20 abr 2016

04. Kdrama: Descendants of the Sun (Spoiler)

Los cuatro protagonistas. 
Título: Descendants of the Sun
Año: 2016
Género: Drama, médico, militar
Episodios: 16 y 3 especiales
Cadena: KBS
País: Corea del Sur
Trailer || Episodios en Viki y DramaFever

Sinopsis: Es amor a primera vista para el Capitán de Fuerzas Especiales Yoo Shi Jin cuando conoce a la bella doctora que cura sus heridas. Antes de que el amor pueda florecer, los dos se separan por sus distintos valores personales (uno siendo soldado que quita vidas y la otra siendo doctora que las salva). Casi un año después de su primer encuentro, un evento fatal ocurre en Uruk, llevando a que los dos trabajen juntos. ¿Podrán Shi Jin y Mo Yeon sobrepasar sus diferencias o será que no son tal para cual?

Opinión personal: No tenía pensado ver nada en especial después del sabor amargo que me dejó City Hunter y Remember, pero no pude evitarlo. Apenas leí un artículo de la BBC donde hablaba de la serie que estaba arrasando por toda Asia me sentí con la curiosidad de investigar un poquito más sobre ella y no hay arrepentimiento alguno al respecto: Descendientes del sol me ha parecido un drama precioso, y en este post intentaré explicar por qué. Para empezar, la plataforma de streaming Viki obtuvo los derechos del programa por lo que Drama Fever estaba subiendo los episodios a paso tortuga y yo no tenía paciencia para esperar a que cantara el gallo cuatro semanas después, así que me saqué una cuenta en Viki ¡y ha disfrutar como colegiala sin clases! Digerí de manera bestial doce episodios en tres días y me puse al corriente con la trasmisión en Corea para ver los cuatro últimos en las dos semanas que le quedaban. Ha sido una montaña rusa emocional y un poco absurda por mi parte, pero la he saboreado como enana.

“Ella es mi compañera. Luchamos juntos en Uruk, y ganamos”

Es de agradecer que la serie no nos muestre el idílico romance entre un soldado y una civil con una seca perfección del deber y esa lealtad a su país de por medio, sino que se atreva a ir más allá y presentarnos a dos polos opuestos cuyas profesiones hacen disparar la flecha del mutuo entendimiento en distintas direcciones. Yoo Shi Jin no es únicamente un capitán de las fuerzas armadas, también es un soldado de élite miembro del Equipo Alfa, una unidad especial del ejército que lleva a cabo misiones de gran envergadura para la seguridad nacional e incluso realiza operaciones de alto riesgo tanto en Corea del Sur como en el extranjero (ya en el primer episodio lo vemos aterrizar en Afganistán, por ejemplo). Mientras que Kang Mo Yeon es cirujana de un prestigioso hospital privado que, durante una larga ausencia de Shi Jin, termina atendiendo a pacientes VIP y amasando cierta cantidad de dinero debido a sus constantes apariciones en talk-shows y anuncios publicitarios. Esa ambigua travesía entre la vida y la muerte, entre salvar a un ser humano o acabar con él, es lo que define a estos dos frente a sus propias posturas. Y no es algo que se resuelva en tres episodios, sino que se desliga poco a poco a lo largo de todo el drama reiterandonos ese sentimiento persistente; porque lo suyo fue amor interés a primera vista: más o menos lo que tardó en desplegarse la cortina donde estaba el ladrón que los embutió en aquella visita disparatada al área de emergencias. De hecho, podría jurar que a Mo Yeon se le cayó la baba por el soldado desconocido cuando llegó el criminal malherido con dos peluches como collarín y el expediente médico en bruto escrito en el antebrazo.

Personajes como Yoo Shi Jin son mi total debilidad: esos que portan un aire de juventud y gallardía que los hace ver frágiles y valientes al mismo tiempo. Shin Jin podrá tener el código militar muy arraigado en las venas, vistiendo el uniforme con un patriotismo tosco y contundente, pero también tiene un sentido del deber que se aleja de sus superiores para rendirle cuentas a la sociedad que ha jurado defender. Fue ese mismo humanismo el que le llevó a apuntar la pistola a los guardias del líder árabe que amenazaba con desangrarse en el cubículo médico en Uruk o desobedecer el rescate de rehenes más adelante. Él no tiene tiempo para lidiar con la cuerda de los títeres políticos ni con sus ambiciones o sus relaciones diplomáticas. Cuando se trata de anteponer la vida de una persona a cualquier doctrina que provenga de terceros él quiere estar ahí para salvarla. En un principio, a Mo Yeon le cuesta un poco ver esto porque gran parte de su carácter está sumergido en este estoicismo marcial que tanto se esfuerza en vestir, y no se le puede culpar en lo absoluto: como militar ha aprendido a callar su trabajo para conservarlo en un hermetismo sepulcral; y eso es lo primero que choca con ella. Mo Yeon puede hablar de las cirugías que realiza omitiendo el nombre de los involucrados, mientras él no puede revelar nada, ni los lugares a los que va ni las misiones realizadas. De hecho, hasta se inventan un código secreto para que sepa cuándo se pondrá en la línea de fuego, y te golpea el alma al verle bajar la mirada ante ella y decirle que va ir a la tienda departamental, como quien te avisa muy discretamente que va directo al matadero.

