14 abr 2014

Sigo sin saber de qué va todo esto. :D

Mientras tanto, en el cielo de mi patio. 
En febrero noté algo curioso que raramente me había sucedido antes desde que tengo este blog: tenía suficiente material guardado en la sección de borradores como para publicar poco más de un post a la semana durante un mes. Aproveché el momento para editar escritos que tenía almacenados desde hace meses, responder algo del Reto de 30 Días, uno que otro meme desperdigado por ahí, acomodarlos, darles orden y ponerle una fecha específica para que fueran publicados automáticamente. De esa manera me pasé más de un mes de vacaciones bloggeriles y sin poner un píe en la arena de esta orilla... peeeero, el break ha terminado. Esta mañana me he dado cuenta que abril está en plan suicida moribundo y yo sencillamente no he dado señales de vida por aquí en todo este tiempo, así que traigo un resumen de lo que he hecho estos días (en realidad sólo he procrastinados con amor y los próximos post únicamente hablaré de un documental, un programa de televisión y una saga de libros, que fácilmente comprimen todo mi tiempo perdido y no me arrepiento de ello).

Antes que nada creo que vale la pena dejar constancia que entre febrero y marzo he desmantelado mi habitación hasta dejar únicamente lo necesario y aquello que es difícil de guardar. Por las ventanas se cuela el polvo de una de las calles más transitadas de la ciudad y nadie creería la cantidad absurda de tierra que hay al finalizar el día. Y todo esto sucede mientras las ventanas están cerradas, si las abriera y dejara que las motas de polvo se pasearan como Pedro por su casa aquí habría tormentas de arena y cosas más perversas retenidas en los muebles. Una de las cosas que más me ha dolido guardar ha sido mi colección pequeñita de los rompecabezas 3D de la compañía china Cubic Fun. Adoro armar puzzles, y estas joyitas económicas y hermosas, que compré cuando vivíamos en otro departamento (donde el polvo era un mal chiste y un mito), abarcaban un mueble entero de tres niveles de los que emergían grandes y esplendorosos el Capitolio de los Estados Unidos, la Catedral de San Patricio de Nueva York y la Basílica de San Pedro en la Ciudad del Vaticano. Me ha dolido hasta el alma, porque cosas así merecen ser exhibidas y presumidas por todo lo alto, pero sencillamente jodía verlas rebosar de tierra y era una misión maratónica mantenerlas limpias, así que preferí guardarlas en sus respectivas cajas hasta mejores tiempos (cuando construya una cúpula al redero de mi casa, obviamente xD).

Sin ir más lejos, se me contraen las entrañas sólo de ver lo polvoso y cenizo que ha quedado El Astrónomo un año después de la mudanza. Aquel rompecabezas que me regaló mi tía hace mucho tiempo colgó de la pared de mi antigua habitación y brilló con pintura fluorescente cada vez que una mota de luz rebotó en su cristal. Me dormía viéndolo. El brillo que alguna vez tuvo a la luz del día se esfumó hace muchos soles. Si no fuera por aquel post en el que hablé de su existencia probablemente hubiera olvidado ya la amalgama vistosa que alguna vez albergó. La versión 3D del Titanic ha sido la excepción, al ser largo y no tan ancho he podido colarlo en el librero de la sala, junto al resto de mis libros que, dicho sea de paso, venía con cristal incluido (me refiero al librero, no al barco).

Sí, ya lo sé, este es un problema del Primer Mundo y debería sentir vergüenza de andar por la vida quejándome de absurdeces como estas. :D

Umi y Maru se enfermaron, en ese orden. Primero ella y luego él. Nuestra perrita de 11 años jamás se había enfermado en la vida, así que me resigné a que tal vez se iría a tocar el arpa con los ángeles antes de los 12 (soy la mar de pesimista, ¿ok?). Pero no, Umi está vivita y coleando. Mientras escribo esto está comiendo un palito de carnaza después del baño que recibió esta mañana, y se le ve feliz y sana. No sé cuánto tiempo durará así; no quiero ser egoísta, ha vivido más de lo que cualquier perro ha soportado conmigo y se lo agradezco profundamente. Ha cumplido su misión de compañía fielmente durante más de una década. Para ella no quiero ni una pizca de dolor, ni centímetro de sufrimiento. Mientras sea feliz, mueva su rabo alegre y pueda comer y caminar la mantendré a mi lado, cuando ya no pueda hacer eso sabré que es hora de decirle adiós y estoy en paz con eso, jamás le exigiría más de lo me podría dar. Cuando le llegue el turno de partir, me encargaré que no sufra. No se merece eso. Por lo pronto, que haya mil días de luz y alegría para Umi, y un platito de comida frente a ella cada tantas horas. :)

Maru probablemente enfermó de lo mismo que su mamá perrita, alguna infección en el estómago or something like that y recibieron el mismo tratamiento con un par de días de diferencia, pero él tuvo una recaída días después y siguió malito, probablemente de otra cosa. Su estado fue delicado pero el muy bestia se recuperó una semana después y ya está dando lata como siempre. Y he quedado embargada y endeuda con los países ricos por las próximas décadas.

