13 sept. 2010

Un post largo, largo, largo, sobre la vida estudiantil de una joven y un poco de #SufroComoPrecious y así...

Misty para iluminar el post de este día porque con ella el mundo es más bonito... bueno, en realidad no pero como sea.

Este post es la continuación de éste otro publicado hace ya un par de meses :)

Escrito en abril del 2010

Pasando de eso probablemente el post que sigue sea el más extenso que he escrito en la vida, juar, juar, juar. Así que si se aburren lo comprenderé.

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Cuando mi maestra de Orientación Vocacional me dio el resultado del test que había hecho sobre qué carrera se ajustaba más a mis habilidades el resultado era contundente:

- Tú podrías estudiar para Idiomas, Literatura, Historia, Periodismo, Psicología o Informática.

Me le quedé viendo con la cara más neutral que pude poner y presiento que ella lo entendió bien pues rápidamente se apresuró a decir.

- ... o puedes estudiar cualquier otra cosa.

Esa era la respuesta que estaba esperando, y esa fue la respuesta con la que me quedé.

Sonrisa falsa de parte de la dos y hora de llamar al siguiente alumno.

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¿Por qué razón? Bueno, empecemos:

Idiomas. En aquel entonces éste blog todavía no existía. No tenía para mí la más mínima importancia el idioma español, mucho menos cualquier otro que me pusieran enfrente. Las únicas palabras que acentuaba además de México, eran mis dos apellidos y siempre y cuando me acordara de poner los acentos. Sé que sabía inglés un poco más que mis compañeros de clases no porque hubiera ido a clases particulares sino por mi uso desmesurado del Internet. En aquel entonces para mí, no saber lo básico del idioma anglosajón era equivalente a ser analfabeta. Cuando abrí mi blog y vi la importancia de la buena redacción y la ortografía las cosas empezaron a cambiar. Aun hoy comento errores terribles pero cada vez son menos (pueden ir a las primeras entradas de mi blog para ver a lo que me refiero) y cada vez que veo esta clase de escritura me duelen los ojos y pierdo fue en la humanidad.

Literatura. Ya en aquel entonces (y desde que tengo uso de razón) me encantaba devorar libros. Los amaba. Mis papás tienen un librero con decenas y decenas de los libros con los que crecí. Recuerdo las cientos de ediciones que había de la revista Reader's Digest, había algunas que databan de los años 70's, algunas cuantas revistas de National Geographic. Pero saben... yo quería ser veterinaria.

Historia. Amo la Historia... pero en aquel entonces yo quería ser veterinaria.

Periodismo. Realmente fue una profesión que nunca me interesó. Y vaya que me gustaba leer periódicos, mis dos abuelos deben de recordar las secciones que les robaba para pegarlas en una libreta o guardarlos para después abrirlas, como una capsula del tiempo (y NO, no era la sección de Espectáculos ni la de deporte). Pero claro, una cosa era disfrutar leyendo y otra muy distinta es redactar los artículos... y yo quería ser veterinaria.

Psicología. ¿Psicología? ¿En serio? Antes de estudiar Psicología necesitaría un psicólogo para mí, porque qué demonios haría una persona estudiando esta carrera cuando le resulta imposible entablar una sola conversación con cualquier extraño. Yo suelo sufrir calenturas ajenas y la psicología en vez de ayudarme me deprimiría.

Informática. Allí llevan algo relacionado con las matemáticas ¿no?... ¿Ya mencioné que yo quería ser veterinaria?

¿Por qué mi empeñé en estudiar Medicina Veterinaria?

Verán, uno de los eventos más traumáticos que presencié en mi vida fue cuando murió mi perrito Little Tyke. Yo sólo tenía 12 y vi cómo murió. Eran las 11 de la noche, yo ya estaba dormida, me desperté de golpe al escuchar sollozos de mi hermana y de repente todo fue un caos. Mi perrito tendido en el piso, tieso, con espuma en la boca y con los ojitos bien abiertos. De repente de la nada se levantó y empezó a correr por toda la casa, desesperado, llorando, vomitando, sufriendo. Recuerdo haberlo cargado tratando de tranquilizarlo pero no sirvió de nada, otra vez tieso, con los ojitos abiertos, con la espuma en la boca. Eso se repitió varias veces. Se estaba muriendo y al no saber qué hacer para que dejara de sufrir quería matarlo, sí, yo misma quería matarlo por tal de que dejara de llorar, por tal de que dejara de escupir espuma, por tal de ya no ver sus ojitos desesperados.