También era bastante palpable desde un principio que la doctora no entendería la encrucijada de saberse defensor de la paz desde la comodidad que se respiraba en Corea del Sur y ahí es donde entra la ficticia nación de Uruk, un país ubicado en algún punto de la península balcánica —de tintes de medio oriente con arquitectura griega— donde ambos se reencuentran después de estar casi un año separados. El jeque árabe sería el primero de varios casos que se presentarían en ese lugar durante un puñado de  semanas y que le darían a Mo Yeon la oportunidad de presenciar en primera persona lo que Shi Jin no le puede decir con palabras. Y de paso le serviría para entender por fin que la vida no puede ser definida en blanco y negro; que no vivimos en un mundo de dimorfismo donde sólo existe la maldad y la bondad; donde tendría que tomar decisiones poco agradables que afectarían a algunos para asegurar la supervivencia de otros, y el corazón se le quedaría en un puño cuando existieran situaciones donde un diagnóstico en medio de una catástrofe significaría la sentencia de muerte para una persona. Y es que Kang Mo Yeon es transparente como el celofán, terca como una mula y con un carácter muy definido por su posición. Conocemos sus ambiciones, su lealtad desmedida al juramento hipocrático, sus planes a futuro y su reticencia de caer enamorada de Shi Jin sabiendo que cualquier misión secreta le puede costar la vida. Le vemos estallar en furia frente a su superior cuando le demuestra que el status quo de una familia es más importante que la experiencia aprendida dentro del quirófano y observar con suspicacia a la chica que le robó al novio jamás correspondido en su etapa universitaria. Para cuando llega a Uruk ya no hay cosa que nos sorprenda de ella pues le hemos leído la cartilla en su tierra natal y nos gusta.

"Todos los días paso más de 12 horas en la sala de operaciones tratando de salvar a las personas de morir. Eso es todo lo que hago: lucho para salvar vidas. Pero la tuya es otra, tu lucha consiste en salvar vidas a través de la muerte de otros".

Qué angustioso resulta ese primer choque de argumentos en el café donde ambos revelan sus convicciones. Hay incluso una barrera visual que divide el encuadre y nos golpea en la pantalla a través de su simbolismo. No se puede negar que el juicio de ambos es razonable, para Mo Yeon toda vida merece dignidad y para Shi Jin proteger esa dignidad es primordial, pero también necesita que ella entienda que su trabajo no es fácil: que apegarse al manual a veces trae consecuencias desesperadas que implican matar por un bien mayor. Es un trabajo dificilísimo pero que alguien tiene que hacer, y ese alguien amerita un valor ético infranqueable, cualidad que él cree poseer (y ella sabe que sí). Las paces las hicieron después, cuando el presidente Mubarak agonizaba en la camilla y el protocolo estipulaba que ninguna mano que no fuera árabe podía ponerle los dedos encima. Shi Jin no sólo desobedece los pasos de sus superiores, sino que a punta de pistola amaga a los guardias para permitirle al equipo médico jugarse la vida en la sala de operaciones con la posibilidad de desatar un conflicto si el resultado era fallido. Es algo que ella después le agradece a base de lágrimas y silencios a las afueras de aquel almacén desgastado donde abundaban los espirales antimosquitos y las palabras de consuelo. Tal vez fue la primera vez que lo comprendió como soldado al verle sufrir las consecuencias de sus acciones disciplinarias por desobedecer aquello que no debía y liarla parda a los pies de un organismo como la ONU cuya misión principal es precisamente hacer prevalecer la paz en los países donde no conocen mucho ese concepto.


Existen pocas cosas que puedan tanto conmigo como jugar con los paralelismos y diferencias durante una historia y Descendientes del Sol tiene esos momentos en abundancia; uno de los más palpables es cuando Shi Jin regresa con su equipo a un Uruk golpeado por el sismo (Ep. 06) que se contrapone de manera extraordinaria a la escena que vemos al finalizar el segundo episodio, cuando el equipo médico espera el helicóptero que los transportará a la estancia temporal. Hay una presunción innegable de su parte en el hangar al saber que Mo Yeon es una de las doctoras del equipo; esa imperiosa gallardía de jefe y señor que se destila en su caminar y la deja sin palabras. Esa actitud fue totalmente diferente a la preocupación que le roe por dentro al descender de la nave que lo coloca en medio de un mundo de devastación y muerte. Al capitán se le va la mirada más allá de sus soldados para divisar a Mo Yeon y aplacar un poco la angustia que le provocó la incertidumbre de no saberla viva y de haberse marchado una mañana sin siquiera un gesto de despedida. La escena en sí está filmada de una manera tan preciosa como el momentazo que capturó Lim Hye Seon (la fotógrafa de la producción) y que después sería utilizado como el póster definitivo que ya todos conocemos. Hay aire hipnótico en la iluminación y en la destrucción que les rodea que consigue envolver a los protagonistas en una burbuja idílica atestada de alegorías: el pañuelo es ahora una agujeta, el aeropuerto una zona de desastre, el día se convirtió en noche y la desolación de una pista de aterrizaje se diluye totalmente con los fierros retorcidos de la planta de energía que colapsó. También están esas emociones que van entre la culpa y el alivio de saberse a salvo en medio del caos que les abraza.