Prometo que algún día verteré mi opinión respecto a Breaking Bad (obra maestra, eso sí) y recibirá el homenaje que se merece de mi parte, porque la he adorado a rabiar y porque tengo la firme convicción de volver a visualizarla antes de que termine este año. Ahora no, porque toda mi inspiración ha sido exprimida hasta la última gota por culpa de los post que hablarán de Cosmos y Tormenta de Espadas (CDHYF III). Breaking Bad es una serie que vale en oro cada episodio de sus temporadas y se posiciona por sí sola como una de mis cinco series de televisión favoritas ever así que: All Hail the King! Para opiniones extraordinarias sobre ella me quedo con ésta y ésta otra.

Algún día también les hablaré de D’Artagnan, el mosqueterito perruno que custodia las puertas de un falso castillo sinaloense desde hace cuatro meses. :)

No he visto Castle ni The Mentalist desde diciembre del año pasado. La culpa la tiene Sherlock (what?!) que me agotó todas las ganas de ver cualquier serie de televisión cuando estrenó su tercera temporada. El asunto se alivianó un poco el día que me decidí ver Breaking Bad y Game of Thrones pero no he regresado con Castle y The Mentalist, ni tampoco he visto la season finale de Sleepy Hollow, ni la segunda temporada de Hannibal. Ahora esperaré que clausuren sus respectivas temporadas y así evito hacer la espera semanal con sus interminables breaks. :)

Los próximos post (en los que hablaré de Cosmos y Tormenta de Espadas) lo publicaré en los días siguientes. De hecho tenía pensado que se publicaran en esta misma entrada pero, separando la publicación del documental y la de la serie, me he dado cuenta que esta última llevo más de 8 páginas a cuestas y sólo he hablado de cuatro de los diez protagonistas que muestran su POV en el libro y no asimilo mi atrevimiento... Básicamente lo que escribiré será un ensayo, así que sobre aviso no hay engaño, ¿eh?

No esperen demasiada coherencia en esto; no la tiene. Estoy medio drogada y cansada como para estar consciente de lo que estoy escribiendo. Amén.

6 mar 2014

Día 17 — Una obra de arte (pintura/dibujo/escultura/etc)


Probablemente escogería La noche estrellada, de Vincent Van Gogh. Si me lo hubieran preguntado hace varios años elegiría el Guernica de Pablo Picasso. No sólo la hubiera escogido como obra favorita sino que además desearía tenerla enmarcada y colgada en mi habitación, aun a pesar del torrente de emociones que implica mirarla. Mi objetivo era jamás olvidar el horror de la guerra, y no les miento cuando les digo que ese cuadro en particular siempre me impactó. Desde que lo vi por primera vez cuando era muy niña, en un libro sobre arte que descansaba en el librero de la casa de mi abuela, una herencia no especificada que nos dejó mi tío abuelo Mario cuando falleció, donde también aparecían varias obras de Van Gogh, entre ellas ésta que elegí.

El Guernica de Picasso impacta de golpe por su crudeza, aun cuando no conoces la historia del bombardeo que sufrió esa ciudad 1937. Dos de las secciones que más me afectaban era la del caballo gritando y la de la madre sosteniendo entre sus brazos a su hijo asesinado. Pero el artista fue bastante específico en vida respecto a la obra y cuando lo supe abandoné toda intención de conseguir una réplica para colgarla en la pared: No, la pintura no está hecha para decorar las habitaciones. Es un instrumento de guerra ofensivo y defensivo contra el enemigo. Y cuán efectiva ha resultado; no hay que olvidar que en el 2003, cuando George W. Bush ingresó a la ONU para defender su necesidad de invadir Irak la réplica del Guernica tuvo que ser cubierta por un fondo azul para evitar el bochornoso sentimiento de defender una causa injusta.


Pero mientras el Guernica de Picasso no es una obra tan personal, sino que se mueve al compás de un sentimiento y una aberración a la guerra casi universal, reconocida y aclamada apenas al ser expuesta al público, La noche estrellada de Van Gogh adquiere matices más íntimos y privados debido a que nunca se reconoció su talento en vida. Nadie veía lo que él veía. Los cuadros de él reflejan la vida atormentada de un artista nunca valorado y quizá esa es la razón de elegirla como favorita. Una pintura tan mágica y vistosa retratando las noches de Saint-Rémy-de-Provence no tendría problema alguno en colgar de la pared de mi habitación, brillando día y noche por cada vez que alguien ignoró su talento mientras él vivía.

