1927-2014
18 abr 2014
14 abr 2014
Sigo sin saber de qué va todo esto. :D
![]() |
| Mientras tanto, en el cielo de mi patio. |
Antes que nada
creo que vale la pena dejar constancia que entre febrero y marzo he
desmantelado mi habitación hasta dejar únicamente lo necesario y aquello que es
difícil de guardar. Por las ventanas se cuela el polvo de una de las calles más
transitadas de la ciudad y nadie creería la cantidad absurda de tierra que hay
al finalizar el día. Y todo esto sucede mientras las ventanas están cerradas,
si las abriera y dejara que las motas de polvo se pasearan como Pedro por su
casa aquí habría tormentas de arena y cosas más perversas retenidas en los
muebles. Una de las cosas que más me ha dolido guardar ha sido mi colección
pequeñita de los rompecabezas 3D de la compañía china Cubic Fun. Adoro armar
puzzles, y estas joyitas económicas y hermosas, que compré cuando vivíamos en
otro departamento (donde el polvo era un mal chiste y un mito), abarcaban un
mueble entero de tres niveles de los que emergían grandes y esplendorosos el
Capitolio de los Estados Unidos, la Catedral de San Patricio de Nueva York y la
Basílica de San Pedro en la Ciudad del Vaticano. Me ha dolido hasta el alma,
porque cosas así merecen ser exhibidas y presumidas por todo lo alto, pero
sencillamente jodía verlas rebosar de tierra y era una misión maratónica
mantenerlas limpias, así que preferí guardarlas en sus respectivas cajas hasta
mejores tiempos (cuando construya una cúpula al redero de mi casa, obviamente
xD).
Sin ir más
lejos, se me contraen las entrañas sólo de ver lo polvoso y cenizo que ha
quedado El Astrónomo un año después de la mudanza. Aquel rompecabezas que me
regaló mi tía hace mucho tiempo colgó de la pared de mi antigua habitación y
brilló con pintura fluorescente cada vez que una mota de luz rebotó en su
cristal. Me dormía viéndolo. El brillo que alguna vez tuvo a la luz del día se
esfumó hace muchos soles. Si no fuera por aquel post en el que hablé de su existencia probablemente hubiera olvidado ya la amalgama vistosa que alguna vez
albergó. La versión 3D del Titanic ha sido la excepción, al ser largo y no tan
ancho he podido colarlo en el librero de la sala, junto al resto de mis libros
que, dicho sea de paso, venía con cristal incluido (me refiero al librero, no
al barco).
Sí, ya lo sé,
este es un problema del Primer Mundo y debería sentir vergüenza de andar por la
vida quejándome de absurdeces como estas. :D
Umi y Maru se
enfermaron, en ese orden. Primero ella y luego él. Nuestra perrita de 11 años
jamás se había enfermado en la vida, así que me resigné a que tal vez se iría a
tocar el arpa con los ángeles antes de los 12 (soy la mar de pesimista, ¿ok?).
Pero no, Umi está vivita y coleando. Mientras escribo esto está comiendo un
palito de carnaza después del baño que recibió esta mañana, y se le ve feliz y
sana. No sé cuánto tiempo durará así; no quiero ser egoísta, ha vivido más de
lo que cualquier perro ha soportado conmigo y se lo agradezco profundamente. Ha
cumplido su misión de compañía fielmente durante más de una década. Para ella
no quiero ni una pizca de dolor, ni centímetro de sufrimiento. Mientras sea
feliz, mueva su rabo alegre y pueda comer y caminar la mantendré a mi lado,
cuando ya no pueda hacer eso sabré que es hora de decirle adiós y estoy en paz
con eso, jamás le exigiría más de lo me podría dar. Cuando le llegue el turno
de partir, me encargaré que no sufra. No se merece eso. Por lo pronto, que haya
mil días de luz y alegría para Umi, y un platito de comida frente a ella cada
tantas horas. :)
Maru
probablemente enfermó de lo mismo que su mamá perrita, alguna infección en el
estómago or something like that y recibieron el mismo tratamiento con un par de
días de diferencia, pero él tuvo una recaída días después y siguió malito,
probablemente de otra cosa. Su estado fue delicado pero el muy bestia se
recuperó una semana después y ya está dando lata como siempre. Y he quedado
embargada y endeuda con los países ricos por las próximas décadas.
