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6 nov 2015

¡Lista de Navidad 2015!

¿Qué puedo decir? Mi hazaña de intentar actualizar el blog más seguido desapareció cuando mi nueva laptop decidió expirar como si la infeliz tuviera permiso para eso... Bastarda. Resulta que en realidad no murió, sino que la conexión recibió una descarga de energía y se activó el sistema de seguridad que trae integrada para evitarle un daño mayor y, por demás, se bloqueó. Rebusque a lo bestia en la web de Acer una posible solución y me batí dos veces Internet para ver quién tenía una idea de lo que le pasaba pero no hubo respuesta, así que mi padre tuvo que lidiar con llamadas telefónicas a los cero-uno-ochocientos-servicio-técnico-prehistórico para que le enseñaran cómo desactivar el seguro y todo lo que necesitaba era picarle con un clip.

Toda la odisea duró más o menos un mes y cuando regresó a mi ya había caducado la versión de prueba de Microsoft Word, pero me decían que tenía que vender mi alma al diablo y mi riñón a un indú si quería seguir usando el programa, JAJAJAJA, les dije que no. Mi orgullo no nació ayer y el dinero no me cae del cielo. Tengo dinero para Netflix y Drama Fever pero para Word no, hay límites xD. A mi pesar, Oppen Office aún no está disponible para Windows 10 así que he tenido que conformarme con Google Drive al cual aun estoy intentando adaptarme de manera respetable.  

Al final se me ha ido la olla más de lo normal y en mi aburrimiento me he puesto a hacer la lista de las cosicas que pienso comprarme en la víspera de Navidad o poquito después (sí, pienso comprarlas yo; no vine a pedir limosna a nadie, don’t worry). Así que la lista es más para mi que para los demás; como un recordatorio para ver qué tan perseverante, ahorradora y consumista puede ser en sólo dos meses; tampoco es que me vaya a comprar todo, claro ¡ejem!  



