba :S
Qué zoom tan precioso, ¿a poco no? ^____^
¿Qué es un barco sin su ancla? :D
Fuimos al muelle y había un barco carguero; la zona usualmente está restringida para los civiles pero un miembro de la Marina nos dejó entrar para paparazzear al barco (*otra estrellita para él y una escuela a su nombre, por favor*). El zoom de esa cámara es hermoso (el barco estaba algo lejitos). Sí, sí, habrá cámaras mejores, me dirán los profesionales, pero yo soy amateur y con cualquier cosita decente me conformo. Además, a diferencia de la Kodak aquí las imágenes parecían que ya estaban photoshopeadas

¡¡¡COSITA HERMOSA!!! *_______*
Ese caminito en forma de zig-zag es el camino que te lleva al faro :D.
Foto random :D
También vimos La Cueva del Diablo. Yo no sé qué es, nunca lo he sabido, pero escuché hablar de ella desde pequeña y cada vez que veía esa reja un escalofrío recorría mi cuerpo. En fin, que me asomé por allí y olía a orines ._. o sea, hasta el azufre te lo paso pero ¿orines? 

La entrada de La Cueva del Diablo.
¿Ven al cangrejito? ^____^
Esto tampoco sé que sea. Esta arriba de La Cueva.
A mi tío lo dejamos en el aeropuerto antes de llegar a Mazatlán porque mi intención era quedarme hasta ver cómo se ocultaba el sol. 

Verán, a mí me fascinan los atardeceres, siempre he soñado con hacer una lunada a la orilla de la playa, encender fogatas, contar historias de terror mientras comemos S’more hasta reventar y al día siguiente ver el amanecer sin que el mundo nos importe. Es un sueño que hasta el día de hoy no he podido cumplir porque no tenemos el material para realizarlo. Pero un sueño más grande que el que acabo de comentar es el de tomarle una fotografía al sol mientras se oculta frente al mar. Ver fotografías así en Flickr o DeviantART me ponen chinita la piel y me daban muchas ganas de intentarlo yo, cosa que muchas veces fracasó porque el zoom de la cámara Kodak da más pena que gloria. 

Así veíamos el sol nosotros; sin zoom :)
Así que mi papá dijo que perseguiríamos al sol hasta que viéramos que se ocultaba en el horizonte. Lo seguirnos, literalmente, más allá de la Zona Dorada hasta que lo perdimos de vista debido a las edificaciones y salimos volando de regreso a la Zona Dorada para ver dónde nos podíamos colar para verlo. Por suerte encontramos un rinconcito que daba a la playa cerca del hotel Holiday Inn (¿o Fiesta Inn?) y mientras mi papá estacionaba el carro yo y mi ayudante hermano fuimos a perseguir al señor sol. 

Estas fueron las imágenes que capturé de ese momento (no están editadas más allá de cambiarles el tamaño para que se vean bien en el blog) :’)

Me quedé como babosa cuando le di zoom a la cámara y me salió esta
preciosidad en la pantalla *____*


MI FAVORITA :) Aquí la tiene en un tamaño mucho más grande.




¡¡¡Y FIN!!!

Sé que quizá a muchos les parecerá tonto que me emocione con algo tan ridículo como ver el sol ocultándose frente al mar y no lo dudo que lo sea. Hay muchas personas que tienen la oportunidad de tener cámaras con zoom potente y las usen para cosas más interesantes que fotografiar una estrella pero para mí es algo extraordinario, sobre todo porque no tengo acceso a esa tecnología. Otro sueño que he tenido desde siempre es tomarle una fotografía a la Luna cuando está en el horizonte, para capturar la tan extraordinaria Ilusión Lunar, desafortunadamente cuando tomé las fotos del sol nunca pude ver a la Luna en el cielo, así que me quedé con las ganas :(.

Pero en fin, esas son las vanalidades de mi vida XDDD. Miró estupefacta los aviones cuando zurcan el cielo porque nunca he viajado en uno y desde pequeña suelo preguntarme "¿Qué se sentirá estar allá arriba? ¿Cuántas personas murieron anhelando poder volar?", cosas como esas. Por eso me emociona escuchar a lo lejos el tren o ver zarpar un barco, aunque sea uno como el de arriba, porque para mí es algo mágico, casi irreal e inalcanzable. 