Sin embargo, hay un punto en el que Yoo Shi Jin cuestiona por primera vez todo aquello por lo que ha luchado, y esto sucede cuando se topa con David Agus, un antiguo camarada estadounidense que desertó del ejército para convertirse en el líder de un grupo delictivo que merodea por la zona. Quizá el golpe no sería tan fuerte si en el pasado Shi Jin no hubiera arriesgado su seguridad para rescatar al soldado Ryan en aquella misión suicida donde su superior terminó acribillado por el fuego cruzado del enemigo. Esa ingenuidad innata en un alma tan pura es lo que le impide comprender que la vida a veces depara golpes difíciles; que hay personas que no nacieron para ser soldado; que el patriotismos no se puede comprar ni aparentar y que un acto de bondad en un mundo de bayonetas y misiles jamás se pagará con una firme fidelidad a tu bandera, seas de la nación que seas. Y él lo tuvo que aprender de la manera más cruel posible. La desilusión de saberse traicionado tarda lo suyo en salir a flote, pero cuando lo hace se exhibe como una ira contenida que lo domina por dentro, detonado también por el secuestro de Mo Yeon a manos del bastardo de Agus. Shi Jin sabe que no hay persona más peligrosa que un soldado sin patria y, si bien, disparar el gatillo le corroe la conciencia, también le sirve de catarsis para expulsar sus propios demonios; para volver a ser una persona de honor en esas dos horas de incertidumbre que le fueron concedidas. Y es aquí donde volvemos a las escenas espejos; a momentos que nos recuerdan a otros momentos. Me ha decepcionado un poco que algunos no captaran la esencia de la segunda escena y se hayan enfocado más en recalcar que la producción cometió un error en el vestuario de Mo Yeon porque no coincide con la escena original en lugar de intentar encontrarle una lógica a eso.



Este momento jamás sucedió; es una metáfora. Después del rescate ella se topa con el capitán en las orillas del campamento y le ve quemar la fotografía del ex colega asesinado, pero él nunca sabe que ella estaba ahí y ella nunca se acerca para cubrir sus lágrimas. A la mañana siguiente Mo Yeon encara a Shi Jin para decirle que sus nervios tiene un límite y que él los ha traspasado todos. Se sincera expresando que no puede ir por la vida sabiendo que él le miente para protegerla y que en sus tareas encomendadas puede perder la vida, ya sea deteniendo una bala o salvando a una persona, así que decide terminar la frágil relación antes de que ambos acaben más dañados de lo que ya están. Pero más adelante a Mo Yeon le golpea la crisis del recuerdo y sabe que para Shi Jin también fue un momento difícil: abrió fuego contra David Agus sólo cuando le pide a Mo Yeon que olvide lo que está apunto de vivir y hasta cubre sus ojos con la mano para que no vea la sombra de su lado más cruel. Estaba dejando atrás su máscara carismática y bromista para revelar ese instinto bélico que lo transformaba en una máquina de matar sin miramiento alguno; ese mismo que Mo Yeon tanto se empeñaba en conocer. Pero aun así, en ese momento tan duro, ella consigue ver las lágrimas que corren por sus mejillas y, aunque en un principio no pudo entender el motivo, sí lo hace cuando le ve quemar la fotografía (aunque no interviene. Quizá por miedo, quizá por respeto). Es entonces cuando percibe que el chico trae un caos emocional tremendo que iba entre la rabia, la impotencia, la culpa, la deslealtad y la perversión. David Agus no sólo fue un amigo en otros tiempos, también fue un soldado que portó el uniforme del Equipo Delta con heroísmo y valentía; un hombre honorable por el que valía la pena morir. Verlo degradarse de esa manera hasta convertirse en un delincuente sin código de honor le destroza el alma y consigue cuestionar el peso de todas sus acciones. Ese es el momento justo en el que ella se da cuenta que quiere estar a su lado siempre; no cuando lo encontró llorando en las ruinas del cuartel, sino más adelante, cuando recuerda que cubrió sus ojos para que no viera los horrores de su pasado. Mo Yeon quiere lo mismo para él: hacerle olvidar esos instantes que le hacen flaquear sus ideas, barrer un poco el dolor que se esfuerza en ocultar ante los demás y hacerle entender que también tiene derecho a derrumbarse por dentro de vez en cuando, al fin y al cabo ese es su trabajo como soldado. Es una espléndida alegoría que no todos lograron captar.

Después de aquel momento su relación cambia, se transforma en una balanza que constantemente intentan mantener equilibrada incluso después de su regreso a Corea, donde son otros los inconvenientes que tienen que enfrentar. Aún así, apuesto a decir que el caso del norcoreano fue por mera transición para el último arco. Porque si bien el antagonista juega un papel importante ahí, como al inicio y al final, también es verdad que aquí sólo es puesto para que nos sirva de guía a la misión que dejaría a Shi Jin desaparecido en acción por un año entero.