LIBROS ¿Podría haber empezado con otra cosa? Probablemente sí, pero el hecho de tener un par de meses sin tomar un libro en mis manos, o siquiera acercarme a mi estantería a ver qué cosa nueva puedo leer, me ha dado por sentir una necesidad muy fuerte de comprar libros; vé tú a saber por qué. Y son varios los que tengo en la mira, pero por lo pronto pienso en estos:
Atrapada en el tiempo (Diana Gabaldon). El segundo libro de la saga Forastera debería estar en mis manos apenas se ponga en las estanterías, según leí por ahí, este mes de noviembre (nevermind, sale hasta marzo del 2016 #lloro). Con el primero viví una odisea ridícula porque estaba tan entusiasmada por tenerlo que me puse en plan stalker en cada web mexicana que vendía libros y al final logré conseguirlo en El Péndulo, una cafebrería de la que me llevé una estupenda experiencia y a la que le tomé mucho cariño; así que será quizá ésta la opción que elija una vez que me decida muy bien qué libros pienso comprar de golpe para que el envío me salga gratis. Outlander fue una de las pocas novelas que leí este año, sobre todo porque el estrés y la depresión se ciñeron sobre mi vida más tiempo de lo esperado y digamos que en esos días no quería ni levantar la cabeza de la almohada y mucho menos comenzar a leer algún libro. Aun así, las novelas de Gabaldon tienen la peculiaridad de que pasan sin sentirse, y para cuando te das cuenta llegas al final y sientes que quieres más. De hecho, comencé a leer Atrapada en el tiempo desde el celular justo después de terminar el primer libro, pero el formato, como siempre, no me convenció, así que boté la lectura para cuando saliera en papel, que de verdad, DE VERDAD, espero que sea este mes. Más no puedo esperar porque sería un suplicio. Además, hay un parón de un año hasta la segunda temporada de la serie y asumo que para entonces ya habrá, no sé, otros dos libros más publicados en español, ¿no? xD  
La noche de Tlatelolco (Elena Poniatowska). Nunca he leído un libro de Elena y nunca he leído un libro de la masacre estudiantil de 1968... Ya esto es motivo suficiente como para sentir vergüenza propia y no mirar para arriba los próximos dos años. Realmente no sé por qué motivo jamás he leído un libro de Poniatowska, salvo el hecho de que no hay ningún libro de ella en las estanterías del super donde suelo comprar libros. Pude adquirir alguno por internet pero no lo hice, y es un poco deprimente admitirlo porque reconozco que Elenita es uno de los pocos pilares contemporáneos de la literatura mexicana que quedan vivos y siento que me estoy perdiendo de mucho al no poseer sus obras en mi colección. También pude tomar cualquier otro trabajo para adentrarme a sus obras, sin embargo, al saber que La noche de Tlatelolco alberga los testimonios de ambos lados de quienes participaron en aquel trágico panorama, y fueron recopilados justo después de los acontecimientos, me hace sentir la necesidad de leer la voz de aquellos silenciados por el tiempo y la memoria. Sé que será un libro duro, pero será también un ejercicio histórico importante, y lo digo más desde un ámbito personal que general, porque no suelo escribir opiniones personales respecto a hechos históricos (vale, lo he hecho antes y se me da fatal xD). Otros trabajos de ella que me llaman muchísimo la atención son: el clásico Lilus Kikus, La piel del cielo, El tren pasa primero o Querido Diego, te abraza Quiela. 
Fahrenheit 451 (Ray Bradbury) ¡Clásico contemporáneo! Vamos, ni siquiera sé si esa terminología existe pero como es un libro que he querido tener toda la vida y ya existía antes de mi nacimiento y además ya era por todos conocidos, pues eso, ante mis ojos es un clásico de cajón xD. Aun me duele la costilla al recordar que yo rechace que mi papá me comprara este libro cuando me llevó a Gonvill Mazatlán hace unos meses. ¡¿En qué demonios estaba pensando?! Pfff, hay gente tonta y luego estoy yo, subida en el pedestal de mi indecisión. Y estaba baratito; porque sí, un libro a $150 es barato, de lo más baratito que uno podía conseguir ahí. Y ahí estaba yo, diciéndole a mi papá que no me lo comprara por miedo a que no me gustara. A los días me topé con estos párrafos y ya sabrán el drama, el arrepentimiento, la tragicomedia que me invadió, en fin. De Bradbury ya leí otra joyita pequeñita comenzando el año: Ahora y siempre, dos historias cortisimas condensadas en una obra que se lee en un suspiro. Hartamente recomendable, por supuesto. La segunda historia es una oda futurista a Moby-Dick, just saying! 
Aristóteles y Dante descubren los secretos del universo (Benjamin Alire Sáenz). He querido este libro desde hace dos años ya, incluso antes de que estuviera en español, cuando todos los booktubers de habla inglesa le empezaron a alabar pero ¿qué fue lo que me detuvo en comprarlo? Está catalogado como literatura juvenil, y yo a este género lo tomo con pinzas, tres pulgadas de respeto y un kilómetro de distancia. La trama me pica muchísimo, al igual que me sucede cuando pienso en Eleanor and Park (Rainbow Rowell); pero también me sucedió cuando apareció Bajo la misma estrella (John Green) o Las ventajas de ser invisible (Stephen Chbosky) y al final ninguna de las dos historias me resultó memorable. No es que la literatura juvenil sea mala, sino que soy yo ya crecí demasiado. Son obras que me hubieran pegado fuertísimo diez años atrás pero no ahora, que el tiempo me ha convertido en una cascarrabias empedernida xD. De todos los libros que mencionaré quizá este sea el que más indecisión tengo de comprarlo, sobre todo porque a una no le apetece desempolvar casi $300 por un libro que puede gustar o no, como quien tira una moneda al aire y lo deja a su suerte. En fin, que tocará meditarlo con más calma.  
Star Wars Episodio IV: Una nueva esperanza (Ryder Windham). Esto es frikismo total, puro y duro. Este año me he fumado de una sentada la trilogía original de Star Wars y desde entonces me tienen aquí siendo shipper total de la princesa Leia y Han Solo. Por mucho, son los que se roban la pantalla desde la primera entrega y lo siguen haciendo en las otras dos, pero admito que la trama en sí llama mucho la atención y, si acaso hay algo mejor que sólo ver las películas, sin lugar a dudas es leer la adaptación a formato novela de los guiones de las películas. Si a eso le sumamos el hecho de que sea Ryder Windham el encargado de adaptarlas, siendo un experto en el mundillo, pues soy la primera en apuntarme a su lectora… Que la fuerza me acompañe.  
OTROS LIBROS: La chica del tren (Paula Hawkins), por pura morbosidad, sobre todo porque todos hablan mucho de este libro y lo ponen por las nubes, salvo uno que otro review, y la historia me parece un tanto curiosa. El marciano (Andy Weir), sólo porque sí, ni siquiera he visto el trailer de la película. Matar un ruiseñor (Harper Lee), vamos, un clásico, al igual que El gran Gatsby (F. Scott Fitzgerald). Y otros cinco mil libros más.
Jim Moriarty no es más pequeñito que los otros dos pero no hay otra foto respetable por ahí xD.
FUNKO POP! de Sherlock. Esto es una chorrada total e innecesaria, pero me hace mucha ilusión. De hecho, si tuviera dinero para tirar por la ventana me dedicaría a coleccionar estas cosicas tan cuquis que no sirven para nada, salvo para decorar muebles varios. No son los únicos Funko Pop! que me gustaría tener, pero sí son de los más bonitos que mis ojos han podido ver (el de Moriarty con las joyas de la corona se lleva muchos premios). También están las figuras de The X-Files, Firefly o algunas de Game of Thrones (sólo Brienne de Tarth con Oathkeeper y Jaime Lannister con su mano de oro, because of reasons).
Si a eso le sumamos que el 1° de enero del 2016 la BBC transmitirá el especial navideño de Sherlock seguiré aquí sentadita comiendome las uñas, mientras miro la vida pasar por el reflejo de la ventana en mi ordenador.
El especial apunta a ser de una epicidad bestial, y con una duración de 90 minutos no se ve para otra cosa. Para rematar estará ambientado en la época victoriana, lo cual me produce una sobredosis de adrenalina que apenas puedo asimilar, porque si algo mejor que ver una adaptación moderna de Sherlock y John interpretados por Benedict Cumberbach y Martin Freeman es ver a los clásicos Holmes y Watson personificados por los mismos actores: ORO PURO mezclado con una dosis de un buen fanfiction, eso es lo que es.