Hay un episodio de la serie británica Doctor Who en el que se redime al personaje, o más bien se le trae al presente para que sepa que todo su trabajo sería apreciado en años posteriores a su muerte. La trama transcurre mayoritariamente en la época del pintor y está repleta de fantasía más que de realidad, pero en la recta final nos encontramos en la actualidad con el Doctor (un Señor del Tiempo), su acompañante Amy Pond y el propio Van Gogh, recorriendo una galería del Musée d'Orsay en París —que tiene una exposición de sus obras— mientras diversos visitantes contemplan los cuadros con atención y admiración. Y el pintor no se la creé.

Hay un momento en esta escena *casi* final en la que el Doctor llama al conservador del museo para preguntarle qué posición ocupa Van Gogh en la historia del arte, y éste se desvive describiendo su grandeza:

“Para mí, Van Gogh es el mejor pintor de todos los tiempos. El más popular, el más querido. ¡Con ese magnífico dominio del color! Transformó el dolor de su atormentada vida en una extasiada belleza. El dolor es fácil de retratar, pero usar la pasión y el dolor para retratar el éxtasis, la alegría y la grandeza de nuestro mundo nadie lo había hecho nunca; y pueda que nadie lo haga jamás. Para mí, ese hombre extraño y salvaje que vagaba por los campos de Provenza no solo fue uno de los artistas más grandes del mundo, sino también uno de los más extraordinarios seres humanos que han existido jamás.”

Todo esto sin que el conservador sepa que Van Gogh está justo a su lado, llorando por las palabras dichas; por el reconocimiento jamás dado en vida. Es quizá uno de los episodios más preciosos de la serie y cualquiera que haya estudiado —incluso superficialmente— la vida y obra de este artista difícilmente puede mantenerse estoico ante esta escena. Eso o yo soy una sentimental empedernida. Porque, vamos, muy en el fondo la mayoría de nosotros desearíamos regresar al pasado traer a este hombre al presente y decirle que algún día se levantarían edificios, escuelas, calles, avenidas y estatuas con su nombre enmarcado en ellas; y que sus pinturas se replicarían y venderían por millones convirtiéndose en el pilar del posimpresionismo, enseñando a observar la belleza de nuestro entorno donde otros sólo impregnan rutina y normalidad.

Me quedo a tus pies, Van Gogh, enseñándome a mirar las noches estrelladas desde pequeña. :)  

1 mar 2014

Día 16 — Una canción que te hace llorar (o casi llorar)

Amigo Félix de Enrique y Ana. Esta fue una de las primeras canciones que nos enseñaron en el kínder, y había una razón particular para ello: eran mencionados diversos animales. La maestra solía señalar un pictograma magnético pegado al pizarrón cada vez que uno de ellos era nombrado mientras entonábamos la canción. Era la forma que ella utilizaba para que relacionáramos un sonido con una imagen y una palabra (debajo de cada figura aparecía el nombre del animal en cuestión). Lo tengo demasiado presente porque fue probablemente una de las primeras veces en las que no tuve reparo en corregir a un maestro. Había un pictograma con un oso polar y un osito pequeño, de tal forma que cuando la última parte del estribillo llegaba (“… quiero ir contigo a jugar un ratito con el osito de la Osa Mayor”) la maestra lo señalaba. Le dije a ella que la Osa Mayor no era un animal sino una constelación, un conjunto de estrellas que podíamos ver todas las noches y que, además, no tenía forma de oso. La maestra entonces me habló del sentido figurado y del sentido literal, no con ese lenguaje ni con esas terminaciones, pero más o menos me explicó de forma básica lo que yo necesitaba saber. Mi siguiente pregunta ya no tuvo nada qué ver con las constelaciones ni con animales sino con otra incógnita que mis compañeros y yo teníamos desde hace días y no nos atrevíamos a preguntar porque a esa edad hablar de la muerte es un tabú muy grande: ¿Quién es Félix? Los otros niños apostaban a que Félix, era Felix el gato, ese minino negro con blanco que se remontaba a la época del cine mudo. Yo les decía que no podía ser así porque el hecho de ser un dibujo animado le daba la inmortalidad que otro ser no podía tener. Lo que sí estaba bastante seguro era que Félix debía ser un animal (¿o por qué otro motivo los demás animales dirían que esa mañana estaba más triste el sol?), la maestra sólo nos dijo que Félix era un amigo de los animales que se había ido al cielo, y con eso zanjó un tema que seguiría siendo tabú.