Tyke falleció varios minutos después en las puertas de la casa de su veterinario. Cuando él salió mi perrito ya se había muerto. Sólo tenía 12 meses de vida. No tengo ni una sola fotografía de él, apenas lo recuerdo físicamente. Nunca supimos a ciencia cierta cuál fue la causa de su muerte pero el veterinario nos dio 2 opciones: Envenenamiento o picadura de alacrán.

Cuando regresábamos a casa mi papá, mi hermana mayor y yo, con el cuerpecito de Tyke envuelto en un trapo, recuerdo haber escuchado los aullidos de una manada de perros del criadero que había cerca de nuestra casa. Fuertes, claros y sonoros que hacían un eco sepulcral en las calles deshabitadas.

Cualquier niño puede superar bastante rápido la muerte de su mascota. Pero yo no. A Tyke lo desee tanto durante tantos años, como ustedes no tienen idea. Luché por él: tenía que obtener una calificación de 9.5 para poder tenerlo conmigo. Lloré por él: mi calificación final fue de 9.4 Y creí que nunca sería mío. Tyke era lo único que tenía. No tenía amigos en la primaria pero cuando llegaba a casa allí estaba él para alégrame las tardes.

Sólo lo tuvimos 11 meses pero fueron 11 meses inmensamente felices.

Después de su muerte supe dos cosas:

1.- Quería ser veterinaria cuando creciera. De esa manera podría ayudar a aquellos animalitos que sufrieran como el mío lo hizo.

Y

2.- No quería volver a tener un perro jamás en mi vida. El dolor de verlo morir es la cosa más horrible que le pueda pasar a alguien.

El "jamás en mi vida" sólo duró un mes pues mi tío Carlos Enrique nos convenció para visitar a una perrita Cocker que estaba vendiendo una conocida de mi abuela. Y aunque en un principio no quería saber nada de ella cuando la conocí fue imposible no amarla. 10 años después Misty sigue alegrándonos la vida con su existencia.

¿A dónde quiero llegar con esto?

Que a los 12 años lo único que sabía de Medicina Veterinaria y Zootecnia era el hecho de que, al terminar la carrera, iba a estar preparada para curar animales domésticos. PUNTO. Sí, creí que los Veterinarios sólo curaban a pequeñas especies. Muy iluso de mi parte, lo sé.

Yo amo a los animales, pero lo mío roza en lo ridículo. Es decir, no soy vegetariana por pura flojera, pero por todo lo demás mi amor por los animales (e insectos) asusta a muchos. No te puedo matar a una hormiga, mosca, rata, cucaracha, etc., porque la conciencia me remuerde y por mucho que trates de refutar mi amor por medio de exámenes que dicen que hay animales que pueden acarrear enfermedades mortales para el ser humano mi punto de vista no va a cambiar. Vamos, que no puedo matar a ningún animal sin que me quite el sueño por las noches y esa clase de cosas.

¿Estoy mal? Sí, ante las pautas que establece la sociedad SÍ ESTOY MAL. Conmigo la raza humana desaparecería por puro capricho tonto, XD.

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Mi maestro de Bioquímica del 1° Semestre en la Facultad de Veterinaria era un hombre correcto y además sincero. Esto último era su mayor defecto y su mayor virtud.

Cuando recién entró al salón durante nuestra primera clase y nos preguntó por qué queríamos ser Médicos Veterinarios Zootecnistas, las únicas 6 mujeres que había en el salón respondimos que porque queríamos ayudar a los animales, el maestro nos dijo:

- Les seré sincero: creo que ustedes están en el lugar equivocado. Ustedes aman a los animales pero no le tienen amor a la carrera de Veterinaria. Están en esta Facultad para saciar una inquietud que pronto se darán cuenta que no la encontrarán aquí. Puede que esté equivocado y si es así compruébenlo. Pero mi experiencia me dice que ustedes no durarán mucho, porque la Zootecnia no les llama la atención y ésta institución se basa en lo que el Estado de Sinaloa demanda y lo que aquí se usa más es la ganadería y nos enfocamos en eso. Si son de rancho ya la hicieron, sino es así están en el lugar equivocado.