FULLMETAL ALCHEMIST (Hiromu Arakawa). Ni siquiera pondré un apartado de manga en esta lista, porque de hecho este es el único manga que he querido desde hace bastantes años. A estas alturas he terminado por asimilar que la etapa más otaku de mi vida ya pasó y sería muy extraño que en un futuro exista una historia que me marque tanto como esta lo hizo. Me acompañó a lo largo de mi época universitaria, que dicho sea de paso, fue una de las más deprimentes y difíciles que he pasado, así que eso influyó de manera decisiva para que ocupe el puesto que ostenta actualmente.
Se supone que el primer tomo, a cargo de Panini, saldrá a la venta este mes de noviembre y si todo va bien y marcha como se ha planeado me pondré en plan analítico y haré review de cada tomo, así evito saturarme con un sólo post kilométrico y lo dividió de manera decente en 27 post, uno por cada volúmen. Será una grosería monumental, vamos, pero me da una alegría tremenda sólo de imaginar el primer ejemplar en mis manos.

ETCÉTERA: Literalmente cada cosa random que uno puede encontrar en Wish.com y derivados. Me la pasaría de perlas comprando ahí todo el día pero lo que me detiene es que una vez que llegan al país el envió es por medio de Correos de México, lo cual nunca me ha dado demasiada confianza, y además tardan entre 40 y 60 días en llegar a casa… Ehm, yo ni siquiera conozco la palabra paciencia... Y ropa, claro, había olvidado completamente que también necesito ropa.

5 ago 2014

La vida es una tómbola, tó, tó, tómbola...

¿Hola?
¡Por fin he regresado! Julio ha sido un mes olvidable. Hay mil motivos para ello pero ninguno digno de mención; pero los mencionaré igualmente xD.

A veces me convenzo a mí misma de que soy normal, ¿vale? De que no tengo ningún problema para salir ahí afuera y enfrentar al mundo. Lo cierto es que no es así y cuando todos los problemas se alinean uno a uno para darme una bofetada en la cara así tal cuál, es cuando termino con un colapso mental memorable, épico e inolvidable.

Las vacaciones del resto de los mortales no son mis vacaciones, así que es en esa época cuando más me toca trabajar. No es un trabajo extenuante; es cansado, eso sí. Agotador para mí hasta decir basta. Si a eso le añadimos mi intolerancia al calor, la ranciedad de la gente, la ausencia de la paciencia en mi querido pueblo camaronero, junto con la presión, el agobio y la jodida gripe que nunca falla pues básicamente yo era una bomba de tiempo a punto de estallar. Eso fue tooooodo julio. Un mes que me ha parecido asqueroso y pegajoso hasta decir basta y al que me apetece enterrar a diez metros bajo tierra y muy fuera de mi vista para toda la eternidad.

Aunque en Camarolandia City hace calor hasta muy entrado noviembre, agosto es el mes en el que los días más ardientes se despiden y poco a poquito el horror va menguando. Además, técnicamente es en esta época del año en la que comienzan las lluvias en este rinconcito del mundo y todo me parece maravilloso aunque sea mentira. Una ilusión. Un sueño. Pero yo vivo muy pancha creyéndolo, déjenme. :D Y de pilón, es en este mes cuando se terminan las vacaciones para muchos y… everything is awesome! Volvemos a la rutina de siempre. Las rutinas me gustan, son perfectas y seguras. Siempre lo mismo, una y otra vez.

Y lo triste de esto es que terminé exhausta de julio y mirando en retrospectiva creo que no hice nada que lo justifique, por eso comencé a tope con agosto. Una vez que las visitas se fueron y la casa quedó semi vacía, sacrifiqué estos últimos tres días para darle una limpieza memorable que no pienso volver a realizar hasta diciembre del año que viene, justo antes de poner el pino navideño. Para bautizar el momento una abeja moribunda decidió picarme la planta del pié derecho (y le pido a cualquier supersticioso que se dé la media vuelta y se vaya por donde vino porque no lo necesito). Ahora la herida en cuestión me da unos piquetes que para qué les cuento. Mejor dejémosle ahí.

Hace 30 días tenía pensado escribirle una opinión personal muy digna al libro de Markus Zusak que me compré hace dos meses pero toda la inspiración se desbordó por mi cabeza por el estrés que traía a cuestas y al final he decidido postergarlo para una segunda lectura que seguro caerá antes de que termine este año porque la historia me ha parecido preciosa. :3 El estrés de estas semanas pasadas también provocaron que se me quitaran las ganas de leer Los viajes de tuf y que votara al cajón El viento de la Luna, un libro que me estaba pareciendo una ternura en su cotidianidad. Ya lo retomaré los próximos días. Ponerme al orden que las series que he dejado relegadas hasta nuevo aviso es una de mis prioridades también, que ya se están acumulando y me parece fatal. Así que, mientras trato de acoplarme otra vez a la rutina me dedicaré a perder el tiempo las últimas horas de el día de descanso que me quedan. Adiós :D 

1 jul 2014

Yo, mis libros y mis dramitas dentales (no en ese orden).