Dos o tres años después de aquellos pictogramas y aquella canción me encontré hojeando por casualidad una vieja edición de Selecciones de Reader's Digest, una década más añeja de lo que yo era. Una revista pequeña carcomida por el polvo y el tiempo, era de los años 80’s. De repente me topé con un artículo donde aparecía aquella imagen de un hombre abrazando a un lobo. Y luego abrazando a un lince. Y luego a un águila. A una nutria. A un halcón. A un búho. A un cuervo. A un delfín. A un osezno. Su nombre era Félix Rodríguez de la Fuente, el amigo de los animales, fallecido en un accidente aéreo en las montañas de Alaska un par de años atrás. Era aniversario de su muerte. No armé el rompecabezas en mi cabeza hasta llegar al final, al último párrafo, donde mencionaban que el dúo español Enrique y Ana le habían dedicado una canción llamada Amigo Félix, que se convirtió en todo un clásico de la música infantil… No lo podía creer: Félix había existido y no era un dibujo animado, ni otro animal cualquiera, era una persona de carne y hueso que había dedicado su vida a decirle a otros qué tan preciada es la existencia de esos seres que nos rodean en la naturaleza. Aun recuerdo haber cerrado la revista, irme a mi habitación, tirarme en la cama boca abajo y llorar. Llorar mucho por una persona a la que jamás conocí. Cuánto habría deseado que la Osa Mayor no fuera una constelación, sino un animal de verdad y que le permitiera a él, a Félix, jugar un ratito con su osito en las noches más estrelladas de mi ciudad. Quizás entonces, al día siguiente, no se sentiría tan triste el sol.  

26 feb 2014

MEME TIME: La culpa es de Biak Songkey y esto debería estar en Tumblr

RULES:
1. Always post the rules.
2. Answer the questions of the person who tagged you and write 11 new ones. (¡YO VOY A RESPONDER TODAS MENOS LAS MÍAS PORQUE ESTOY ABURRIDA, OK! xD)
3. Tag 11 people and link them.
4. Let them know that they are tagged.

1. Si tuvieras que irte a una isla desierta y solo pudieras llevarte cinco cosas, ¿qué te llevarías? Una TARDIS y ya… Es broma xD. Un manual de supervivencia, agua potable (que no me voy a tragar la del mar, obviamente. Mi orina tampoco es una opción, ¿eh? Aun me queda dignidad), un botiquín básico, una navaja suiza (o ya de plano un cuchillo o un machete, depende de la pobreza de cada uno) y un aparato que detecte mi posicionamiento global para que alguien pueda encontrarme. :D

2. Tu fandom del momento. Sherlock, sin lugar a dudas. Pero estoy intentando dejarlo porque me provoca insomnio y me hace daño. #DramaQueen

3. Serie (live action, comic, anime, manga, lo que sea) que estás obsesionada en estos momentos. Sinceramente no soy de las que se obsesiona con algo pero… Sherlock.

4. ¿Qué preferís: invierno o verano? INVIERNO FOREVER. Si alguien opina lo contrario le invito un cálido verano a las paradisiacas calles de mi ciudad para que cambie de opinión.

5. Deporte favorito. Cuando leer sea un deporte responderé con más decencia esta pregunta, ¿eh? xD

6. ¿Cuándo descubriste la existencia del fandom? ¿El significado? Probablemente con Fullmetal Alchemist.

7. ¿Cómo fue el primer fic que leíste? Un fanfiction que escribió mi papá sobre The X-Files, en el que los agentes Mulder y Scully venían a mi ciudad a resolver un caso. ERA UNA JOYA xD. Mi papá no veía esa serie pero mi hermana de 13 años y yo de 10, la adorábamos y lo hizo por nosotras. Era un fic crack y divertido hasta decir basta.

8. Tu primer fandom. Pues ese, The X-Files. Mi hermana y yo pasábamos horas en los foros de canal FOX discutiendo con otros fans los últimos episodios de la serie. PFFF! De eso ya han pasado casi quince años.

9. ¿Tienes mascotas? Ay, síp :3. Una perrita de 11 años llamada Umi y un gatito de 2 años llamado Maru.

10. Nombra a tus cinco personajes favoritos. ¡¿SÓLO CINCO PERSONAJES?! ¡¿NO PUEDEN SER 10?! WTF! Ok, ahí van (sin orden de importancia).

Abbie Mills (Sleepy Hollow)
Riza Hawkeye (FMA)
Sherlock Holmes (BBC!Sherlock, bendito tú entre todas las mujeres)
Kate Beckett (Castle)
Inara Serra (Firefly)

11. ¿Alguna serie/libro/comic/anime/manga que estás interesado y que quieres ver/leer en el futuro? Mmmh, interesante. Sí, quiero ver un montón de cosas pero siento que el tiempo no me alcanza, lo cual me trastorna un poco. Me gustaría ver Breaking Bad porque al parecer es una serie que lo vale. Aún no he visto la segunda temporada de Game Of Thrones y eso que soy muy fan de los libros, no sé qué me pasa. Últimamente no leo mucho manga ni veo anime pero Silver Spoon (Gin No Saji) es un título que tengo bastante presente para ponerme al corriente en pocos días. Y podría continuar pero entonces todo esto quedaría muy largo y tal.

