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28 mar 2009

Kaiser (1997 - 2009)


El imponente Pastor Alemán se cansó de vivir.

Ya era demasiado peso en sus cuatro patas, demasiado el camino vivido, demasiado pesar en un mundo donde tuvo todo y nada. Se fue al final del patio y se recostó en las cenizas de un fuego que se había extinto tiempo atrás para así poder calmar, aunque fuera levemente, el dolor que había silenciado durante tanto tiempo. 

La muerte es implacable con los que no tienen nada que ofrecer, y un cuerpo viejo en un pobre perro no sería la excepción. Era el perro de mi tío. Mis abuelos lo cuidaron como pudieron durante 12 años. La vida le abofeteaba en la cara cada vez que podía, sus días pasaron frente a sus ojos confinado desde hace mas de una década en el patio trasero de una casa cualquiera. No había más donde tenerlo. No había otra forma de que viviera. 

Sus ojos cansado quizá ya no recordaban aquellas eternas tardes de mi niñez donde yo aun podía cargarlo y lo llevaba en mis brazos al departamento donde vivíamos. Flaco, desnutrido debido a la muerte prematura de su madre, mi "costalito de huesos" era un milagro viviente. En casa, cuando medía un puñado de centímetros jugaba enérgicamente con dos pequeños elefantes de peluche que eran mucho más grandes que él, solía ladrar por que les temía. A esa misma edad y con ese mismo tamaño se nos perdía dentro de la casa de los abuelos, se escondía debajo de los sillones, las escaleras, los muebles.

Los años pasaron, creció y ya no cabía en mis brazos. Ya no podía salir y poco a poco pasó a vivir en el patio trasero de la casa de los abuelos. Ese lugar seria su único mundo en toda su vida. Pocas veces pudo ir mas allá de esas rejas. 

Por su tamaño, su espíritu juguetón y su nerviosismo la gente le temía. Kaiser no era malo. Había días en que me preguntaba si sólo era yo la que podía ver la nobleza de su mirada y escuchar los lamentos que salían de su boca cada vez que lo dejaban solo en casa. Me dolía. Me dolía llevarle comida cuando mis abuelos salían de viaje por que sufría dejarlo solo. Me despedía de él y me iba lo más rápido que podía mientras escuchaba sus garras arañando la puerta del patio como diciendo: "¿Puedes quedarte un poco más?". Le temía a los días de lluvia y a los rayos, se escondía de ellos en el baño y no salía hasta que el diluvio pasara. Cada vez que caía agua del cielo mis pensamientos iban para Kaiser preguntándome como se encontraría. Hoy ya forma parte de ese cielo. Ya no hay nada que temer.

Kaiser falleció el 26 de Marzo del 2009, su muerte me dolió demasiado, pero por lo menos dejó ya de tener la vida que tuvo.

Murió en el mismo patio donde doce años atrás nació. Murió igual que de la misma forma llegó un día, solo... completamente solo, pero eternamente acompañado.

¡Gracias por todo, Kaiser!

[Vimeo - Duración: 1:48]



15 feb 2008

Kaiser


A Kaiser le duele vivir.

Sus grandes ojos cafés aun no logran revelar lo que su cuerpo me dice a gritos. Lleva 11 años en su lomo, no ha hecho gran cosa en su vida, pareciera recluido en una prisión por un delito que no cometió. Una victima inocente, un delincuente no-delincuente. Creo que su pecado fue haber nacido, o más bien haber vivido. Ya es un anciano, un Pastor Alemán viejo y flaco que en vez de vivir mas cada día, muere lentamente ¿de que? No lo sé. Sólo muere.

Cuando era cachorro siempre soñé que fuera mió, soñaba con llevarlo a la playa y que jugaríamos juntos en la casa, soñaba con que no creciera porque cuando lo hiciera jamás volvería a traerlo conmigo por la calle. Pero puedo decir que aunque no pude quedarme con él, pude enseñarle lo que era la libertad y de eso me siento orgullosa.

Káiser no es agresivo, solo es un poco brusco con sus juegos, le tiene miedo a las personas que no conoce y se pone nervioso con los fuegos artificiales. Lo que pasa es que la gente no lo mira, no lo entiende y aunque hay veces que me moleste que digan eso de él se que es mas bien el efecto de la ignorancia de la gente que de la maldad. Kaiser es un buen perro, lo que pasa es que nadie lo escucha.

Ahora le lleve de comer. Cuando me vio llegar sonrió, como siempre, con su cola, la agitaba con emoción, sabiendo que esperaba de mi mucho más que un simple plato de comida (la única que da al día). Camine hacia la reja que separa el patio de la terraza y abrí la puerta de poco más de un metro. Cuando la puerta se abrió Káiser estaba feliz, contento por tener un par de metros más de libertad, la que tanto le han negado.
Notaba, mientras el caminaba, como de vez en cuando una pata delantera se le arrastraba y además de eso pareciera que la cabeza le pesara, de vez en cuando le hablaba y muchas veces no respondió a mi llamado a pesar de que no había un ruido cercano. Creo que esta quedando sordo y probablemente ciego, lo que explicaría la razón por la que a atacado a mas de una persona.

Káiser tiene 11 años...la vida le duele... y pareciera que a nadie le importa.


...a mi sí.