Ay, el olor de libros nuevos. 
La dentista me ha dicho que deje de montar mis dramas monumentales porque así, a bote pronto, no se me ven caries y concluye que lo más probable sea que 1) las mulas del juicio me estén modificando la dentadura (lo que no es bueno, por supuesto que no) y que de ahí provenga el dolor que siento en las encías inferiores y/o 2) que tenga caries pero estén por debajo del esmalte del diente (la capa que está ahí para protegerlos) o 3) mi esmalte dental está deteriorado. Así que volveré a ir el lunes para continuar con la segunda fase de la limpieza dental y después ya veremos. Sinceramente no me molestaría en lo absoluto que me quitaran las muelas. Quince días con este dolorcito tonto en las encías que a veces se extiende a los ojos y la cabeza pues ya está empezando a joderme los ánimos de tratar bien a la gente y creo que mi vida no puede funcionar de esa manera. Ando en plan grummpy person y miren no, no me gusta, así que me he pedido unos días de descanso en el trabajo porque además vale señalar que ha sido la PEOR SEMANA EVER en lo que va del año; que sí, lo sé, podría ser mucho peor, que para quejas monumentales estoy yo xD. Pero, exceptuando el nacimiento de mi primita Miranda, todo lo demás se va directo a la basura del divino olvido, ¿ok? Soy una sufrida exagerada, lo sé. Entre el hecho de que mi madre estuviera internada por una fuerte gastroenteritis un par de días, el calor que se sintió grotesco la segunda quincena de junio y no dejar de sudar ni un minuto durante más de medio día, más la actitud prepotente de ciertos clientes pues mira, apaga y vámonos ¿eh? Estaba a punto de tener un colapso mental muy fuerte.

Pasando a cosas más bonitas y viendo la imagen que acompaña este post: ¡Han llegado los libros que pedí! OMS!!! *____* Y ya terminé uno de ellos. El único lugar de esta ciudad de 60,000 habitantes que vende libros, es el centro comercial más grande que tenemos, y la variedad no es muy respetable que digamos. No puedo quejarme tampoco, he visitado otras sucursales de esta misma tienda en varias ciudades distintas y su sección de libros es deprimente por no decir que en algunas ocasiones inexistentes. Pero, a pesar de sus dos grandes hileras repletas de libros, es muy raro encontrar best sellers o incluso clásicos. Abundan libros del Dr. Abel Cruz y otras tantas novelas bonitas vendidas a precios absurdos, como estas. Muchas de ellas adornan mi librero personal, pero hay otras que me gustaría tener y es lógico pensar que nunca llegaran aquí. Esa clase de libros que tanto quiero y aquí no llegan son los que suelo comprar por Internet. 

Aunque hay diversos lugares donde venden libros al mismo precio que cualquier centro comercial o librería promedio, existen dos webs a las que recurro siempre: Sanborns y Gandhi, pero más a la primera que a la segunda por su facilidad de pagos. Sanborns cuenta con extraordinario surtido de libros. Visitar su tienda física es una joyita, pero andar por su web implica perder el tiempo durante varios minutos, lo que francamente no me molesta en lo absoluto. La peculiaridad de Sanborns reside en ofrecer envío gratuito los miércoles y jueves por medio de la compañía DHL y cuyo paquete llega a las puertas de tu casa a los días de haber realizado el pago. Nunca me han fallado, ni siquiera en las semanas más fuertes de navidad lo cual se agradece profundamente porque mi ciudad queda en una zona que no es visitada a diario por los servicio de mensajería, sino una o dos veces por semana. Pero Sanborns no es una librería, así que, aunque cuenta con una inmensa variedad de libros no siempre tienen todos los que quiero, ahí es donde entra Gandhi, al lugar al que recurro cuando mi primera opción falla. El problema que tengo con esta librería es que, pagar por el pedido, implica ciertas opciones restrictivas, por ejemplo, no se permite el depósito bancario y para comprar con tarjeta sólo se aceptan de crédito, no de débito. Hay una opción de pago muy fácil llamada Paynet, la cual consiste en imprimir el código de barras del pedido y acudir a sucursales de ciertas tiendas para realizar el pago, por desgracia ninguna de esas tiendas está en Camarolandia City, cuna del progreso en el sur de Sinaloa (NO). Y además, tengo que pagar por el envío cuando éste es menor de $500, lo cual implica desembolsar otros $150 más por la ubicación perdida y recóndita de Escuinapa, y porque Estafeta así maneja su tabla de precios. Las pocas ocasiones en las que he comprado en su web aprovecho para adquirir varias obras o esperar a que el envío sea gratuito, lo que ocurre cada cierto tiempo y casi siempre cerca de una festividad (día de las madres, día del padre, del niño, primavera, verano, Navidad, etc).

Comprar estos dos libros en cuestión fue un dolor de cabeza bonito que disfruté y sufrí como pocas cosas, sobre todo porque cinco minutos antes no tenía pensado comprar nada y luego tenía menos de un día para decidir qué adquirir y poder mandar el dinero hasta Culiacán para que Sarai me hiciera el favor de ir a una tienda permitida por Paynet para que el pago fuera depositado. Sí, todo un proceso insufrible y empalagoso como mencioné antes, pero Sanborns no tenía el libro que yo deseada y Gandhi acababa de reponerlo en sus estanterías después de haberlo agotado cuatro veces desde que yo lo quise por primera vez.