Prometo que
algún día verteré mi opinión respecto a Breaking Bad (obra maestra, eso sí) y
recibirá el homenaje que se merece de mi parte, porque la he adorado a rabiar y
porque tengo la firme convicción de volver a visualizarla antes de que termine
este año. Ahora no, porque toda mi inspiración ha sido exprimida hasta la
última gota por culpa de los post que hablarán de Cosmos y Tormenta de Espadas
(CDHYF III). Breaking Bad es una serie que vale en oro cada episodio de sus
temporadas y se posiciona por sí sola como una de mis cinco series de
televisión favoritas ever así que: All Hail the King! Para opiniones
extraordinarias sobre ella me quedo con ésta y ésta otra.
Algún día
también les hablaré de D’Artagnan, el mosqueterito perruno que custodia las
puertas de un falso castillo sinaloense desde hace cuatro meses. :)
No he visto Castle
ni The Mentalist desde diciembre del año pasado. La culpa la tiene Sherlock
(what?!) que me agotó todas las ganas de ver cualquier serie de televisión
cuando estrenó su tercera temporada. El asunto se alivianó un poco el día que
me decidí ver Breaking Bad y Game of Thrones pero no he regresado con Castle y The
Mentalist, ni tampoco he visto la season
finale de Sleepy Hollow, ni la segunda temporada de Hannibal. Ahora
esperaré que clausuren sus respectivas temporadas y así evito hacer la espera
semanal con sus interminables breaks. :)
Los próximos
post (en los que hablaré de Cosmos y Tormenta de Espadas) lo publicaré en los
días siguientes. De hecho tenía pensado que se publicaran en esta misma entrada
pero, separando la publicación del documental y la de la serie, me he dado
cuenta que esta última llevo más de 8 páginas a cuestas y sólo he hablado de
cuatro de los diez protagonistas que muestran su POV en el libro y no asimilo
mi atrevimiento... Básicamente lo que escribiré será un ensayo, así que sobre
aviso no hay engaño, ¿eh?
No esperen demasiada
coherencia en esto; no la tiene. Estoy medio drogada y cansada como para estar consciente
de lo que estoy escribiendo. Amén.
6 mar 2014
Día 17 — Una obra de arte (pintura/dibujo/escultura/etc)
Probablemente
escogería La noche estrellada, de Vincent Van Gogh. Si me lo hubieran
preguntado hace varios años elegiría el Guernica
de Pablo Picasso. No sólo la hubiera
escogido como obra favorita sino que además desearía tenerla enmarcada y
colgada en mi habitación, aun a pesar del torrente de emociones que implica
mirarla. Mi objetivo era jamás olvidar el horror de la guerra, y no les miento
cuando les digo que ese cuadro en particular siempre me impactó. Desde que lo
vi por primera vez cuando era muy niña, en un libro sobre arte que descansaba
en el librero de la casa de mi abuela, una herencia no especificada que nos
dejó mi tío abuelo Mario cuando falleció, donde también aparecían varias obras de Van Gogh, entre ellas ésta que elegí.
El
Guernica de Picasso impacta de golpe por su crudeza, aun cuando no conoces la historia del bombardeo que sufrió esa ciudad 1937.
Dos de las secciones que más me afectaban era la del caballo gritando y la de
la madre sosteniendo entre sus brazos a su hijo asesinado. Pero el artista fue
bastante específico en vida respecto a la obra y cuando lo supe abandoné toda
intención de conseguir una réplica para colgarla en la pared: No, la pintura no está hecha para decorar
las habitaciones. Es un instrumento de guerra ofensivo y defensivo contra el
enemigo. Y cuán efectiva ha resultado; no hay que olvidar que en el 2003,
cuando George W. Bush ingresó a la ONU para defender su necesidad de invadir
Irak la réplica del Guernica tuvo que ser cubierta por un fondo azul para
evitar el bochornoso sentimiento de defender una causa injusta.
Pero
mientras el Guernica de Picasso no es una obra tan personal, sino que se mueve
al compás de un sentimiento y una aberración a la guerra casi universal,
reconocida y aclamada apenas al ser expuesta al público, La noche estrellada de
Van Gogh adquiere matices más íntimos y privados debido a que nunca se reconoció su talento en vida. Nadie veía lo que él veía. Los cuadros de él
reflejan la vida atormentada de un artista nunca valorado y quizá esa es la
razón de elegirla como favorita. Una pintura tan mágica y vistosa retratando
las noches de Saint-Rémy-de-Provence
no tendría problema alguno en colgar de la pared de mi habitación, brillando día
y noche por cada vez que alguien ignoró su talento mientras él vivía.
Hay un episodio de la serie británica Doctor Who en el que se redime al personaje, o más bien se le trae
al presente para que sepa que todo su trabajo sería apreciado en años
posteriores a su muerte. La trama transcurre mayoritariamente en la época del
pintor y está repleta de fantasía más que de realidad, pero en la recta final
nos encontramos en la actualidad con el Doctor (un Señor del Tiempo), su
acompañante Amy Pond y el propio Van Gogh, recorriendo una galería del Musée d'Orsay en París —que
tiene una exposición de sus obras— mientras diversos visitantes contemplan los
cuadros con atención y admiración. Y el pintor no se la creé.