Las preguntas de biak-songkey :
1. Libro pendiente para leer: American Gods, de Neil Gaiman (de hecho, todos los libros de él).

2. Cinco cosas que te gustan de ti: Aquí pueden leer sobre ello. ;)

3. ¿Planes a corto, mediano o largo plazo? Seguir viviendo xD. En realidad, me gustaría estudiar Literatura o Historia… pero más Literatura.

4. Última afición descubierta: el Cubo de Rubik, en serio, una vez que lo entiendes es demasiado adictivo como para pasar desapercibido.

5. Película favorita: Aquí está la respuesta. :)

6. ¿Anime o manga? Supongo que depende del anime y depende del mangaka. Por ejemplo, prefiero el anime de Evangelion al manga, en el caso de Fullmetal Alchemist es justo lo contrario.

7. ¿Película o libro? Volvemos a la respuesta anterior. Prefieren los libros de Harry Potter a las películas pero me gusta más el largometraje Children of Men al libro P.D. James.

8. Personaje o ídolo a quien admiras. ¿Personaje de ficción o personaje real? Me quito el sobrero ante el perdón de Nelson Mandela, admiro muchísimo el ímpetu de Carl Sagan, etcétera.

9.  Último libro leído: El océano al final del camino de Neil Gaiman.

10. Personaje con el que te identificas: Estoy completamente pérdida con esta respuesta. Realmente no tengo la menor idea. xD

11. Grupo sanguíneo: Pfff, lo he olvidado completamente, ¿eh? Pero creo que es AB+… CREO.

MIS PREGUNTAS
1. ¿Lluvia o sol?
2. Si pudieras escoger un solo libro, ¿con cuál te quedarías?
3. ¿Cuál anime o manga te gustaría verlo en un digno LiveAction?
4. Si pudieras visitar un país con todos los gastos pagados por 15 días, ¿cuál escogerías?
5. Tren, barco, avión o auto, ¿con cuál te quedas?
6. El sueño más raro que has tenido.
7. Tu blog favorito
8. Si pudieras pasar un día entero con una persona a la que admiras, ¿Quién sería?
9. Té o café.
10. Televisión o Internet.
11. ¿Dónde te gustaría vivir? ¿En qué ciudad? 

Taggense solos y responda quien quiera. Yo no conozco a nadie. #FOREVERALONE :P

22 feb 2014

Día 10 — Una foto tuya tomada hace 10 años (Y día 11)

¿Una foto mía del 2004? Para empezar vale aclarar que me fascina tomar fotografías pero detesto que me tomen fotografías. Sí, hay una cantidad inmensa de imágenes mías cuando era pequeña, pero llegó un tiempo —más o menos cuando tenía 8 ó 9 años— en el que empecé a aborrecer eso y desde entonces le pedí a mis padres que dejaran de fotografiarme. Desde aquella época hasta la actualidad existen muy pocas imágenes mías; no más de las necesarias, así que aprovechando eso de una vez también pondré el siguiente día del meme xD.

Ehm, sí, sí, la foto es del 2006 pero es lo que hay. Lo toman o lo dejan. :P

Día 11 — Una foto tuya tomada recientemente

¿Y esta es de hace dos o tres años? Pfff, no lo sé. >__<

21 feb 2014

¡Cuánto te debo, mi querido Beakman!

Beakman (Paul Zaloom)
Si tuviera que elegir a un solo personaje que haya influenciado mi infancia, y a su modo, haya moldeado un poquito mi perspectiva de las cosas ese sería, sin lugar a dudas, Beakman, el científico loco interpretado por Paul Zaloom que acompañó nuestras tardes a mediado de los años 90’s.

El Mundo de Beakman (Beakman’s World, 1992-1997) fue un programa infantil de temática científica cuya sátira, comedia y desenfreno lo llevó a ser visto por más de 60 países. Aquí en México nos llegó gracias a Canal Once del Instituto Politécnico Nacional, y mi hermana Carolina y yo le seguimos la pista hasta que salió de la barra televisiva varios años después, sin embargo, el olvido nunca llegó para él. Aun hoy, después de casi 20 años, este personaje aun se cuela como una cálida nostalgia de nuestro pasado más temprano.