El primer semestre, entre hora y hora teníamos 20 minutos libres los cuales teníamos que pasar fuera del aula pues estas se cerraban. Entre esos minutos yo solía leer libros que me llevaba para matar el aburrimiento un rato, en una ocasión, después de nuestro primer examen (en el que me fue mal, por cierto) el maestro de Bioquímica se me acercó.

- ¿Qué lees?

- Un ensayo llamado "Del Rancho al Internet", escrito hace ya como 10 años.

Él me preguntó:

- ¿De Carlos Monsiváis?

- Sip, de él mismo.

- ¿Sabes que Carlos Monsiváis vive con un montón de gatos?

- Sí - le contesté sonriendo- lo leí en una biografía de él que apareció en periódico hace meses.

- Sí, él ama a los gatos, hasta tiene una fundación a favor de ellos... y es Escritor, nada que ver con la veterinaria.

Sé cuál era el punto al que quería llegar pero la conversación no pudo seguir pues la clase ya estaba por comenzar y nos fuimos rumbo al aula. Mi maestro sabía que a mí me encantaba escribir, sabía que tenía un blog, que pasaba los minutos entre cada clase devorando libros y también sabía que las clases que me daban no me gustaban del todo. Nunca fue directo conmigo pero sus indirectas siempre las entendí. Él seguía aferrándose a las palabras que nos dijo en la primera clase que tuvimos y yo me aferraba a la ilusión con la que viví desde los 12 años. Sé que la razón de que no me dijera nada era porque quería que yo misma me diera cuenta de mi error y así fue… y es aquí donde estoy ahora.

¿Me gusta la carrera de Medicina Veterinaria y Zootecnia?
NO.

¿Por qué?
Por que durante años viví con una falsa idea de lo que era, porque ni siquiera al leer el plan de estudios de toda la carrera me hizo salir de la ceguera mental en la que estaba metida desde hace casi una década. Porque ahora, al mirarlo desde otra perspectiva, mi idea de la Medicina Veterinaria era ingenuo y rebosaba de ignorancia.

¿Cómo lo descubrí?
Experimentando la carrera por mí misma. Viendo las materias, asistiendo a ellas, realizando experimentos: desde matar ratones hasta sacar el cerebro a un cerdo sin dañarlo (el cerebro, obvio) el olor a carnicería de mercado que llenaba el ambiente de los laboratorios y que yo tanto detesto.

Si existen materias que nunca me han llamado absolutamente la atención en la vida son: Matemáticas (con todas sus ramas), Química y Física. No las entiendo, nunca las entendí y cada vez que intento estudiar sobre ellas siento que "algo" perdí en el transcurso de mi vida estudiantil, como si faltara un engranaje y todo se desmoronara. Es más, me atrevo a decir que no sé hacer una división manual de 3 cifras, se los juro. No recuerdo siquiera que alguien me lo haya enseñado alguna vez. No sé cómo llegué a donde estoy hoy.
Ya dejemos de lado la Física y la Química que para mí son mundos apartes e inalcanzables.

¿En qué sobresalí en la escuela primaria, secundaria y preparatoria?
En Historia, Taller de Lectura y Redacción (Español), Inglés e Informática.

Amaba esas materias, el maestro podía ser la persona más aburrida sobre la faz de la Tierra (como con Historia de Sinaloa) pero yo era feliz leyendo las hojas que nos repartía. Me gustaba, me gustaba bastante y disfrutaba aquellas horas. Pero para mí nada de eso importaba porque yo quería ser Veterinaria.

¿Y ahora qué haré?
Ya no soy la niña de 12 años que vio una noche cómo se moría su perrito. Ahora, si la ley de la vida se cumple tal y como debe de suceder tendré que ver morir a Misty, Umi y Kenny algún día y desde hace tiempo me hice a la idea de que tengo que enfrentarlo como pueda. A Tyke nunca lo olvidaré, jamás, y no creo haberle fallado al dejar la carrera de Medicina Veterinaria. Quizá sea una tristeza que los sueños que tuve en mi infancia no se vayan a convertir en realidad, y no será porque no puedo sino porque aquellos sueños eran el producto de algún espejismo que yo misma construí con mi ingenuidad, pero no estoy triste ¿saben?, más triste estaría al auto-engañarme durante más tiempo, o engañar a mis padres. Podría luchar por esta carrera pero ¿para qué hacerlo si no me interesa? Si ya descubrí que esto no era lo que yo pensaba que era ¿para qué me quedo?