Hay un momento en esta escena *casi* final en la que el
Doctor llama al conservador del museo para preguntarle qué posición ocupa Van
Gogh en la historia del arte, y éste se desvive describiendo su grandeza:
“Para mí, Van Gogh es el mejor pintor de todos los tiempos. El
más popular, el más querido. ¡Con ese magnífico dominio del color! Transformó el
dolor de su atormentada vida en una extasiada belleza. El dolor es fácil de
retratar, pero usar la pasión y el dolor para retratar el éxtasis, la alegría y
la grandeza de nuestro mundo nadie lo había hecho nunca; y pueda que nadie lo
haga jamás. Para mí, ese hombre extraño y salvaje que vagaba por los campos de
Provenza no solo fue uno de los artistas más grandes del mundo, sino también
uno de los más extraordinarios seres humanos que han existido jamás.”
Todo esto sin que el conservador sepa que Van Gogh está justo
a su lado, llorando por las palabras dichas; por el reconocimiento jamás dado
en vida. Es quizá uno de los episodios más preciosos de la serie y cualquiera que
haya estudiado —incluso superficialmente— la vida y obra de este artista difícilmente
puede mantenerse estoico ante esta escena. Eso o yo soy una sentimental
empedernida. Porque, vamos, muy en el fondo la mayoría de nosotros desearíamos regresar
al pasado traer a este hombre al presente y decirle que algún día se
levantarían edificios, escuelas, calles, avenidas y estatuas con su nombre
enmarcado en ellas; y que sus pinturas se replicarían y venderían por millones convirtiéndose
en el pilar del posimpresionismo, enseñando a observar la belleza de nuestro
entorno donde otros sólo impregnan rutina y normalidad.
Me quedo a tus pies, Van Gogh, enseñándome a mirar las noches estrelladas desde pequeña. :)
1 mar 2014
Día 16 — Una canción que te hace llorar (o casi llorar)
Amigo Félix de Enrique y Ana. Esta
fue una de las primeras canciones que nos enseñaron en el kínder, y había una
razón particular para ello: eran mencionados diversos animales. La maestra solía
señalar un pictograma magnético pegado al pizarrón cada vez que uno de ellos era
nombrado mientras entonábamos la canción. Era la forma que ella utilizaba para que
relacionáramos un sonido con una imagen y una palabra (debajo de cada figura
aparecía el nombre del animal en cuestión). Lo tengo demasiado presente porque fue
probablemente una de las primeras veces en las que no tuve reparo en corregir a
un maestro. Había un pictograma con un oso polar y un osito pequeño, de tal
forma que cuando la última parte del estribillo llegaba (“… quiero ir contigo a jugar un ratito con el
osito de la Osa Mayor”) la maestra lo señalaba. Le dije a ella que la Osa
Mayor no era un animal sino una constelación, un conjunto de estrellas que
podíamos ver todas las noches y que, además, no tenía forma de oso. La maestra
entonces me habló del sentido figurado y del sentido literal, no con ese
lenguaje ni con esas terminaciones, pero más o menos me explicó de forma básica
lo que yo necesitaba saber. Mi siguiente pregunta ya no tuvo nada qué ver con las
constelaciones ni con animales sino con otra incógnita que mis compañeros y yo
teníamos desde hace días y no nos atrevíamos a preguntar porque a esa edad
hablar de la muerte es un tabú muy grande: ¿Quién es Félix? Los otros niños
apostaban a que Félix, era Felix el gato, ese minino negro con blanco que se
remontaba a la época del cine mudo. Yo les decía que no podía ser así porque
el hecho de ser un dibujo animado le daba la inmortalidad que otro ser no podía
tener. Lo que sí estaba bastante seguro era que Félix debía ser un animal (¿o
por qué otro motivo los demás animales dirían que esa mañana estaba
más triste el sol?), la maestra sólo nos dijo que Félix era un amigo de los
animales que se había ido al cielo, y con eso zanjó un tema que seguiría siendo
tabú.