Los viajes de Tuf de George R. R. Martin era un libro que quería desde hace ya bastante tiempo e incluso lo mencioné en este post para no andar con rodeos, así que era fijo que compraría ese pero tambaleé y dudé mucho con el segundo. Fue un drama. Mi primera opción fue comprar alguno de Isaac Asimov pero uno de ellos estaba agotado y el otro se escapaba de mi presupuesto. Luego rebusqué alguna novela de Brandon Sanderson, autor de ciencia ficción que me han recomendado muchísimo, pero el primer libro de la trilogía Nacidos de la Bruma sólo estaba en ebook y no, paso todavía de eso. Anduve de aquí para ya, entre libros y libros, y dejé pasar algunos por su exorbitante precio y otros tantos porque sus primeras páginas no me convencieron. Después me topé con la lista de los libros más vendidos entre los que me llamaron la atención dos: Bajo la misma estrella de John Green y La ladrona de libros de Markus Zusak. Lo interesante de estas obras, junto con Las ventajas de ser invisible de Stephen Chbosky, es que fueron recomendadas al mismo tiempo por varios bloggers literarios en inglés y en español desde hace ya un buen rato. Estoy hablando de dos o tres años atrás; sí, antes de que las tres se convirtieran en películas. Ésta misma triada de libros fue la que busqué en Jalisco cuando fui al concierto de The Killers, pero al final en Gonvill sólo tenían disponible el libro de Chbosky que mi tío me regaló junto con Tormenta de Espadas, del cual ya he hablado por acá.

La decepción absurda que tuve con Las ventajas de ser invisible (un problema mío, no un problema de la novela) fue lo que me impidió comprar las otras dos recomendaciones porque temí que tampoco serían de mi estilo. Bueno, ni siquiera sé cuál es mi estilo xD. Ya lo mencioné anteriormente: las novelas juveniles o románticas no van conmigo. Aun no me pasan. Es esto mismo lo que me impide comprarme las obras completas de Jane Austen o leer alguna novela rosa y empalagosa de Danielle Steele; porque más o menos siento que vomitaré purpurina allá por la página quince. Es ridículo, lo sé; y tarde o temprano tendré que dejarme de tanta estupidez y ponerme con ello. Por lo tanto puedo concluir que, más adelante, Bajo la misma estrella caerá en mis manos y entonces hablaré y podré otorgarle la opinión justa que se merece de mi parte, aunque sea por mero respeto, porque si he opinado del libro más aburrido que he leído ever definitivamente debo tener palabras para esta novela, y de paso para su película. Tal y como antes lo hice con Las ventajas… y muy pronto lo haré con La ladrona de libros (libro leído, pero película por visualizar) y así me libraré plenamente de estos tres eternos trabajos recomendados que tanto me persiguen, ¿vale? Además no me apetece postérgalos hasta la eternidad.  

Mientras tanto me dejo de dramitas y disfruto los tres días libres que me quedan mientras leo Los viajes de Tuf, termino los tres últimos episodios de Cosmos para verter mi opinión aquí, programo algunos post desde cero y le doy su justa reseña a La ladrona de libros que, para ser sincera, es una de las obras más tiernas que he leído en la vida. :)
ADIÓS.

19 jun 2014

Pero mira cómo beben los peces en el río...

A ver, ando muy tarada últimamente. Pensé que lo del clima no podía empeorar pero empeoró y yo no estoy aquí para llorar ni ustedes para escucharme pero miren, en algún lugar tengo que verter todo me sarpullido, mi sudor y mi deshidratación ¿verdad? Así que este es el lugar elegido xD.

Mi Twitter generalmente lo actualizo cada pocas horas durante todo el día y tecleo como si mañana se fuera a acabar el mundo y yo misma soy la encargada de anunciarlo, pero en esta temporada de temperaturas elevada hoy luce abandonado. Una o dos actualizaciones al día y con eso me basta para terminar asqueada de todo y de todos (incluyéndome yo, claro). De Facebook no diré nada porque mi Facebook siempre está semi abandonado y ciertamente poco me importa actualizarlo, porque sinceramente nunca he sido muy fan de esa red social. Eso sí, de vez en cuando me apetece echar un vistazo a mi muro porque oye, seré asocial y todo lo que yo diga pero mis familiares y conocidos me importan, aunque tenga (casi) un nulo contacto con ellos.

Pasemos a cosas más dolorosa: me duelen los dientes, dramita. Tocará visita con el dentista la próxima semana sí o sí; y más o menos ya sé lo que me dirá, lo cual sólo consigue darme una pereza del tamaño del Everest. Me dirá que mi dentadura está sucia porque no me he hecho una limpieza dental desde los tiempos en los que Jesucristo caminó sobre la Tierra; que tengo las muelas del juicio estorbando a los demás dientes, lo cual está generando un daño irreversible a los dientes vecinos. De paso dirá que todas mis muelas están llenas de caries y que eso se debe a la pésima higiene bucal que tuve en mi infancia por lo que ahora me toca pagar las consecuencias (eso me pasa por mensa y estoy dispuesta a reconocer esos errores). Probablemente también me llamará la atención por rechinar los dientes y morderme las mejillas interiores cuando estoy nerviosa (que es siempre y a todas horas), y me dirá que mi dentadura está débil como las conchitas descalcificadas que aparecen en los anuncios de Colgate, además aconsejará que tendrá que hacerme alguna endodoncia y en dos semanas tendré las mejillas inflamadas y no podré comer ni beber nada para sobrevivir. DRAMA, DOLOR, SOLEDAD, CALVARIO, ANSIEDAD ANTICIPATORIA. ó_____ó

Ahí dejo mi berrinche.