En fin, me despido porque en mi rancho ya son las dos de la madrugada y si no me duermo alguien me va matar :D.

3 mar 2011

Mi viaje a Mazatlán (tarde pero seguro).


Yo ya me cansé de estar intentando todos estos días de crear la entrada de mi viaje a Mazatlán y ponerla aquí. Es más una crónica que otra cosa pero yo sé que Blogger se pone sus moños cuando intento poner demasiadas imágenes en un post, la experiencia me lo ha enseñado todos estos años :D.

Yo y el HTML no nos entendemos, la prueba más grande de eso es la plantilla de éste blog, JOJOJO.

Bien, terminé publicando mi crónica en un blog alterno que hice en Livejournal hace ya un tiempecito. Dependiendo de su conexión las fotos tardarán algo en cargar pero si quieren pasarse por allí pues aquí está el enlace :)


¡Gracias por leer!

^___^

31 ago 2009

Mis aventuras por Mazatlán...



Muy bien, hace un par de semanas dije que las redes sociales no me gustaban. Hoy soy adicta a Facebook. Soy una persona con poca fortaleza. Sí alguien de por aquí le interesa agregarme esta es mi dirección. Igual Facebook se ha adueñado literalmente de mi vida, mi información y mis fotografías. ¿Qué más me pueden quitar? xDD

Ayer estaba buscando algo entre mis DVD’s de respaldo y por curiosidad terminé encontrando las fotografías de mi viaje a Mazatlán y que juré que algún día pondría aquí con post y todo, pero soy bien bruta para cumplir promesas y se me olvidó así que he decidido ponerlas ahora.

Cabe señalar que he ido a Mazatlán más que a cualquier otra ciudad de Sinaloa y no hay nada de especial allí (bueno, fue allí donde nací xD).

En enero mi papá nos dijo a mi hermano menor y a mí que si queríamos ir con él a Mazatlán un par de días ya que iba por cuestiones de trabajo y pues ni tardos ni perezosos yo y mi hermano nos fuimos con él.

Todo post es más divertido con imágenes así que se les dejo un montón a continuación.
(Si tienen suerte al darle clic a las fotos la podrán ver en mayor tamaño).

Viajar con mi papá o más bien planificar un viaje con mi padre es ¿cómo decirlo? …demasiado épico, por llamarlo así.


Lo que ven en la imagen de arriba es jeroglífico post-modernista encontrado en una cueva (mi habitación), en el siglo XXI de la nueva era. Es, en esencia un plan de viaje (¡toma chango tu banana!), itinerario o como lo quieran llamar.

Mi papá nos dijo “Niños, vengan para planear lo que vamos a hacer en Mazatlán” y eso fue el resultado. Lo que dice “150 + 150 = 300” es el precio del viaje redondo pa’ La Perla del Pacifico. Ya lo demás lo dejo a su imaginación.

Significa lo que ustedes quieran que signifique xD.
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Durante el tiempo que íbamos en el autobús una señora calaca siempre me saludaba por la ventana. Nada más veía como se nos acercaba y alejaba la huesuda. Jugué con esos números a la Lotería pero no gané ni de chiste.
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Ya apenas llegamos al conocido Hotel y nos recibió la placa de la historia del tipo que tuvo la idea de inventarse un alojamiento temporal para ricos, pobres e hijos de personas que viajan para negocios. ¡Canonícenmelo!
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Mi hermano y yo somos una bola de aburridos que se pasean por las playas con pantalón y suéter. Así que nunca nos metimos a esta alberca pero aquí se las dejo. Allá al fondo pueden apreciar el Océano Pacifico en su máximo esplendor.
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Ya en la habitación del Hotel nos pusimos a ver a nuestra amiga la Mishanti, estuvimos tentados en marcarle para preguntarle como nos iría en nuestra vida pero nos arrepentimos porque cobra mucho. Y además no cremos en eso. ¡El Horror!
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Después de pasearnos por el Hotel y subirnos al elevador más veces que una gente de rancho nos fuimos a dar nuestros sagrados alimentos a Panamá (el restaurante, no el país) y allí nos dimos cuenta que mi perrita Misty (alías “La Chaparra”) y todo su proletariado ya habían llegado antes a comer. Los supimos por que vimos su carro estacionado allí. Puro lujo.