Dos
o tres años después de aquellos pictogramas y aquella canción me encontré
hojeando por casualidad una vieja edición de Selecciones de Reader's Digest,
una década más añeja de lo que yo era. Una revista pequeña carcomida por el polvo
y el tiempo, era de los años 80’s. De repente me topé con un artículo donde
aparecía aquella imagen de un hombre abrazando a un lobo. Y luego abrazando a
un lince. Y luego a un águila. A una nutria. A un halcón. A un búho. A un
cuervo. A un delfín. A un osezno. Su nombre era Félix Rodríguez de la Fuente, el
amigo de los animales, fallecido en un accidente aéreo en las montañas de
Alaska un par de años atrás. Era aniversario de su muerte. No armé el
rompecabezas en mi cabeza hasta llegar al final, al último párrafo, donde
mencionaban que el dúo español Enrique y Ana le habían dedicado una canción
llamada Amigo Félix, que se convirtió en todo un clásico de la música infantil… No lo podía creer: Félix había existido y no era un dibujo animado, ni
otro animal cualquiera, era una persona de carne y hueso que había dedicado su
vida a decirle a otros qué tan preciada es la existencia de esos seres que nos rodean
en la naturaleza. Aun recuerdo haber cerrado la revista, irme a mi habitación,
tirarme en la cama boca abajo y llorar. Llorar mucho por una persona a la que
jamás conocí. Cuánto habría deseado que la Osa Mayor no fuera una constelación, sino
un animal de verdad y que le permitiera a él, a Félix, jugar un ratito con su
osito en las noches más estrelladas de mi ciudad. Quizás entonces, al día siguiente, no
se sentiría tan triste el sol.
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| Félix Rodríguez de la Fuente (1928-1980). |
26 feb 2014
MEME TIME: La culpa es de Biak Songkey y esto debería estar en Tumblr
RULES:
1. Always post the rules.
2. Answer the questions of the person who
tagged you and write 11 new ones. (¡YO VOY A RESPONDER TODAS MENOS LAS MÍAS
PORQUE ESTOY ABURRIDA, OK! xD)
3. Tag 11 people and link them.
4. Let them know that they are tagged.
1. Si tuvieras que irte a una isla
desierta y solo pudieras llevarte cinco cosas, ¿qué te llevarías? Una
TARDIS y ya… Es broma xD. Un manual de supervivencia, agua potable (que no me
voy a tragar la del mar, obviamente. Mi orina tampoco es una opción, ¿eh? Aun
me queda dignidad), un botiquín básico, una navaja suiza (o ya de plano un
cuchillo o un machete, depende de la pobreza de cada uno) y un aparato que
detecte mi posicionamiento global para que alguien pueda encontrarme. :D
2. Tu fandom del momento. Sherlock,
sin lugar a dudas. Pero estoy intentando dejarlo porque me provoca insomnio y
me hace daño. #DramaQueen
3. Serie (live action, comic, anime,
manga, lo que sea) que estás obsesionada en estos momentos. Sinceramente
no soy de las que se obsesiona con algo pero… Sherlock.
4. ¿Qué preferís: invierno o verano? INVIERNO
FOREVER. Si alguien opina lo contrario le invito un cálido verano a las paradisiacas
calles de mi ciudad para que cambie de opinión.
5. Deporte favorito. Cuando
leer sea un deporte responderé con más decencia esta pregunta, ¿eh? xD
6. ¿Cuándo descubriste la existencia
del fandom? ¿El significado? Probablemente con Fullmetal Alchemist.
7. ¿Cómo fue el primer fic que leíste?
Un
fanfiction que escribió mi papá sobre The X-Files, en el que los agentes Mulder
y Scully venían a mi ciudad a resolver un caso. ERA UNA JOYA xD. Mi papá no
veía esa serie pero mi hermana de 13 años y yo de 10, la adorábamos y lo hizo
por nosotras. Era un fic crack y divertido hasta decir basta.
8. Tu primer fandom. Pues
ese, The X-Files. Mi hermana y yo pasábamos horas en los foros de canal FOX
discutiendo con otros fans los últimos episodios de la serie. PFFF! De eso ya
han pasado casi quince años.
9. ¿Tienes mascotas? Ay,
síp :3. Una perrita de 11 años llamada
Umi y un gatito de 2 años llamado Maru.
10. Nombra a tus cinco personajes
favoritos. ¡¿SÓLO CINCO PERSONAJES?! ¡¿NO PUEDEN SER
10?! WTF! Ok, ahí van (sin orden de importancia).
Abbie
Mills (Sleepy Hollow)
Riza
Hawkeye (FMA)
Sherlock
Holmes (BBC!Sherlock, bendito tú entre todas las mujeres)
Kate
Beckett (Castle)
Inara
Serra (Firefly)
11. ¿Alguna
serie/libro/comic/anime/manga que estás interesado y que quieres ver/leer en el
futuro? Mmmh, interesante. Sí, quiero ver un montón de cosas
pero siento que el tiempo no me alcanza, lo cual me trastorna un poco. Me
gustaría ver Breaking Bad porque al parecer es una serie que lo vale. Aún no he
visto la segunda temporada de Game Of Thrones y eso que soy muy fan de los
libros, no sé qué me pasa. Últimamente no leo mucho manga ni veo anime pero
Silver Spoon (Gin No Saji) es un título que tengo bastante presente para
ponerme al corriente en pocos días. Y podría continuar pero entonces todo esto
quedaría muy largo y tal.