Beakman hacía la ciencia divertida y el método científico lo convertía en entretenimiento. Nos enseñó que jamás hay preguntas estúpidas, porque son precisamente las que aparentan serlo, las que tienen una explicación más extraordinaria. Su laboratorio era un almacén de cosas enmarañadas y repetidas al azar sin orden alguno. Era una fortaleza donde convergían el raciocinio y el estereotipo más antiguo: la eterna asistente que cambiaba entre temporada y temporada, la rata de laboratorio antropomorfa cuya inteligencia siempre era cuestionable. El tipo tenía estilo y carisma, que aunado a su formato televisivo, ayudó a construir un recoveco en nuestra memoria. Sabíamos de antemano que apenas aparecieran esos dos pingüinos quéjicos y curiosos frente a un viejo televisor en el Polo Sur la diversión estaba a punto de comenzar. Su laboratorio era un castillo a la ciencia, una zona de experimentación, una máquina del tiempo que veía pasar a personajes de antaño (interpretados por el propio Zaloom, la mayoría de las veces) para responder nuestras preguntas personalmente. Enclaustrados junto con él en aquel lugar psicodélico de luces artificiales que probablemente jamás había visto el sol, aprendimos a hacer ciencia. Experimentos perfectamente replicables en la cocina de nuestra propia casa y mil veces más divertidos que aquellos que aparecían en los libros de Ciencias Naturales.

Beakman le hablaba a la cámara y a los camarógrafos, te hablaba a ti en primera persona, convertía un programa televisivo en algo personal, y tú eras el protagonista. Su gesticulación excesiva, la variabilidad de acentos y personajes, extravagantes camisas, peinados locos, zapatos deportivos, un acido sentido del humor, más su inesperable bata verde, lo convirtieron en alguien, no sólo inolvidable, sino reconocido dos décadas después.

Nunca he sido alguien de ciencia. Es decir, nunca he querido ser científica, sin embargo, siempre me he apasionado por ese mundo, me fascina cuestionarlo todo, me encanta poder entenderlo; la divulgación científica siempre me ha parecido extraordinaria y los blogs científicos a los que suelo recurrir a diario son para mí una prioridad, como quien lee un periódico todas las mañanas. Y aun así, sin que mi profesión ni  mi visión haya estado dirigida directamente a la ciencia, tengo que reconocer que personajes ficticios como Beakman ayudaron innegablemente a forjar mi interés por ella. No sé entonces, qué podrían decir personas reales, niños de los años 90’s que veían maravillados la televisión y se juraban a sí mismos que cuando crecieran serían cómo él. Me pregunto si Paul Zaloom estará consiente de cuántas mentes despertó con su personaje, sobre todo en países como el mío, donde nunca tuvo competencia (hasta donde sé Bill Nye, the Science Guy nunca fue trasmitido en México), de cómo nos aferramos a él para buscar un refugio de raciocinio en medio de un caos televisivo que se basaba más en el entretenimiento que en la enseñanza. Dejando la nostalgia de lado, quiero creer que más de un científico hecho y derecho, con maestrías y doctorados a cuestas, se habrá sacudido el polvo de su impecable bata blanca y extendido su mano en agradeciendo al entrañable Paul, por demostrar que la ciencia siempre será divertida, aun en laboratorios pulcros, blancos y esterilizados, lejos de actores, ratas antropomorfas y asistentes desenfrenadas.

Un saludo abierto a Beakman, héroe de mi infancia. Espero que en estos momentos él México del pasado sepa apreciar tu presencia. :)

El océano al final del camino de Neil Gaiman

Es de Sarai pero yo se lo regalé...
 y después lo confisqué, ejem. :)
Hace casi un año me prometí a mí misma que ya no actualizaría mi pequeño blog El Rincón de los Libros sin Leer por diversas circunstancias, entre ellas el hecho de no tener mucho tiempo para leer y menos para actualizar el blog (cuando lo abrí yo era una desempleada y estudiante errante universitaria sin un rumbo fijo, después conseguí trabajo), y además, ya de por sí era demasiado complicado mantener un blog como para tener la constancia de actualizar otro. Pero quizá la razón más importante fue no tener palabras para expresar qué tanto me gustaba un libro o no. No me apetecía darle puntuaciones y poner en consideración únicamente mío algo que podría depender más del lector, como individuo; sobre todo porque considero que aun me falta mucha experiencia en este mundo. Soy una analfabeta literaria, me falta sumergirme en muchísimos clásicos y ampliar mi lectura a otros géneros (las novelas románticas me dan repelús, por ejemplo, y las juveniles también), así que decidí dejarle esa labor a aquellas personas que en verdad lo saben, no como críticos sino como simples lectores acérrimos. Eso sí, sigo muchos blogs y otros tantos canales en YouTube de gente que se desvive opinando sobre todo trabajo literario que le llegue a las manos y, mientras tanto, yo me aparto del camino y disfruto desde el otro lado de la pantalla. Lo considero mejor así.