¿Habría sido capaz de darme cuenta de mi error antes de entrar a la Facultad de Veterinaria?
Lo dudo mucho. Como dije anteriormente tuve que estar dentro para darme cuenta de que me había equivocado. Llegar hasta allí dentro del abismo más oscuro para preguntarme a mí misma "¿Qué hago aquí?" Aquel maestro tenía razón, nunca amé la Medicina Veterinaria o la Zootecnia, lo que amaba era a los animales, lo que ellos significaban para mí y tardé tiempo en darme cuenta de mi error, bastante tiempo.

¿Me siento como una fracasada?
Hace meses así me sentí, antes de escribir el artículo que mencioné arriba. Sobre todo porque se perdió dinero por mi culpa y creo que nunca me perdonaré eso. El dinero no es precisamente lo que sobra en mi familia. Cuando me di cuenta mi error, hace ya un tiempecito, me sentí una buena para nada, una inútil, una tonta, una ciega y todo lo que se le pueda agregar a eso. Sobre todo porque no era la primera vez que equivocaba, anteriormente lo hice con Biología.

¿Mis padres están decepcionados?
¡Deben de estarlo! Si yo estuviera en su lugar lo estaría. Siento que actué como si el dinero cayera del cielo. Como si tuviéramos los suficientes medios como para perseguir mis utópicos sueños. Lo malo es que también ellos creyeron en mis ganas de ser veterinaria, y ya allí, adentró ¿cómo podía decirles (otra vez) que me había equivocado? ¿Acaso están ellos para complacerme todos mis caprichos? NO, no debería ser así. Al principio me sentí triste, más por ellos que por mí, sobre todos porque se suponía que esta vez iba a funcionar, al fin y al cabo, fue algo que soñé desde los 12 años ¿no?

¿EL FUTURO?
Ahora que estoy como estoy tengo dos opciones. Una es tirarme en la cama, llorar como María Magdalena durante la crucifixión de Nuestro Señor Jesucristo y ya no querer vivir. La otra opción es levantarme y seguir adelante. Desde hace meses opté por la segunda opción, una voz en mi cabeza (¿esa es mi conciencia?) me dijo: "No seas tonta Linda, supéralo, el mundo no va a tener lástima por ti ni va a llorar tus fracasos y la Escuela de Veterinaria no lo es todo en la vida hay un montón de trabajos allí afuera que se ajustan a tus habilidades".


QUIERO TRABAJAR

Pero también quiero estudiar. Ahora mismo estoy buscando eso que "se ajusta a mis habilidades" y sobre todo que sea accesible económicamente, pues esta vez el estudio correrá por mi cuenta (¡Para que aprendas, Linda!). Ya, desde la perspectiva que deja la experiencia cometida por mis fracasos, el mundo se ve distinto, (¿o será que está nublado?).

Me gusta leer y escribir, pero el hecho de que me guste esto último no significa que tenga la sagrada habilidad de plasmar lo que se me venga en mente. No es tan sencillo. De hecho este blog ha sido testigo de eternos silencios que se extienden durante semanas enteras, sencillamente porque me resulta difícil plasmar algo en palabras.

También me gustaría investigar sobre Informática pero llevan matemáticas y se me enchina la piel cuando lo pienso, lol.

Ahora, no sólo existen universidades en Culiacán, sé que también hay en mi pequeño Escuinapa, quiero investigar esa opción también.

Verán, a mi Culiacán nunca me ha gustado, voy, vengo, me quedo y no sé, no me siento a gusto estando aquí, no me refiero a la casa donde vivo, que es toda una chulada con todo y sus integrantes (vamos, son mi propia familia) el problema es la ciudad. LA GRAN CIUDAD. Soy gente de ciudad chica, desde que tengo uso de razón Escuinapa ha sido mi hogar, me agrada estar allí, cuando estoy allí me siento estúpidamente feliz, no sé por qué.