Las preguntas de biak-songkey :
1. Libro pendiente para leer:
American Gods, de Neil Gaiman (de hecho, todos los libros de él).
2. Cinco cosas que te gustan de ti:
Aquí pueden leer sobre ello. ;)
3. ¿Planes a corto, mediano o largo
plazo? Seguir viviendo xD. En realidad, me gustaría estudiar
Literatura o Historia… pero más Literatura.
4. Última afición descubierta:
el Cubo de Rubik, en serio, una vez que lo entiendes es demasiado adictivo como
para pasar desapercibido.
5. Película favorita:
Aquí está la respuesta. :)
6. ¿Anime o manga? Supongo
que depende del anime y depende del mangaka. Por ejemplo, prefiero el anime de
Evangelion al manga, en el caso de Fullmetal Alchemist es justo lo contrario.
7. ¿Película o libro? Volvemos
a la respuesta anterior. Prefieren los libros de Harry Potter a las películas pero
me gusta más el largometraje Children of Men al libro P.D. James.
8. Personaje o ídolo a quien admiras.
¿Personaje de ficción o personaje real? Me quito el sobrero ante el perdón de
Nelson Mandela, admiro muchísimo el ímpetu de Carl Sagan, etcétera.
9.
Último libro leído: El océano al final del camino de Neil Gaiman.
10. Personaje con el que te
identificas: Estoy completamente pérdida con esta
respuesta. Realmente no tengo la menor idea. xD
11. Grupo sanguíneo: Pfff,
lo he olvidado completamente, ¿eh? Pero creo que es AB+… CREO.
MIS
PREGUNTAS
1.
¿Lluvia o sol?
2.
Si pudieras escoger un solo libro, ¿con cuál te quedarías?
3.
¿Cuál anime o manga te gustaría verlo en un digno LiveAction?
4.
Si pudieras visitar un país con todos los gastos pagados por 15 días, ¿cuál
escogerías?
5.
Tren, barco, avión o auto, ¿con cuál te quedas?
6.
El sueño más raro que has tenido.
7.
Tu blog favorito
8.
Si pudieras pasar un día entero con una persona a la que admiras, ¿Quién sería?
9.
Té o café.
10.
Televisión o Internet.
11.
¿Dónde te gustaría vivir? ¿En qué ciudad?
Taggense solos y responda quien quiera. Yo no conozco a nadie. #FOREVERALONE :P
22 feb 2014
Día 10 — Una foto tuya tomada hace 10 años (Y día 11)
¿Una foto mía del 2004? Para empezar vale aclarar que me
fascina tomar fotografías pero detesto que me tomen fotografías. Sí, hay una
cantidad inmensa de imágenes mías cuando era pequeña, pero llegó un tiempo —más
o menos cuando tenía 8 ó 9 años— en el que empecé a aborrecer eso y desde
entonces le pedí a mis padres que dejaran de fotografiarme. Desde aquella época
hasta la actualidad existen muy pocas imágenes mías; no más de las necesarias, así que aprovechando eso de una vez también pondré el siguiente día del meme xD.
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| Ehm, sí, sí, la foto es del 2006 pero es lo que hay. Lo toman o lo dejan. :P |
Día 11 — Una foto tuya tomada recientemente
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| ¿Y esta es de hace dos o tres años? Pfff, no lo sé. >__< |
21 feb 2014
¡Cuánto te debo, mi querido Beakman!
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| Beakman (Paul Zaloom) |
Si tuviera que
elegir a un solo personaje que haya influenciado mi infancia, y a su modo, haya
moldeado un poquito mi perspectiva de las cosas ese sería, sin lugar a dudas,
Beakman, el científico loco interpretado por Paul Zaloom que acompañó nuestras
tardes a mediado de los años 90’s.
El Mundo de Beakman (Beakman’s World, 1992-1997) fue un programa infantil de temática
científica cuya sátira, comedia y desenfreno lo llevó a ser visto por más de 60
países. Aquí en México nos llegó gracias a Canal Once del Instituto Politécnico Nacional, y mi hermana Carolina y yo le seguimos la pista hasta que salió de la
barra televisiva varios años después, sin embargo, el olvido nunca llegó para él.