Pero antes de hablar de la resolución de los protagonistas, creo que lo justo (y después de cuatro páginas) es introducir a la pareja secundaria: Seo Dae Young y Yoon Myung Joo. No sé en qué momento pasé del no me interesan al I ship them so hard! pero, fuera de broma, creo que no fue más allá del tercer episodio, eh xD.

"¿Te estás marchando sin saludar a tu superior? Quédate donde estás. Quedate de esa forma toda la noche. Quédate ahí hasta que mueras. Nunca voy a recibir tu lealtad.”

La peculiaridad de este par de tórtolos es que son una especie de Romeo y Julieta que los hace más irresistible conforme su historia se nos va revelando. Ambos son militares, pero ella es de un rango mayor que él, además de ser cirujana e hija de un importante general que no ve con buenos ojos que su retoño termine liada con un soldado que no hace tiempo andaba por las calles de la ciudad metido en una pandilla. De hecho, el papá no duda en conseguirle un pretendiente que esté a la altura de sus expectativas milicianas (que son muchas y son grandes) y así, muy a la vieja usanza, le pone de frente con el capitán Shi Jin para que terminen “juntos” en una relación que no se la creen ni ellos. Aquello termina siendo un triángulo amoroso bizarro que raya la ridiculez y la ternura porque Shi Jin es el mejor amigo del sargento mayor y tiene una relación muy fraternal con la teniente primera desde tiempo atrás. Además, él también los quiere juntos, por lo que su función como intermediario es, más o menos, neutralizar el campo de batalla para que estos dos confiesen su amor a rajatabla en lugar de darse golpes de pecho cada vez que se tienen en frente.

Seo Dae Young y Yoon Myung Joo (link)
Ya su reencuentro en el hospital nos deja sudando en frío por la tensión tan sofocante que se respira, pero también por la dureza de ella y la rigidez de él. Tanto la doctora como el sargento poseen una coraza de hormigón propia de cualquier soldado, pero es tan diáfana que es posible asomarse entre esas capas de entereza que intentan mantener a pesar de la disconformidad que los consume por dentro. Seo Dae Young es el de la actitud sumisa, perceptiva y obediente hasta el tuétano y por eso Myung Joo no duda en usar su rango para llamar su atención, para hacerle espabilar un poco y para que abandone esa apariencia robótica y castrense que le empequeñece más de lo que debería. Pero ella es todo lo opuesto a él; tan vivaz como testaruda e inteligente. Sabe lo que quiere y conoce los medios para conseguirlo, a pesar de que siempre tiene a su padre —con sus tres estrellas sobre el hombro— pisándole los talones. Tampoco podemos despotricar contra el señor y la idea de bienestar que tiene para su hija; ya sabemos que en el ejército los rangos cuentan (y mucho) para establecer firmemente tu expediente y de paso tu reputación. Que una doctora cirujana se enrolle sentimentalmente con un simple sargento le parece una chapuza grotesca tanto para él como para su familia. A Myung Joo ese juicio sobreprotector le da unos altibajos tremendos a lo largo de todo el drama que alcanzan un punto crítico cuando ella agoniza en Uruk y rematan en el momento que cree muerto a Dae Young.  

La suya fue una historia de amor que se sobrepuso a las decenas de obstáculos que se encontraron en el camino. Su evolución es palpable desde el comienzo y aunque tuvieron sus retrocesos éstos jamás se aglutinaron más de lo necesario. Fue una pareja que tuvo que aprender a respetarse por su condición de humanos más que por ser soldados, y lucharon (cada quien a su manera) para entenderse mutuamente en medio de esa fragosidad que les obstruía los sentimientos. Aun siendo polos opuestos se las arreglaron para inventarse cada quien su lugar en esa relación tan peculiar como radiante. Disfruté mucho viendo su constante evolución, y la química entre los actores servía para que esos diálogos francos que se escupian en la cara cada vez que se veían fueran tan irresistibles para ellos como para los que los escuchábamos.  

Me ha gustado mucho el desarrollo de la trama y el perfecto equilibrio que mantuvo entre el drama y la comedia durante toda la historia sin que ninguna de las dos se sintieran forzada (bueno, en realidad hubo una escena que nunca me cuadró del todo y la mencionaré abajo). El resto de los personajes tampoco tienen desperdicio. Era bastante evidente que algunos sólo estaban ahí para llenar huecos en el guión pero también que hubo otros cuyo papel era más importante. El cirujano Song Sang Hyun y la jefa de enfermeras Ha Ja Ae fungieron como una tercera pareja protagónica que también tuvo sus momentos de lucidez, sobre todo por la obstinación de ella para no sucumbir a la carismática personalidad del doctor, que igual le hubiera besado los pies con una palabra suya. La crisis existencial de Lee Chin Hoon durante su voluntariado también tuvo su epopeya. Empecé a creer que su desequilibrio mental lo iba a dejar en una eterna depresión que le haría abandonar la medicina, pero por suerte logró superarlo y regresar a Corea para estar al lado de su prometida durante el nacimiento de su bebé, y portar la bata blanca con orgullo por mucho tiempo más.  