Y hasta Kenny (alías “Panchito”) tiene un huarache plato con su nombre. Honor a quien honor merece.

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Allí en el restaurante le tomé una imagen a mi mano derecha que portaba orgullosa una pulsera color naranja-zanahoria-que-te dejo-ciego que provocaba accidentes aéreos por el resplandor que causabacuando el sol le daba de lleno. Otros hoteles disimulaban su color con verdecito, amarillo o azul. ¡Pero el de nosotros era naranja!¡Nos distinguían desde la distancia!...¡EL HORROR!..¡Y EN LA MANO DERECHA! ¡Y NO SE DESABROCHABAN! ¡EL BAÑO!
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Después de la comida decidimos ir a una tienda OXXO por que nos traía nostálgica tonta de Culiacán. Allí vimos esta caja que mi padre se quería fusilar pero le dijimos que no era ético, ni moral. (La verdad es que era por vergüenza). ¡El Horror!
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Ya de regreso al Hotel decidimos conectar a Dante a Internet por que me urgía conectarme con la civilización cibernética. Como pueden ver, la contraseña es la mar de complicada. LOL.

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Ya en la noche, después de ir al cine y regresar de nuevo al Hotel pasamos por Dairy Queen y nos encontramos con este letrero.


Como pueden ver a Caro no la quieren mucho. La aborrecen xDD.

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Ya de pasada nos compramos de una vez la cena… ¿y que creen que cenamos? Hamburguesa. Colesterol puro y coca-cola del OXXO claro :p.
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También nos dimos cuenta de que el fin de la tierra queda en el segundo piso, vuelta a la derecha, subiendo las escaleras, dentro de un salón de fiestas. Toma eso. Santiago de Compostela andaba por otros lados, allá en la Madre Patria. ¡Ay si Jesús viviera!
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Cuando fuimos a cenar otra vez al restaurante Panamá les juro por la madre de Hugo Chávez que nos encontramos con el mismísimo Fidel Castro y su hermano Raul. NO.NO.NO casi me paro para tomarle fotos, pedir autógrafos, y convencerlos de que me liberen a Cuba, que se me mueren de hambre por allá. Después me dí cuenta de que no eran ellos por que hablaban inglés y a pesar de su porte de revolucionarios y su atuendo verde militar se fueron en dos Harley Davidson que decían “I Love USA”. Entonces no, no eran.

(Les tomé fotos, tengo como 5 de ellas pero en NI UNA SÓLA salén bien. ¡LA CÁMARA NO LOS QUIERE! ¡EL HORROR!)

Era la Semana Internacional de la Moto y habían ido para romper el Record Guinnes del desfile de motos más largo del mundo. Nunca supe si lo lograron.
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Allí mismo en el restaurante este niño se divertía de lo lindo jugando al PSP. En Panamá les dan a los niños unas hojas con dibujos, juegos, crucigramas, etc y unos crayones para que se entretengan y no esten enfadando pero vamos, que niño en su sano juicio va a preferir los crayones a un PSP.
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¡Remember The Alamo!
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La salsa habanera LOL se ríe de la de atrás, la de China por que no enchila tanto como ella.

Al día siguiente sólo nos dedicamos a contemplar el mar XD.
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Eso que ven por allí es un crucero que parte al Triangulo de las Bermudas. Ah, no, eso queda en el Atlántico. LOL.

Un par de imágenes del mar…




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Y Carlos V (tamaño King Size)… el único miembro de una monarquía que en verdad acepto. Todos los demás me los pasó por el arco del triunfo.


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A Chris Martin de Colplay también le agrada Carlos V por eso se vistió idéntico a él para grabar el vídeo de “Viva la Vida”. ¡Inticos! Dijera mi abuelo.

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No les puse imágenes mías por que se me asustan y me a costado mucho conseguir que alguien se pase por esto lares :p … pero AQUÍ pueden ver más fotos (incluída las mias) en Facebook. Con o sin tener cuenta que el album es pa' todo publico.