Aun hoy, después de casi 20 años, este personaje aun se cuela como una cálida nostalgia
de nuestro pasado más temprano.
Beakman hacía la
ciencia divertida y el método científico lo convertía en entretenimiento. Nos enseñó
que jamás hay preguntas estúpidas, porque son precisamente las que aparentan
serlo, las que tienen una explicación más extraordinaria. Su laboratorio era un
almacén de cosas enmarañadas y repetidas al azar sin orden alguno. Era una
fortaleza donde convergían el raciocinio y el estereotipo más antiguo: la eterna
asistente que cambiaba entre temporada y temporada, la rata de laboratorio
antropomorfa cuya inteligencia siempre era cuestionable. El tipo tenía estilo y
carisma, que aunado a su formato televisivo, ayudó a construir un recoveco en
nuestra memoria. Sabíamos de antemano que apenas aparecieran esos dos pingüinos
quéjicos y curiosos frente a un viejo televisor en el Polo Sur la diversión
estaba a punto de comenzar. Su laboratorio era un castillo a la ciencia, una
zona de experimentación, una máquina del tiempo que veía pasar a personajes de
antaño (interpretados por el propio Zaloom, la mayoría de las veces) para
responder nuestras preguntas personalmente. Enclaustrados junto con él en aquel
lugar psicodélico de luces artificiales que probablemente jamás había visto el
sol, aprendimos a hacer ciencia. Experimentos perfectamente replicables en la
cocina de nuestra propia casa y mil veces más divertidos que aquellos que
aparecían en los libros de Ciencias Naturales.
Beakman le
hablaba a la cámara y a los camarógrafos, te hablaba a ti en primera persona,
convertía un programa televisivo en algo personal, y tú eras el protagonista. Su
gesticulación excesiva, la variabilidad de acentos y personajes, extravagantes
camisas, peinados locos, zapatos deportivos, un acido sentido del humor, más su
inesperable bata verde, lo convirtieron en alguien, no sólo inolvidable, sino
reconocido dos décadas después.
Nunca he sido
alguien de ciencia. Es decir, nunca he querido ser científica, sin embargo, siempre
me he apasionado por ese mundo, me fascina cuestionarlo todo, me encanta poder
entenderlo; la divulgación científica siempre me ha parecido extraordinaria y
los blogs científicos a los que suelo recurrir a diario son para mí una
prioridad, como quien lee un periódico todas las mañanas. Y aun así, sin que mi
profesión ni mi visión haya estado dirigida directamente a la ciencia, tengo que
reconocer que personajes ficticios como Beakman ayudaron innegablemente a
forjar mi interés por ella. No sé entonces, qué podrían decir personas reales,
niños de los años 90’s que veían maravillados la televisión y se juraban a sí
mismos que cuando crecieran serían cómo él. Me pregunto si Paul Zaloom estará consiente
de cuántas mentes despertó con su personaje, sobre todo en países como el mío,
donde nunca tuvo competencia (hasta donde sé Bill Nye, the Science Guy nunca
fue trasmitido en México), de cómo nos aferramos a él para buscar un refugio de
raciocinio en medio de un caos televisivo que se basaba más en el entretenimiento
que en la enseñanza. Dejando la nostalgia de lado, quiero creer que más de un
científico hecho y derecho, con maestrías y doctorados a cuestas, se habrá
sacudido el polvo de su impecable bata blanca y extendido su mano en agradeciendo
al entrañable Paul, por demostrar que la ciencia siempre será divertida, aun en
laboratorios pulcros, blancos y esterilizados, lejos de actores, ratas
antropomorfas y asistentes desenfrenadas.
Un saludo abierto
a Beakman, héroe de mi infancia. Espero que en estos momentos él México del
pasado sepa apreciar tu presencia. :)
El océano al final del camino de Neil Gaiman
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| Es de Sarai pero yo se lo regalé... y después lo confisqué, ejem. :) |
Pero luego
sucede lo que sucedió con esta novela de Neil Gaiman y me cuesta muchísimo
quedarme callada. Pasaré olímpicamente de la historia, la sinopsis y la reseña
(pueden leerla aquí), e incluso de la opinión misma. Lo cierto es que acabo de
terminar la última página del libro y no tengo la menor idea de qué es lo que
pondré aquí pero siento que tengo que hacerlo y no sabría muy bien explicar el
por qué. No voy a puntuar este libro, no lo voy a catalogar de bueno, malo o
excelente, pero a mí me ha parecido curioso, y lo digo desde el punto de vista
de alguien que jamás ha leído un trabajo de Gaiman.