Pero luego sucede lo que sucedió con esta novela de Neil Gaiman y me cuesta muchísimo quedarme callada. Pasaré olímpicamente de la historia, la sinopsis y la reseña (pueden leerla aquí), e incluso de la opinión misma. Lo cierto es que acabo de terminar la última página del libro y no tengo la menor idea de qué es lo que pondré aquí pero siento que tengo que hacerlo y no sabría muy bien explicar el por qué. No voy a puntuar este libro, no lo voy a catalogar de bueno, malo o excelente, pero a mí me ha parecido curioso, y lo digo desde el punto de vista de alguien que jamás ha leído un trabajo de Gaiman.

El Océano al Final del Camino me ha parecido un libro extrañamente personal, pero no estoy hablando del autor sino de mí misma. Dudo muchísimo que un niño pueda disfrutar (sufrir, recordar, soñar) este relato tanto como lo haría un adulto. Y tampoco estoy hablando de cualquier adulto, sino específicamente aquellos cuya infancia fue diferente al resto; parecida a la del protagonista, y por ello no significa que hayan crecido en una granja. El concepto va más allá.

Este personaje en cuestión, regresa al lugar donde vivió su primeros años para recordar un momento específico de su vida, cuando tenía 7 años. A partir de ahí, Gaiman juega con el lector entre momentos vívidos y recuerdos, pero inevitablemente la historia calará más en unos que otros, sobre todo en aquellos que, siendo pequeños, vivimos en el aislamiento voluntario, con un nulo círculo de amigos, una extroversión aplastante y echábamos a volar nuestra imaginación en la extensión de un patio con árboles o un libro con viejas historias. Llega un punto en la novela en la que la historia en sí pasa a segundo plano (más allá de la mitad) y los objetos y el paisaje te recuerda a algo ya vivido. A algo anclado en tu subcontinente que no puede salir. Resultar curioso y un tanto aterrador porque he leído muchísimos libros en mi vida y ninguno ha conseguido lo que este hizo: colarse como un viejo conocido entre mi memoria. Ni siquiera sé cómo ponerlo en palabras. Por ponerles un ejemplo chiquito: hasta este momento no entiendo por qué el libro me recuerda a la casa de mi abuela, más concretamente al inmenso patio que tenía. Y digo que no lo entiendo porque la historia transcurre en una granja y bueno, yo conozco la granja de mis tíos, y si pudiera imaginar un lugar para ubicar esta historia sería en un sitio así ¡no en la casa de mi abuela! xD ¿Ven a lo que me refiero? No sé, es una sensación bastante rara. El libro me ha fascinado, eso sí, pero no término de entender por qué tengo esta sensación de vacío en el estómago, como cuando sabes que has olvidado algo muy importante y tratas de recordarlo y no puedes.

PFFFF, iré a consultarlo con mi almohada y con los sueños. >_<

17 feb 2014

Día 08 — Una foto que te haga sentir triste

No existe, y me gustaría que existiera porque entonces podría dejar a un lado la tristeza que me produce el hecho de saber que no existe. Entre todas las fotografías que se esconden en cajas de cartones y albúmenes apilados en la esquina de mi habitación no hay ninguna de mi tío Carlos Enrique “Kiki” y yo; y cuando me detengo a pensar en ello se da uno de eso extraños momentos en los que desearía regresar el tiempo y suplicarle a alguien con una cámara en mano una foto con él. Entonces, ahí sí, ya tendría una imagen que no sólo me hiciera sentir tristeza sino que también vertería en mí un abanico de emociones variables y acarrearía con un torrente de recuerdos que, por el momento, se encuentran escondidos en el limbo de mi memoria. 

No me gusta idealizar a las personas muertas. Una de las cosas que más detesto de la gente es esa necesidad casi intrínseca de santificar al que se fue, poniéndolo en un altar de purismo y perfección que resulta a todas luces enfermizo e hipócrita. Es esa misma necesidad que reprimimos porque muy en el fondo nos da vergüenza el no haberle apreciado mientras vivía, o peor aún, haberle tratado mal. Recuerdo a una señora en particular sentada en las primeras bancas durante el funeral de mi tío —Ay, era un ángel —decía mientras se lamentaba con falso dolor—. Siempre tan bueno, tan servicial y atento. Tan educado—. ¡PFFFF! No, mi tío Kiki no era bueno, ni servicial ni nada de lo que decía ella. Él sencillamente no era así; no más de lo que era estrictamente necesario.

Mi tío era probablemente una de las personas más malhumoradas que he conocido en la vida. No era bromista, era burlesco. Fumaba hasta el copete, salía todas las tardes a sentarse en la banqueta de la casa de mis abuelos sólo para criticar a la mitad de la gente que pasaba y al 90% de los vecinos que nos rodeaban, incluso a aquellos que vivían dos cuadras más adelante. Maldecía hasta el trapeador con el que aseaba el suelo y era capaz de derrumbarte con una sola frase que brotara de su boca. Así era él… Y, aunque era así, con todos esos defectos que opacaban la mayoría de sus virtudes, fue también una de las personas más extraordinarias con las que me he topado jamás, a tal grado que me pregunto qué hubiera sido de mi vida (y de la de mi hermana) si él no hubiera estado ahí siempre, al pie del cañón, en sus últimos años de vida, como un amigo y un consejero más que como un simple tío.