La dirección ha sido una preciosidad y ciertos episodios tienen unos planos tan hermosos que me he quedado embobada en más de una ocasión mientras retrocedía el streaming para ver la escena mucho mejor. Grabar en el extranjero fue un plus total porque permitió mostrar escenarios con unos paisajes naturales de ensueños (esos muy característicos de las islas griegas) además de enseñarnos ciertos aires distintos a los que este tipo de series nos tiene acostumbrados. Una mención especial a la playa Navagio con ese imponente esqueleto barquero que sirve como telón de fondo para la historia de los protagonistas por su gran valor sentimental.

El final fue un happy ending con todas las de la ley, e incluso rompen la cuarta pared para decirnos que sí, que la vida a veces depara un final optimista y perfecto después de haberte puesto a prueba durante algún tiempo Y JUSTO DESPUÉS HACE ERUPCIÓN UN VOLCÁN EN CANADÁ. Yo sentía que algo malo le iba a pasar a Shi Jin y que eso lo haría abandonar el ejército de manera permanente, por suerte no fue así, porque me habría cabreado hasta la médula (casi tanto como cuando Dae Young accede a la petición de su suegro de abandonar la milicia para trabajar en la empresa de su familia política). Shi Jin y Dae Young son soldados hechos y derechos, su lugar está ahí, entre las barracas, los helicópteros y los cuarteles; entre las calles de su país y las zonas de guerra. Abandonar la lealtad a su patria sólo para quedar bien con sus novias me habría resultado ridículo porque también ellas están comprometidas a sus vocaciones. Por suerte, ese año de ausencia les enseñó a ambas parejas a sobrevivir por iniciativa propia, aun en las peores circunstancias, y para entender que su sacrificio personal siempre será gratificado por el bienestar de la gente, “en cualquier lugar de la Tierra. Y siempre bajo el mismo sol”

La playa del naufragio, en Grecia. 
Notas adicionales:

  • Ya ha estas alturas estoy empezando a hacerme a la idea de que hay ciertos clichés que se repetirán en la mayoría de los dramas coreanos que vea, así que no me sorprende mucho, y uno de esos clichés es una ausencia prolongada de uno de los protagonistas principales poco antes del final, pero: ¿por qué Shi Jin y Dae Young tuvieron que darse por muertos durante UN AÑO ENTERO si fueron rescatados como seis meses después? ¿Por qué no se comunicaron antes con Mo Yeon y Myung Joo? ¿Por qué tanta injusticia y dolor?
  • Aun se me da muy mal eso de aprender nombres coreanos y me toma como diez episodios (no es broma) aprenderlos y ubicarlos. O sea, más o menos la mitad de una serie xD.
  • La escena del temblor me ha parecido espectacular, sobre todos los planos generales segundos antes de que ocurra, como el detallazo de las mariposas o la bandada de pájaros inquietos.
  • Mi única pega fue con la escena que abre el episodio 14. No sé mucho de medicina pero estoy casi segura que una persona que ha sido baleada en, mínimo, dos ocasiones y además ha sufrido un paro cardíaco, no se pone de pie como si nada le doliera en cuestión de segundos para ir a resolver una duda como quien va a la cocina por un vaso de agua. O sea, por favor, sean serios xD.
  • La amistad entre Shi Jin y Dae Young fue una de las cosas más perfectas del show. Los amé mucho.
  • ¡Maravilloso drama! Totalmente recomendable por mi parte y muy bien merecido ese rating que siempre fue ascendente durante su transmisión.
  • EL OST no tiene desperdicio, eh.
  • Estoy escribiendo esto cuando todavía no he visto el epílogo, pero dudo que me haga cambiar de parecer respecto al final que nos mostraron, así que lo mantendré tal cual.
  • Este drama fue visto muchos meses después de It's ok, that's love, pero mi opinión sobre esa serie se publicará más adelante.

15 abr 2016

Breves instantes asociales en Instagram (@lindakml88)