El Océano al Final del Camino me ha parecido un libro extrañamente personal, pero no estoy
hablando del autor sino de mí misma. Dudo muchísimo que un niño pueda disfrutar
(sufrir, recordar, soñar) este relato tanto como lo haría un adulto. Y tampoco
estoy hablando de cualquier adulto, sino específicamente aquellos cuya infancia
fue diferente al resto; parecida a la del protagonista, y por ello no significa
que hayan crecido en una granja. El concepto va más allá.
Este personaje
en cuestión, regresa al lugar donde vivió su primeros años para recordar un
momento específico de su vida, cuando tenía 7 años. A partir de ahí, Gaiman
juega con el lector entre momentos vívidos y recuerdos, pero inevitablemente la
historia calará más en unos que otros, sobre todo en aquellos que, siendo
pequeños, vivimos en el aislamiento voluntario, con un nulo círculo de amigos,
una extroversión aplastante y echábamos a volar nuestra imaginación en la
extensión de un patio con árboles o un libro con viejas historias. Llega un
punto en la novela en la que la historia en sí pasa a segundo plano (más allá
de la mitad) y los objetos y el paisaje te recuerda a algo ya vivido. A algo
anclado en tu subcontinente que no puede salir. Resultar curioso y un tanto
aterrador porque he leído muchísimos libros en mi vida y ninguno ha conseguido
lo que este hizo: colarse como un viejo conocido entre mi memoria. Ni siquiera
sé cómo ponerlo en palabras. Por ponerles un ejemplo chiquito: hasta este
momento no entiendo por qué el libro me recuerda a la casa de mi abuela, más concretamente al inmenso patio que tenía. Y digo que no lo entiendo porque la
historia transcurre en una granja y bueno, yo conozco la granja de mis tíos, y
si pudiera imaginar un lugar para ubicar esta historia sería en un sitio así
¡no en la casa de mi abuela! xD ¿Ven a lo que me refiero? No sé, es una
sensación bastante rara. El libro me ha fascinado, eso sí, pero no término de
entender por qué tengo esta sensación de vacío en el estómago, como cuando
sabes que has olvidado algo muy importante y tratas de recordarlo y no puedes.
PFFFF, iré a
consultarlo con mi almohada y con los sueños. >_<
17 feb 2014
Día 08 — Una foto que te haga sentir triste
No existe, y me gustaría que existiera porque entonces podría
dejar a un lado la tristeza que me produce el hecho de saber que no existe. Entre
todas las fotografías que se esconden en cajas de cartones y albúmenes apilados
en la esquina de mi habitación no hay ninguna de mi tío Carlos Enrique “Kiki” y
yo; y cuando me detengo a pensar en ello se da uno de eso extraños momentos en
los que desearía regresar el tiempo y suplicarle a alguien con una cámara en
mano una foto con él. Entonces, ahí sí, ya tendría una imagen que no sólo me
hiciera sentir tristeza sino que también vertería en mí un abanico de emociones
variables y acarrearía con un torrente de recuerdos que, por el momento, se
encuentran escondidos en el limbo de mi memoria.
No me gusta idealizar a las personas muertas. Una de las
cosas que más detesto de la gente es esa necesidad casi intrínseca de
santificar al que se fue, poniéndolo en un altar de purismo y perfección que
resulta a todas luces enfermizo e hipócrita. Es esa misma necesidad que reprimimos
porque muy en el fondo nos da vergüenza el no haberle apreciado mientras vivía,
o peor aún, haberle tratado mal. Recuerdo a una señora en particular sentada en
las primeras bancas durante el funeral de mi tío —Ay, era un ángel —decía
mientras se lamentaba con falso dolor—. Siempre tan bueno, tan servicial y
atento. Tan educado—. ¡PFFFF! No, mi tío Kiki no era bueno, ni servicial ni
nada de lo que decía ella. Él sencillamente no era así; no más de lo que era
estrictamente necesario.
Mi tío era probablemente una de las personas más malhumoradas
que he conocido en la vida. No era bromista, era burlesco. Fumaba hasta el
copete, salía todas las tardes a sentarse en la banqueta de la casa de mis
abuelos sólo para criticar a la mitad de la gente que pasaba y al 90% de los
vecinos que nos rodeaban, incluso a aquellos que vivían dos cuadras más
adelante. Maldecía hasta el trapeador con el que aseaba el suelo y era capaz de
derrumbarte con una sola frase que brotara de su boca. Así era él… Y, aunque
era así, con todos esos defectos que opacaban la mayoría de sus virtudes, fue
también una de las personas más extraordinarias con las que me he topado jamás,
a tal grado que me pregunto qué hubiera sido de mi vida (y de la de mi hermana)
si él no hubiera estado ahí siempre, al pie del cañón, en sus últimos años de
vida, como un amigo y un consejero más que como un simple tío.
