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13 mar 2013

Para ellos y por ellos...



El mundo católico mira a una chimenea para adivinar entre la incertidumbre y la espera de qué color será el humo que emanará de ella en los próximos días. En Corea del Norte les apetece desatar una guerra; tienen mucho que vengar, dicen. Se escudan en argumentos que otros ya utilizaron y se aburren en la soledad de su aislamiento. La activista cubana Yoani Sánchez es insultada durante su conferencia en México; mientras en Estados Unidos catean la propiedad de Elba Esther Gordillo. El presidente iraní Mahmud Ahmadinejad es criticado en su país por su comportamiento poco islámico al abrazar a la madre del fallecido presidente Hugo Chávez… el gobierno de Irán dicen que es Photoshop. Si Kim Jong-un arregla todo con misiles de largo alcance y ensayos nucleares, Ahmadinejad lo arregla todo con Photoshop.

El mundo y sus problemas y sus asuntos y sus trivialidades...

Yo me pregunto qué le llevaré mañana a Panquecito para comer y dónde le pondré la comida a la gatita lisiada que viene a dormir todas las noches a la banqueta de mi casa (después de que otras personas patearan las latitas de Wishkas que le puse esta mañana), y entonces ese mundo y sus problemas y sus asuntos y sus trivialidades pasan a segundo plano porque no son tan relevantes como el hambre en la mirada de esos animales. Si por mí fuera acabaría con toda la hambruna del planeta; no se puede, así que sólo hago lo que está en mis manos. Si existen dos criaturas inocentes a las que les puedo quitar el hambre por un día así lo haré… hoy y mañana y el día después de ese.

Habrá a quienes le gane la indiferencia, cuya coraza no se quebrante ante el cuerpo raquítico de un perro callejero o el pelaje enmarañado de un gatito; no tengo palabras para ellos. Si no se pueden conmover ante la imagen que se dibuja en sus ojos es difícil que simples palabras logren conmoverlos. Yo no soy nadie para convencerlos ni para debatir sus argumentos; sólo hago lo que creo que es lo justo y no me arrepiento; y sobre todo hago lo que pienso que está bien hacer. No lo hago para obtener una recompensa; si alguien me dijera que merezco ir al infierno por quitarme algo de la boca y dárselo a ellos igual lo seguiría haciendo porque ellos ya viven en el infierno, en un mundo humano que no responde con lo que por derecho les corresponde.

Panquecito tiene casa y la gatita lisiada también. Pero a Panquecito se le ven las costillas y a la gatita de la casa de enfrente se le siente el pelo maltratado y la piel del cuello dañada; tiene llegas en sus patitas traseras por tanto arrastrase en el pavimento y busca en el pasto de la banqueta lo que no puede encontrar en su hogar. Tiene el maullido más tierno del mundo y el ronroneo más sincero que he oído jamás.

En los ojos de Panquecito veo a mi perrita Umi y en la gatita lisiada veo a mi gatito Maru. Si ellos se perdieran, si algún día se extraviaran, rogaría porque se toparan con un ángel que les diera algo de lo poquito que tiene para que comieran; que les acercara agua cuando tuvieran sed y les ofreciera una caricia en lugar de una pedrada. Desearía que nadie les maltratara, que nadie les ignorara, que nadie los colgara de un árbol con una soga para subir fotos a Internet o que los lanzaran desde un edificio; desearía que nadie les prendiera fuego ni que los arrastrasen por la calle amarrados a una moto o un auto. Por eso cuido a Panquecito, por eso cuido a esa gatita; no son míos, no puedo adoptarlos, no puedo meterlos a mi casa para que no les moleste nada ni nadie, pero si puedo aligerar su vidas aunque sea un poquito lo haré sin dudarlo ni un segundo. Les ofreceré agua y les ofreceré comida; y una caricia como despedida. No espero que ninguna persona me comprenda, no espero que nadie me agradezca, me conformo únicamente con esa cola peluda que se emociona cuando me acerco por las mañanas con un platito de comida y ese ronroneo felino que siempre escucho al anochecer y entonces, sólo por unos minutos, el mundo y sus problemas me parecen intrascendentes.