"Después de todo, la muerte es sólo un síntoma de que hubo vida" (Mario Benedetti). Fue la primera persona, fuera de mi familia, que creyó en mí. La primera, de entre muchos, que vio un potencial en mi manera de escribir que pensó lo valioso que sería verlo impreso en papel. Siempre creí que mis familiares apreciaban mi manera de escribir por eso, por ser familia, pero cuando un periodista de mi ciudad me escribió un correo, ya perdido en el tiempo, para señalarme la facilidad de palabra que tenía, fue la primera vez que me sentí importante. No lo digo con el egocentrismo de creerme superior al resto, sino con la humildad de quien siempre ha tenido la autoestima enmarañada en el lodo y esculpida con miseria. ¡Gracias por creer en mí, señor! Por enseñarme la importancia de las palabras, de lo poderoso de su mensaje, de la tinta indeleble del pensamiento y la memoria. Gracias por ser un periodista excepcional, un padre ejemplar, un magnifico esposo, un excelente amigo, un ángel en bicicleta (si mi entrañable D’Artagnan aun ladra por los campos del valle escuinapense, es por gente como usted). Gracias por las publicaciones de mi autoría que usted puso en periódicos. Gracias por el consejo siempre latente, los elogios enmarcados en sus labios y aquellas entrañables conversaciones por las noches donde hablábamos de escritores muertos y la soledad que nos embriagaba por su ausencia. PD: Sepa de antemano que, en aquella carta que se publicará algún lejano día después de mi muerte, usted está incluido ahí. SIEMPRE ESTUVO INCLUIDO AHÍ. PD2: Si se pasa por el Parnaso, patria de poetas, le da aquel mensaje onírico a Federico García Lorca. El de las flores amarillas y el cielo ribeteado de palomas del que hablamos la última vez. Se van los mejores… pero nos queda la palabra. Au Revoir! Hasta siempre y gracias por el fuego.
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No puedo dejar de mencionar, aunque sea brevemente, el frágil y corto reinado de #Zeus el heredero, príncipe de todo cuanto recorría con su escuálido cuerpecito de 460 gramos. Que quede constancia que fue un costalito de huesos frágiles con alma de guerrero, pelaje negro, botitas blancas y una curiosa mirada felina que se asomaba entre los ojos consumidos por la desnutrición severa y el abandono de quienes años atrás domesticaron a sus ancestros, rindiendo pleitesía a sus habilidades de caza entre palacios erguidos en medio de desiertos, rodeados de esfinges, sarcófagos y faraones. #Zeus llegó a casa ocho meses después de que Maru partiera un día mirando al sur, con el cuerpo consumido por la agonía y la sangre envenenada por la leucemia. Vivió a nuestro lado poco menos de una semana, pero brilló tanto como esas luciérnagas que se asomaban las húmedas noches de verano en el imperio donde Maru gobernó con puño de hierro y tiranía incontrolable. Se va al cielo de los gatos la más frágil y pura de todas sus majestuosas criaturas. Que las estrellas del firmamento guíen el camino del diminuto señor de todos los dioses del Olimpo y todas las criaturas del cosmos, que lo colmen de caricias y sirvan mil banquetes en su nombre. ¡Vuela alto, pequeñito! Y gracias por el intento.
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"Sin las cicatrices abiertas de tumbas recientes ni las flores de plástico como testimonio de un duelo aún vivo, en el cementerio tan sólo se respiraba la paz de aquellos que murieron largo tiempo atrás. Aislados de los conflictos y los problemas, sólo el hecho de su vida seguía proporcionando el consuelo de una presencia humana en las cumbres solitarias de una tierra vacía." ¡He terminado Atrapada en el tiempo y seguimos con Viajera! (Segundo y tercer libro de la saga #Forastera de Diana Gabaldon respectivamente.) Hay quienes buscan en los libros únicamente una historia que les parezca interesante, aunque peque de superficial y la narrativa sea tan simplista como monótona. A mi me fascinan los libros repletos de detalles y metáforas, los de narrativa atestadas de pensamientos y sensaciones que doten de tridimensionalidad el entorno y los personajes. Gabaldon consigue hacer eso de manera maravillosa y sabe cómo sumergir de golpe en un mundo que en un principio debería resultar ajeno, ya sea la aristocracia francesa de Luis XV o el último esplendor de la cultura de las Tierras Altas de Escocia. Bienvenidas sean las próximas aventuras de su heroica protagonista, entre entornos históricos, caminos pedregosos, estrategias políticas, antagonistas perversos y oníricos viajes en el tiempo. #Outlander
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6 abr 2016

¡Entre Francia, Inglaterra y Amestris!

Ya ha estas alturas de la vida debería dejarme de pretextos tontos y aceptar mi debilidades sin caer en el abismo de la decepción personal. Dejé de actualizar el blog por un buen puñado de meses para no sentir ese sofoco laboral que me empezaba a carcomer por dentro de un tiempo para acá. Aunque siendo sincera, extrañaba muchísimo escribir; y como soy malísima con la palabra hablada eso de la escritura siempre lo he sentido prioritario para desenmarañar las palabras que se me atascan en el cerebro al no conseguir salir de mi boca de forma verbal, pero también tengo que reconocer que mi trabajo me deja exhausta, agotadisima hasta la médula y harta de cuanta cosa, ser vivo o persona se me ponga enfrente.

No, mi trabajo no es difícil ni laborioso, pero mi trastorno de ansiedad acompañado de un horario desfasado y en constante cambio me tienen bastante loca y con más estrés que de costumbre. No es algo reciente, pero siento que jamas me acostumbrare a vivir así, por eso creo que mi colapso mental podría alargarse por tiempo indefinido y me siento con la obligación de controlarlo o detenerlo, lo que me resulte mejor a largo plazo. Pero mientras me dejo de tanta ñoñería personal y la depresión decide menguar volcaré mi tiempo libre en hacer tags que tengo por ahí almacenados desde hace un lustro y leer libros, ver películas o series y opinar sobre ellos, cosa que posiblemente se me da fatal pero me gusta hacer el tonto y opinar sobre lo que nadie me pregunta xD.