Por otro lado, tengo que confesar que he sido débil y he matado a Lord Cerdi antes de tiempo. No sólo eso, también me he comprado dos libros con el dinero que le saqué de la barriga. Soy débil xD. Por suerte mi mamá me ha comprado otro cerdito, más grandecito que Lord Cerdi y seguiré con mis ahorros. Eso sí, nada de monedas de $1 y $2, es un horror de proporciones épicas contarlas y llevarlas al banco. Ya en otro post mencionaré los libros que he comprado. Supuestamente el paquete llega este sábado pero no me lo creo hasta que lo tenga en mis manos. Uno de esos libros (el de George R. R. Martin) es muy difícil de conseguir y mueroooo por leerlo. Habla de un anciano bebedor de cerveza, vegetariano que viaja en una nave espacial de 30 kilómetros acompañado de un montón de gatitos a los que adora. Ciencia ficción pura y dura, dicen por ahí, ¿a dónde firmo para leer eso? :). 

10 may 2014

There is nothing wrong with me...

En algún lugar de Mazatlán, Sinaloa.
Estoy atrasadísima con Cosmos y se acerca mi cumpleaños. Esto último no tiene absolutamente nada que ver con lo primero pero oye, el buzón de mi casa está abierto desde ahora mismo y acepto regalos, como tarjetas de créditos funcionales y dinero. Es decir, estoy a nada de llegar a los 26 años de existencia y mi cara sigue siendo la misma pokerface de hace una década tratando de mirar el mundo desde la ventana. No asimilo nada y sigo sin entender la vida.

Any way, no me he puesto al corriente con Cosmos desde que comencé a escribir la reseña de mis primeras impresiones (dato fuertísimo: comencé a escribir la reseña tres semanas antes de publicarla, cuando sólo iban tres episodios; así de atrasada estoy). Podría sacar mil justificaciones del bolsillo pero creo que a estas alturas cualquier escusa se vería como una grosería, así que mejor paso del bochornoso momento de exponer las razones de mi pereza y directamente culpar al calor veraniego de todos los males del universo, desde Tombuctú hasta Tecualilla. Por lo pronto los episodios del remake se quedarán muy guardaditos en mi laptop hasta que las temperaturas aumenten y se tome la sabia decisión en mi casa de encender el aire acondicionado para que los feos días de mayo sean más tolerables. Porque son feos, reconozcámoslo.

Soy muy tiquismiquis para estas cosas, ¿saben? Me niego a ver una serie de televisión o leer un libro cuando el entorno no es favorable para inmortalizarlo de buena manera (¿Qué? ¿Cómo? ¿Con qué te drogas, Linda?). Por ejemplo, recuerdo vívidamente la madrugada que leí El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde: una noche de insomnio, en Culiacán, con un calor tan sofocante que el ventilador sólo conseguía empeorar, y una humedad en el ambiente que me empapaba el cabello. Desde aquel entonces me resulta sumamente incómodo ver el libro, y no me he atrevido a leerlo de nuevo porque me trae al presente aquel asqueroso día; a pesar que la historia me gustó, e incluso escribí sobre ella en el blog. Al otro extremo de aquella experiencia, The Mentalist, Castle, Hannibal y/o Firefly siempre me recuerdan al aire acondicionado encendido, la tablet en mis manos, el frío en el cuerpo después de un buen baño y la emoción de ver un episodio nuevo cada agradable noche de verano, mientras preciosas luciérnagas se asomaban por la ventana de la habitación. Quiero que Cosmos me sepa a eso, y no al calor agobiante que hace a diario durante el día. Sólo faltan un par de semanas (que probablemente coincidirán con la clausura de la serie), así que un poco de paciencia no me hará daño, creo yo. ó___ó

Pasando a cosas más importantes (en realidad no), ¡he terminado el post de Tormenta de Espadas! Hubo fiesta en mi casa cuando terminé, pero sólo me invité a mí misma porque soy así de egoísta, y no me arrepiento de nada. Dejo aquí los datos de la bestialidad para que, cualquiera que caiga por estos lados, le de pereza leer toda la verborrea antes de que sea publicada.
¿Poca vergüenza o mucha inspiración?
Tardé lo mío en concluir este proyecto, pero mirando en retrospectiva me pareció justo dividirlo tal y como lo hice. Inicialmente mi objetivo era que este post, incluyera también mi opinión de Cosmos, Breaking Bad y Tormenta de Espadas; pero al ver que sólo el documental ya acaparaba más de 8 páginas y yo seguía escribiendo, opté por hacer cada cosa por separado, postergando Breaking Bad hasta su segundo visionado y Tormenta de Espadas en un post independiente. Me pareció lo mejor. Después sucedió algo reprobable en la serie Game Of Thrones que me cabreó de tal manera que terminé escribiendo una queja monumental y aplazando indefinidamente mi opinión personal sobre el tercer libro de la saga hasta que la bilirrubina me bajara a niveles normales otra vez (cosa que sucedió dos semanas después xD). Ya, después de olvidarme de tanto dramatismo de mi parte y descubrir que tengo arte para ello, decidí continuar con mi proyecto. Terminó siendo algo así como un ensayo largo larguísimo, como el libro de 1,200 páginas que me acababa de tragar. Pero es lo que hay y con eso me apaño, como buena sufrida que soy.