Si existiera una carrera en alguna universidad de Escuinapa o alguna carrera técnica que me guste y que además sea económica para mi y que me dé lo que necesito sería muy feliz (<--- sí, otra vez yo pensando en cosas imposibles). Quiero trabajar, quiero aprender a ser independiente y tener mis responsabilidades. No quiero ser una carga para mis padres, suficiente tienen con la carga que he sido durante 22 largos años. Espero que ellos lo entiendan y que algún día se sientan orgullosos de mí por mis logros, y mis fracasos sólo sean un mal recuerdo del pasado :)

Ahora sí puedo decirlo: con sus problemas y sus alegrías hoy es el primer día del resto de mi vida.

2 comentarios:

  1. No es fácil plantearte cómo quieres que sea tu vida en un futuro, o más bien cuál es el camino más adecuado para llegar hasta allí. De hecho, me da la sensación de que una gran mayoría de estudiantes la caga estrepitosamente al decidir carrera por primera vez (entiéndase extrapolable a la población en general, no solo estudiantes). No porque no tengamos vocación, porque la información no sea la correcta o suficiente, o porque elijamos por salidas laborales y no por lo que realmente nos guste hacer, sino porque vamos total e irremediablemente a ciegas. Como bien dices, no sabemos dónde nos estamos metiendo hasta que estamos en el fondo del abismo. Bueno, otra cosa extrapolable al resto de la vida, supongo.
    El tema de los animales en concreto, es especialmente oscuro. No se ve nada desde fuera; básicamente porque, como criaturas sintientes que somos, a los seres humanos nos es demasiado desagradable ser conscientes del sufrimiento en el que se basa nuestra forma de vida. Preferimos cerrar los ojos sistemáticamente. Y abrirlos duele, porque no está socialmente previsto que los abramos nunca. Tú lo comprobaste de la peor forma posible: desde dentro y en primera persona.
    Leyendo tu entrada me doy cuenta de que yo misma podría haber experimentado lo mismo de haber seguido mi vocación de infancia. Si no me atreví con la carrera que tú acabas de dejar fue por dos sencillas razones: que un año antes de hacer Selectividad murió mi perra, de 10 años, y me sentí psicológicamente incapaz de hacer de aquella experiencia algo casi diario en mi vida; y por mi reticencia prácticamente patológica a tratar con otros seres humanos. No te sientas ilusa o ingenua, a mí jamás se me hubiera pasado por la cabeza pensar que me hubiera encontrado con lo que te encontraste tú (¿acaso en la carrera de Medicina obligan a matar humanos para ver qué tienen por dentro?). Solo puedo decirte que siento de verdad la decepción que tuviste que pasar.
    No elegí Veterinaria, pero también me equivoqué de carrera (y yo sí que seguí las recomendaciones de los tests de orientación del instituto, jeje). No sé cuál hubiera sido la alternativa correcta, o si existe. Lo único que tengo claro es que no veo la carrera como un determinante de lo que va a ser tu vida, sino como un medio para alcanzar tus fines, sean cuales sean. Tú amas a los animales. Es algo que sabes desde que tienes uso de razón, y no te lo va a quitar nadie. No veas el hecho de haber tenido que dejar tu carrera como una señal de que tus sueños no se van a cumplir, sino de que el camino para cumplirlos no es el con 12 años te pareció el más directo. Existen infinidad de formas de ayudar, a infinidad de niveles distintos. No es que yo sea activista (ni siquiera me encantan los animales, más bien se trata de puro rechazo hacia la necesidad que parece tener el ser humano de dominarlos), pero sé que hay quien se deja su tiempo, su dinero e incluso su libertad en luchar por que, en un futuro, sea tu profesor el equivocado, no tú. Y la mayoría de estas personas no tienen relación alguna con la Veterinaria. La idea es darle la vuelta a la concepción que se tiene "por defecto" del mundo. De abrir los ojos a la gente. Y eso es algo para lo que tu habilidad para expresarte ya es un instrumento enormemente útil.
    Además, tienes talento para la literatura, para la historia, para la informática, herramientas muy válidas en definitiva para "buscarte la vida". Tienes opciones y voluntad para explorarlas. Hazlo. Sigue adelante, como has elegido, sigue acertando y cometiendo errores y, por encima de todo, sigue soñando.

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  2. Tienes talento, en la vida hay que dividirse en 25 partes o mas y hacer todo lo que tengas o quieras hacer, tranquila Linda, simplemente no te rindas. :)

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