Actualmente me encuentro leyendo Viajera de Diana Gabaldon, el tercer libro de la saga Forastera aprovechando que Outlander estrena su segunda temporada basada en Atrapada en el tiempo, el libro anterior. Está de sobra decir que las fotos promocionales son preciosas y los trailers me tienen con la emoción a tope y la adrenalina bailando cumbia por las calles de París. El cambio es brusco, eso sí, y si bien es palpable desde un principio que ya no estamos en la Escocia de los clanes y los kilt también es digno de reconocer que Claire y Jamie logran adaptarse a la aristocracia francesa en tiempo récord y con el mundo a sus pies (porque ya sabemos que la pinta de reyes la tienen de nacimiento). Lo que sí agradezco es que los episodios que vienen no nos dolerán de la manera que Wentworth lo hizo. Si bien es verdad que el tramo final será crudo la batalla de Culloden detonara la caída de la cultura de los Highlanders y nos sacará más de una bomba emocional que no nos dejará indiferente, también es grato saber que el sadismo de Jack Randall no saturara la pantalla con escenas nauseabundas como lo hizo en la temporada anterior.

No haré review individual de cada libro, tanto por la longitud que tienen como por el tipo de novelas que son, agregando que ni siquiera está concluida la historia, pero aquí está el primer y el segundo post que hice respecto a la temporada anterior. Lo que sí me parece justo recalcar es que he notado un cambio en la narrativa de Gabaldon que no pasa desapercibida, con unos primeros capítulos lentisimos que resumen a su manera esas dos décadas de abismo temporal que separó a la pareja protagonista, (aunque El festín de los cuervos como mera apertura de la historia es tan brutal como preciosa). No diría que toda la obra será así ni siquiera he pasado de la página 400 de las más de 1000 que la conforman, y éstas todavía no levantan el vuelo que deberían—, pero el reencuentro de Claire y Jamie ha tardado un poquitín en suceder y cuando ha pasado me ha parecido muy superficial y normalito, como si se hubieran separado un año y no veinte. Acostumbrada al sentimentalismo que Diana maneja bastante bien en las dos primeras entregas, a este instante sentí que le faltó profundidad. Eso sí, hay momentos tiernos que vienen después y que desbordan de manera maravillosa todo lo que faltó en el instante de la reunión. A favor de Claire y de la autora diré que la impresión no daba para más; que a veces, reencontrarte después de 20 años con la persona que más has amado no da para un discurso narrativo más sofisticada o cuidado. O quizá este es sólo un libro de transición y podremos ver argumentos más elaborados en Tambores de otoño y La cruz ardiente, que saldrán a la venta de manera simultánea a finales de junio de este año aquí en México.

“Había tenido (a Jamie) clavado en la memoria durante mucho tiempo, brillante pero estático, como un insecto fosilizado en ámbar. Y entonces llegaron los hallazgos históricos(...), como si fueran miradas furtivas robadas por una cerradura, imágenes separadas como puntuaciones, alteraciones, ajustes de memoria, cada uno mostrando las alas de la libélula levantadas o bajadas en distintos ángulos, como los distintos fotogramas de una película. Y ahora el tiempo había vuelto a ponerse de nuestra parte y la libélula estaba justo delante de mí volando de un lugar a otro de forma que no podía ver mucho más que el brillo de sus alas”. (Pag. 366 Viajera, Diana Gabaldon, Editorial Salamandra).

Sólo por párrafos como este vale la pena comprarse el tocho de libro que es con su edición cuidada, corregida y actualizada de Salamandra. Ésta es una de esas leves omisiones que sufrió la saga en sus primeros tirajes en español hace ya muchos años, y el monólogo interno de Claire al observar a Jaime la mañana después de su encuentro pierde peso si le quitamos frases tan cuidadas como las de arriba. La alegoría al título del segundo libro (en inglés, Dragonfly In Amber) es tierna y certera pero también evoca una nostalgia apabullante, y humilde en su sencillez. Porque al final de eso se trata, de que Claire pueda sentar cabeza y poner sus pensamientos en orden. Evoca a Jamie no como una pintura, no como un recuerdo sino como un fotograma, una ínfima porción de algo que sólo existe en su futuro y equilibra su imagen con algo que ambos conocen: como una libélula en ámbar. Es una metáfora soberbia y cargada de más significado del que podemos captar en un principio. Por el momento el libro va tranquilo, pero sé que conforme las páginas avanzan las cosas se tornarán más oscuras y la fuga fuera del país no tardará mucho en suceder: a estos dos los expulsan de cuanta nación se les ocurra pisar con sus benditos pies xD.


Actualmente no estoy viendo nada en Netflix pero sé que la tercera temporada de Ripper Street ya está disponible, y una cuarta fue transmitida en Reino Unido mientras yo veía pasar los patos por el río. Ripper Street es una serie buenísima de la que ya escribí mi opinión hace meses temiendo que fuera cancelada por segunda vez. Por suerte Amazon apostó por ella y tuvo consideración de la audiencia que captó el potencial que traía dentro. Las andanzas de los detectives de Whitechapel siempre ha resultada entretenida y veraz, y los casos que se presentan sirven para adentrarnos maravillosamente a la tecnología criminalística de aquel Londres victoriano. Otra serie que dejé inconclusa en su tercera temporada fue White Collar y aun trato de recordar por qué. Era un procedimental a toda regla, con la mayoría de sus episodios autoconclusivos y personajes con un carisma desbordante; sin embargo, como siempre me pasa con este tipo de shows, termino por perder un poco el interes al ver que la trama principal, la que conforma todo el show, se estanca o se distorsiona tanto que termina por volverse repetitiva. No creo haber pasado por esa sensación con esta serie pero sí con Castle, por ejemplo, al que no le he visto en un par de años a pesar de que Richard Castle y Kate Beckett me parecen una de las mejores parejas formales que habitan en la TV. Pero al dúo policiaco que conformaban Peter Burke y Neal Caffrey lo extraño a mares; su dinamismo en pantalla, su camaradería absurda, la confianza que se profesaban y esa entrañable y rara amistad entre un policía y un criminal que era un derroche de entretenimiento. No descarto zamparme un maratón monumental en un futuro cercano. Y también le he hechado el ojo a alguno que otro show para ver si también hago un visionado de sus primeros episodios sólo para ver qué me parecen.