También decidí no dividir el post de Tormenta de Espadas, y publicarlo así, sin más, con sus 80 párrafos encima. Lo que he escrito está dividido en diez personajes cuyos POV’s componen el tercer libro, así que se vería raro dejar a unos fuera y a otros dentro hasta nuevo aviso. Mejor todo de golpe. Prometo que lanzaré vivas a la indigestión literaria de aquel que se atreva a leerlo. El artículo en cuestión está programado para publicarse el día 15 de mayo, de aquí a cinco días, esperando de buena fe que Los Siete nos agarre confesados.  

Se acerca mi cumpleaños y aun estoy decidiendo mentalmente si debería importarme o no. Probablemente sí. Desde hace mucho tiempo suelo regalarme un libro para estas fechas. Yo misma lo escojo, lo pido, lo pago, lo recibo y lo abro. Es un gesto que quiero convertir en una tradición; pero este año tardé demasiado en decidir la novela (o novelas) que quería. Desde que conocí la trilogía Los Juegos del Hambre, la saga distópica de Suzanne Collins, me ha llamado muchísimo la atención; pero jamás he dado el paso definitivo para adquirirla, a pesar de que los dos primeros libros están disponibles en mi ciudad desde hace unos meses, principalmente porque no sé si me gustará, tomando en cuenta que la película no fue muy de mi agrado. Aunque tampoco va conmigo juzgar a un libro por su película y no debo fiarme de eso. En Sanborns está disponible el pack completo a $775, pero desembolsar $775 pesos así como así, sin saber si las novelas me gustarán, me parece una chorrada de proporciones épicas. Dejando eso totalmente de lado, se da la curiosidad que en mi ciudad, comprar los libros por separado me costaría menos que el pack que ofrecen en Internet.

También en Sanborns (no me juzguen, en Gandhi no puedo comprar nada porque aquí no hay sucursal del banco que ellos usan para sus depósitos y la web de Gonvill es muy MEH) está otro pack de las novelas de Jane Austen a $749. Pero, el mismo motivo que me llevó a no aventurarme a adquirir Los Juegos del Hambre, es lo que me detiene para no comprar esta joyita tampoco. Verán, yo nunca he leído una novela de Austen, NUNCA. Lo cual me parece una grosería imperdonable. Hace exactamente un año mis padres tenían todas las intenciones de regalarme Orgullo y Prejuicio para mi cumpleaños, pero batieron la sección de libros en el centro comercial y al parecer el único ejemplar que quedaba había sido comprado por alguien en un lapso no mayor de 12 horas. MALDICIÓN GITANA PA’L QUE LO COMPRÓ. El resto de los trabajos de la entrañable Jane también están disponibles aquí, pero en este caso sí sale más caro comprar cada libro por separado así que para qué arriesgarme. En el caso de ella el problema va más allá: 1) tengo un problema con los clásicos literarios, 2) tengo un problema con el género romántico 3) no he leído ningún trabajo suyo. Y $749 no caen del cielo, ¿verdad?

Acabo de terminar Tormenta de Espadas, de la saga Canción de Hielo y Fuego, y ya quiero tener en mis manos el cuarto libro, cosa que compraría así sin más si no fuera porque cuesta la friolera cantidad de $400. Si a eso le sumamos que el quinto volumen sucede simultáneamente con el que le antecede y el precio es exactamente el mismo, pues Houston, tenemos un problema y no sé cómo resolverlo. También existe un pack de libros de esta saga valorado en $1499 con envío gratuito por Sanborns que incluye las cinco novelas que han sido publicadas hasta la fecha y hace que comprarlos así me ahorre una bestialidad considerable que comprar los libros por separado. Canción de Hielo y Fuego es una obra que quiero tener sí o sí; ni siquiera está en discusión. Es una saga que vale cada una de las cinco mil páginas que la componen hasta el momento; conozco el estilo narrativo de George R. R. Martin y estoy familiarizada con sus personajes. Sé que Festín de Cuervos y Danza de Dragones me seguirán fascinando tanto como los tres libros que le antecedieron, y jamás he invertido un centavo en esta saga porque los dos primeros tomos me los prestaron, y el tercero me lo regalaron, sin embargo, al ser novelas ríos y estar conectadas unas con otras necesito los tomos anteriores para entender los dos últimos (basta con ver todas las anotaciones que he hecho en Tormenta de Espadas para entenderme, mas la libreta que compré exclusivamente para poner datos importantes que no debo olvidar. Ehm, no recuerdo haber hecho eso con Harry Potter, por ejemplo xD).