Al recordar sus defectos pretendo no idealizarlo, quiero que todo el mundo sepa que las personas más imperfectas pueden convertirse en pilares que sostengan nuestra más visible fragilidad ante la vida, y darnos, con su imperfección, la fortaleza necesaria para seguir adelante aun cuando todo a nuestro alrededor se derrumba en incomprensiones.

A veces cierro los ojos y recuerdo a mi tío (todos los días) y trato de rescatar su voz y sus tics y su perfume, un pedacito de la esencia de lo que fue. Muchas cosas murieron cuando él murió y mi vida en diversos aspectos jamás volvió a ser la misma. Sobre todo porque en sus últimos años nos acostumbró a mi hermana y a mí a una misma rutina de cenas los viernes en la casa de la abuela, improvisando mil pociones mágicas en la cocina mientras mi abuelo contestaba un crucigrama y la abuela sintonizaba la novela de las nueve. Cuántos recuerdos, memorias y anécdotas se quedaron impregnadas ahí, entre el comedor de madera y aquel reloj haciendo tic tac a nuestras espaldas; entre refrescos y cafés, y palabras y tertulias enmarcadas de falsa bohemia mientras la noche caía ahí afuera y el mundo se derrumbaba.

Aquella fotografía que no existe me provoca tristeza sólo de evocarla, tanto por su ausencia como por todo lo que conlleva; por imaginar cómo sería la vida si él no hubiera muerto. Qué tan distintos seríamos tú y yo si él aun caminara por aquí. Probablemente este blog ni siquiera existiría, porque no tendría razón de ser. 

Por mi tío y por su imperfección, la última persona a la que le lloré su muerte. 

13 feb 2014

Gravity de Alfonso Cuarón.


Existen poquísimas películas que me pegan fuerte. Me refiero a esas que hacen ponerte de pie y aplaudir frente a la pantalla por 20 minutos como si los encargados de su existencia estuvieran a tres metros de donde tú estás y pudieran oír tu histeria absurda. Con Gravity me ha pasado eso. Y resulta curioso porque no me lo esperaba para nada. Lo cierto es que, lo único que quería ese día, era sentarme frente a la laptop y olvidarme un poquito de la gente en general. Ya sabía de antemano que en esta película la ausencia de seres humanos era una constante… Y resultó ser verdad, más allá de las voces y los cuerpos flotando existen sólo dos personas que acaparan los 90 minutos del film: Sandra Bullock y George Clooney.

No habrá spoilers, ¿para qué? No los necesito. (Y tampoco quiero extenderme demasiado). 

Yo sé de cinematografía lo que mi abuela sabía de física cuántica: nada, así que un film me gusta o no me gusta y hasta ahí. Meterme en la trayectoria de cada actor, director y guionista jamás se me ha dado bien, ya ni hablar de tecnicismos, y cosas por el estilo. Sin embargo, Gravity me gustó, y muchísimo. Quizá fue la simpleza del guion, la ausencia casi total del trasfondo de los personajes, la nula argumentación, o el hecho de que la vi justo después de interactuar con más de una centena de seres humanos hambrientos y ruidosos siendo yo la persona más asocial del mundo, lo que me llevó, no sólo a disfrutarla y sufrirla, sino también a gozarla. Pasé los primeros 10 minutos del film con una tranquilidad acogedora, y después fui arrastrada por 80 minutos más por un océano de incertidumbre y vértigo que se apoderó de mí hasta el final y me acompañó en mi primer sueño después del visionado.

Para mí, la trama de Gravity brilla por su simpleza: la necesidad del ser humano de sobrevivir ante la adversidad, de seguir adelante, de no darse por vencido aun cuando nadamos contra la corriente. Juega con el instinto primigenio de luchar, caer y renacer. La película se convierte en un sencillo e imponente homenaje a la vida y su fragilidad, a la perseverancia de la raza humana, a la necesidad de ir allá donde nadie ha explorado. Somos espectadores silenciosos de la flaqueza y la fortaleza que invaden a la protagonista; primero de su cansancio y luego de sus deseos más honestos de vivir, y nos identificamos con ella porque, muy en el fondo, estamos familiarizados con ese torrente de emociones que la atacan durante todo el trayecto… Porque no necesitamos estar en la Tierra para recordar que somos humanos. Que siempre lo hemos sido y que siempre lo seremos.