Ahora hablemos de una noticia que me ha caído como un balde de agua helada a pesar de que era cuestión de tiempo para que ocurriera: el live-action de Fullmetal Alchemist. ¡Virgen María de la Santísima Concepción del Sagrado Corazón de Jesús! Mi mente aún se encuentra en la etapa de duelo, incredulidad, negacionismo y horror que una semana después no puede asimilar mi cabeza. No es para menos: apenas en enero me llevé una decepción tremenda con el revival de The X-Files (serie que amaré toda mi vida), donde tres o cuatro de los seis episodios que conformaban la mini temporada se sintieron como una puñalada por la espalda; con desvíos absurdos de la mitología de la serie, incongruencias con el pasado, diálogos plastificados, secundarios mediocres y chistes sin gracia. No es que pretenda comparar una cosa con la otra, pero es que ya no puedo cargar con tantas decepciones como estas en los primeros tres meses del 2016 xD. Para dramas los míos, claro está.


Para ser franca, tengo que admitir que a mi eso de que un manga se convierta en una adaptación a la vida real me parece un proceso complicado, ve tú a saber por qué. Y si estamos en esas de sincerarnos, también confesaré que ningún live-action me ha gustado, salvo la trilogía cinematográfica de Rorouni Kenshin de la que nunca he leído el manga a pesar de que lo tengo pendiente desde hace casi una década. Sin embargo, la trama de RK transcurre en el Japón de la era Meiji, así que, independientemente de las características físicas de sus personajes (como el cabello rojo del protagonista) tienen un archivo histórico al que recurrir para que la adaptación y ambientación de aquella época del imperio fuera lo más fiel posible. ¡Y les ha salido de maravilla! Si a eso le agregamos una buena producción, un guión cuidado y un elenco respetable, el resultado es favorable. Pero ya sabemos que RK es la excepción en la regla, que adaptaciones como estas no funcionan con cualquier historia y que para que algo así sea aceptado por el público deben de alinearse los planetas al centro de la galaxia y tomar la trama con pinzas, además de elevar la suspensión de la incredulidad a un nivel maestro.

Attack on Titan nos demostró que hay estudios japoneses buenísimos en cuestión de CGI, así que no temo por los homúnculos o por la alquimia, ni siquiera por Alphonse Elric en su armadura; mis preocupaciones son otras: el casting que ha sido revelado hace apenas unas horas nos muestra incluso al actor que interpretará a Shou Tucker, lo que confirma que sí será una adaptación del manga. Fue una duda que surgió desde los primeros rumores porque FMA consta originalmente de 27 tomos que evidentemente no podrían atascarse en una sola película, que por ende nos lleva a imaginar que, dependiendo del éxito que coseche la primera entrega, podrían filmarse más. El asunto en cuestión es que Hiromu Arakawa se inventó un mundo nuevo para su obra; Amestris es un país ficticio que evoca a una europa que comienza a industrializarse, con una arquitectura londinense, autos de vapor y una población pluricultural que incluso alcanza a los personajes principales. Edward y Al tienen el cabello y los ojos del color del oro, no como una referencia romántica al sueño de los alquimistas de antaño sino como una reminiscencia misma de su padre y su lugar de orígen, donde los habitantes tenían esas características físicas. Lo mismo sucede con los habitantes de Ishval, que son reconocidos por su cabello blanco y ojos color sangre. O los habitantes de Xing con sus ojos rasgados y cabellos oscuros. No quiero adelantarme más y hablar de si Olivier Armstrong y las montañas de Briggs se asomarán más adelante porque miedo me da todo. PERO TODO. 

Tampoco quiero juzgar de más antes de tiempo. No quiero verter mi opinión sobre algo que apenas empieza a tomar forma y está todavía a un año de distancia, pero sí puedo decir que la noticia no me ha ha parecido muy buena idea a pesar de que puedo ir por ahí sin darle demasiada importancia… ¡Miento! ¡Sí me importa! ;____; Fullmetal Alchemist significó muchísimo para mí cuando estaba en la universidad porque fue una etapa dificilísima en mi vida. Vivía y respiraba por ese manga y después lo hice por FMA: Brotherhood, una digna adaptación llevada al anime que siguió la trama original hasta el final. Para mí, con eso se cerró el ciclo de esta historia extraordinaria. ¡Pero ya! Basta de hacerme la simple y toca esperar. Mientras tanto voy metiendo las palomitas al horno y me sumerjo en Viajera antes de que el primer episodio de Outlander se asome por mi laptop esta semana.