Ahorrar los $1499 me llevará un par de quincenas, pero tengo a Lord Cerdi para que la espera sea más llevadera. Ojalá sea mucho antes de Navidad, o antes que se agoten las unidades. Evidentemente esto hará que no me auto regale ningún libro para mi cumpleaños pero creo que la espera valdrá la pena. Está de más decir que el pack de libros ES PRECIOSO, tengo un primo que cometió el abuso de comprarlo sin saber si quiera si la saga le gustaría o no (por suerte le gustó) y me pasó estas fotos para que lo envidiara con amor y desde la distancia:


Ya, me dejo de tanto fangirlismo y parloteo innecesario. Me quedarán muchos libros pendientes, entre ellos: El Castillo Ambulante de Diana Wynne Jones, American Gods de Neil Gaiman, Tengo una Pistola de Enrique Rubio (ni siquiera creo que se pueda conseguir en este país), La Ladrona de Libros de Markus Zusak, la edición conmemorativa de Orgullo y Prejuicio (hermosa), Wild Cards I. El Comienzo, Los Viajes de Tuf o Luz de Estrellas Lejanas (el que más me llama la atención, pero tampoco creo que lo vendan en México) de George R. R. Martin. Más mil trecientos libros que están en mi lista invisible. Casi nada, ¿verdad? Mejor me tiró en el piso y lloro un poquito por dentro. Feliz cumpleaños a ustedes también. Y Feliz Día de las Madres a quien lo sea. :)

Me regreso a mi caverna hasta que el invierno llegue.


6 may 2014

Tú chocobananeas, yo chocobananeo, todos chocobaneamos

Primera hazaña chocobananera.
Hacer chocobananas no tiene mucha ciencia, de hecho es más difícil escribir su nombre. Así que cuando la semana pasada tuve antojo de comer una de estas cosas y no supe dónde se podían comprar (porque obviamente se vende por lo bajo, a escondidas, como la droga) decidí comprar todo el kit para prepararlas por mí misma y ser la envida de todo el vecindario. ¿Qué tan difícil podía ser?

Como buena ciudadana de mi patria nación de alegrías, tormentos y flojera para leer las instrucciones decidí lanzarme a la guerra sin fusil y a la tarea sin videotutorial. Casi me mato.

Compré los plátanos allá donde los venden más caros, el kit chocobananero en la dulcería más cercana (que queda a media ciudad de aquí, en camión, dos taxis y tres lustros), regresé a mi casa y continué con mi debate moral de cómo clavarle el palo al plátano para que no lo estropeara demasiado. Fue mi madre quien me aconsejó sacarle punta al plátano al palo antes de incrustarlo en la fruta, a la que decidí dejar a temperatura ambiente porque así los átomos funcionan mejor, ¿no? Pues no. El palo en cuestión rompía el plátano a la mitad y cuando intenté acomodarlo con mis manos seguramente hice un movimiento tan ninja que ni Hattori Hanzō podría haber previsto y la banana quedó en rodajitas por toda el área de trabajo. Muy raro, tan raro que estuve a nada de marcarle a Iker Jiménez hasta España para que viniera con su Nave del Misterio a Camarolandia City y viera con sus propios ojos le metódica hazaña que quedaría únicamente inmortalizada en la mirada atónica de mi padre (aunque creo que en realidad estaba jugando al Solitario Spider en su laptop y acababa de ganar).

Como éste último proceso tomaría tiempo decidí pasar al segundo paso: derretir el chocolate en el microondas y botanear con mi Frankenstein fallido mientras continuaba haciendo el resto de los chocobananas. No hubo demasiado éxito con los siguientes productos, a pesar de que le saqué más punta a los palillos y partí por la mitad el resto de la fruta que quedaba, a esta, sencillamente se le abrían grietas, y al intentar sumergirlas en el chocolate derretido se salían del palo y se quedaba vagando a la deriva en el vaso de chocolate mientras yo rogaba que no se ahogaran en un mar tan envidiable. Pero luego llegó mi madre —cuya mano es santa y tiene una legión de ángeles cuidándole su reputación en la repostería a la que no se dedica—, tomó una banana, metió el palito afilado, sumergió el coso en el chocolate, le puso chispitas de colorines Voila! como si hubiera nacido para eso, mientras yo la miraba con cara de Ehm, What?! ¿Hola? ¿Cómo? Y mi autoestima se hundía junto con el trozo bananero naufrago que desaparecía en el mar de chocolate. ¿Ven? Hay gente que no nace para ciertas cosas. Eso sí, el producto final estuvo riquísimo, incluso esos que hice yo, pero seamos sinceros: es imposible que plátano+chocolate+chispitas sepa malo, no importa cómo lo prepares.

A los días volví a hacer chocobananas, esta vez con tutorial incluido y resulta que los plátanos tienen que pelarse y congelarse por lo menos durante TRES HORAS antes de incrustarles el palito. Esta vez funcionó, no tan bien como en el video que vi porque soy la mar de desesperada y sólo dejé que se congelaran por 45 minutos (la paciencia no va conmigo) pero los hice yo solita en menos de cinco minutos, cuando la primera vez me tomó media hora. Vamos avanzando, ¿no? Por lo pronto los chocobananas ya se terminaron y no me apetece hacer más hasta dentro de tres siglos, pero mi fracaso culinario queda en evidencia una vez más después de joyas tan bonitas como esta y esta otra.

Mejor me dejo de tanto drama y me prepararé un chocomilk, coronado con chispitas de colores porque no sé qué hacer con los dos kilos que me sobraron después de mi bestial hazaña digna de quedar en todos los libros de HistoriaMe despediría con humildad, pero no me apetece.