Al recordar sus defectos pretendo no idealizarlo, quiero que
todo el mundo sepa que las personas más imperfectas pueden convertirse en pilares
que sostengan nuestra más visible fragilidad ante la vida, y darnos, con su imperfección,
la fortaleza necesaria para seguir adelante aun cuando todo a nuestro alrededor
se derrumba en incomprensiones.
A veces cierro los ojos y recuerdo a mi tío (todos los días)
y trato de rescatar su voz y sus tics y su perfume, un pedacito de la esencia
de lo que fue. Muchas cosas murieron cuando él murió y mi vida en diversos
aspectos jamás volvió a ser la misma. Sobre todo porque en sus últimos años nos
acostumbró a mi hermana y a mí a una misma rutina de cenas los viernes en la
casa de la abuela, improvisando mil pociones mágicas en la cocina mientras mi
abuelo contestaba un crucigrama y la abuela sintonizaba la novela de las nueve.
Cuántos recuerdos, memorias y anécdotas se quedaron impregnadas ahí, entre el
comedor de madera y aquel reloj haciendo tic tac a nuestras espaldas; entre
refrescos y cafés, y palabras y tertulias enmarcadas de falsa bohemia mientras
la noche caía ahí afuera y el mundo se derrumbaba.
Aquella fotografía que no existe me provoca tristeza sólo de
evocarla, tanto por su ausencia como por todo lo que conlleva; por imaginar
cómo sería la vida si él no hubiera muerto. Qué tan distintos seríamos tú y yo
si él aun caminara por aquí. Probablemente este blog ni siquiera existiría, porque no
tendría razón de ser.
Por mi tío y por su imperfección, la última persona a la que le lloré su muerte.
Por mi tío y por su imperfección, la última persona a la que le lloré su muerte.
13 feb 2014
Gravity de Alfonso Cuarón.
Existen
poquísimas películas que me pegan fuerte. Me refiero a esas que hacen ponerte
de pie y aplaudir frente a la pantalla por 20 minutos como si los encargados de
su existencia estuvieran a tres metros de donde tú estás y pudieran oír tu histeria
absurda. Con Gravity me ha pasado eso. Y resulta curioso porque no me lo
esperaba para nada. Lo cierto es que, lo único que quería ese día, era sentarme
frente a la laptop y olvidarme un poquito de la gente en general. Ya sabía de
antemano que en esta película la ausencia de seres humanos era una constante… Y
resultó ser verdad, más allá de las voces y los cuerpos flotando existen sólo
dos personas que acaparan los 90 minutos del film: Sandra Bullock y George Clooney.
No
habrá spoilers, ¿para qué? No los necesito. (Y tampoco quiero extenderme
demasiado).
Yo
sé de cinematografía lo que mi abuela sabía de física cuántica: nada, así que
un film me gusta o no me gusta y hasta ahí. Meterme en la trayectoria de cada
actor, director y guionista jamás se me ha dado bien, ya ni hablar de tecnicismos,
y cosas por el estilo. Sin embargo, Gravity me gustó, y muchísimo. Quizá fue la
simpleza del guion, la ausencia casi total del trasfondo de los personajes, la
nula argumentación, o el hecho de que la vi justo después de interactuar con
más de una centena de seres humanos hambrientos y ruidosos siendo yo la persona
más asocial del mundo, lo que me llevó, no sólo a disfrutarla y sufrirla, sino
también a gozarla. Pasé los primeros 10 minutos del film con una tranquilidad acogedora,
y después fui arrastrada por 80 minutos más por un océano de incertidumbre y
vértigo que se apoderó de mí hasta el final y me acompañó en mi primer sueño
después del visionado.
Para
mí, la trama de Gravity brilla por su simpleza: la necesidad del ser humano de
sobrevivir ante la adversidad, de seguir adelante, de no darse por vencido aun
cuando nadamos contra la corriente. Juega con el instinto primigenio de luchar,
caer y renacer. La película se convierte en un sencillo e imponente homenaje a
la vida y su fragilidad, a la perseverancia de la raza humana, a la necesidad de
ir allá donde nadie ha explorado. Somos espectadores silenciosos de la flaqueza
y la fortaleza que invaden a la protagonista; primero de su cansancio y luego
de sus deseos más honestos de vivir, y nos identificamos con ella porque, muy
en el fondo, estamos familiarizados con ese torrente de emociones que la atacan
durante todo el trayecto… Porque no necesitamos estar en la Tierra para
recordar que somos humanos. Que siempre lo hemos sido y que siempre lo seremos.
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